¡Hola! He vuelto, he estado de vacaciones y he aprovechado el tiempo libre para escribir juju
No me entretengo, os dejo con el capítulo ^^
Disclaimer: Frozen no me pertenece :(
CAPÍTULO 13
Por enésima vez, Hans se volteó a observar el hueco vacío de la joven reina. Hacía ya tiempo que la fiesta había concluido e incluso el fuego de la hoguera estaba casi consumido, y ella seguía sin regresar. Desde su espantada tras ese sorprendente beso no había dado señales de vida. Y eso, le comenzaba a preocupar.
Al principio había querido darle su espacio, dejar que se tranquilizara o que pensara o que hiciera lo que quisiera sin sentirse presionada pero ahora… temía que le hubiera podido ocurrir algo. Ella era fuerte y podía cuidarse sola, eso estaba claro, pero nada le hacía pensar que hubiera podido tener un accidente repentino que no hubiera podido prever.
Su interior era un torbellino de sensaciones. Besarla había sido un error. ¿Acaso no sabía cuál era su lugar, ni quiénes eran ambos? Sin embargo, aún horas después, cada vez que lo rememoraba, la piel de su rostro donde se había posado la mano de la joven le hormigueaba y sus labios todavía podían notar la calidez de su aliento.
Se arrepentía, por ella, pero a la vez, jamás había tenido una sensación tan extraña y dulce en su vida.
Finalmente, harto de esta preocupación, se levantó y se adentró en el bosque en busca de la joven. No quería ni pensar en lo incómodo que sería el momento de reencontrarse mas asegurarse de que no estuviera herida era su prioridad.
Elsa no pudo evitar otro sollozo. Desde que había huido cual cobarde de la "situación" con Hans había estado así. A duras penas estaba pudiendo controlar sus poderes.
No lloraba por sentir que había traicionado a su hermana y casi a todo su pueblo por lo que acababa de hacer. Lloraba por lo bien que se había sentido cuando sus labios se encontraron. Nunca antes la habían besado y siempre se preguntó qué se sentiría. Incluso cuando Anna trataba de explicarlo con sus palabras se lo preguntaba.
El problema era que su hermana había tenido razón, esa sensación de flotar, de calidez, de cosquillas en el estómago, se había sentido tan bien… con Hans.
¿Qué le ocurría? Él no dejaba de ser la persona que había intentado hacerles daño y apoderarse de su reino por mucho que ella estuviera notando ciertos cambios en él, que le daban esperanza de ver a una persona totalmente distinta. Una persona que merecía la pena. A quien quería entender… pero seguía siendo Hans.
A lo largo de la noche, había tratado de recomponerse, mostrar su semblante más monárquico de nuevo y reaparecer en el claro como si no estuviera afectada, mas no podía. Cuanto más lo pensaba, peor se sentía, pero a la vez su cuerpo le recordaba lo mucho que le había gustado.
Y es que estaba entrando en un terreno en el que ella se sentía totalmente perdida, su asignatura pendiente: sus más profundas emociones.
Hubiera deseado echarle toda la culpa a él, sin embargo no podía hacerlo. Porque del mismo modo que fue él quien la besó primero, fue ella quien decidió corresponder a ese beso. Fue ella quien lo aceptó y quien quiso hacerlo.
Y le gustó.
Y ahora se sentía fatal por ello. Pero por otro lado, se sentía viva y liviana. Se sentía flotar. Era todo demasiado confuso.
Decidió que ya se había compadecido lo suficiente. Se enjugó las lágrimas y comenzó a caminar de vuelta al campamento, todavía les quedaba un largo camino de viaje y quería volver a casa cuanto antes. Tarde o temprano tendría que enfrentarse a lo que había ocurrido, y ella hacía tiempo que había dejado de esconderse.
―Elsa… ―la llamó por fin en un susurro.
Llevaba varios minutos caminando por el bosque y no había rastro de ella. La luz de la noche tampoco ayudaba mucho. Si bien estaba despejado y las estrellas brillaban con fuerza, no había mucha luna.
Al principio no quería que le descubriera, quizá si la joven se daba cuenta de que la estaba buscando acabaría alejándose un poco más. Sin embargo, ya se estaba cansando de buscar a tientas y además, no quería preocuparse más de la cuenta.
―Elsa ya es tarde, hay que volver al campamento ―tentó a decir. Quizá si estaba cerca y le escuchaba fuera algo razonable.
Caminó un poco más, con cuidado y tratando de escuchar cualquier ruido a su alrededor que le pudiera indicar el paradero de la reina. No obstante, las criaturas del bosque, alertadas quizá por su presencia, se lo estaban poniendo bastante complicado.
―Está bien, entiendo que estés… disgustada por lo que ha ocurrido ―concedió―, pero merodear por el bosque es peligroso a estas horas.
Esperó alguna respuesta un minuto. Al no obtenerla, siguió avanzando. No lo reconocería jamás en voz alta, pero la verdad era que el bosque en penumbra le estaba inquietando más de lo que a un supuesto hombre hecho y derecho como él debería.
―Elsa… ―la volvió a llamar perdiendo prácticamente toda esperanza.
O bien la joven no se encontraba en los alrededores o directamente no quería salir.
Hans suspiró, derrotado. Definitivamente no iba a conseguir nada.
Decidió tener algo de fe y pensar que la joven se encontraba bien y sólo quería estar sola a pensar que le había ocurrido algo y volver al campamento.
Recorrió un par de metros cabizbajo hasta que el sonido de una ramita partirse le sacó de su ensimismamiento. Giró la cabeza hacia la izquierda, de donde provenía el ruido y oteó la oscuridad, por un segundo esperanzado de encontrarse a la reina.
No vio nada.
Durante unos segundos se debatió entre continuar su camino hacia el campamento o averiguar qué había sido ese ruido. Finalmente optó por lo último con la esperanza de encontrar a la joven que llevaba ya rato buscando.
Tal vez el reencuentro fuera a ser algo incómodo, pero era del todo inevitable. Ni siquiera él mismo tenía muy claro qué es lo que podría decir o hacer una vez tuviera a la joven delante. Cabía la posibilidad de que incluso le recriminara haberse escapado así al bosque, ¡nadie le hacía preocuparse de esa manera!
Perdido en sus pensamientos llegó a un claro del bosque. Apenas un descanso entre tanta espesura. La luz de las estrellas lo iluminaba leventemente dándole un brillo etéreo. Le bastaba esa iluminación para percatarse de que Elsa no estaba allí. Extrañado, pues se había ilusionado con por fin haberla encontrado, se adentró en aquel claro, buscando quizá alguna pista del paradero de la susodicha.
Pasados unos segundos, volvió a escuchar el crujido de una rama a su izquierda. Volteó la cabeza de inmediato pero, nuevamente, solo observó la maleza del bosque.
Suspiró, esto comenzaba a ser frustrante. Definitivamente, se daba por vencido.
No fue capaz de dar ni un paso de vuelta al campamento cuando a su derecha observó una gran sombra cerniéndose sobre él. Antes de que pudiera reaccionar el puñetazo cayó sobre su mandíbula sin piedad haciéndole perder el equilibrio.
Hubiera caído al suelo de no ser por un fornido par de brazos que aparecieron del lugar donde previamente había escuchado el ruido de la rama, que lo sujetaron en el sitio, casi inmovilizándose.
Sin tiempo para pensar en el terrible ardor que se extendía por su rostro observó como su primer atacante cargaba el puño de nuevo dirigiéndolo hacia él. Casi por acto reflejo, lanzó una patada a aquella mole de persona haciéndole retroceder. El impulso logró liberarle del agarre al que le mantenía el otro individuo pero también hizo que Hans cayera al suelo.
Gateó, algo aturdido, intentando alejarse de sus atacantes, mas solo consiguió moverse un par de metros cuando nuevamente, una enorme mano le agarró por la camisa y lo levantó del suelo sin apenas esfuerzo.
El joven era realista, conocía sus posibilidades y sabía que eran muy escasas. De haber tenido un arma, una espada concretamente, sus rivales no tendrían nada que hacer contra él. En cuerpo a cuerpo, dos contra uno, y teniendo en cuenta la corpulencia de lo que podía adivinar dada la luz que había en plena noche… estaba perdido.
Cortando el hilo de sus pensamientos, un puñetazo cayó sobre su estómago. No pudo evitar un grito ahogado en el momento en que el golpe le dejaba momentáneamente sin respiración. Se sacudió con fuerza y desesperación intentando soltarse de su agarre pero no tuvo ningún resultado. En su lugar, fue recibido por otro puñetazo en el costado y otro en el rostro que le hicieron perder fuerza por completo.
Percatándose de esto, su carcelero lo lanzó al suelo como si fuera un miserable saco de patatas. Intentando recobrar un poco el aliento, en los breves segundos de tregua que parecían darle, escuchó su conversación.
―Fácil ―dijo uno de ellos―. Este ya está, tenemos que ir a por la otra.
Los ojos de Hans se abrieron desmesuradamente. Si les habían descubierto, "la otra" era Elsa, la cual se encontraba todavía perdida por el bosque.
Mareado y aturdido se levantó con rapidez, quizá si llegaba a la maleza podría perderlos de vista y tener algunos segundos para pensar. Ni siquiera tenía claro si la prioridad era encontrar a la reina o alejarse lo máximo posible para que los rufianes no la encontraran.
Su huida no duró ni un segundo. Un tremendo placaje de uno de sus atacantes le hizo caer al suelo de nuevo con un ruido sordo seguido de un fuerte pisotón en la espalda que lo mantuvo en el sitio. Se removió intentando liberarse pero solo consiguió que la presión fuera mayor.
―Todavía tenía algo de espíritu dentro de él ¿eh? ―dijo el que le había placado, levantándose― Vamos a divertirnos un rato, me recuerda demasiado a Flynn.
Ni medio segundo después una patada cayó sobre su costado. A estas alturas le dolía tanto el cuerpo que no estaba seguro de que nada pudiera hacerle más daño. Cuando el siguiente pisotón cayó sobre su cabeza aplastando su rostro sobre el suelo, descubrió que sí, todavía tenía margen de dolor.
Completamente perdido, se hizo un ovillo y se tapó la cabeza con las manos mientras recibía un golpe tras otro. Ni siquiera tenía fuerzas para gritar, por lo que sus quejas se limitaban a leves quejidos sin respiración mientras escuchaba las risas de sus atacantes junto al pitido de sus oídos.
De pronto, sin previo aviso, los golpes pararon. Hans tenía los ojos completamente cerrados esperando el siguiente, sabiendo que cada segundo que pasara era una agonía anticipándolo.
―Q-Que…
Durante un segundo, Hans no supo si realmente había escuchado aquello o solo lo había imaginado, mas el descanso de golpes le hicieron tener la valentía de abrir los ojos. Lo que encontró al otro lado del claro le atemorizó más que los golpes de sus enemigos. Porque allí, iluminada con la luz de las estrellas, se encontraba Elsa, totalmente desconcertada.
La joven no sabía muy bien cómo había llegado hasta ese claro, llevaba unos minutos caminando de vuelta al campamento, dispuesta a enfrentarse a sus actos cuando había escuchado ruido cerca de su posición. Su curiosidad fue mayor que su prudencia y decidió seguirlos.
Fue así como observó, horrorizada y sin entender muy bien, la escena que se encontraba ante ella. Donde Hans se acurrucaba defendiéndose en el suelo a duras penas mientras dos enormes hombres, a quienes creía reconocer de su paso por la posada, le atacaban.
Notó como, al ser descubierta, ambos habían parado de propinar golpes a su acompañante y la miraban atentamente. Ella no sabía muy bien qué hacer, todavía no podía asimilar lo que estaba ocurriendo.
De pronto uno de ellos comenzó a caminar hacia ella. Lo hacía con cautela, pero su expresión en el rostro era cruel y severa. Instintivamente, la joven dio un paso hacia atrás.
Hans observó aterrorizado la escena que tenía ante él. Si conseguían a Elsa todo estaría perdido y él estaba demasiado débil como para ayudarla. Si bien, la realidad era que no era capaz de ayudarse a sí mismo. Sólo quedaba una única opción.
Haciendo acopio de fuerzas, y aprovechando que la atención estaba centrada en la joven consiguió incorporarse levemente.
―¡Elsa, huye! ¡Nos han descubierto! ―gritó con todas sus fuerzas pese a que lo único que consiguió fue que su voz sonara ronca y entrecortada.
El golpe que nuevamente le derribó no se hizo esperar y esta vez, sí que dudaba que fuera a poder volver a levantarse. Con impotencia, observó como el rufián que antes se acercaba a la joven con cautela esta vez había decidido no perder más el tiempo y atacar deprisa.
Las palabras de Hans hicieron que la joven saliera por fin de su ensimismamiento. Toda la situación cobró sentido y sabía que debía ponerse a salvo. Sin embargo no iba a hacerlo. No habían sido solo sus palabras lo que la habían alertado, también su rostro, cargado de temor, iluminado levemente por la luz de la luna le había hecho reaccionar. Y estaba decidida.
Aquel enorme hombre se abalanzó sobre ella con todas sus fuerzas pero lo único que consiguió fue chocar con un gran muro de hielo. La fuerza del impacto hizo que los fragmentos de la gran pared se esparcieran por el suelo reflejando la luz de las estrellas e iluminando todo el claro.
Elsa se movió con agilidad y esquivó todo lo que se interpuso. El rufián, no obstante no perdió el tiempo y se levantó con rapidez. Esta vez con algo más de cautela avanzó de nuevo hacia ella, todo para ser interceptado por una barrera de estalagmitas afiladas que brotaron del suelo.
―No des ni un paso más ―le advirtió la joven con seriedad y decisión.
Pese a todo, ella se había prometido hacía tiempo que no quería usar sus poderes para dañar a la gente, incluidas aquellas personas detestables, no obstante, aquellos dos individuos no se lo estaban poniendo nada fácil.
Este, con una sonrisa sádica en el rostro, rompió el hielo de una patada y continuó avanzando. Sin embargo, Elsa ya estaba preparada. Con un simple movimiento de su mano, atrapó las piernas de su atacante en hielo e hizo crecer otra estalagmita lenta y amenazantemente.
―No te muevas o él lo pagará ―escuchó de pronto.
La joven contuvo un suspiro ahogado. Se había olvidado por completo del otro tipo, el cual, ahora sostenía a Hans por el cabello, mientras apretaba su cuello con un enorme cuchillo. Casi inconsciente por la paliza, Hans apenas reaccionaba.
Elsa alzó una mano dispuesta a frenarle pero el criminal apretó con más fuerza si cabe su cuchillo.
―Ah, no. Si te mueves, él muere. Para nosotros es igual de útil vivo que muerto ―dijo.
Casi al mismo tiempo el estruendo que el otro rufián hacía le indicó que pronto se liberaría de su prisión de hielo. Elsa intentó volver a recomponerlo pero un leve quejido de Hans le hizo volver de nuevo su atención hacía allí. El cuchillo había cortado levemente su piel y del corte emanaba un pequeño hilo de sangre.
―¿Qué te he dicho? No te muevas.
La joven no sabía qué hacer. Su nerviosismo fue en aumento y la temperatura descendió enormemente en apenas un segundo. Ninguno de su enemigos parecía percatarse de ello y el único que parecía realmente sufrir las consecuencias de ello era Hans, dada su debilidad en el momento.
Se encontraba en una encrucijada. Si no actuaba la atraparían, pero si lo hacía matarían a Hans. Y por alguna razón, su corazón latía desbocado y atemorizado de que eso pudiera pasar. El tiempo corría en su contra. El bandido atrapado en hielo casi estaba liberado por completo y no tardaría en ir a por ella. El otro la observaba atento a cualquier movimiento y dispuesto a pagar con Hans cualquier error que ella cometiera.
Todo ocurrió muy rápido. Un segundo el rufián sonreía complacido con Hans como rehén, y al siguiente había sido embestido a varios metros de él.
―¡Bien hecho, Atila!
Escuchó la joven reina tras ella para poco después ver como el bandido que se había por fin liberado del hielo, caía al suelo con fuerza tras un puñetazo de Mano de Garfio. Uno tras otro, todos sus acompañantes rufianes entraban al claro y reducían por completo a sus atacantes. Estos sin embargo, opusieron toda la resistencia que pudieron.
Ajena a la batalla, Elsa se apresuró en ir al encuentro de Hans, quien se había desplomado en el suelo. Consiguió incorporarle levemente sujetándolo entre sus brazos y trató de protegerle de la pelea que se desarrollaba a su alrededor.
―Está bien, Hans, todo va a estar bien ―le dijo tratando de infundirle algo de seguridad.
La realidad era que ni ella misma sabía si iba a estar bien o no. Después de lo ocurrido habría que dar muchas explicaciones a sus compañeros de viaje y con Hans fuera de combate no estaba segura de si ella misma sería capaz de defender a ambos.
Notó como una mano temblorosa se posaba sobre la suya. Sin darse cuenta, había estado acariciando suavemente el rostro de su compañero en un acto de cariño que ni ella misma sabía de dónde había salido, o no quería saberlo.
Con apenas un hilo de voz, Hans trató de decir algo si bien las palabras no salieron. Tras varios intentos, desistió por completo de hablar y, escuchando la voz de Elsa infundiéndole calor y confianza, cerró los ojos. Para él, todo se fundió en negro.
Continuará...
No voy a negar que he disfrutado apalizando a Hans xD Con lo mal que se portó en la película no iba a dejarle conseguir Helsa así sin esfuerzo ni sufrimiento jejeje
Me ha alegrado muchísimo la gran acogida que tuvo el capítulo anterior, quizá por eso me haya animado tanto a escribir este durante las vacaciones, por eso, quiero agadecer a Joy, The Woman of Ice, A Frozen Fan, marati2011, pazhita714, Tavata, Sams Brok, Furea kurakkuru, Aliniss, HimeVampireChan, Gabriela, SerenaSaori, y a anónimo (guest XD) por vuestros reviews, ¡muchas gracias!
Ya sabéis, que ante cualquier duda, comentario, sugerencia, crítica constructiva, lo que sea, me podéis dejar un review ^^
Por ciertoo, he estado tan desconectada de vacaciones y al volver por tumblr he descubierto que han sacado nuevo merchandising muy Helsa jujuju, no quiero hacerme ilusiones pero... qué demonios! Ya me he ilusionado de pensar que pueda haber algo de Helsa por poco que sea en la nueva peli
Me marcho hasta la próxima!
Un saludo!
Almar-chan
