Creo firmemente que Merle Dixon al principio de su vida adulta era uno de esos tipos que se miran al espejo y tienen ganas de echarse a sí mismos un golpe en el medio de la cara. Y como no pueden hacer eso deciden golpear otra gente, sólo para descargar en otros su propio odio. (Merle come with me, I comprehend you) También creo que si ese Merle pudiera cambiar algo del pasado, cambiaría el lugar de nacimiento de Daryl, porque lo ama más que a nada en el mundo, aún sin saberlo, y quiere para él otro destino.

Night reader te respondo así porque no puedo enviarte mensajes privados :) Estoy de acuerdo en lo del soft Merle, extraño el Merle que se odia a sí mismo y al mundo que lo rodea. Creo que hay algo de él en esta cosa que ya no puedo llamar drabble. Por favor sigue exigiendo cosas, que las que has dicho ya me encantan y las voy a poner en práctica. Me alegra que no te canses de leer porque yo no me canso de escribir, pero lo mejor es que te guste Exilio. Ese Daryl es Daryl, no hay nada más que decir.


Don't let me get me

Luego de su explosión en la unidad de terapia intensiva del hospital general de Atlanta, Merle tuvo que reducir su jornada laboral a ocho horas y comenzar a tomar durno doble, mañana y noche. Por la mañana llevaba a Daryl al colegio y se iba al trabajo. Salía al mediodía para pasar a buscar a Daryl y llevarlo a la casa. Almorzaban. Luego pasaba la tarde con él, fingiendo que el volver a depender solamente de ellos mismos estaba de algún modo bien.

A veces caminaban por el campamento.

A veces se sentaban en alguna piedra a hablar de lo natural.

Muchas veces simplemente se quedaban callados mirando el horizonte.

Pero cuando hablaban, Daryl decía siempre cosas que lo sorprendían. Ya no hacía preguntas tontas, ahora las respondía. Dónde encontrar agua, cómo orientarse usando el cielo, cómo agudizar el oído, la vista. Qué animales hay en cada lugar, cuáles salen de día y cuáles salen de noche, qué es una cadena alimentaria. El pendejo podía pasarse horas hablando de la diferencia entre depredador y presa. Entre descomponedor y consumidor final. Dios, ¿qué cosas enseñan en la escuela esa? O tal vez esto fuera obra de James, sí, tenía que ser obra de James, el viejo era astuto, le estaba llenando la cabeza a Daryl con todas esas mierdas de la naturaleza para que el niño fuera y se las repitiera al oído como un maldito loro. Tenía que ser eso.

Ese maldito James. Lo odiaba. Lo odiaba por ser todo lo que él nunca llegaría a ser de mayor, porque obviamente, moriría joven. Las drogas, la vida sin rumbo, los delitos, las amistades peligrosas. Definitivamente. Moriría joven. Moriría joven y Daryl quedaría solo. En realidad no sabía qué odiaba más.

Ya tenía veinte años y no tenía ninguna ambición, más que pasar al día siguiente ileso y que Daryl haya dormido en una cama cómoda. Vaya cosas.

Buscó en su bolsillo el encendedor y se prendió otro cigarrillo. El humo invadió rápidamente el ambiente. Se levantó para verificar que Daryl estuviera durmiendo. En quince minutos debía volver a la fábrica. Hoy habían hablado sobre la selva africana y lo mucho que le gustaría a Daryl irse de safari. El enano tenía adentro de él más aspiraciones que las que él haya tenido nunca. Puto enano. Le había dicho que algún día lo lograría, que de mayor tendría su propia avioneta y que viajaría a África cuando quisiera. Cuando en realidad lo que había querido decirle era que no se hiciera ilusiones, que nunca saldrían de ese agujero al que le llamaban Georgia y que él mismo no llegaría más lejos que de su propia nariz. Maldito Daryl. Haciéndole decir cosas que no quiere y haciéndole reprimir cosas que siente. Asco, maldito asco. Asco por la vida que llevaban, asco por la vida que nunca llevarían.

Cerró la puerta del pequeño cuarto que le había servido a Jack para ocultar sus resacas matutinas y se sentó contra la pared, cruzó las piernas y siguió fumando. De vez en cuando tiraba la ceniza a un lado de su pierna derecha. Maldita casa.

Si tan solo las cosas fueran diferentes. Caería muerto el día en que saliera a la calle y no lo miraran despectivamente. Tener a un padre como Jack no era la mejor presentación en una ciudad en la que todo el mundo se conoce y les encanta hablar a tus espaldas como si lo hicieran. Maldita la gente.

Y él, siempre al pie del cañón, listo para disparar. Qué más daba lo que pensaron ellos. A la mierda con ellos. Podían desaparecer de la faz de la Tierra si fuera por él. Nunca se consideró una buena persona, pero sería más fácil ser considerado con los demás si no fueran todos unas basuras caminando.

Trataba de explicárselo a Daryl. No puede confíar en nadie más que en su familia. "Ojalá que lo entienda de una vez." Segundo cigarrillo.

Luego se arrepentía de su regla. Con una familia como la de ellos, ni en la propia familia se puede confiar. Padres que viven más para el vino que para sus hijos, viejos que ya no pueden ni hablar dos oraciones seguidas sin sonreír y un hermano mayor que no sabe hacer otra cosa que robar casas y golpear policías. Sí, para eso era bueno. Para nada más. Entonces, maldito sea él también.

Maldito Merle.

Apagó el cigarrillo antes de tiempo y tomó sus cosas. Encerró a Daryl con llave y que mañana sea otro día.

En el camino pensó en James. Tal vez le haga una visita. Estaba cansado de escuchar a su hermano llorar cada noche, antes de dormirse.

Sí, le haría una visita.