Tengo que irme a clase de català. Como siempre, pereza. Último drabble por un tiempo.
¿Todo va bien?
— Te ayudaré a pagar la casa.
— No hace falta, hijo.
— Quiero hacerlo. — ¿Qué? ¿Acaso este viejo nunca cedía?
— Preferiría que ahorres para cuando no estemos — justificó finalmente.
— No hables así, anciano. — Tenía unas terribles ganas de fumar, pero debía contenerse. Malditos hospitales y malditos enfermos.
— A esta altura de mi vida, ya no hay otra forma. — El viejo sonreía con los ojos.
— Pero si estás cada día más joven. Yo soy el que envejece. — Había en su voz sinceridad y rencor.
— ¿Pasa algo? — dijo Dolly saliendo al pasillo.
Merle se sobresaltó.
— ¿Lo has dejado solo con la loca? — le preguntó haciéndola a un lado. Estaba a punto de abrir la puerta.
— ¡Merle! — lo reprimieron ambos ancianos.
No podía soportarlo más.
— ¡Malditos sean, todos ustedes! ¿Ahora actuamos como si nada hubiera pasado? ¿Solo porque la perra despertó? ¿¡Actuamos como si fuéramos una familia feliz!? ¡A la mierda su familia feliz! ¡Pueden metérsela en el culo! — Gritaba. Todo lo reprimido por semanas salía de golpe y como un golpe. Abrió la puerta de la habitación, ignoró a su madre y se dirigió a su hermano. — ¡Daryl! ¡Nos vamos! ¡Ya!
Daryl cerró el libro y lo dejó sobre la mesa, miró a su madre por última vez y corrió hacia Merle.
Pasarían tres meses antes de volverse a ver.
