Cortísimo, lo sé, pero viene en dos partes. Lectora nocturna, que bueno que Daryl Dixon Reedus te fue a visitar. Te confirmo que ya lo sabía, porque ayer salió de mi cabeza y dejó espacio para que entre David Thewlis con toda su Thewlicidad y britanicidad. Pero Daryl ya volvió y me inspiró para escribir un poco más de Dixon Blood, aunque en este y el próximo hay más Merle que otra cosa. Entran y salen buscándolo porque cambió su vida radicalmente estos días, de estar portándose mal con sus amigotes y terminar en la cárcel juvenil pasó a tener trabajo y pasar el tiempo con sus abuelitos y Daryl, ¿qué cambio, no? Ya volverá nuestro Merle favorito. Trabaja porque tiene un plan y además para alejarse del clima nuevo de su casa, lo de la familia feliz mucho no le va. Le recuerda a series de televisión campiranas. Yo también pensaba que su mamá había muerto temprano, pero nos contó el propio Daryl que la conoció bastante y recuerda detalles sobre ella como que le gustaba fumar Virginia Slims. Memoria de cazador :)
Todo va bien
Un milagro, que había ocurrido un milagro, decía su abuela y se ponía a rezar. Pero él sabía que no, no había sido ningún milagro. Había sido por él, él la había despertado.
El médico le desarregló el pelo y le dijo que tenía potencial como doctor, si podía curar a los pacientes tan rápido. Le pareció divertido cuando bromeó con llevarlo a visitar al resto de los internados, a ver si mejoraban al verlo.
Esa tarde la pasaron en el hospital. James salió por un momento, para comprar algo en la librería que quedaba al cruzar la calle. Trajo consigo a Julio Verne, La vuelta al mundo en ochenta días. Se pusieron a leer.
Los ojos de su mamá brillaban, estaba viendo a su hijo leer por primera vez. Se comía letras, a veces, y se trababa, muchas, pero no importaba.
Por la noche apareció Merle. Se veía agotado. Murmuró algo que Daryl no pudo entener y salió del cuarto con James.
Siguieren leyendo. Sonriendo. Disfrutando. Todo iba bien.
