¡Hola! Ya estoy de vuelta, por fin después de tanto tiempo.
Han sido unos meses muy atareados con el trabajo donde apenas tenía tiempo libre y por si fuera poco, la inspiración ha sido algo que se empeñaba en no aparecer por ningún lado. Pero por suerte, he regresado.
Bueno, no me entretengo más que ya bastante tiempo he tardado, y os dejo leyendo.
Disclaimer: Frozen no me pertenece :(
CAPÍTULO 16
La joven pelirroja corría sin ningún tipo de pudor por los largos pasillos del palacio de Arendelle. Solo se permitió parar al entrar en una pequeña salita y tras cerrar la puerta con llave. Se alejó unos pasos de ella y, mordiéndose el puño para amortiguar el sonido, gritó dejando salir toda su frustración.
Toda esta presión empezaba a poder con ella. Llevaba un mes sin saber de su hermana y además como princesa se esperaba de ella que gobernara en su ausencia. Pero, ¿cómo gobernar cuando moría de preocupación por Elsa? Sus fuerzas estaban dedicadas en exclusiva a su búsqueda.
¿Dónde podría estar? Le constaba que todos los reinos vecinos se habían movilizado para encontrarla, pero hasta ahora no había ni rastro. Y teniendo en cuenta que la última vez que decidió desaparecer, si bien esa vez fue por elección propia, dejó un nada sutil rastro de invierno eterno… Lo único que conseguía todo aquello era que acabara más desconcertada.
Unos golpes en la puerta la sacaron de su ensimismamiento. Instintivamente, buscó con la mirada un lugar donde esconderse.
―Anna, sé que estás ahí, te he visto entrar corriendo ―dijo la voz tras la puerta sin dejar lugar a réplica.
De inmediato, el rostro de la joven se suavizó y dejó que una sonrisa surgiera de él. Abrió la puerta apenas una rendija para asegurarse de que no había nadie más que Kristoff y, sin previo aviso, le agarró de la camisa y tiró de él para meterle con rapidez en la sala y cerrar de nuevo.
―Eso era totalmente innecesario, ya me he encargado de que Olaf entretenga a tus invitados un rato ―objetó el joven Saami tratando de adecentarse el cuello de la camisa―. Además, huir no va a hacer que los Westergaard desaparezcan repentinamente de Arendelle.
Anna suspiró, sabiendo que su pareja tenía razón. Hacía una semana que una comitiva de la realeza de las Islas del Sur compuesta por la Reina y tres de sus hijos había llegado a Arendelle con el propósito de enmendar relaciones y ofrecer una estrecha colaboración en la busca y captura del "criminal fugado", como le había llamado Henrik, el príncipe heredero de su reino, evitando en todo momento pronunciar la palabra "hermano".
Por si eso fuera poco, hacía unos días también le había llegado una carta de Wesselton explicándole que una comitiva se trasladaría en breve para tratar la situación, al igual que su prima Rapunzel. Se alegraba de tener su apoyo dentro de poco pero en cuanto al resto… quizá si dejaran de molestarla a ella y llenar su palacio y en lugar de eso se dedicaran a buscar a su hermana por sus respectivos reinos, tal vez toda esta pesadilla habría acabado.
―Tengo que volver al salón, ¿verdad?
―Me temo que no tienes más remedio ―asintió Kristoff con una pequeña sonrisa empática―. Pero no te preocupes, yo iré contigo, y si Olaf ya está allí haciendo de las suyas, entre los dos nos tardaremos en hacer que salgan despavoridos.
Esta vez Anna se permitió una risa sincera. Ciertamente los modos de su imponente pareja no eran algo a lo que los príncipes refinados y estirados de las Islas del Sur estaban acostumbrados, por lo que solían tratar de evitarlo todo lo posible. El choque de ambas culturas resultaba tremendamente divertido si tan sólo pudiera disfrutarlo en todo su esplendor, dada la situación en la que se encontraba…
―Pues vamos entonces ―dijo esta vez totalmente decidida, tomándole de la mano y dirigiéndole por el pasillo―. Haz tu magia con los Westergaard.
Kristoff profirió una sonora risotada y se dejó guiar por Anna hacia uno de los salones principales. Allí encontraron a Olaf, tan animado como siempre, explicando las enormes diferencias que había encontrado entre el verano y el invierno. Hablaba cual experto en la materia haciendo grandes aspavientos con sus brazos ramitas, mientras los miembros de la realeza de las Islas del Sur le observaban atónitos. Después de varios días allí, ya podrían haberse acostumbrado a la presencia de su querido amigo muñeco de nieve. A Anna se le ocurrió que podría hacer venir a todos los Snowgies desde la montaña del norte, tal vez eso echaría a todos los Westergaard de su casa de una vez por todas y ella por fin tendría algo de tranquilidad.
En cuanto hizo aparición en el salón, todos los hombres allí sentados se levantaron con rapidez y mantuvieron su pose erguida y principesca a modo de saludo, tan solo la reina Hilde permaneció sentada. Toda esta pomposidad recargada era otro más de los motivos por los que odiaba la presencia de la familia de las Islas del Sur en su hogar.
Incluso Olaf, siempre tan animado, se había quedado totalmente callado y atento, notando la importancia, pero también la incomodidad, que reinaba en la sala.
Anna decidió respirar profundamente y sin mediar palabra ni saludo, se sentó en una silla vacía alrededor de la mesa en la que estaban todos. Allí, sobre la mesa de caoba se extendía un gran mapa de la región y numerosos papeles, cartas y demás documentos que albergaban posible información respecto a la situación.
―¿Y bien? ¿Alguna novedad sobre la Reina? ―preguntó finalmente Anna tratando de mantener la compostura.
Los hermanos Westergaard se miraron entre ellos y la joven supo al instante que no había absolutamente ninguna noticia nueva, por lo que estar allí suponía simplemente perder el tiempo.
―Princesa Anna, hacemos todo lo que podemos, todos los príncipes de las Islas del Sur han movilizado a su gente en cada uno de sus dominios, el príncipe Hakon custodia las aguas marítimas de las Islas pero todavía no ha habido novedad alguna ―comenzó el primogénito, Henrik, hablaba con seriedad y contundencia, y con una voz grave muy acorde a su apariencia severa.
―Todavía no han llegado noticias de Corona y Wesselton y es posible que haya novedades al respecto de las que no estamos al tanto ―intercedió uno de los más jóvenes, Hamlyn, bastante cercano a la edad de Hans― ¿Alguna novedad por su parte?
―No, hemos buscado por todas partes, definitivamente no están en Arendelle o sus alrededores o ya los habríamos encontrado ―replicó Anna tratando de ocultar su desesperación.
―Y de todas formas no tiene ningún sentido, ¿para qué iba a traer aquí a la reina después de haberla secuestrado? Es precisamente el último lugar al que debería acercarse ―concluyó Harris, siempre tan pragmático, desde el primer día que pisó suelo de Arendelle―. Es decir, que todo sigue igual y no se sabe nada.
Se hizo el silencio entre ellos, un silencio pesado y cargado de tensión.
―Uhm… princesa… es bien sabido por todos que su hermana tiene ciertas… habilidades especiales ―comenzó el más joven de los príncipes con cautela
―Así es… ―contestó Anna observándole atentamente.
―Hans por otro lado es un simple humano ―aportó Harris. Desde el primer momento no se había preocupado por mostrar su desprecio hacia su hermano.
―¡No des más rodeos y di lo que quiera que sea lo que estáis pensando! ―exclamó Kristoff, tras Anna, perdiendo la paciencia.
El príncipe de las Islas del Sur le lanzó una mirada de desdén, pero optó por comenzar.
―Quiero decir, que todos hemos estado especialmente atentos a cualquier noticia que tuviera relación con el frío durante este verano. A todos nos extraña que la reina Elsa haya sido capaz de ser secuestrada y no haberse liberado provocando una nevada infernal sobre su captor.
Anna permaneció callada. Realmente, a ella también le había extrañado mucho este hecho desde el principio y no sabía qué pensar al respecto.
―Si su hermana no ha convocado ya otro nuevo invierno a destiempo, lo más probable es que a estas alturas ya esté…
―¡Ni se te ocurra terminar esa frase! ―volvió a exclamar Kristoff con toda la ira y seriedad que era capaz de acumular. Estaba seguro del daño que esa afirmación podría causar en Anna y no estaba dispuesto a hacerle siquiera pasar el mal trago de pensarlo.
―¿Por qué no? ―replicó Harris sin un ápice de compasión―. ¿Qué iba a ganar Hans con todo esto? Lo que quiere es venganza, y la venganza no se consigue con un estúpido secuestro, sino acabando con…
―Hans no es malo ―interrumpió con apenas un hilo de voz la reina de las Islas del Sur quien había permanecido al margen de la conversación hasta ahora―. Ha cometido errores terribles, sí, pero no es así…
Harris rodó los ojos, estaba acostumbrado a la habitual sensiblería de su madre. Por otro lado Hamlyn, acercó una mano para estrechar la de su madre mientras Henrik los observaba a todos, impasible.
Uno de los problemas que tenía Anna con la reina era que era capaz de comprenderla. Si bien todos sus hijos parecía que estaban ahí por meras razones diplomáticas y egoístas, la reina estaba allí para asegurarse de que su hijo era apresado sano y salvo. Hilde vagaba por el palacio con porte real y elegante, pero también portaba un aura de remordimientos y tristeza innegables. Y Anna, lo podía ver. Pese a todo lo que hubiera hecho, no dejaba de ser su hijo, y toda madre se preocuparía, por lo que por mucho que ella misma odiara a Hans y supiera la clase de persona que era, ver a la reina tan abatida y preocupada por semejante persona la hacía sentir incómoda.
―¡Madre, ya lo intentó en el pasado! ―arremetió Harris de nuevo.
La reina mostró un semblante serio y estoico, señal de que no iba a aceptar salidas de tono de ninguno de sus otros hijos, sin embargo, antes de que le pudiera contestar, un fuerte golpe en la mesa resonó por toda la sala. Anna incluso se había puesto de pie por lo que el golpe que acababa de dar pareció incluso más fuerte. Su mirada, fuerte y decidida sorprendió a los asistentes.
―¡Mi hermana no está muerta! ―dijo con contundencia.
―¿Y cómo explica entonces la ausencia de… sucesos paranormales? ―preguntó el heredero al trono, Henrik, tratando de mantener un tono conciliador, aunque con cierta molestia en la voz.
Ante esto, Anna dudó, sabía que no tenía explicación posible, pero ella no iba a perder la fe tan fácilmente, su corazón le decía que su hermana seguía viva y así iba a pensar no importaba el tiempo que pasara.
―Esta reunión queda concluida ―cortó sin importar lo poco protocolario de su acción.
Pese a que pudo ver fugazmente a la reina y su mirada de remordimiento, salió a toda prisa de la sala sin siquiera despedirse. Tras ella, podía escuchar los pasos fuertes de Kristoff y los saltarines de Olaf, pero no paró de caminar, casi correr, hasta que se encontraba casi en la otra punta del palacio. Y una vez quieta, apretó los puños para intentar no llorar.
Los brazos ramitas de Olaf se cerraron sobre sus piernas y la imponente presencia de Kristoff la llenaron de una sensación reconfortante.
La realidad es que Anna se sentía tremendamente atrapada en Arendelle. No quería nada más que coger un par de provisiones y salir en busca de su hermana sin importarle nada más. Pero si algo había aprendido de Elsa es que como princesa tenía una gran responsabilidad con su pueblo, y debía gobernar en ausencia de su hermana. Y si algo había aprendido por propia experiencia, era a no dejar nunca jamás a un Westergaard a cargo de su reino, mucho menos a cuatro de ellos. Además, algo dentro de ella también quería impresionarla para que cuando volviera se sintiera orgullosa de ella por haber mantenido el reino. Pero estaba resultando tan difícil…
―Tranquila Anna, seguro que Elsa está bien ―le aseguró Kristoff con voz calmada y cálida.
―¡Claro que está bien o yo me habría derretido hace tiempo! ―exclamó Olaf con su habitual optimismo.
De pronto pareció que una nube se despejaba de su cabeza y de su corazón. ¡Pues claro! Si Elsa ya no hubiera estado con ellos, Olaf también habría desaparecido y no era así, pero la conversación le había dejado tan preocupada que había sido incapaz de ver las señales más evidentes. ¡Elsa estaba viva!
Una nueva fuerza se adueñó de ella, nuevos pensamientos positivos y de esperanza surgieron en su interior.
―¡Pues claro que sí, Olaf! ¡Me alegro tanto de que estés aquí! ―dijo ella lanzándose al suelo dispuesta a abrazar con fuerza al peculiar muñeco de nieve, quien la recibió en sus brazos con alegría.
A su lado, Kristoff la observó aliviado de saber que su ánimo por fin se levantaba. No dudaba de la fuerza, tanto interior como exterior de Anna, pero la quería tanto que siempre iba a estar preocupado por su bienestar. La joven, sintiéndose observada, levantó levemente la cabeza y le dirigió una pequeña sonrisa.
―Todo saldrá bien, Anna. Elsa regresará y le daremos su merecido a ese Hans.
Y la joven, sabiendo que su novio siempre hablaba con certeza, supo que era verdad.
El día había sido terriblemente agotador, y los condes de Steinhauk unos negociadores implacables. Elsa llevaba casi desde primera hora de la mañana negociando condiciones para asegurar su regreso a salvo a Arendelle, el cual le había quedado muy claro que no iba a salir barato.
Cualquiera diría que un buen gobernante, conociendo la situación en la que se encontraba la muchacha estaría más dispuesto a ayudarla sin pedir nada a cambio, pues era lo correcto. Los condes de Steinhauk no pensaban así. Había tenido que conceder la exclusividad en la importación de varios de los productos autóctonos así como precios casi irrisorios de la exportación de hielo de Arendelle, pero al final, estaba segura de que el acuerdo era más ventajoso de lo que había acabado temiendo viendo a los condes en acción.
Precisamente, uno de los temas que más discusión había ocasionado, era Hans. Como Westergaard y su hermano, Heinrik había discutido muy vehementemente que él debía encargarse de entregarlo a su familia en las Islas del Sur, mas este tema no era negociable para Elsa. Había hecho un trato con él, y pensaba cumplirlo. Y además, no estaba dispuesta a dejar a Hans con su hermano tras haber visto el recibimiento que le había otorgado el día anterior. Por alguna razón, se había sorprendido a sí misma deseando protegerle a como diera lugar. Por suerte, el conde había sabido ver una batalla perdida y optó por aceptar las exigencias de la joven en ese aspecto.
Mientras recorría los pasillos del palacio de Steinhauk, Elsa no pudo evitar pensar en el pelirrojo. Ahora que podía, por fin, retirarse a sus aposentos y que podía vaciar su mente de tratados y política, se había percatado de que el joven no había dado señales de vida en todo el día. No es que estuviera preocupada, sabía que sus heridas habían sido atendidas, y él mismo había comentado querer mantenerse lo más alejado de su hermano para no entorpecer las negociaciones para su retorno a Arendelle. Sin embargo, descubrió, le apetecía hablar con él, pasar un rato en su compañía, la cual había acabado resultando bastante liberadora tras tantos días viajando juntos.
Casi sin proponérselo, sus pasos le llevaron a la puerta del cuarto que le habían asignado a Hans, pero una vez allí comenzó a reconsiderarlo todo. ¿Por qué tenía esa necesidad de verle? Casi al instante, una gran idea loca comenzó a formarse en su cabeza que le aceleró el corazón. ¡Algo que no podía ser en absoluto!
Nerviosa, dio un par de pasos hacia atrás, y se marchó, casi corriendo a su cuarto. Era una locura, lo que ocurría es que ella misma sabía que era muy tarde para llamar a su puerta, seguro que el joven estaría ya durmiendo y no quería molestar.
Solo era eso. Y nada más.
Tenía que hablar con él, su viaje aún no había concluido y debían ponerse de acuerdo para prepararlo todo. Tal vez esa noche no hubiera tocado a su puerta, pero a la mañana siguiente, sin dudar, lo haría.
CONTINUARÁ...
Puedo prometer que en el próximo capítulo, Elsa llamará a su puerta jujuju. Quizá uno de los problemas que me surgieron para tardar tanto, es que estoy tan pendiente del Helsa que se avecina que no era capaz de centrarme en el presente jeje. Pero bueno, era totalmente necesario mostrar Arendelle, que los tenía a los pobres un poco olvidados, así cómo se están movilizando todos y cómo se están posicionando en la búsqueda de Elsa.
Elsa por su parte ya ha conocido la ambición de los Westergaard, aunque en un principio pensaba hacer un capítulo con la negociación, finalmente he optado por suprimirla para poder pasar en el próximo capítulo a otras cosas.
Aun así, aunque Hans no haya aparecido, Elsa ha tenido una pequeña revelación muy importante en este capítulo, ya veremos qué hace al respecto.
Y bueno, no me quiero entretener mucho más, quiero aprovechar para seguir trabajando en el próximo capítulo y poder publicarlo cuanto antes, lo bueno es que ya se acercan mis vacaciones por lo que tendré seguro mucho más tiempo para escribir.
Espero que estéis disfrutando del verano, o del invierno! jeje
Un saludo!
