Uhm... Hola? o/o Hay alguien? o/o Espero que sí... u.u

Como ha pasado tanto tiempo, os dejo leyendo y en las notas al final hablamos!

Disclaimer: Frozen no me pertenece :(


CAPÍTULO 19

Los pasillos del Palacio de Steinhauk estaban tranquilos y desiertos a esas horas tardías. Los jóvenes los recorrían a toda prisa y con el máximo silencio del que eran capaces. Sabían que tenían apenas unos minutos para alejarse todo lo posible antes de que descubrieran al Conde hecho un fresco en la pared y toda la ciudad les intentara dar caza.

Escondidos tras un rincón esperaron a que el último sirviente abandonara la cocina y sin dilación se adentraron en ella. Hans se había guiado hasta allí por puro instinto, pues jamás había recorrido el hogar de su hermano, sin embargo se alegraba de haberlo logrado en tan poco tiempo.

―La cocina debe llevar a una entrada del servicio pero es posible que esa zona esté vigilada por varios guardias.

―Sigue siendo mejor opción que salir por la puerta principal ―argumentó Elsa instando a Hans a entrar a las cocinas.

El joven sonrió para sí y ambos se adentraron a la sala en penumbra, la única fuente de luz provenía de las brasas que todavía quedaban encendidas en una gran chimenea. En el resto de la sala, todo eran sombras.

Una vez fuera, se encontraron en un patio de piedra, totalmente vacío y carente de nada más, y justo al fondo, la puerta enrejada de salida de servicio.

Pegados a la pared, observaron dos guardias, uno a izquierda, y otro a derecha haciendo su ronda. Si querían llegar hasta la salida solo tendrían una oportunidad cuando ninguno de los dos mirara hacia su posición. Ambos jóvenes se observaron expectantes, entendiendo sin necesidad de decirse lo que tenían que hacer.

Durante unos segundos en los que los guardias se movían, ellos permanecieron inmóviles, como estatuas. El único movimiento proveniente del pecho de Hans, su respiración todavía algo dificultada y jadeante por el ataque de su hermano.

Justo cuando el último guardia despareció por la esquina corrieron en silencio hasta la puerta. Sin perder tiempo Hans tiró de ella para comprobar, desgraciadamente que estaba cerrada. Antes siquiera de poder idear nada para abrirla comenzaron a escuchar cierto alboroto en el palacete, señal inequívoca de que el Conde había sido descubierto hecho un fresco en la pared.

―¡Están aquí! ―escucharon que gritaba un guardia a su derecha.

Los jóvenes se miraron sobresaltados, sin embargo fue la mirada de Elsa la que enseguida se volvió decidida.

―Se acabó el sigilo ―dijo con confianza.

Se retiró unos pasos hacia atrás y sin atisbo de duda lanzó una gran avalancha de nieve que derribó la puerta en un segundo.

Salieron deprisa del recinto y Hans tomó la mano de la joven.

―¡Ven!

Corrieron todo lo posible hasta casi llegar a la plaza principal. Tras ellos, los gritos de alerta se hacían cada vez más potentes, pronto toda la ciudad estaría alerta. Al llegar allí encontraron una pequeña guarnición organizándose en su búsqueda los cuales se sorprendieron casi tanto como ellos de encontrarles tan de repente.

Sin dudar un segundo, la joven lanzó una ráfaga de hielo que congeló el suelo y adhirió las piernas de los guardias al asfalto. Tomaron la calle a su izquierda, dirigiéndose al sur.

―¡Deprisa! ¡Se dirigen hacia la salida sur! ―gritó uno de los guardias allí pegados mientras el resto intentaba, en vano, despegarse del suelo.

Se adentraron lo suficiente en aquella calle hasta perder de vista la plaza y en cuanto Hans vio un pequeño callejón hacia el oeste instó a la joven a dirigirse hacia allí también. Por fin, tras unas cajas vacías, se ocultaron a la vista de cualquier transeúnte y se permitieron un respiro.

Elsa no parecía especialmente afectada por la carrera, pero Hans, algo debilitado de antemano se inclinó hasta posar las manos sobre sus rodillas y, jadeante, trató de recuperar el aliento.

―¿Qué haremos? ―preguntó finalmente la joven tratando de no mostrar lo preocupada que estaba― No creo que pueda congelar al suelo a todos los guardias de la ciudad ―Elsa no pudo evitar agachar la cabeza. No quería hacer daño a nadie pero si esta huida se prolongaba quizá acabaría haciéndolo―. Ahora saben hacia donde nos dirigimos.

―No… ―contestó Hans entre jadeos― No lo saben.

Ante esto, la joven monarca arqueó una ceja, algo extrañada. Por fin algo recuperado, él se permitió una media sonrisa.

―Te dije que tenía un plan ―añadió finalmente con confianza.

Lo que no tenía tan claro es que fuera a salir bien, pero eso no iba a decírselo a Elsa, no quería añadirle más preocupaciones.

Apenas un minuto después retomaron su huida por el callejón, y así continuaron avanzando, buscando calles estrechas y oscuras, vacías de gente. En más de una ocasión tuvieron que ocultarse entre las sombras, a punto de ser descubiertos, sin embargo lograron zafarse por poco. Hans se asomó por la última calle con cuidado y se giró para mostrar un gesto esperanzado.

―Ya casi estamos.

La Reina a su vez echó una ojeada para comprobar que habían llegado al puerto.

―¿El puerto?

―¿Te acuerdas del velero que vimos esta tarde? Es nuestro pasaje de escape rumbo a Arendelle.

La joven le observó con algo de incredulidad pero pronto el plan del expríncipe hizo mella en su mente y sonrió levemente. Parecía una locura, pero podía funcionar.

―Cuidado, se acerca uno.

Ambos se echaron hacia atrás. Hans agarró un madero del suelo y esperó pacientemente, escuchando los pasos del guardia que se acercaba. Justo a tiempo, en cuanto se hizo visible en el callejón, el joven le propinó un fuerte golpe en el rostro, derribándolo y dejándolo inconsciente. Se asomó de nuevo y al comprobar que no había nadie instó a Elsa a continuar su paso.

Una vez dentro del puerto, se movieron ocultándose tras los grandes bultos que se encontraban allí, agradeciendo que no hubiera apenas guardias por la zona, aunque sabían que esto no duraría mucho pues pronto sabrían que no se habían dirigido hacia la salida sur como les habían hecho creer.

Finalmente, llegaron hasta su destino y subieron con cuidado, asegurándose de no ser vistos, conscientes de que llegar allí solo era un paso más hacia su escape y no el final del camino.

Elsa permaneció allí sin saber muy bien qué hacer. No era un secreto que no tenía ni idea sobre navegación, por eso no pudo evitar maravillarse un poco por la rapidez en que Hans había cambiado su gesto cansado y de preocupación por uno serio, decidido y concentrado. Parecía estar comprobando el viento y la corriente del agua y calculando, mientras ella solo podía quedarse allí de pie.

―Corta esos cabos ―le dijo finalmente Hans, señalándole las cuerdas que amarraban el barco al muelle―. Y prepárate para cortar ese último cuando yo te diga.

La joven asintió y se dirigió a hacer lo que le había pedido, ávida por tener algo que hacer sabiendo que todavía no podía relajarse. Decidió que la forma más rápida de hacerlo era congelando las amarras y golpeándolas con fuerza. Mientras tanto, escuchó el sonido de la vela maestra siendo desplegada.

Notó como la embarcación comenzaba a moverse ligeramente bajo sus pies, señal de que pronto partirían, y se dirigió hacia donde se situaba el último cabo. Justo en ese momento, una voz la sobresaltó.

―¡Eh! ¿Qué hacéis ahí? ―les dijo.

Elsa se asomó lo suficiente como para ver a un hombre ya mayor, con el pelo canoso y el rostro arrugado y muy bronceado por el Sol, cargando un pequeño candil. Apenas le bastaron unos segundos para comprender lo que pretendían hacer los dos intrusos. Comenzó a retroceder por el muelle de madera que conectaba el velero con gesto alterado.

―¡Elsa, detenlo! ―exclamó Hans justo en el momento en el que aquel hombre se daba media vuelta y comenzó a llamar a la guardia.

La joven dudó, solo por un segundo, pero el tiempo suficiente como para que el anciano marinero se alejara de allí un par de pasos gritando y alertando a las pocas personas que había en las cercanías. No quería usar sus poderes sabiendo que podía dañar a alguien inocente que no tenía nada que ver. Pero este error, podía ser fatal dada su precaria situación.

―¡No! Si avisa a la guardia no tendremos suficiente ventaja sobre ellos y nos atraparán en altamar.

El joven se abalanzó con rapidez a cortar el último cabo que los mantenía amarrados al muelle y Elsa por fin pareció volver en sí con sus palabras.

Una vez liberados los amarres el barco comenzó a moverse con lentitud. El gesto de pánico de Hans era evidente, dudando si saltar de nuevo al muelle y alcanzar a aquel hombre, aunque estaba claro que si lo hacía perdería por completo el control del barco. No obstante, la voz de Elsa, clara y firme le detuvo.

―Si quiere avisarles, que lo haga, pero no van a atraparnos.

Su mirada era decidida, y sus pensamientos y sensaciones estaban dirigidos en una única dirección. No se iba a dejar atrapar de nuevo ni iba a permitir que Hans volviera a caer en las manos de su hermano, esa noche ambos saldrían de allí y volvería a casa, a Arendelle.

De repente un súbito viento helado comenzó a soplar con fuerza y a mover el barco alejándolo a toda prisa de la costa. Las estrellas se ocultaron tras oscuros nubarrones que no tardaron en dejar caer pequeños copos de nieve que volaban junto al viento. La temperatura descendió sin previo aviso y la tormenta arreció contra el puerto.

Elsa alzó los brazos al cielo y de pronto la nevada cobró intensidad, convirtiéndose en un auténtico vendaval contra el puerto. Alertados por el hombre, algunos guardias hicieron aparición así como habitantes que se asomaban asombrados por el tiempo tan extraño y repentino. No obstante, la joven sabía que su tempestad no les retrasaría lo suficiente, aún con la ayuda del viento a su favor en ese momento. Sin embargo, todavía le quedaba un as bajo la manga.

Sonrió con confianza, si ella era la reencarnación de la verdadera Reina de las Nieves, se iba a encargar de que todo el mundo lo supiera. Con decisión bajó los brazos hacia el mar. Ni un segundo después las olas comenzaron a tornarse blancas y congelarse poco a poco con gran belleza hasta llegar a la costa donde todos los barcos quedaron completamente atrapados por el hielo y la nieve. La joven no cejó en su empeño hasta que toda la costa de la ciudad se encontró completamente cubierta por un espeso manto de hielo.

Elsa no se permitió relajarse hasta que las luces de la ciudad desaparecieron casi por completo de su vista y solo se podía apreciar ligeramente su brillo en el horizonte que dejaban atrás. Fue entonces cuando el viento comenzó a soplar de nuevo de forma normal y dejaron por completo la tormenta, que ella misma se encargaría de que todavía durara un par de horas más en Steinhauk. Aún tuvieron que pasar un par de minutos hasta que la joven reina asimilara por fin todo lo ocurrido y entonces cayó en la cuenta de algo muy importante.

―¡Lo hemos logrado! ―exclamó sin poder evitar una risa contenta― Tardarán días en poder retirar todo ese hielo de sus barcos, lo cual sin duda nos dará una gran ventaja.

Se volteó para ver a Hans, a unos metros de ella manejando el timón y asegurando finalmente el rumbo después de su repentino vendaval. Este a su vez se giró hacia ella y tras un suspiro de alivio, le dirigió una tímida sonrisa que no obstante, no llegó a sus ojos.

―Lo que has hecho ha sido impresionante, se lo pensarán dos veces antes de volver a meterse contigo ―le dijo con cierta nota de orgullo.

Pasados unos segundos, Hans, agotado, finalmente se dejó caer al suelo. Tenía el cuerpo adolorido y cansado, pero siendo sincero, lo que más le dolía era el corazón. Después de todo lo que había ocurrido, ver a Elsa sobre el barco, dando rienda suelta a sus poderes, con esa mirada decidida y esa sonrisa liberadora había sido la gota que colmó el vaso. Una visión tan majestuosa y bella como aquella, ¿cómo no iba a caer rendido a sus pies?

Elsa, notando su estado decaído se arrodilló a su lado.

―¿Te encuentras bien? ―le preguntó algo preocupada― ¿Todavía te duele? ―añadió señalando ligeramente a su cuello pero sin atreverse realmente a mencionarlo con palabras, sin duda debía ser un tema delicado.

Acariciándose levemente el cuello, Hans asintió. Alzó la vista pero fue incapaz de mirarla a los ojos por lo que volvió a agachar la cabeza.

―Lamento… haberte puesto en peligro, Elsa ―se disculpó con apenas un hilo de voz.

―Hans, no tenías forma de saberlo ―argumentó ella―, y además, tú también has estado en peligro.

"En mayor peligro que yo" añadió ella mentalmente. De haber llegado tan solo unos segundos más tarde… mejor no pensar en ello.

―¡No! Sí tenía forma de saberlo, ¡es mi hermano! ―exclamó sobresaltado―. Debería haberlo sabido… No se puede confiar en un Westergard.

―Uhm… eso mismo fue lo que dijo la Condesa antes de intentar drogarme ―confesó Elsa intentando desviar un tanto la conversación.

―¿La Condesa hizo qué?

―Bueno, la supuesta reunión que quería que tuviéramos se trataba realmente de un intento para dormirme echándome algún tipo de somnífero en el té ―le relató ella―. Noté su actitud un tanto sospechosa y distrayéndola cambié las tazas sin que se diera cuenta ―añadió con orgullo―. Efectivamente, tras unos minutos la droga hizo efecto en ella y aproveché para escapar.

Viendo a la joven tan satisfecha con su actuación aquella noche, Hans no pudo evitar observarla con una pequeña y tierna sonrisa. Sin embargo, esta se borró en el momento en que cayó en un pequeño detalle.

―Espera, ¿huiste de la Condesa pero viniste a buscarme?

―Por supuesto que sí, Hans, ¿qué esperabas, que te dejara allí con toda esa gente?

―¡Exacto!

―¡Hans! Estamos en esto juntos…

La joven le observó unos segundos con algo de reproche, dolida porque pudiera haber dudado de ella. Sin embargo el estado de agitación de su compañero sólo fue a más y esto la convenció de que la conversación estaba lejos de acabar.

―¡No, Elsa! Por todo lo que sabes de mí, podría haber estado confabulado con mi hermano todo este tiempo ―comenzó, alterado―, podría haberte estado engañando todo el tiempo solo para lograr un objetivo distinto, ¿acaso no has pensado en ello?

La Reina dudó por un momento. Es cierto que un atisbo de duda surgió en ella por un leve segundo debido a las palabras de la Condesa, sin embargo, en ningún momento dudó de la decisión que había tomado, no fue nada difícil desechar sus dudas al instante.

―No, Hans, confié en ti en todo momento ―contestó ella con seriedad para mayor desconcierto y estupor del joven―. Y está claro que mi decisión fue la decisión correcta pues de lo contrario ahora estarías muerto.

Agachando la cabeza, Hans contestó a esto con un hilo de voz.

―Quizá eso sería lo mejor para todos…

―¡Hans, no puedes decir eso en serio! ―exclamó Elsa un tanto asustada.

―¡Pues claro que sí! ¡Mírame, Elsa! Sabes de sobra quien soy y lo que os hice a ti y a tu hermana ―contraatacó él―. Siempre… Siempre he creído ser mejor que ellos, que mis hermanos, siempre he pensado que estaba destinado a hacer grandes cosas pero…

La joven pudo comprobar como con cada palabra Hans iba perdiendo su fuerza poco a poco hasta prácticamente dejarse caer al suelo de rodillas y tapándose la cara para evitar derramar, sin éxito, algunas lágrimas. Elsa no sabía muy bien cómo reaccionar, ella jamás había tenido realmente ningún tipo de habilidad social y pese a que su instinto le pedía que tratara de reconfortarle, su cuerpo se quedó allí inmóvil sin saber muy bien qué hacer. No obstante, Hans todavía no había terminado de hablar.

―… lo único que pensaba cuando vivía en las Islas era que al menos no era como ellos, que yo era distinto ¡pero no es verdad! Estoy… igual de… podrido que todos ellos.

―Hans…

Esta sencilla palabra pareció sacar de su monólogo al joven, quien observó a la reina con aquellas rebeldes lágrimas en los ojos.

―Elsa… lamento tantísimo lo que hice… quisiera decir que no ha pasado ni un solo día sin que me arrepintiera pero no es verdad, he pasado el último año huyendo como un cobarde, incapaz de afrontar la realidad ―le dijo tratando por todos los medios de no bajar la mirada―, la realidad es que mis actos en Arendelle fueron terribles y todo lo hice llevado por la ira y la frustración. Sé que… no lo merezco, pero quisiera aspirar a que en algún momento pudierais perdonarme…

Dicho esto, bajó finalmente la cabeza pero para su sorpresa no se encontró avergonzado, sino aliviado y ligero, como si un peso se hubiera levantado de su corazón. Frente a él, notó como la joven reina se arrodillaba para quedar a su altura y posaba una suave mano sobre su hombro. Esto le hizo alzar la vista para encontrarse con la mirada azul profunda y certera de la soberana. Tan maravillosa como siempre.

Hans sonrió levemente y se secó las lágrimas con el puño de la manga. Sabía realmente que no se merecía esa mirada, que aquella joven que había confiado en él sin motivos era tan buena que seguro que estaba de verdad planteándose el perdón.

―Por favor, Elsa, no creas que me he convertido en una persona decente así de pronto ―dijo―. Solo he sido capaz de afrontar mis actos por puro egoísmo. Solo cuando me di cuenta de que, de haber triunfado, viviría en un mundo en el que tú no estuvieras y… ―ahora sí, bajó la cabeza algo ruborizado― y comprendí que era un mundo infinitamente peor.

El joven no era capaz de terminar de entender qué había dicho, ni a qué se refería, pero lo había dicho y estaba seguro de que jamás en su vida había sido tan honesto como lo acababa de ser.

―Hans…

El aludido volvió a levantar la cabeza para encontrarse de nuevo bajo el encanto de la profunda mirada de la reina. Esta vez Elsa le observaba con la respiración agitada, sus pensamientos se cruzaban por su mente a una velocidad que le costaba mucho seguir. La joven sabía que no debía lanzarse al vacío de ese modo, que lo que estaba a punto de hacer era todo lo contrario a lo que una reina debía hacer. Debería ser paciente y consecuente, no impulsiva y descerebrada. Sin embargo le daba igual, pues si su mente trataba de gritarle que no lo hiciera, su corazón ya había despegado del suelo y se había lanzado. Por eso, no dudó en decir sus siguientes palabras.

―Te perdono.

Hans, sorprendido y atónito, fue incapaz de contestar nada, aquellas palabras liberadoras resonaban en su cabeza impidiéndole reaccionar. Quería reír y llorar a la vez, aliviado y feliz, pero también sabiendo que jamás podría olvidar lo que hizo.

Si en algún momento su mente hubiera podido reaccionar, ese instante desapareció en cuanto los suaves y delicados labios de la joven se posaron sobre los suyos en un irresistible beso. Por instinto, sus brazos se movieron solos abrazando a Elsa y atrayéndola más hacia sí, correspondiendo a su beso sin dudar. Podía notar su calor y su presencia, y como los delicados dedos de la soberana llegaban hasta su cabello y se enredaban en él.

Elsa era embriagadora y su mente voló muy lejos de allí, dejando solo a su corazón guiando sus movimientos, profundizando ligeramente aquel beso que había iniciado la joven. Aquel beso inesperado pero deseado. Tan imposible como real.

Un beso que marcaba un final, pero también un inicio incierto.


Continuará...

Uuuuhhh, Beso! Según el cuento de la Reina de las Nieves, el segundo beso que te daba la reina hacía que perdieras la memoria, en este caso, más que dejar a Hans amnésico, con el beso lo que quería simbolizar era dejar el pasado atrás.

Bueeeno, qué puedo decir... lamento haber tardado tanto en actualizar, digamos que no está siendo un buen año y por esta misma razón escribir no ha sido una de mis prioridades ni tampoco tenía inspiración para ello (y honestamente, me fastidiaba porque como autora sabía que el capítulo acababa en beso por fiiiiiin!)

Espero igualmente que los que os acordéis de esta historia hayáis disfrutado del capítulo, y os avanzo que el próximo es un capítulo ROMANCE asi en mayúsculas y eso jeje. En los últimos meses he descubierto el K-Pop (que ya lo conocía de antes pero nunca me había puesto en serio a escuchar canciones y buscar grupos) y me he creado una lista romanticona para inspirarme todo lo posible, yuhuuu.

Muchas gracias a megumisakura, A Frozen Fan, , marati2011, Alix, Mara Osaki y Chiru-Loid 27 por vuestros reviews! Me alegra de verdad que os guste este fic, y de verdad siento mucho la tardanza, prometo actualizar lo antes posible!

Ya sabéis que ante cualquier duda, sugerencia, o crítica constructiva, podéis dejarme un review, trataré de contestaros lo mejor posible ^^

Un beso y hasta la próxima!

Almar-chan