34. El mundo de los muertos

La noche había caído hacía rato. La oscuridad era total. Los pasillos estaban vacíos y tenebrosos.

En medio de aquel ambiente desolado, deshabitado, en ese pasillo largo y oscuro, nada parecía que fuera a pasar esa noche. Solo otra noche vacía y tranquila como cualquiera.

Pero entonces, de la nada, se oyó un ruido: el chirrido del desplazamiento de un ascensor que no se movía solo de arriba abajo, sino también de adelante hacia atrás, y hacia los lados. De pronto, una tenue luz empezó a brillar en el fondo del pasillo, y empezó a ampliarse. Fue creciendo, más y más, hasta alumbrar buena parte del desierto pasillo.

Una rata corrió lejos y se metió en un agujero en la pared. La luz del ascensor iluminó una telaraña en el momento en que este se detuvo y sus puertas de reja se abrieron chirriando.

Harry Potter bajó del ascensor y empezó a caminar por el pasillo, con su varita iluminando todo. Avanzó por él hasta llegar a una puerta negra, en el fondo. Luego de atravesarla, se encontró con una sala circular rodeada de doce puertas. Estas empezaron a girar, como una ruleta, acabando cada una en una posición de la cual era difícil saber cuál conducía a qué lugar.

Harry miró hacia las puertas, su varita aun en alto, iluminando una expresión muy seria y fría. Conocía solo algunas de ellas: Sala de los Cerebros, Cámara de la Muerte, Sala de las Profecías, Cámara del Amor (aunque no hubiera entrado a esta), Cámara del Espacio y Cámara del Tiempo. Luego de dudar unos instantes, avanzó hacia una de ellas y la abrió.

Del otro lado, vio que había una cámara iluminada por una especie de pequeño sol en medio. No creía que fuera una de las seis que conocía, sino más bien una de las seis que no había conocido en su visita anterior. Harry entró en la habitación solo unos pasos, evitando cerrar la puerta para no quedar atrapado dentro.

Entornó los ojos e inspeccionó esta nueva cámara del Departamento de Misterios. Esa especie de sol que brillaba en medio emitía destellos amarillos potentes y parecía palpitar, como un corazón. Harry se asomó un poco más y trató de buscar algún indicio de qué era la bola brillante, pero no encontró demasiado allí. Había un letrero en una pared que decía la palabra "poder". Y eso era todo. Supuso que sería algo así como la Cámara del Poder.

Harry volvió al salón circular y cerró esa puerta. Todo empezó a girar nuevamente, y las puertas quedaron ubicadas en localizaciones distintas. Harry entonces abrió otra de ellas, y se asomó dentro.

Reconoció el lugar al instante: era la cámara que había conocido muy bien antes, aquella que jamás podría olvidar. Aquella donde había tenido lugar una batalla de la Segunda Guerra Mágica y donde había muerto (o eso había creído él en su momento) su padrino Sirius Black.

Harry entró, cerró la puerta y avanzó hacia el centro de la sala. Bajó los escalones de las gradas que rodeaban el estrado del centro, donde aún descansaba el arco de piedra muy antiguo con su cortina negra hecha jirones. Ahora sabía, gracias a su padrino, que en verdad no era un antiguo arco que hubiera fabricado el Departamento de Misterios, sino un antiguo arco, quizás perteneciente a la familia Black, alterado mediante magia negra por Lucretia y Dippet para transportar personas desde el mundo de los vivos al mundo de los muertos.

Harry se acercó, subió al estrado y contempló los jirones que caían de él, la cortina de la que salían susurros y voces que parecían venir del más allá.

Entonces, dio un paso adelante, decidido, y atravesó el velo.

Todo se puso negro. Los susurros se intensificaron. Todo empezó a girar. Caía por un túnel, más y más. Un frío abrasador le carcomió los huesos. Era como caer por un túnel espiralado, hacia no sabía dónde.

Luces extrañas surgieron de todos lados. Luces blancas, intensas. De pronto, los susurros se convirtieron en gritos, en alaridos. Los colores cambiaron: naranja, amarillo, luces intensas y muy brillantes.

De pronto, dejó de caer. ¿O quizás nunca había estado cayendo realmente?

Estaba de pie en lo que parecía ser un remolino de luces y destellos de luz.

No estaba solo.

Harry observó a su alrededor, sin miedo. Sentía la presencia de almas, de muchas almas. A su alrededor parecía haber un mundo de gente, no necesariamente presencias malignas. Ni benignas. Solo presencias.

Las presencias empezaron a acercarse, caminando. Algunas. Otras caminaban en otras direcciones, o no caminaban. Algunas parecían perdidas, otras no tanto.

Eran como sombras, todas ellas con una luz propia, algunas más intensas que otras, todas allí, en ese lugar. En esa dimensión.

Harry alzó una mano hacia adelante.

-Harry…

-Hermione –dijo él, tratando de tocarla con sus manos, de poder sentir el tacto real de sus manos con las de ella. Pero no. Sus manos solo la atravesaron, como un fantasma.

-¿Por qué lo hiciste? –dijo ella, con una luz más intensa que la de las otras almas.

-Era lo mismo, Hermione –dijo él-. Todos íbamos a morir dentro de poco, de todas formas. Él va a destruirlo todo.

Harry miró alrededor, a las extrañas luces que bañaban todo su entorno, y volvió a mirar a Hermione.

-Estamos todos muertos, ¿verdad? Eso es este lugar… El mundo de los muertos. El otro lado.

-Eso creo –dijo Hermione-. Aquí vinimos todos. Luego de que él… de que nos matara.

-Pero este no es el verdadero lugar al que vamos al morir –dijo Harry, hinchando el pecho-. El año pasado, cuando Voldemort me lanzó un maleficio asesino en el bosque…

-Sí, lo sé –dijo ella, interrumpiéndolo-. No mucha gente ha muerto dos veces en un año, ¿verdad? Para poder comparar una muerte con otra. Así que tú dime cómo fue aquella vez.

-Bueno, sí, es que me reúso a morir, supongo –Harry se dio cuenta de que estaba bromeando. ¿Qué hacía bromeando en una situación así? Su encuentro con Hermione, aunque tuviera que ser en ese lugar, de esa forma, lo había puesto muy feliz. –Te extrañé, Hermione…

Quiso acariciarle una mejilla, pero sus manos la atravesaron de nuevo.

Harry suspiró, tomó aliento y asintió con la cabeza.

-Al morir de forma normal, vamos a un lugar creado por nosotros mismos. En mi caso, era una especie de estación King Cross.

-Sí, lo sé, me habías contado. Se oye muy pacífico.

-Esto también tiene su paz… en cierta forma –Harry miró alrededor, a todas las sombras a su alrededor-. Aunque se lo ve más… falso. Menos real. Como si no fuera completamente "el más allá". Eso es porque fue creado por un mago oscuro, Hermione. Y una bruja. Ambos crearon este lugar por medio de magia negra.

-Lucretia Black y Herby Dippet –dijo ella, asintiendo.

-Harry –dijo otra voz. Harry se dio vuelta y se encontró cara a cara con Ron.

-Ron –dijo él, y quiso abrazarlo, pero tampoco pudo.

-Ya habrá tiempo para abrazos –dijo Ron, con una media sonrisa-. ¿Crees que puedas sacarnos de aquí?

-Para eso vine –dijo él-. Para intentarlo. Sirius estuvo aquí.

-¿Sirius? –preguntó Ron, confundido.

Harry les explicó todo lo que había aprendido en Land's End, al encontrarse con su padrino. Y cómo habían intentado volver en el tiempo para salvarlos, sin éxito.

-Él fue más poderoso que ustedes –dijo Hermione, negando con la cabeza-. Traté de explicártelo en tercer año. Si hubieran tenido chances contra él, lo habrías sabido porque al vivir originalmente los hechos, los cambios habrían sido visibles, a pesar de que igual hubiera sido necesario volver al pasado para que estos ocurrieran realmente.

-No lo fastidies, Hermione –dijo Ron-. Eso ya es tiempo pasado… Creo –se quedó pensando, confundido-. Bueno, creo que es pasado. ¿O futuro?

-No importa –dijo Harry-. Creo que sé cómo sacarlos de aquí, cómo traerlos de nuevo a la vida.

-¿Cómo? –quiso saber Hermione-. Créeme, he pensado en formas. Pero…

-Ya habrá tiempo de decirles –dijo Harry-. Ahora escuchen: El Cazador de Brujas extrae su poder de este lugar. Por eso es tan poderoso. Eso es lo que yo no había entendido en todo este tiempo. Su plan consistía en traer magos oscuros a la vida desde esta dimensión, para que lo ayudaran y poder conseguir las tres Reliquias; y luego usar las Reliquias para tener el poder de destruirlo todo. Lo que creo que él no sabe es que ambos planes se fusionaron por accidente: una vez que obtuvo la Varita de Saúco, seguramente la usó con el velo para vincular las armas de George y que estas permitieran traer magos a la vida desde el otro lado; pero en verdad, como descubrió Kingsley, con las armas de George estos magos oscuros han estado enviando a sus víctimas también hacia aquí: envían y reciben. Solo que no saben que están enviando a sus víctimas aquí. Y la Varita de Saúco, que absorbe el poder de todas las cosas para hacerse más fuerte, quedó también vinculada al mundo de los muertos cuando la usó para lograr esto con el velo, y no solo empezó a traer magos oscuros a la vida del otro lado; sino que sin saberlo también estuvo mandando a todas sus víctimas a este lugar, en lugar de quedar muertos por completo.

-¿Cómo sabes eso? –preguntó Hermione, confundida.

-El hecho de que ustedes estén aquí es la prueba –explicó él-. Solo de esta forma se explica que ustedes hayan venido aquí al ser atacados por esa varita. Ustedes no están totalmente muertos. Si bien siempre parecía que él mataba a sus víctimas, y así se veía, en verdad estaba enviándolos a este lugar, a este mundo de los muertos. Una especie de dimensión alternativa a la realidad que conocemos, creada por Lucretia y Dippet hace varios años, como les expliqué. Si bien originalmente el plan era usar este portal entre la vida y la muerte para traer magos oscuros del pasado de vuelta, en verdad también ha servido para dejar a las víctimas de El Cazador de Brujas varadas en un punto medio de entre la vida y la muerte.

"Su plan es matar a todos los magos y brujas, pero en verdad, por haber querido utilizar esta dimensión para traer magos y brujas tenebrosos del pasado a la vida para ayudarlo, estuvo enviando a sus víctimas también aquí al matarlas con la Varita de Saúco. Supongo que tenía que venir a este lugar para entenderlo. Pero ahora que estoy aquí… Es como si pudiera sentirlo. Como si la respuesta hubiera entrado en mi cerebro al cruzar ese velo. Finalmente puedo ver qué es lo que pasó.

-Es decir que todas las víctimas de El Cazador de Brujas y de esos magos oscuros que trajo de vuelta estamos aquí, y quizás haya una forma de llevarnos de nuevo a la vida –dijo Hermione.

-Por eso pude ver a Ginny al ponerme la capa para hacerse invisible –explicó Harry-. Es una de las Reliquias de la Muerte. Y tiene el poder de mostrarme a las personas que hay aquí, en esta dimensión, porque otra de las Reliquias, la Varita de Saúco, quedó vinculada con este lugar.

-¿Puedes llevarnos de regreso? –preguntó Ron, clavando sus ojos en los de Harry.

-Lo intentaré –dijo él-. Tengo una teoría. Aunque habrá que enfrentarnos al problema de que, el 30 de junio, planea matar a toda la humanidad con Las Tres Reliquias.

-Algo se nos ocurrirá –dijo Hermione-. Siempre se nos ocurre algo.

-O nos ayuda nuestra buena suerte –dijo Ron, guiñando un ojo.

-Esperemos –Harry respiró hondo.

-Harry, hay algo que debo decirte –dijo Hermione entonces, mirando a Ron y luego al joven.

Harry advirtió que se avecinaba otra revelación. Miró a Hermione y empezó a sentir que su corazón latía más deprisa.

-Vas a decirme el contenido de tu carta, la que nunca terminaste… ¿verdad?

Ella asintió con la cabeza.

-¿Tiene algo que ver con…? –Harry le lanzó una mirada a Ron-. ¿Con nuestro hijo?

Ron alzó la mirada.

-Descubrí la verdad, Harry –dijo ella, muy nerviosa-. Antes de morir, acababa de descubrirlo.

-Por eso me mentiste.

Ella asintió.

-Nuestro hijo es… -tragó saliva, se quedó mirando a Harry y se preparó para decirle, de una vez por todas, la verdad. La verdad que estaba detrás de todo. La verdad que había estado siempre allí presente, que había sido la desencadenante de todo lo que había pasado, en todo ese tiempo. El verdadero secreto que Harry jamás había sospechado, pero que era la verdad. La verdad definitiva, de todo.

-¿Quién es? –dijo Harry, agitado y con los ojos muy abiertos. Ron entrecerró los ojos y se los quedó mirando, preocupado.

-Es el Cazador de Brujas –reveló Hermione.

-No.

Harry negó con la cabeza, escéptico.

-Imposible.

-Es la verdad –dijo ella-. Es la verdad y siempre lo fue. No es Greyback, no es alguien del Ministerio, no es Voldemort, no es nadie que hayamos sospechado antes… Todos estaban equivocados. En verdad, es nuestro hijo. O, mejor dicho, uno de nuestros hijos.

-¿Cómo? –Harry no daba crédito a sus oídos.

-Me lo dijo tu profesor –explicó ella-. ¿Recuerdas? Tu profesor, Twinks. Que analizó los microscópicos residuos de polvo mágico en la escena del crimen.

-Fui a verlo varias veces, y me seguía diciendo que no pudo completar la prueba –dijo Harry, negando con la cabeza-. Me decía que no había funcionado, que no se había podido completar la prueba.

-Pues sí se pudo –explicó Hermione-. Pero no quería decírtelo. Me lo dijo a mí. Su procedimiento descubrió que el hechizo que cometió el homicidio de los Adams fue un encantamiento cuchillo, con el que los acuchilló con su varita, la Varita de Saúco. Y también descubrió a qué mago respondía esa varita: a un tal Christopher Potter.

Harry miraba a Hermione como si esta se hubiera vuelto loca. Ron también la miraba muy asombrado.

-Él es nuestro hijo, Harry –siguió ella, angustiada-. Por eso te dije esa noche que no podíamos tener un hijo, que quería abortarlo. Porque había descubierto la verdad. Twinks me dijo que no había registros de un mago de ese nombre, pero eso fue lo que le dio como resultado su investigación. También obtuvo una muestra de ADN de ella, y esta decía que el tal Christopher Potter era hijo tuyo, Harry. Tuyo y mío. Así que Twinks supo que la única forma de que eso fuera posible, era que el mago fuera en verdad un mago del futuro, que estuviera aquí por haber regresado en el tiempo, a su pasado.

"Twinks fue a buscarme, y me reveló su descubrimiento. Dijo que era mejor que solo yo lo supiera. Que supiera la verdad sobre mi hijo. Ahí fue que te dije eso, que quería abortarlo. Y luego de eso fue que decidí hacer un viaje de descubrimiento, para averiguar la verdad. Supe que, si él había regresado al pasado con un giratiempo, yo podía ir al futuro con otro para descubrir la verdad. Así que lo usé. Usé mi giratiempo para descubrirlo todo.

-¿Tu giratiempo? –dijo Ron-. Tú no tienes un…

-Sí, siempre lo tuve –reveló ella, muy nerviosa-. Jamás lo devolví. Ni se lo dije a nadie. En tercer año, cuando me dieron ese giratiempo, jamás regresé el original. Hice una copia convincente pero falsa con mi varita, y esa fue la que devolví a McGonagall. Me prometí a mí misma jamás revelar ese secreto. Pero la verdad es que era como una adicción, un objeto del que simplemente no me podía deshacer. Jamás lo volví a usar en el intermedio, hasta que pasó esto. Incluso con Voldemort. Porque sabía que era muy, muy peligroso. Pero no pude evitar quedarme el original, escondido, por si algún día lo necesitaba. Habiéndolo usado un año entero, sabía lo poderoso que era, y no pude resistirme a cometer la gran mentira y engaño de mi vida. No pude resistirme a guardarlo… y entonces, cuando Twinks me dijo eso, supe que era el momento de usarlo. Lo manipulé para poder, en vez de retroceder horas, adelantarme años en el tiempo. Viajé al futuro, a nuestro futuro, Harry, para descubrir qué había pasado para que nuestro hijo se convirtiera en un asesino psicópata y regresara al pasado a destruir el mundo de los magos.

-¿Y qué viste? –preguntó Harry-. ¿Qué descubriste en tu viaje al futuro?

-Tuvimos dos, mellizos. En un principio se llamaron Christopher y Steve Granger-Potter. Pero no eran niños normales. Desde pequeños, uno de ellos parecía ser el bueno y el otro el malo. Christopher no dejaba de mostrar signos de mucha maldad, desde muy pequeño. Tú lo querías defender, querías ver su lado bueno, pero yo ya había llegado a la conclusión de que era simplemente malvado. Yo sospechaba que algún pequeño resto del alma de Voldemort tenía que haber quedado aún en ti, y había acabado en ese niño. No encontraba otra explicación a su maldad.

"Pero tú te empeñaste en negarlo y a querer protegerlo. Finalmente, tú y yo acabamos peleándonos por ellos, y nos separamos. Incluso, al odiarse tanto entre ellos, los niños quisieron irse por caminos distintos también. El Ministerio resolvió una apelación inédita: Resolvieron otorgarle a uno un apellido, y a otro el otro, y que cada uno fuera con un padre distinto. Christopher Potter se fue contigo, y Steve Granger conmigo.

"De esta forma, años después, Christopher fue forjándose de una personalidad malvada sin que tú aceptaras nunca esa realidad. Lastimaba otros niños, practicaba magia negra teniendo solo nueve años, y hasta llegó a matar pequeños animales. Tú no querías aceptarlo, te negabas a verlo. Steve pronto quiso ayudarte, porque te quería mucho, y veía que estabas deshaciéndote por querer defender a ese niño malvado. Steve, el bueno, empezó a pelear con su hermano y querer conseguir dejar en evidencia sus actos malvados, que lo llevaran detenido. Christopher un día casi asesina un niño en Hogwarts, y Steve consiguió evidencia para acusarlo y casi logra que lo lleven a un centro especial para niños con problemas de conducta, que aún no están en edad para ir a Azkaban.

"Eso hizo que la ira de Christopher por su hermano creciera, y empezara a trazar planes para matarlo. A los quince años, casi lo logra, pero Steve se salvó de milagro. Luego de eso, Steve decidió enfrentarlo. Tuvieron una gran batalla entre ambos. En esa gran pelea en los jardines de Hogwarts, Christopher lanzó un maleficio Imperdonable a su hermano, un Cruciatus. Steve salió del efecto del maleficio lleno de ira, y lanzó a su hermano un encantamiento que lo dejó paralítico de la cintura para abajo. Luego de pasar mucho tiempo en San Mungo, Christopher supo por los médicos que no podría volver a caminar. Apenas podía mover su brazo para usar la varita. Su odio a los magos y a la magia empezó a crecer en forma desmedida.

"Pronto, su cabeza empezó a llenarse de deseos de venganza hacia su hermano, pero también de destrucción hacia todo el mundo mágico. Empezó a ver a los magos y brujas que podían hacer hechizos con normalidad y asistir a la escuela como sus enemigos, y empezó a querer destruirlos a todos. Su primer asesinato fue a los diecisiete años, en silla de ruedas incluso. Su sed de sangre crecía, y sus crímenes no eran percibidos por nadie. Tú, Harry, te negabas a creer que él fuera un asesino. Pero a la edad de diecinueve, ya tenía una buena pila de crímenes cometidos sin ser descubierto. Asesinatos de magos y brujas.

"Además, había empezado a consumir sangre de hombre lobo. Esto le permitía recuperar la movilidad de sus piernas durante algunas horas, si la bebía en noches de luna llena. Este descubrimiento lo hizo empezar a usar una máscara de lobo y cometer sus asesinatos en noches de luna llena. Para esto, compraba la sangre de hombre lobo en el mercado negro, a magos que odiaban y mataban hombres lobo y luego vendían su sangre a otros magos oscuros que querían usarla para fines oscuros. Él mismo empezó a llamarse "hombre lobo", diciéndole a la gente que lo ayudaba en sus temibles y oscuros planes que él era un hombre lobo, si bien realmente no lo era.

"Pero su gran plan, que consistía en hacer sufrir a su hermano, su gran enemigo, hasta la locura, y luego matar a todos los magos y brujas del mundo, era irrealizable. Porque en su estado de salud, incluso con la sangre de hombre lobo, jamás tendría el poder para llevarlo a cabo.

"Entonces, descubrió que, al utilizar la Varita de Saúco, el poder que esta otorga al mago que la emplea puede ser suficiente para volverlo tan poderoso de poder cumplir tales planes, esta puede hacerlo flotar, puede violar otros hechizos que se creían imposibles de ser violados. De esa forma creo que pudo romper normas de seguridad mágicas de El Profeta, de Hogwarts y del Ministerio de la Magia. Pero jamás podría obtener esa varita, porque había sido destruida en 2002 cuando el Ministerio reparó en lo peligroso de su existencia, la quitó de la tumba de Dumbledore y la destruyó para siempre. La única forma de conseguir su ansiada varita sería regresando al pasado a obtenerla allí.

"El último día que pude ver a nuestro hijo, en el futuro, en mi viaje, fue cuando entró en mi casa, en la de la Hermione del futuro, con un giratiempo y un plan diabólico. Tomó a su hermano, mientras dormía, y se lo llevó al pasado con él, con un giratiempo.

"Por lo que pude ver allí, supe que su plan consistía en regresar al pasado para obtener la Varita de Saúco y las otras dos Reliquias de la Muerte en el único momento en el que él sabía, porque tú, su padre, se lo habías contado; que estas Reliquias habían estado juntas: en el momento en que tú, Harry, las obtuviste.

"Entonces, regresó en el tiempo con su hermano y lo dejó allí en el pasado, confuso. La razón de que se llevó a su hermano es porque quería hacerlo sufrir y torturarlo, antes de llevar a cabo su gran plan de matar a todos los magos y brujas. Estuvo también usando a su hermano para lograr sus planes.

Harry se quedó oyendo todo eso, aun escéptico, sin poder creerlo.

-Harry, puedo mostrártelo –entonces, Hermione miró a su alrededor y señaló las luces que los rodeaban-. ¿Ves todas esas luces? Son vórtices espacio-temporales. En mi tiempo aquí, aprendí que esta dimensión no es solo un lugar donde hemos venido a parar nosotros. También almacena información que podemos mirar, con nuestros propios ojos, de la realidad en que vivimos. Y de otras realidades.

-¿Otras realidades? –preguntó Harry, confundido.

-Sí, así pude ver tu otro futuro –dijo ella-. El que no llegó a ocurrir. Si te hubieras quedado con Ginny, en vez de salir conmigo, nada de esto hubiera pasado, Harry. Tú y Ginny hubieran tenido una vida feliz, y hubieran tenido tres hijos llamados James Sirius Potter, Albus Severus Potter y Lily Luna Potter. Y yo me hubiera casado con Ron y hubiéramos tenido una hija llamada Rose Weasley y un hijo llamado Hugo Weasley.

-Lo que me había predicho Trelawney –dijo Harry, comprendiendo.

-Todo esto es una distopía, Harry… Una línea temporal alterna que ocurrió por decisiones que tomamos. Decisiones que, puedo ver ahora, estuvieron mal. Muy mal.

Pero entonces, de forma inesperada para Harry, Ron salió en su defensa.

-No estuvo mal –dijo entonces, para sorpresa de los otros dos-. Uno no sabe qué va a pasar en el futuro por cada decisión y paso que toma en la vida. La vida pasa y ya, no vale la pena estar siempre pensando en qué es lo que "hubiera pasado sí…" No tiene sentido. Las cosas ahora son como son, y debemos lidiar con ello.

-Gracias, Ron –dijo Harry, sintiendo una calidez hacia su amigo-. Lo siento, por todo…

-Ya no pidas disculpas, no es necesario –dijo él, dándole una palmada en el hombro a su amigo-. Hermione, ¿decías que pudiste ver más cosas aquí? ¿Con esas especies de… de vórtices, o no sé qué? ¿Qué viste?

-Sí –dijo ella, asintiendo con los ojos que se le habían llenado de lágrimas-. Vean, aquí.

Empezó a llevarlos hacia una de esas brillantes luces. Harry y Ron caminaron a su lado, hasta que estuvieron suficientemente cerca.

-Les mostraré el camino –dijo ella-. Hay formas de ver lo que ha ocurrido en nuestra realidad, desde aquí. Lo que ocurrió realmente en diferentes lugares, en diferentes lugares. Les mostraré lo más importante: las noches de los asesinatos. Así podrán terminar de entenderlo todo.

Harry asintió, y junto a sus dos amigos ingresó a ese espacio de luz. Todo pareció girar nuevamente, y nuevas luces aparecieron a su alrededor. Un nuevo viaje empezó, un viaje hacia lugares y momentos concretos donde reviviría cada una de las noches de los homicidios cometidos por El Cazador de Brujas, para ver con sus propios ojos la verdad que había transcurrido allí.