33. El fin

ADIÓS, MUNDO MÁGICO. HA LLEGADO EL FIN

Finalmente, he logrado mi cometido. Finalmente, me vengaré. Cuando el caos y destrucción sin sentido estén sobre ustedes, cuando la muerte les caiga encima, cuando vean el atardecer rojo sangre, sabrán que todo ha terminado.

Espero que la carne de sus cuerpos arda putrefacta y con dolor. Y que sufran.

Esto es la Cacería de Brujas. Esto es la muerte que no pueden comprender.

Pero yo sí. Y es una poesía bellísima. Al igual que en las Cacerías de Brujas, arderán en la hoguera los cuerpos de los inocentes, por el pecado de haber nacido magos y brujas.

Muchos de ustedes no comprenderán por qué deben morir. Deben morir porque nunca debieron nacer.

Deben morir porque nacieron magos y brujas.

Y sus varitas son la maldición de su mente y de su corazón. Y con ellas han matado, y torturado, y lo han disfrutado. Y han acabado con todo lo que era bueno en este mundo.

Pero ahora yo, El Cazador de Brujas, vine a revertirlo. Vine a dar vuelta la historia. A darle un giro dramático: Vine a matar a todos los magos y brujas, para exterminarlos del mundo para siempre.

Como en una poesía, mi Cacería de Brujas, mi quema de todos los magos y brujas del mundo, que ha empezado hace meses con éxito, terminará en una sola noche y a nivel global, con mi nuevo poder, en el más grande fuego de todos. Y los muggles que no los conocieron, jamás sabrán que han existido. Seguirán viviendo sus vidas, por fin encontrando paz y prosperidad. El peor cáncer de la humanidad, la magia, se terminará para siempre.

El 30 de junio por la noche, en mi última luna llena, todos los magos y brujas del mundo van a morir quemados cuando utilice el poder de las Reliquias de la Muerte para llevarlo a cabo.

Y luego de eso, las usaré para un último propósito: destruiré esas reliquias, y todas las varitas y objetos mágicos que queden en pie.

Y ese será el fin.

El Cazador de Brujas

Harry dejó a un lado la edición de El Profeta y se quedó mirando a Luna. Ambos estaban sentados en los terrenos de Hogwarts, en una silenciosa tarde soleada de principios del verano. Junio llegaba a su fin, y Stripy volaba con torpeza por entre los árboles de los terrenos del colegio. Parecía ser la única lechuza allí, ya que no había magos o brujas en el castillo para recibir correspondencia.

-Supongo que nunca me había dado cuenta –dijo Harry, desanimado, con la mirada en el suelo-. No había matado muggles, ¿verdad? Se enfocaba principalmente en matar magos. Así que eso es lo que quiere entonces…

-Irónico, ¿verdad? –dijo Luna-. Siendo que él es un mago…

-La verdad ni me importa –Harry levantó la mirada y la dejó suspendida en una nube en el cielo, que brillaba con los rayos del sol de la tarde-. No me importa quién sea ese hombre o qué quiere. O por qué odia a los magos y quiere matarnos a todos. O si es un hombre lobo o qué… Solo sé que vi su rostro y no era nadie que conozca. Era un mago desconocido. Solo un muchacho… de unos veinte años, más o menos… No tengo idea de quién es o por qué odia a los magos, o lo que sea… Supongo que ya ni importa, ¿verdad?

Luna rodeó sus piernas con sus brazos y apoyó en ellas el mentón, deprimida.

-Supongo que no.

Se hizo un largo silencio, en el que solo se oía el canto de los pájaros.

-Ellos seguirán viviendo –dijo Luna, mirando hacia el bosque prohibido.

-¿Quiénes? –quiso saber Harry, apesadumbrado.

-Los pájaros –Luna miró hacia los árboles con ojos soñadores. Era increíble que mantuviera esa expresión soñadora hasta cuando todo el mundo mágico era condenado a muerte.

-Bien por ellos –Harry bufó.

-A mí me parece un pensamiento bonito –dijo ella, con una triste sonrisa-. Claro que mi papá morirá… y tú también… y ya han muerto muchas personas que quería…

Luna derramó una lágrima entonces, y Harry se dio cuenta que había una profunda tristeza detrás de esa mirada.

-Todo parecía ir muy bien, con Neville –dijo la chica, y su labio empezó a temblarle por los nervios-. Finalmente pensé que la vida me estaba dando algo lindo… algo por lo que valía la pena vivir.

Harry vio que las lágrimas caían una tras otra por el rostro de Luna. Sintiéndose mal por su amiga, Harry se puso de pie, se acercó a ella y se sentó a su lado. Entonces la rodeó con un brazo, y la chica empezó a llorar en su hombro.

Harry se quedó así, abrazándola en silencio, con su mirada ahora hacia el lado opuesto que antes, hacia el lado de la espeluznantemente vacía cabaña de Hagrid.

-No puedo aceptar que esto sea el fin –Harry negó con la cabeza, sintiéndose frío por dentro.

-Pero lo es –dijo la débil voz de Luna. Harry sentía su túnica húmeda en el hombro por las lágrimas de su amiga.

Entonces, la chica levantó la cabeza y Harry vio que la tenía roja por el llanto. Sin limpiarse las lágrimas, volvió a mirar hacia el bosque prohibido, como si el pensar en que los pájaros sobrevivirían fuera una fuente de consuelo para ella.

-¿Extrañas a Hermione? –le preguntó ella de pronto, sacando, como siempre, una pregunta incómoda en medio de la conversación.

Harry giró la cabeza y la miró a los ojos.

-Cada día de mi vida –respondió, sintiendo un agudo dolor en el corazón.

Ella lo miró también con sus ojos azules.

-¿Crees que ella era el amor de tu vida?

Harry sintió que esa pregunta elevaba la conversación a un nuevo nivel de dificultad.

-No lo sé –admitió-. Ya no sé qué es lo que sentí… o lo que siento… porque todo ha sido muy extraño, y confuso.

-¿Por Ginny?

Harry asintió, cerrando los ojos unos instantes.

-Creo que la amaba también –reconoció entonces-. Sé que suena terrible. Lo sé, Luna… Y Hermione… ella esperaba un hijo mío… Eso lo hace peor, mucho peor.

Harry sintió que iba a llorar él también, en cualquier momento.

-Y Ginny dio su vida por mí, lo cual es terrible también. Siento como si –se interrumpió a sí mismo, buscando hondo dentro de su alma una respuesta a esa pregunta-. Siento como si mi alma estuviera dividida en dos. Una parte de mí que siempre ha amado a Ginny, y otra que siempre ha amado a Hermione. Dos mundos distintos, a través de los que estuve yendo y viniendo, sin decidir nunca en cuál quería vivir… ¿Es esto algo demasiado horrible de admitir, especialmente en un momento como este? Siento como si al revelarte esto estuviera insultando la memoria de las dos.

-No lo creo –dijo Luna, y puso una mano en su hombro-. Es normal. Aún somos jóvenes para estar seguros de con quién queremos pasar el resto de nuestras vidas. O queríamos… Supongo que ahora ya no es importante.

Ambos se quedaron mirando el horizonte, tras los árboles del bosque.

-Siempre me pregunté qué había más allá –dijo Harry, señalando los árboles-. Más allá del bosque prohibido.

-¿De verdad? –dijo ella, arqueando las cejas.

Harry asintió con la cabeza.

-Siempre me sentí como el nuevo. Como el mago nuevo, el que no sabe nada de lo que saben todos los demás. Hasta el último día en el mundo mágico, siempre sentí que los demás sabían más de él que yo. Así que nunca quise preguntarle a nadie qué había más allá del bosque prohibido, por miedo a estar haciendo una pregunta estúpida.

Entonces, para sorpresa de Harry, Luna empezó a reír. Casi pega un salto del susto, porque hacía días que no oía reír a nadie.

-¿De qué te ríes? –le preguntó, muy sorprendido.

-Es que eso es lo más estúpido que haya oído –se burló ella, y Harry no se avergonzó. Ya no tenía sentido avergonzarse de nada. -¿No podías simplemente volar con tu escoba para ver qué había más allá?

-Bueno, yo… -Harry tragó saliva y la miró-. No lo sé. No pensé que fuera tan importante como para volar tan lejos solo para ver qué había. Además, no podía salir del castillo… Pero sí, siempre me pregunté qué había allí.

Luna rio más y más, y entonces Harry empezó a reír también. Ambos empezaron a desternillarse de la risa en el césped, sujetándose el pecho para poder respirar.

-Es tan gracioso –dijo ella, luchando por respirar.

-Bueno, ya basta –dijo Harry, riendo fuerte también-. ¿Vas a decirme qué hay allí?

Eso hizo que Luna riera todavía más.

Cuando por fin pudieron dejar de reír, luego de lo que pareció el ataque de risa más largo que Harry hubiera tenido en su vida, Luna le respondió.

-Pues montañas, eso hay –le dijo-. Las Tierras Altas de Escocia. Y un lugar muggle llamado Dalchreichart, y la ruta A887. Todo eso hecho por muggles, claro. El Río Moristo, que desemboca más allá en el Lago Ness, y luego en el fiordo de Moray… Y más allá está el Mar del Norte –Luna señaló a la distancia, como hacia algún lugar lejano que podía ver solo en su mente-. Y más allá, Noruega. Y Suecia… Y Finlandia. Todo eso.

Lo miró y sonrió.

-¿Conoces alguno de esos lugares?

Harry negó con la cabeza.

-Son bellísimos –dijo ella-. Y hay muchos castillos, y hermosos lugares. De magos, y también de muggles. Hay muchos lugares hermosos, tanto mágicos como no mágicos…

Se quedó en silencio, pensativa, luego de decir eso.

-Es realmente hermoso –agregó, con tristeza.

-Me gustaría haberlos conocido –dijo Harry, acariciando el césped bajo él con una mano-. Esos lugares, y otros quizás también… Aunque al menos he ido a un par de lugares bonitos este año, y muy lejanos… Y quizás eso es más de lo que mucha gente tiene la posibilidad de visitar en una vida.

Luna asintió, de acuerdo con él.

-¿Irás con tu padre? –le preguntó Harry-. Tú sabes… Para el 31.

Lo dijo como si estuviera preguntándole con quién pasaría la Navidad, y eso lo hizo sentir terrible. Era terrible saber el día exacto en que morirían.

-Supongo –dijo ella, encogiéndose de hombros-. ¿Quieres venir con nosotros?

-No. Muchas gracias.

Harry respiró hondo y contuvo el aire en los pulmones, muy nervioso.

-No tienes que estar solo siempre –le dijo ella.

Harry la miró de nuevo, y sintió ganas de llorar otra vez.

-Ya no tenemos a nadie, Luna –le dijo, sintiendo que el horror lo quemaba por dentro-. Todos se han ido. Todos nuestros amigos. Las personas por las que sentíamos amor, afecto, cariño, amistad… Todos.

No quería hacerla sentir mal otra vez, pero no podía evitar decirlo, porque el sentimiento no lo dejaba respirar.

Luna también respiró hondo, con dificultad.

-Al menos nos tenemos el uno al otro –le dijo, y entonces lo tomó de la mano. Harry sintió la mano de Luna, cálida, sobre la suya, que por algún motivo estaba helada. Le dirigió una sonrisa triste y ambos volvieron a quedarse mirando hacia el horizonte y las copas de los árboles del bosque prohibido, mientras Stripy volaba en círculos sobre ellos, la brisa del verano los despeinaba y el silencio mortal de un mundo terriblemente más vacío de lo que había estado antes se cernía sobre ellos.

El sol dio paso al atardecer, y este al anochecer. Luego la oscuridad bañó los terrenos de Hogwarts.

Las horas fueron pasando pesadamente, augurando el fin. La hora que se acercaba.

El final de todo.