28. Land's End
El cielo era gris claro, en un ambiente inhóspito marcado por la depresión. La primavera no se sentía, más bien parecía que esos días la ciudad hubiera entrado en una fase de regresión y decadencia, con un clima frío y de lloviznas.
El grupo estaba separado. Harry no quería hablar con Ron y Hermione, por lo que se recluyó en su casa, solo. Fue a ver a Neville un par de veces al negocio, pero no hablaron demasiado.
Los días pasaban como en un pesado camino, uno tras otro, intensos y vacíos a la vez. El calendario de la luna avanzaba. La luna nueva ya había terminado. La luna en cuarto creciente se dibujaba en el cielo nocturno, amenazando con su siguiente y terrible etapa: la luna llena.
En medio de pensamientos amargos y soledad, Harry quiso prepararse de alguna forma para lo que venía. Estaba entrenado físicamente, pero sabía que aquello que se avecinaba requería de un plan. Aunque Ginny dijera que no había nada que hacer, debía existir alguna posibilidad.
Solo, porque no pensaba hablarle a Hermione, ni a Ron, ni a los demás, que estarían quizás con ellos, se puso a pensar en un plan. No contaba con las armas de George ya que eso requeriría hablar con él y por ende con Ron. Lo primero que le vino a la mente fue proteger aún más su capa. Si El Cazador de Brujas no podía tenerla, no podía lograr su plan. Al menos hasta que pasaran las noches de luna llena.
En secreto, volvió una noche al cementerio y aplicó más encantamientos protectores, tratando de que el escenario para robar la capa fuera imposible.
Luego de eso, consideró irse. Él era la persona que sabía como llegar a la capa. Si desaparecía, había menos riesgos. Quizás podía ir a Australia de nuevo, o a algún lugar lejano. O pelear, aunque eso parecía poco esperanzador contra la Varita de Saúco.
Finalmente, optó por una mezcla de todo eso. No se fue a Australia, pero se ocultó en un apartamento que rentó específicamente para la ocasión en el sur de Inglaterra. Se le ocurrió que allí estaría lo suficientemente lejos. No para proteger su vida, sino para proteger la capa.
-Buenos días, señor Potter, bienvenido al pequeño cabo de Land's End, condado de Cornualles -lo saludó su contacto en el paraje donde estaba la cabaña que había alquilado por esos días. Harry acababa de aparecerse ante él. El mago le había mandado una fotografía por correo para usar para aparecerse-. ¿Tuvo un buen viaje?
-Sí, gracias -Harry miró alrededor. Estaban en el pequeño asentamiento que marcaba el punto más occidental de la parte continental de Inglaterra. Un lugar inhóspito pero bonito, con muy pocas casas y algunas cabañas entre las que estaba la de Harry. Luego de eso, había un acantilado rocoso y el amplio mar.
Harry sintió el olor a sal de mar. El mago quiso ayudarlo con su equipaje, una pequeña maleta que había improvisado media hora atrás. Harry le indicó con un ademán que no era necesario y empezó a caminar hacia la cabaña.
-Permítame mostrarle el interior, señor Potter. Le haré un pequeño tour para que esté al tanto de las comodidades de la cabaña.
-No es necesario, señor Lamda, puede acompañarme hasta aquí nada más, está bien -Harry le pasó una bolsa con el dinero del alquiler más una propina. El hombre era un pequeño propietario que también vivía allí. Lo había contactado por carta y tenía confianza de que era alguien que apenas habría oído de Harry alguna vez, en ese lugar aislado, y no traería problemas.
El hombre le hizo una seña indicando que pasara a la vivienda, se despidió cordialmente y se alejó. Harry entró a la cabaña y encendió un fuego en la hoguera con la varita.
A decir verdad, no era coincidencia que hubiera decidido ir allí, pero tampoco era nada certero. Ni siquiera tan probable. Cornualles era un condado bastante grande, al menos tan grande como podía ser el condado de un país del tamaño de Inglaterra. Harry tenía en su bolso un artículo periodístico que había encontrado en un archivo de la biblioteca de Londres, titulado: "dos magos fueron encontrados muertos en un accidente al sur del país". En una de las partes del artículo, se mencionaba que "sus cuerpos fueron encontrados en el oeste de Cornualles".
De esa forma, el viaje de Harry tenía la finalidad de proteger la capa, pero también una doble finalidad respecto a eso.
Luego de acomodarse y darse un baño, Harry salió al exterior y empezó a caminar por el paraje fuera de la cabaña. No había nadie allí, era un pequeño asentamiento de solo diez o quince casas. Decidió acercarse a la casa del señor Lamda. Golpeó su puerta y esperó unos instantes.
-Señor Potter -dijo él, al abrirle-. ¿En qué puedo ayudarle?
-Quisiera hacerle una pregunta, sobre este lugar.
-Sí, claro, pasa. ¿Toma té?
-Sí, gracias.
Harry pasó y tomó asiento a la mesa, mientras el alto mago canoso calentaba el agua con su varita.
-Lands's End fue en verdad el primer pueblo enteramente mágico de Gran Bretaña, ¿sabía usted?
-No -confesó Harry.
-Fue un caso distinto al de Hogsmeade, por eso no habrás oído de nosotros -le comentó, sentándose a la mesa con el té listo, en una tetera grande. Le sirvió a Harry mientras hablaba. -Lands's End era conocido por los muggles, eso lo diferenciaba. Los muggles nunca conocieron la existencia de Hogsmeade, pero sí conocen la de este asentamiento. Es más pequeño que un pueblo, por lo que verás. Pero todos somos magos, y tenemos mucha historia.
Harry asintió, bebiendo un sorbo de té.
-Los muggles ya conocían esto, como te digo. Está en sus mapas. Por ese motivo, si bien todos somos magos aquí, no estamos ocultos. De vez en cuando viene alguna autoridad muggle a hacer censos y esas cosas, y todos fingimos que somos muggles. Es bastante divertido, de hecho. Es un lugar lindo para vivir.
Harry no podía imaginar que ese lugar tan inhóspito, con cielos grises y bruma de mar fuera lo más lindo para vivir, pero sin dudas tenía su encanto.
-Señor Lamda -le preguntó-. Usted dice que tienen una gran historia. He venido aquí para averiguar sobre un acontecimiento mágico que tuvo lugar hace siete años en algún lugar al oeste de Cornualles, no sé si será aquí o en otro pueblo…
-Como verás, es un pueblo pequeño -dijo él, mirándolo a los ojos. Harry percibió astucia y experiencia en su mirada. -No muchas cosas han pasado aquí, así que es fácilmente deducible que te refieres a la muerte de Herby Dippet y Lucretia Black.
Harry tragó saliva.
-Sí, a eso mismo -dijo, asintiendo-. ¿Dónde ocurrió?
-Aquí -dijo él, para sorpresa de Harry-. En Land's End.
-¿En serio?
-Sí, fue aquí. En nuestros acantilados, para ser exacto. Hay muchos rumores… Pero supongo que no has venido aquí para escuchar rumores, ¿verdad?
-¿Tiene alguna otra fuente más fiable? -preguntó Harry, llevándose un dedo a los labios, pensativo.
-Sí… -dijo él, dudando y examinando a Harry con atención-. Se imaginará usted, señor Potter, la cantidad de magos y brujas que hubo aquí la semana del accidente. Luego no volvieron más. Cuando dejó de ser noticia, el Ministerio archivó la causa y ya.
-Y usted supo algo -se adelantó Harry, examinando cada gesto del mago que tenía enfrente y adivinando la verdad en su mirada-. Algo que no sabía en ese momento, cuando vinieron todos.
El mago miró hacia la mesa, con las cejas arqueadas.
-Y como no vinieron de vuelta… -terminó Harry, perspicaz. El mago levantó la mirada de nuevo hacia Harry, con una suerte de sonrisa.
-No nos gusta mucho la gran ciudad a los que vivimos aquí, como imaginarás. Si no vienen a preguntar, no vamos a ir nosotros hasta Londres a contarles…
-Pues ahora he venido yo -dijo Harry-. Porque necesito la información, ya que creo tiene relación con un importante caso que estoy investigando actualmente.
-El Cazador de Brujas.
-Veo que incluso aquí ha llegado esa noticia.
-Recibimos El Profeta, señor Potter. Estamos algo aislados, pero tampoco somos unos incivilizados.
-Jamás sería mi intención insinuar eso -Harry se aclaró la garganta, mirándolo fijamente-. ¿Puede ayudarme?
-Con El Cazador de Brujas, lo dudo mucho, solo soy un pobre propietario de un par de cabañas en un pequeño paraje inglés, señor Potter. Pero si puedo darle una pequeña ayuda con lo de la muerte de Lucretia Black y Herby Dippet. No es que yo sepa qué ha pasado, ni nada. Aquí todos oímos la explosión, y debimos notificar a magos y muggles, por el doble compromiso que tenemos con las autoridades muggle también. De hecho, los policías muggle llegaron primero. No pudieron identificar a las víctimas, así que entonces llegó el Ministerio de Magia y sí pudieron ver que eran ellos dos. Una gran explosión, justo en el acantilado. No era una explosión normal, aunque le hayamos dicho a los muggles que había sido una prueba de armamento del ejército (hubo que hacer algo de magia en la unidad militar más cercana para asegurarnos de que se lo crean). En verdad, no había habido fuego, sino una onda expansiva, entre azul y verde. Los rumores dicen que esos dos estaban aquí probando armamento ilegal… tú sabes mezcla de magia con aparatos no mágicos, y químicos. Cosas así. Muy peligroso, según he oído.
Harry escuchaba atento, y no pudo evitar pensar en George.
-Se dice que algo salió mal, algo explotó y ambos murieron. También se dice que, como ambos eran del Ministerio, había una complicidad de este, que quería destruir el pueblo porque no les gustaba que fuera tan público entre muggles. Pero como le digo, señor Potter, leyendas hay muchas.
-Eso sería una locura -dijo Harry-. ¿Por qué el Ministerio querría destruirlos?
-Como le digo, este asentamiento es muy antiguo, más que pueblos como Hogsmeade. Existe desde antes del Estatuto del Secreto. Ha habido auténticas cacerías de brujas aquí durante siglos pasados.
Harry se inclinó hacia adelante en la silla.
-Luego de ellas, los muggles creyeron que ya no quedaban brujas y que el lugar estaba limpio. Estaba limpio, sí, pero de muggles. Los magos que creyeron matar en la cacería en verdad estaban vivos y diseñaron todo un plan para que el pueblo fuera de magos, expulsando a los muggles restantes. No los mataron, por supuesto, a pesar de que ellos sí habían querido matarlos. Solo los desmemorizaron para que creyeran que siempre habían vivido en otro lado. Pero hay magos aquí que odian a los muggles por lo que pasó, y el Ministerio ha desconfiado de nosotros cada vez que hubo conflictos con muggles por aquí. Por eso surgió la teoría de que el Ministerio quiso destruir el pueblo. Pero lo siento, señor Potter, me he dejado llevar y me metí de lleno en la parte de las teorías sobre este tema. Usted no tiene tiempo para eso, imagino, querrá hechos.
-Está bien. No se preocupe.
-Conozco a un mago… él debe ser la persona indicada para informarlo bien. Se mudó aquí hace poco tiempo, y quienes hablamos con él alguna vez sabemos que tiene información real sobre el tema, aunque no estaba aquí cuando ocurrió.
-¿Quién es este mago?
-No le gusta recibir visitas, debo advertirte. Vive solo con su perro, en la última casa del asentamiento. En general no responde ni abre la puerta. Una persona muy solitaria, así es él. Su perro vaga por los alrededores mucho más de lo que lo hace él. Pero un día tuve la suerte de encontrármelo y hablar. Me dijo que sabía mucho al respecto de la explosión y del accidente. Si él no puede darte más información… temo que nadie podrá.
-¿Cómo es su nombre? -preguntó Harry, que por algún motivo empezó a ponerse nervioso.
-Le dicen "El Hocico", o algo así.
Harry puso una expresión de temor. Al instante, pensó en El Cazador de Brujas y en su máscara con forma de hocico, que luego supo era en verdad de lobo.
-Lléveme a su casa, si es posible, por favor -dijo, tanteando la varita en su bolsillo y juntando valentía.
El señor Lamda asintió con la cabeza y se puso de pie. Ambos caminaron fuera de la cabaña y hacia una tarde totalmente oscura y gris, donde la niebla del mar los envolvía y les subía por las piernas. Mientras iban cruzando la distancia que los separaba de la última de las casas, Harry se dio cuenta que no veía sus propios pies.
-Aquí es -el señor Lamda no se acercó hasta la puerta, sino que lo dejó a unos metros de distancia. La casa era modesta y algo desgarbada, con notoria falta de mantenimiento. -Aquí vive. No puedo acompañarte, porque le tengo respeto y no quiero que piense que deseo molestarlo… Pero no te preocupes. Parece buena persona.
El señor Lamda miró a Harry con una sonrisa paternal, y Harry le agradeció. Entonces se dio la vuelta y se fue, cojeando un poco. Harry se dio cuenta de que era más viejo de lo que había creído en un principio.
Entonces, Harry se acercó a la casa, hasta la puerta, y golpeó. Pasó un rato, y nadie abría. Golpeó de vuelta, y nada.
Empezó a creer que nadie iba a abrirle, y que no obtendría nada de allí. Por algún motivo, ese hombre lo ponía muy nervioso. Aunque no lo conociera aún. Esa casa le transmitía una presencia que lo ponía muy nervioso. No era miedo, no era una sensación de maldad, sino todo lo contrario. Percibía una energía afectuosa y familiar allí, pero era como si no se sintiera preparado para enfrentarla.
Llegado a ese punto, quizás por el misticismo que emanaba de ese lugar, quizás por la niebla, o quizás porque algo dentro suyo lo decía a gritos, Harry ya sabía quién era el mago que vivía allí.
Pero no estaba para nada listo para verlo. Por eso fue que, en vez de golpear una tercera vez a la puerta, se dio la vuelta para irse. Entonces, escuchó pasos dentro de la casa.
Harry ya se había dado la vuelta. Se quedó quieto, de espaldas a la casa, y así estaba cuando la puerta se abrió. Lentamente, fue girando sobre sí mismo para enfrentarse al mago que lo esperaba allí, de pie en el umbral.
No se había equivocado. Su corazón le había dicho la verdad. Pero… ¿cómo era posible?
-No -dijo con negación, al verlo-. No es posible. No es posible.
-Harry… -dijo la sorprendida y a la vez encantada voz de su padrino, Sirius Black.
-No es posible -repitió Harry, negando con la cabeza.
Se quedaron mirándose unos instantes. Ambos estaban sorprendidos, aunque Harry estaba al borde del colapso.
-¿Estás vivo?
-Adelante. Pasa, Harry, pasa.
Sirius se hizo a un lado, para dejarlo pasar. Harry no lo hizo. No dejaba de mirarlo con mucha atención, y sin salir de su estado de sorpresa. Tenía la varita aferrada en su bolillo, por si eso era una trampa y de pronto aparecía El Cazador de Brujas o alguien más allí.
-Soy yo, Harry –dijo él, adivinando sus pensamientos-. Jamás imaginé que vendrías...
-¿Eres tú? -preguntó Harry, sin saber bien por qué hacía esa pregunta. Es que no podía creerlo.
-Sí, soy yo... Adelante, pasa -repitió.
Harry obedeció esta vez. Ingresó en la casa, avanzó a través del oscuro recibidor, y se sentó en una vieja butaca a pedido de Sirius.
No dijo nada. En las últimas semanas había vivido muchas situaciones de shock que no podía creer que estuvieran pasando, pero esta era particularmente difícil de creer.
-Debes tener tantas preguntas... -empezó Sirius, sentándose con pesadez en otra butaca.
-No –Harry dijo eso solamente, y lo miró directo a los ojos con seriedad.
-¿No las tienes?
-No, tú no estás vivo –dijo Harry, negándose a creerlo-. Esto no puede pasar. Esto es otra cosa. ¿Quién eres? ¿Es esto poción multijugos? O...
-Soy tu padrino. Soy Sirius –dijo él, ofreciéndole una media sonrisa, con dudas.
-No -repitió Harry, otra vez más.
-De acuerdo, te diré lo que pasó.
-No, no me digas nada –dijo Harry, perdiendo la calma-. No quiero escucharlo. ¿Estás vivo? ¿De verdad estás vivo? ¿Has estado vivo... siempre?
Él asintió lentamente con la cabeza, algo retraído y con precaución.
Harry se puso de pie y sacó su varita. Lo apuntó directamente al pecho.
-Mi verdadero padrino no habría estado desaparecido todo este tiempo si estaba vivo. No se habría escondido en una casa en medio de la nada mientras los demás peleaban la guerra contra Voldemort. Tú no eres mi padrino.
-Lo siento muchísimo, Harry...
-No, no digas nada –le espetó Harry, furioso-. Solo dime quién eres en verdad, ¿si? Terminemos con el circo. Dime quién eres, qué quieres. ¿Eres el Cazador de Brujas? ¿El Hocico, como te dicen aquí...?
Pero entonces, se dio cuenta de lo que ese apodo significaba.
-De acuerdo, de acuerdo –se corrigió-. Te decían Hocicos, ¿no es así? Qué astuto, ese fue siempre tu apodo. Hocicos... Y también me dijo el señor Lamda que tenías un perro... Claro, porque eres un animago y te conviertes en perro. En verdad era a ti a quién veían merodear por el pueblo, no a un perro tuyo... ¡Pero qué inteligente! -gritó, indignado y furioso-. De verdad, ¡qué bien armado está todo esto! ¡Casi que me lo creo! -gritó, con furia-. ¡Lo armaron casi a la perfección! Dile al señor Lamda, o como se llame realmente, que es un gran actor. Y tú también, por cierto, haces las mismas muecas que hacía mi padrino. ¿Cuánto tiempo lo has estado estudiando? Pero aquí termina la obra de teatro. Dime la verdad. ¿Quién eres realmente?
-¿Acabaste el discurso? -le preguntó Sirius, con expresión de angustia-. Te dije que lo siento. Déjame explicarte. Soy yo, de verdad. Pero no quería que me encontraras. Y no pude participar en la guerra mágica, porque no puedo dejar este lugar. Literalmente, no tengo forma de salir de aquí.
Harry arqueó una ceja.
-¿Esperas que me crea eso?
-Bien, déjame explicarte. Lo que ocurrió fue esto...
-No, no quiero oírlo. De seguro, quien quiera que seas, te has estudiado un discurso muy hermoso y perfecto que justifique por qué estoy viendo a mi padrino muerto. Pero te lo aseguro, no me trago nada de esto...
-¿Podrías dejarme que te lo explique? Y luego tú puedes explicarme a mí qué haces aquí, y cómo me encontraste.
-Yo no te encontré. Yo vine aquí a descubrir por qué murieron Lucretia Black y Herby Dippet.
-Genial, puedo explicarte eso sin problemas –dijo él, encogiéndose de hombros-. Y también puedo explicarte qué hago aquí, si me lo permites.
Harry dudó. No terminaba de creer aquello. Finalmente, se cruzó de brazos y lo miró muy serio.
-De acuerdo. Dilo.
Sirius tomó aliento, asintió y empezó. Harry notó que estaba más viejo de lo que lo recordaba, más demacrado y cansino que nunca. Había muchas líneas blancas en su largo cabello, y más arrugas que antes. Pero no podía ser... ¿de verdad era él?
-Esto fue lo que pasó -dijo Sirius, con voz algo ronca-. Comenzaré por el principio, por la historia de Lucretia y Herby.
-Por donde quieras, tengo tiempo –dijo Harry, aún frío-. Aún no anochece.
-Bien –dijo él-. Esto pasó: Lucretia, como quizás sepas, si has estado investigándola antes de venir, era mi tía. No puedo decir que fuera muy distinta al resto de mi familia: obsesionados por el status de sangre, ya sabes, lo mismo de siempre. Bien, ella se casó con el tío de Molly Weasley, Ignatius Prewett. Parecía que él la había cambiado un poco al principio, un cambio para bien, según mi punto de vista; y para mal, según el punto de vista de los Black. Ignatius era un mago a quien le podías tener más respeto, más noble. Por un momento, a mi familia no le gustó nada que ella estuviera con él, y hasta estuvieron por tacharla del árbol genealógico, pero luego de un tiempo ella siguió siendo la misma de siempre, y la relación con Ignatius se fue deteriorando.
Harry escuchaba, pero con el mayor escepticismo de todos. No podía evitar pensar que aquello era un discurso planeado por alguien que estaba queriendo tenderle una trampa.
-Finalmente, ella empezó a engañarlo con Herby, un mago también sangre pura con el que seguramente se sintió mucho más afín. Herby era el sobrino-nieto del ex director de Hogwarts, Armando Dippet. Pero no se parecía en nada. Estaba obsesionado con las artes oscuras, te lo aseguro. Yo era muy chico cuando conocí a esos magos, y luego me fui de casa y no volví a verlos. Pero siempre había sabido de la enfermiza relación de Lucretia con su aún marido: seguían estando casados, se rehusaban al divorcio, pero no tenían nada que ver el uno con el otro. Ella claramente estaba saliendo con Herby, y seguramente hacían magia oscura juntos. Ignatius era el pobre tipo que vivía una vida mentirosa y se engañaba a sí mismo pensando que aún podía haber amor en su relación.
"Cuando leí la noticia de su muerte, me puse a investigar el tema. Yo estaba en prisión, pero a través de unos reclusos fui sacando bastante información como para rearmar el rompe-cabezas: Ella y Dippet habían venido a este lugar para probar un artefacto hecho con magia, uno que les permitiría transportar a un mago... Una especie de portal. Un ambicioso proyecto de magia negra, y vinieron a finalizarlo aquí por dos motivos: Uno, porque el lugar era significativo para ellos; un lugar de magos antiguo donde supuestamente existe un odio irracional hacia los muggles. O al menos eso creían ellos, yo te aseguro que jamás fue así, solo eran rumores falsos sobre el asentamiento. El otro motivo fue que estaban lejos del alcance del Ministerio y sus controles.
"Su portal no podía armarse en cualquier sitio, necesitaban además de unas condiciones naturales excepcionales, condiciones que encontraron en el acantilado que está allí afuera. Ese acantilado tiene una caída de muchos metros de altura sobre rocas picudas. Sería la muerte de cualquiera. Con la marea, los vientos, y el clima, encontraron las condiciones perfectas para montarlo. Su portal requería de la energía que este clima intenso justamente puede brindar. Con esa energía, creyeron que todo estaba listo y que funcionaría a la perfección. Lo que aún no te dije es a dónde te transportaba ese portal. No era para viajar de un sitio a otro, al menos no sitios convencionales... Era para transportar a un mago desde el mundo de los vivos, al mundo de los muertos.
Harry entornó los ojos, se acomodó en la butaca y siguió escuchando.
-Era la obsesión de Lucretia y Herby. Ellos eran aurores, ambos, allí se habían conocido. De hecho, habían formado parte de un escándalo en el Ministerio cuando se supo que ambos habían estado encubriendo asesinatos. Eso no fue lo único que hicieron. Ellos mismos realizaban los asesinatos, según dicen muchos. Querían matar magos y brujas, y por supuesto muggles, para luego ver si podían traerlos de vuelta con su magia. Estaban trastornados. Tenían una obsesión con la muerte... Cuando el Ministerio los descubrió, ya eran ancianos. Habían vivido toda una larga vida de asesinos y amantes, todo ocultos y sin que nadie los descubriera. En las mismas narices de Ignatius.
"Cuando supo que se habían fugado juntos, Ignatius fue tras ellos. El pobre hombre, anciano y todo, recorrió el país en su búsqueda hasta que los encontró aquí, fabricando su arma... Ahora bien, esto es algo que pocos saben. La historia oficial dice que se desconoce cómo murieron, y que Ignatius murió poco después por suicidio. La verdad es que Ignatius se batió a duelo con ellos, furioso por lo que había sido una vida al lado de aquella trastornada mujer. En medio del duelo, le dio al reactor que ellos estaban fabricando, que explotó en pedazos. Una explosión que mató a Lucretia y Herby, junto a un grupo de autoridades muggle que estaban haciendo una inspección en el asentamiento, pero no a Ignatius. En cambio, algo más extraño pasó con él. Según pude saber luego, poco antes de su muerte, la explosión lo lanzó a través del portal, del otro lado. El reactor había explotado, pero el portal aún servía y quedó abierto en la misma roca del acantilado.
"Así como oyes, pasó del lado de los 'muertos', por decirlo así. Un lugar más horrible que cualquiera que hayas visto, el mismísimo infierno. Las almas que estaban allí no eran nada buenas... eran las almas de cientos de magos oscuros que habían muerto ya. El verdadero plan de Lucretia y Herby, al parecer, incluía traer magos oscuros que habían muerto a la vida otra vez. Por suerte, Ignatius escapó de allí, cruzando el portal hacia el otro lado. Es decir, para que me entiendas bien, el portal tenía dos entradas, dos 'puertas'. Una es la del acantilado, que se destruyó con la explosión. La otra la habían fabricado en un velo...un velo que daba otro acceso al mismo lugar. Él salió por ese otro lugar. Pero el haber pasado por allí tiene un precio. No puedes abandonar el lugar al que fuiste a parar. Una especie de magia le impidió salir de allí. Y el lugar donde estaba el velo entonces era otro acantilado, en el norte del país. El no poder abandonar un acantilado puede ser problemático, claro. Sobrevivió algunos días, quizás más de una semana... en el fondo rocoso, uno similar a este. Sin poder comunicarse, ni usar ninguna magia. Finalmente encontraron su cadáver. Como estaba en el norte del país, no lo relacionaron con el otro accidente, sino más bien con un suicidio.
"Te preguntarás, ¿cómo supe todo esto? Pues, verás, al encontrar el cuerpo de Ignatius, Molly naturalmente lo supo, así como el resto de la familia. Algunos Prewett intuyeron que algo así había pasado. Ignatius era querido por ellos. De hecho, Molly Weasley nombró a su hijo Percy en honor a Ignatius, ese es el segundo nombre del muchacho. Cuando el Ministerio encontró su cuerpo, también encontró el velo, que fue llevado al Departamento de Misterios.
Harry frunció el ceño.
-No es posible... -dijo.
-Yo tampoco sabía todo esto –dijo Sirius-. Pero entonces Bellatrix me lanzó a través de ese mismo velo, en aquella batalla en el Departamento de Misterios. No me lanzó un maleficio asesino, si lo recuerdas, solo me empujó a través del velo. Ese velo, conocido como el Velo de la Muerte, es uno de los misterios que tiene el Departamento de Misterios, como su nombre lo indica. Algunos empleados de ese departamento creyeron que era un velo que mataba a quien lo cruzara, pero no es así. Se llama Velo de la Muerte porque te transporta a la dimensión de los muertos... allí fui yo. Estuve allí dentro, con esas oscuras almas en pena... Descubrí algunas cosas en mi no muy grata estadía en ese lugar. Descubrí que, por suerte, esas almas no pueden pasar de este lado, si alguien no los trae. No es un portal bidireccional. Por otro lado, descubrí varios de los secretos que me permitieron saber todo esto que te estoy diciendo. Finalmente, logré salir de allí yo también. Del otro lado. A diferencia de Ignatius, no morí al salir por el otro portal, en este mismo acantilado, en Land's End, porque logré sujetarme de las rocas y recibí ayuda de unos magos de este lugar, que me encontraron en el precipicio. Descubrí pronto que no podía irme de aquí. Una magia me ata a este lugar, a Land's End. Me impide alejarme demasiado de aquí, ni en forma de humano ni de perro. En cuanto descubrí la condición en que había llegado aquí, supe que no estoy del todo vivo.
-¿A qué te refieres?
-Por eso pudiste llamarme con la Piedra de la Resurrección. Porque no estoy vivo. Quizás tampoco muerto. No sé que soy. Ciertamente no un fantasma, porque puedo tocar cosas, tengo cuerpo físico igual al de cualquier ser vivo. Y, por lo visto, también envejezco. Pero pasar por ese reino de la muerte me cambió. No solo estoy físicamente anclado a este lugar mediante magia, sino que dejé de tener magia. Ya no soy más un mago, no hay varita que funcione conmigo. No hay forma de transportarme. No sirvo para nada. En cuanto supe que había vuelto en este estado, y que es permanente, decidí que era mejor que pensaras que había muerto. ¿Para qué iba a hacerte llegar la verdad? Podía escribirles una carta, quizás, no lo sé. Pero, ¿para qué? Sabía que Voldemort había regresado peor que nunca, que no era el momento para que dejaras la seguridad de Hogwarts y vinieras a un lugar inhóspito como este, donde eras vulnerable.
-No puedes decirme que ese es el motivo -reaccionó Harry-. No te lo acepto.
-Créeme, eso dices ahora que Voldemort murió. Pero dime tú, si sabías que estaba aquí, sin poder moverme del lugar, anclado a estas tierras, si no habrías querido venir a verme. Yo sabía que sí, y que eso no te ayudaría en nada. Yo ya no podía ayudar en nada, a nadie. Ni siquiera sé si estoy vivo.
-Yo creo que estás vivo –entonces, Harry se acercó a él, extendió su brazo y le tomó una mano. Sirius abrió grande los ojos y lo miró con sorpresa. Parecía que nadie hacía contacto con él en mucho tiempo. -Pareces lo suficientemente vivo para mí.
Sirius le sonrió entonces, una sonrisa marcada por arrugas.
-Lo siento, Harry –le dijo entonces, y sus ojos se pusieron brillosos-. Hice lo que creí mejor para ti.
-Me hiciste sufrir, pensando que estabas muerto. Un dolor que podrías haberme evitado si sabía que no era así.
-La guerra había comenzado. Pronto tendrías que aprender lo que es perder a alguien, de cualquier forma, porque en una guerra... en una guerra siempre pierdes a alguien. Quizás era una lección que necesitaba darte. Para ayudarte a enfrentar lo que se venía, en lugar de tratar de conectarte con el fósil restante de lo que una vez fui yo...
-No digas eso –dijo Harry, temblando de una mezcla de tristeza y rabia por no haber sabido nunca toda la verdad-. Para mí no es lo mismo que estés vivo o muerto... Eres mi padrino, yo... -tragó saliva-. Yo te quería.
Sirius se irguió y lo miró fijamente, con pena.
-Lo hice porque también te quiero –le dijo este. Entonces, un poco con temor a ser rechazado, abrió ligeramente sus brazos. Harry se limpió una lágrima, se acercó a él y lo abrazó.
Cerró los ojos. El abrazo con su padrino era lo que había estado necesitando los últimos tres años de su vida. Fue un abrazo que llenó su corazón de algo que nadie más podía darle. Algo que no había conocido en su infancia, y que solo había tenido brevemente con Sirius antes de perderlo. Ahora se sentía como si aquel sentimiento, de paternidad, de afecto familiar, volviera a él en el momento en que más lo necesitaba.
-Sé que jamás podrás perdonarme... -empezó Sirius, pero Harry asintió con la cabeza y le hizo una mueca, indicando que no era necesario decir eso. -¿Quieres comer algo? Yo no como mucho, pero tengo algo para cocinar.
Harry lo ayudó, y entre los dos cocinaron algo. Harry se dio cuenta de que Sirius llevaba una vida de muggle, sin magia en absoluto. Por algún motivo, Harry decidió hacerlo él también así, y cocinaron de forma muggle.
Cuando estaban terminando, Harry se asomó a la ventana y sintió un nudo en la garganta. La noche ya había caído, y se veía claramente cómo la luna brillaba en lo alto.
Harry observó la luna llena unos instantes, luego regresó con Sirius.
Mientras comían, Harry sintió que aún tenía muchas preguntas por hacerle.
-Luego de la muerte de Voldemort, ¿por qué no pensaste en contactarme?
-Había pasado mucho tiempo... No sabía cómo hacerlo. Tampoco sabía en qué estado de salud me encuentro. No sé si mañana estaré vivo. Supongo que nadie más que esté vivo ha pasado por esa extraña dimensión donde yo fui a parar. ¿Y si tenía efectos secundarios, y moría de pronto? No tenía sentido revelarte que estaba vivo, para luego morir y hacerte sufrir otra vez.
-Y hay otras cosas que no entiendo... -dijo Harry, mientras masticaba, hambriento-. Dippet... Se supone que tenía un papel importante en todo esto de El Cazador de Brujas. Se suponía que él era la clave para entender todo esto. Pero ahora que sé qué pasó con él... no siento que sepa nada que me permita resolver el misterio.
Sirius lo miró fijamente, mientras comía.
-Siempre me has sorprendido por tu habilidad por resolver misterios, Harry. Creo que podrás con este también, si lo piensas...
-Está muerto, eso es seguro –dijo Harry, pensativo-. ¿Verdad?
-Exacto –le dijo Sirius.
-¿No fue al mundo de los muertos? ¿No regresó de allí, ni nada por el estilo?
-No, que yo sepa.
Harry se estrujó las neuronas, pensando.
-¿Tú sabes la respuesta a todo esto?
-No realmente -confesó Sirius-. Pero quizás, juntos, podamos...
-El Cazador de Brujas quiere las tres Reliquias de la Muerte, para ser el Amo de la Muerte –dijo Harry, reflexivo-. ¿Quizás quiere, entre otras cosas, traer a estas almas oscuras del más allá? Eso querían Lucretia y Dippet. Quizás su motivación es similar a la de ellos. Si bien actualmente tengo que pensar, por lo que ocurrió, que él es Bill Weasley...
-¿Bill Weasley? -se sorprendió Sirius-. Es una locura. No puede ser.
-Encontré la máscara de El Cazador de Brujas en su bolso.
-¿De verdad? Debe ser una trampa, u otra cosa. Bill...
-Bill fue mordido por un hombre lobo, y el Cazador de Brujas es un hombre lobo, según dijo el mago que lo asistía, con veritaserum.
-El veritaserum te obliga a decir tu verdad –dijo Sirius, pensativo también-. Pero tu verdad no siempre es la verdad. Quizás el creía que era un hombre lobo. De cualquier forma, no creo que sea Bill. Si bien él es un Weasley...
-Ginny también murió -le dijo Harry, muy serio.
-Lo sé -Sirius asintió con amargura-. Me mantengo informado...
-Quizás tiene algún problema con los Weasley. Por lo de Ignatius.
-No lo creo. Hay algo más aquí. -De pronto, Sirius se puso de pie, dejó de comer y en su lugar empezó a pasearse por la habitación. -Si quiere las tres reliquias, quizás sí quiere una forma de terminar el trabajo que iniciaron Lucretia y Dippet. Por eso dijo que Dippet era la clave de todo esto.
-El Cazador de Brujas podría ser Dippet -pensó Harry-. O algún sucesor, si damos por hecho que murió. Odio basarme siempre en teorías, no tener la verdad. Pero podría ser... Si ignoro la pista de Bill, si ignoro el tema del hombre lobo... el velo.
-¿Qué hay con el velo?
-Estaba en el Departamento de Misterios.
-Sí.
-El ayudante de El Cazador de Brujas estaba infiltrado en el Ministerio. Quizás quería infiltrarse en el Departamento de Misterios y recuperar el velo.
-Es cierto –dijo Sirius-. En lugar de seguir con la idea de las Reliquias de la Muerte, regresar al plan original.
-El plan de las Reliquias solo surgió porque me oyeron a mí y a Voldemort hablar en la batalla final, y ahí supieron que existían, y su poder. Debían tener dificultades para acceder al velo, por eso les interesó eso, como un plan B.
-Harry, ¿por qué has venido? -soltó Sirius de pronto.
-¿Cómo dices?
-¿Por qué has venido aquí? Dijiste que no fue para buscarme a mí.
-No. Fue para ocultarme, la verdad. Y con una doble finalidad, la de buscar pistas en esta zona. No estaba seguro de que justo fuera Land's End donde murieron ellos, pero...
-¿Para ocultarte? -preguntó Sirius, ignorando lo demás-. ¿De qué?
-De El Cazador de Brujas. Viene por mí, seguro. Quiere mi capa. Seguro querrá atraparme.
Entonces, Sirius lo miró con mucha seriedad y confusión.
-Pero, Harry, ¿por qué decidiste ocultarte?
-Pues, para que no me atrape, claro. Pero no para protegerme a mí. Para proteger la ubicación secreta de la capa.
-No hay ubicación secreta de la capa –dijo Sirius. Harrry empezaba a enojarse. ¿Estaba tratándolo de cobarde? -He visto en El Profeta lo que hizo la última vez. ¿Cómo sabes que no secuestrará a un ser querido tuyo nuevamente para extorsionarte con eso?
Pero Harry estaba pensando en otra cosa.
-He visto a Ginny –dijo de pronto, reflexionando sobre ello-. Ella sí murió, pero dijo que los demás no habían muerto "del todo". Los asesinados por El Cazador de Brujas... -miró fijamente a Sirius-. Que no murieron del todo, eso dijo. Como tú.
Sirius estaba tan confundido como Harry.
-Quizás está experimentando con la gente que mata. Quizás quiere llevarlos a esa dimensión, ver si pueden volver... eso mismo que hacían Lucretia y Dippet.
-Harry, debes irte de aquí -le dijo entonces Sirius, alarmado-. Debes volver a Hogsmeade, a donde sea que esté tu capa. Porque él va a matar a tus seres queridos si no se la das.
-¿Y qué quieres que haga? -dijo él, furioso de nuevo-. ¿Qué se la dé?
-Que la destruyas.
Harry se quedó atónito. Ahora podía ver claramente la luna llena desde la ventana, brillando en medio de la noche.
-Es una gran idea -coincidió-. Pero, ¿cómo...?
-Si quieres destruir algo poderoso como Las Reliquias de la Muerte, prueba con lo más poderoso que existe. Pero debes ir allí, debes destruirla.
-¿Qué es ese encantamiento que puede destruirlas? Ya intenté destruir una con los mismos elementos que destruían los horcruxes y no funcionó.
-No estás tratando de destruir magia negra ahora, sino antigua magia que no es oscura. Deberías intentar... -se quedó pensativo-. Destruim Incantatum.
-¿Qué es eso...?
Pero en ese momento, algo los interrumpió: De afuera les llegó el sonido de gritos de horror y estruendo. Una luz verde dio de lleno en la ventana.
-Me encontró -dijo Harry al instante, sacando su varita y apuntando hacia la puerta de entrada.
-¿Te apareciste? -preguntó Sirius-. Harry, pueden rastrear cuando te apareces...
-No me di cuenta -reconoció él-. Ya está aquí.
Sirius se transformó en perro al instante y asomó los colmillos, con aspecto amenazador. Harry no dejaba de apuntar hacia la puerta.
Afuera, se veían haces de luz verde y se oían gritos de horror.
-¡Corre! -gritaba una voz, desde una de las casas-. ¡Corre, los mató a todos! ¡Los mató a todos! ¡CORRE!
De pronto, la voz también se cayó. Todas las voces y gritos terminaron, también los rayos de luz verde.
Harry respiraba agitado, aún apuntando hacia la puerta.
Sirius, en forma de perro, giró la cabeza hacia él.
-Viene hacia aquí -dijo Harry-. Los mató a todos y está viniendo hacia aquí.
Claramente, escuchó afuera pasos que iban hacia la casa. Desde la misma ventana, llegó a divisar la máscara de lobo. El Cazador de Brujas caminaba hacia la casa de Sirius, luego de haber matado a todas las demás personas del pueblo.
Harry sintió que su corazón latía a toda velocidad. Sujetó la varita con más fuerza.
-Empezó -dijo, acercándose al perro que estaba a su lado-. La Cacería de Brujas empezó.
