¡Hola! ¿Queda alguien por aquí?
Lo sé, he tardado un montón en actualizar, pero como siempre digo, no os preocupéis que no pienso dejar el fic abandonado, solo que me han pasado muchas cosas en estos últimos meses y tampoco lo voy a negar, cierta falta de inspiración. Los últimos capítulos me han trastocado un poco mi guión inicial y he pasado más tiempo recomponiéndolo todo y volviendo a situar escenas de próximos capítulos en vez de escribiendo de verdad (no sé si os habrá pasado alguna vez a vosotros también jeje)
Bueno, no me entretengo por aquí arriba y os dejo leyendo, ya os comento más en las notas abajo.
Disclaimer: Frozen no me pertence :(
CAPÍTULO 14
―¡Hans, esto es totalmente indecoroso! ―exclamó la joven reina sin mucho éxito.
Lo único que obtuvo de su compañero fue un leve suspiro de alivio mientras aferraba con fuerza la mano de Elsa y la llevaba hasta su magullado ojo. Al parecer, había descubierto un nuevo uso para los poderes de la joven. Su baja temperatura corporal cuando estaba nerviosa o enfadada la hacían perfecta para tratar de rebajar la hinchazón y aliviar el dolor de sus magulladuras.
Elsa se había ofrecido a crear hielo para este fin, sin embargo Hans lo había rechazado aludiendo que el hielo se derretía y echaba a perder todos sus vendajes cuando los mojaba. Realmente tenía sentido y esa era la única razón por la que, en alguna ocasión sí había accedido a posar sus manos sobre sus magulladuras en el rostro. Pero toda esta situación comenzaba a volverse incómoda.
―¡Oh, sí! ―escuchó que Hans exclamaba con alivio nuevamente.
De que se percató, esta vez el joven había posado su fría mano sobre uno de los golpes en el costado.
―¡HEY! ―exclamó retirando sus manos definitivamente y completamente ruborizada.
Con ambos subidos en el carro, estaba segura de que en alguna de sus peleas alguno acabaría cayéndose.
―Me duele todo el cuerpo ―afirmó Hans sin percatarse de la vergüenza de la joven y sumido en sí mismo.
Elsa rodó los ojos. Desde que había despertado horas atrás, no había hecho más que quejarse.
Tras algunos minutos de confusión en los que por fin pudieron reducir a sus atacantes, los hermanos Stabington según les había llamado Narizotas, todos los ojos se volvieron hacia ella quien no podía hacer más que sujetar a Hans contra su pecho, el cual acababa de caer inconsciente debido a sus heridas, y esperar con nerviosismo a sus reacciones.
Una cosa tenía muy clara, si alguno se acercaba a ellos con intención de atacarles no dudaría en desatar el invierno en aquel claro y ponerse a salvo a cualquier costa.
―¿Se encuentra bien, Su Majestad? ―preguntó con cautela Mano de Garfio sorprendiéndola.
―¿C-cómo? ―fue capaz de decir ella totalmente sorprendida.
Los bandidos se miraron entre ellos, y Mano de Garfio mostró una de sus perturbadoras sonrisas amables.
―Sabíamos quienes erais desde el principio.
La joven no supo qué contestar.
―Y… ¿Por qué no habíais dicho nada? ―fue finalmente capaz de preguntar.
―Según las noticias la Reina de Arendelle había sido secuestrada y usted no parecía para nada estar realmente en apuros ―le explicó―. Tampoco es la primera vez que nos encontramos a una extraña pareja de viajeros por ahí ―añadió provocando las risas del resto de sus compañeros―. No obstante, no podíamos dejaros ir sin más, su prima Rapunzel nos mataría si llega a descubrir que no la ayudamos.
―Pensamos mantener a raya al fugitivo ―dijo esta vez Narizotas mientras señalaba a un todavía inconsciente Hans―, y llevarla a salvo con su prima, sin embargo, no parecía que su compañía le resultara un gran problema, mucho menos cuando le defendió aquella noche. Por lo que, si tienen un plan, nosotros os ayudaremos.
Elsa meditó todo lo que le acababan de decir por unos instantes. Los rufianes la miraban expectantes. Habían mencionado a su prima, sabían desde el principio quienes eran y además acababan de ayudarles. Tampoco tenía mucho más tiempo para meditar la situación por lo que hizo lo que su corazón le dictaba en ese momento.
―Agradezco su ayuda, nos dirigíamos a Steinhauk.
Los rufianes mostraron una sonrisa, ella había decidido confiar en ellos.
Tras aquello, consiguieron llevar a Hans hasta el carro y allí, con sorprendente mano experimentada, el hombre-Cupido le curó las heridas y lo dejaron dormir hasta bien avanzada la mañana poniendo rumbo definitivo a Steinhauk.
―¡Mi nariz! ¿Está torcida? ―exclamó Hans a su lado tocándose con cuidado la cara sin poder evitar un pequeña mueca de dolor.
Elsa rodó los ojos. Cuánta vanidad en una sola persona.
―Tu nariz está perfectamente… tu ojo sin embargo… ―le contestó.
―¡Oh, no! ¿Acaso no tiene nadie un espejo?
Los quejidos de Hans provocaron unas sonoras carcajadas entre los bandidos y, para qué negarlo, también en ella misma. Se había dado cuenta de que le encantaba atacar a la vanidad de Hans.
Su deleite duró poco, pues bastó ese segundo de risa para que él aprovechara su distracción y nuevamente posara su mano sobre su ojo magullado. Con gesto de desaprobación, esta vez Elsa le dejó ganar. No era nada decoroso para una joven de su edad estar tocando a un hombre de esa manera, pero pelear constantemente con Hans se estaba volviendo muy tedioso.
―Mano de Garfio, ¿cuánto falta hasta llegar a Steinhauk? ―preguntó la reina tratando de alejar sus pensamientos de aquella situación.
―Si todo va bien, dentro de dos días estaremos allí.
La joven suspiró aliviada, notaba que llegar a la ciudad era como un gran paso en su camino de vuelta a casa. Era el punto intermedio, lo cual significaba que también era el punto que daría comienzo a la recta final de su viaje.
Aunque había pasado algunos buenos momentos, eso no lo podía negar, anhelaba su casa, estar con su hermana, la tranquilidad y seguridad de su palacio y a todos sus seres queridos. Incluso echaba de menos el papeleo y… bueno, las reuniones con el consejo las detestaba, y para qué negarlo, el papeleo también.
Además, debía meditar qué medidas tomar contra Wesselton por sus actos los cuales no pensaba dejar pasar en absoluto e incluso firmar la carta de libertad de Hans. Estaba segura de que eso iba a causar un gran revuelo en palacio pero un trato es un trato y hasta la fecha, el joven estaba cumpliendo con su parte.
Se tensó en cuanto notó una cálida brisa en su cuello y no hizo falta pensar mucho para saber que lo que acababa de posarse en su hombro era la cabeza de Hans. Su reacción instintiva fue sacudírselo de encima, sin embargo, antes de que pudiera hacer nada una voz le detuvo.
―¡No! ―exclamó Narizotas tratando de no alzar la voz― Déjale dormir. Sólo el cielo sabe que si alguno de nosotros vuelve a escuchar algo más sobre su belleza perdida, alguien acabará estrangulándole.
Esta afirmación provocó las risas del resto, señal de que no era una completa mentira, por lo que, por el bien común, Elsa le dejó dormir.
El traqueteo del carro tenía cierto efecto adormecedor por lo que en el momento en que este cesó, Hans poco a poco volvió en sí. Abrió lentamente los ojos, notando todo a su alrededor. Una sensación fría en su rostro, pero otra de calidez en su interior.
Descubrió así, que había estado utilizando a la joven reina de apoyo lo cual le incomodó por la situación. Un segundo duró esta incomodidad al notar el brazo de la joven sujetándole suavemente y trazando pequeños círculos con el pulgar de manera inconsciente. Una simple forma de evitar que se cayera estando dormido, lo cual inevitablemente le llevó a recordar lo divertido que les parecía a sus hermanos hacer todo lo contrario cuando viajaban esperando no muy pacientemente a que alguno de los hermanos pequeños se durmiera y acabara por el suelo de la carroza.
La cuestión era que se sentía tan a gusto, tan tranquilo, en ese momento que, si bien lo cortés hubiese sido levantarse y agradecer el gesto, él se vio incapaz siquiera de moverse, optando por disfrutar si pudiera unos segundos más de aquella cálida paz junto a Elsa.
―Gunther, estos diseños son maravillosos ―la escuchó decir―. Me hubiera gustado asistir a la boda de mi prima y ver la decoración que preparaste para su boda.
A Hans no se le escapó el leve tono melancólico que la reina intentaba ocultar. Si mal no recordaba la boda a la que se refería tuvo lugar un año antes de lo ocurrido en su coronación.
―De cualquier forma ―añadió recuperando un tono más jovial―, tengo algunas ideas para uno de los salones de palacio y creo que tus diseños encajarían perfectamente… Si estuvieras dispuesto a aceptar el trabajo.
―Veré qué puedo hacer ―respondió Gunther, con la cabeza bien alta, el rostro estoico, desinteresado e impenetrable, pero con un brillo de ilusión en los ojos que delataba toda su supuesta reticencia.
Ante esto, Elsa no pudo evitar una leve risita que se transmitió a través de su hombro rápidamente hacia Hans, el cual, hizo todo lo posible por no sonreír.
―Disculpe, Reina Elsa pero ya es hora de prepararse para la noche ―le dijo Narizotas acercándose hacia el carro.
―Oh, de acuerdo… me temo que tendré que preparar mi sitio un poco más tarde ―contestó ella sin alzar mucho la voz y señalando levemente al hombre que "dormía" sobre su hombro.
―Él lleva despierto ya un buen rato ―afirmó Gunther con su voz grave y contundente.
El rostro de Hans se tornó de un profundo color rojizo al ser descubierto. Como un resorte, fruto del nerviosismo se levantó de inmediato y saltó del carro, lo cual fue una clara maniobra estúpida pues la fuerza del impulso que tomó se volvió en su contra al tocar el suelo y provocó que todas sus heridas y magulladuras protestaran a la vez. En especial esa costilla maldita que le dejó sin respiración y soltando un vergonzoso gemido.
―¡Hans! ―exclamó Elsa con una mezcla de sorpresa y reproche moviéndose rápidamente para ir a asistirle.
―Yo colocaré nuestras cosas ―fue todo lo que contestó él antes de dejarlos a todos atrás con decisión, aunque ligeramente desorientado por sus movimientos tan repentinos.
Viendo que no iba a conseguir nada con él, Elsa decidió dejarle hacer, aun notando que efectivamente el esfuerzo que estaba realizando todavía era demasiado como para la gravedad y lo reciente de sus heridas. De cualquier forma, ella misma no se iba a quedar parada y optó por pedirle a Mano de Garfio cualquier tarea con la que pudiera ser de utilidad.
Ya había caído la noche y prácticamente todos se fueron a dormir. Hans en realidad había sido de los primeros. Pese a no haber hecho realmente nada en todo el día, estaba terriblemente agotado y además dolorido. Quizá por eso, pese a llevar más de una hora, o eso suponía, allí tumbado, había sido incapaz de conciliar el sueño.
Notó como Elsa se retiraba también a dormir a su lado y se tensó. Todavía estaba avergonzado por lo ocurrido esa misma tarde, preocupado por la noche anterior, y confundido por el beso que habían compartido. No se atrevía realmente a mirarla a los ojos y la había estado evitando como podía toda la noche. En una actitud muy poco madura, se volteó dispuesto a darle la espalda a la joven con tan poca fortuna, que su cabeza se apoyó contra el suelo en el pómulo que tenía magullado. Soltando un leve suspiro de dolor volvió a colocarse en su posición anterior.
―Tienes que tener más cuidado, recibiste golpes muy fuertes anoche ―le dijo Elsa tratando de no alzar la voz.
Si bien en un primer momento su mente le dijo que hiciera caso omiso a ese comentario, en el momento en que comenzó a sentir el frescor de la mano de la joven a pocos centímetros de su rostro su cerebro quedó totalmente paralizado, incapaz de pensar por varios segundos.
―¿Así mejor? ―preguntó ella.
Hans no podía evitar admirar el enorme instinto protector y cuidador de su compañera. Se permitió disfrutar de la sensación tan reconfortante que le provocaba, aun cuando sabía que no se lo merecía. Pero él era así, egoísta, aprovechándose hasta el último instante de la bondad de la joven reina.
―Te dije que te marcharas, ¿por qué no lo hiciste? ―inquirió repentinamente molesto. Se había puesto deliberadamente en peligro al quedarse en aquel claro la noche anterior.
―No podía dejarte allí.
Hans la miró con una incredulidad que Elsa no pasó por alto. Dada su historia pasada haberle dejado allí estaba más que justificado.
―No quería dejarte allí ―contestó esta vez sin dejar lugar a réplicas―. Mi parte del trato consiste en que llegues a las Islas del Sur con tu carta de perdón, no dejarte abandonado a tu suerte en aquel claro.
Se hizo el silencio entre ellos. Las palabras que acababa de pronunciar pesaban ligeramente en el ambiente.
―Gracias por no haberme dejado ―expresó él finalmente con voz seria y apagada.
Por la forma en que había hablado, Elsa sentía que aquella frase escondía algo más de los sentimientos de Hans de lo que realmente dejaba a relucir. Si bien su curiosidad le pedía saber más, su prudencia le hizo no preguntar nada.
―De todas formas, de no haber sido por Mano de Garfio y el resto no sé qué hubiera sido de nosotros ―añadió tratando de aligerar el ambiente.
―De modo que lo sabía desde el principio ¿eh? ―dijo Hans aceptando inmediatamente el nuevo cambio en la conversación―. Y nosotros usando esos nombres tan ridículos…
A Elsa se le escapó una risita que trató de acallar para no molestar a nadie de los que estuvieran durmiendo.
―No eran tan feos… ―replicó sin mucha convicción.
Nuevamente ambos quedaron en silencio. Tras unos segundos, Elsa se dio cuenta de un detalle que había pasado por alto. Su mano había descendido hasta posarse en la mejilla magullada de Hans y allí había permanecido hasta ahora.
Le observó con los ojos cerrados, su rostro agotado y descuidado, reconfortado por el frío que emanaba de su propia piel, notando como cada vez su respiración se iba haciendo más pausada y se quedaba dormido. Definitivamente el último día había sido demasiado para él… y si lo pensaba para cualquiera que hubiera estado en su situación.
Incluso ella misma todavía se sentía un tanto nerviosa. Pese a estar acompañada por la troupe de rufianes y a que sus atacantes habían quedado bien atados a un grueso árbol en medio del bosque, no podía evitar sentirse algo insegura. Dado que Hans se encontraba convaleciente ella había optado por mostrar su versión segura y monárquica pero eso no significaba que el ataque de la noche anterior no le hubiera afectado. Los últimos días y acontecimientos la habían distraído demasiado y esto había supuesto un tremendo toque de atención para no hacerla olvidar el peligro que corría.
También se había sorprendido minutos atrás queriendo contarle todas estas dudas y sentimientos a su compañero. No lo había hecho, por supuesto, pero eso no quitaba el hecho de que su corazón le pedía hacerlo. No solo eso, también quería saber de él, si él estaba nervioso, si se preocupaba tanto como lo estaba ella. Quería hablarle de aquel beso y a la vez no se atrevía, temía que a él le hubiera parecido algo insignificante casi tanto como temía que hubiera sido importante.
Suspiró y se acomodó tranquilamente en su rincón. Definitivamente había muchas cosas que le quedaban por decirse, y esperaba que Hans también tuviera cosas que quería contarle a ella, aunque quizá solo fueran esperanzas vanas. La realidad era que estaba deseando llegar a casa, que ambos estuvieran a salvo y firmar por fin ese perdón que su mente y su corazón cada vez estaban más dispuestos a concederle.
Continuará...
Pobres, empiezan a pensar demasiado en su relación, o en su no relación todavía juju, pero lo importante es que poco a poco van acercándose el uno al otro, si bien no son capaces de demostrárselo. Aunque quizá haya parecido un capítulo carente de trama en la historia, creo que son necesarios para que las bases de una relación sean firmes.
Y por cierto! El capítulo que viene ya llegamos a Steinhauk, y por consiguiente veremos la primera interacción de Elsa con uno de los hermanos de Hans, y bueno, del propio Hans claro.
Quiero agradecer a A Frozen Fan, CarmesiLight, "Guest", Aliniss, The woman of ice, "Guest 2", Tavata, marati2011, SAMS BROK, SerenaSaori, F, Furea kurakkuru, anob, y "Guest 3" por vuestros reviews, muchas gracias, me alegra que os guste y sabéis que estoy a vuestra disposición para cualquier duda, sugerencia u opinión que tengais. Thanks to you too, english speaker "Guest" haha.
Me gustaría que me dejarais un review y me contéis qué os ha parecido el capítulo, la historia en general y me deis vuestra sincera opinión. Tengo un poco de caos interno con el guión y yo sola estoy hecha un lío. También os dejo que me riñais un poquito por tardar tanto. No voy a prometer tardar menos porque no sé qué me espera en las próximas semanas, pero trataré de hacerlo, lo que sí puedo prometer es que continuaré hasta el final.
Un saludo!
Almar-chan
