Hola! Ya vuelvo con un nuevo capítulo!

Os dejo leyendo, abajo nos vemos

Disclaimer: Frozen no me pertenece


CAPÍTULO 21

Hans se afanaba en quitarse del rumbo que el barco de Wesselton llevaba marcado. Ellos tenían un velero pequeño y era muy probable que no repararan en su presencia, por lo que lo más seguro era tratar de alejarse lo más rápido posible.

Pese a que era un barco pequeño, el trabajo que llevaba manejarlo para dar todo de sí era tremendo pero no podía desfallecer. Su corazón latía a mil por hora cargado de preocupación. Si les daban alcance, todo estaría perdido, capturarían a Elsa y él… él no sabría que hacer… aunque bien es cierto que sería muy difícil que sobreviviera después de lo que había hecho contra Wesselton.

Tras girar la vista atrás pudo comprobar que el barco cada vez se hacía más visible. Su desesperación era notable, pero más aún lo fue cuando por fin se percató de que el barco finalmente viraba y se dirigía hacia ellos.

No cejó en su empeño de dejarlos atrás, aun cuando sabía que el otro barco era mucho más rápido que ellos y que solo un milagro, o que apareciera un kraken de la nada y se comiera el barco de Wesselton, les podría librar de ellos.

Tras unos agónicos minutos de puro trabajo infructuoso el barco quedó tan cerca que incluso le tapaba el sol, y fue entonces cuando notó el primer garfio anclarse sobre su borda y supo que estaba perdido. Pronto el siguiente se unió en el anclaje.

―¡Ah del barco! ―le gritaron desde arriba.

Hans suspiró, tratando de controlar su respiración y mantener la calma, al menos aparentemente.

―Oh, hola ―dijo―. No os había visto llegar ―mintió con nerviosismo y algo de desafío en su voz, pues era imposible no haber notado el enorme barco que además le tenía enganchado.

―Pero mira qué cucaracha nos ha traído la marea… ―escuchó que decía una voz conocida.

―Ah, Dorian ―fue todo lo que pudo decir Hans, su situación cada vez era peor.

El mencionado movió ligeramente la cabeza, dejando que su rubio cabello ondeara levemente y mostró una clara sonrisa de complacencia.

―Parece que tenemos los vientos a nuestro favor, el Rey Egbert estará complacido de verte, Hans.

¿Él también está? Se preguntó el joven totalmente desesperanzado.

Tanteó su situación y era la peor posible. Se encontraban en medio de la nada, atrapados, y sin posibilidad alguna de escapar. Incluso si pudiera desanclarse y alejarse de allí, en cuanto el barco de Wesselton les tuviera a tiro de cañón, dispararía con todo lo que tuviera. Y por si fuera poco, tampoco tenía un arma en el barco con el que defenderse, salvo, quizá sus puños, y nunca había sido el mejor cuerpo a cuerpo.

Se preguntó si hubiera sido buena idea haber hecho que Elsa conjurara otra tormenta como la de Steinhauk, pero sabía que no hubiera sido lo más adecuado. En el mar, su barco tenía las de perder y lo más probable es que ambos hubieran naufragado y el resultado sería el mismo, o peor.

Vio como lanzaban una escala y varios tripulantes se disponían a abordar el barco… y él no podía hacer nada para evitarlo, solo tratar de mantener la compostura todo lo posible y mentir con toda la pericia de que disponía en ese momento.

Cuando también Dorian y de pronto el mismísimo rey de Wesselton comenzaron a descender contuvo un suspiro.

Pasaron unos segundos en los que el monarca y el fugitivo se estudiaron sin mediar palabra. Hans trataba de no perder la compostura pero sabía que cualquier gesto desafiante le podría delatar.

―Apresadle ―dijo por fin el rey.

Acto seguido dos hombres se abalanzaron sobre Hans y comenzaron a maniatarle. El joven trató de resistirse levemente pero sabía que sería en vano.

―Pero, ¿por qué? ―preguntó a lo que Dorian soltó una carcajada.

―Por si se te ha olvidado, eres un fugitivo de la ley.

―¡Pero si no he hecho nada en vuestro reino!

La bofetada que recibió resonó por todo el barco y probablemente le hubiera hecho caer de no haber estado ya de rodillas en el suelo.

―¿Te parece poco lo que hiciste en prisión?

―Oh, eso… ―murmuró Hans.

―¿Dónde está?

―¿El qué?

De nuevo recibió otra bofetada. Esta sabía que iba a llegar pues estaba tentando su suerte. Justo ahora que por fin había desaparecido toda marca de los golpes que había recibido a lo largo del viaje y estaba seguro de que otras volverían a aparecer.

En el momento en que Dorian se iba a abalanzar sobre un maniatado Hans, el rey habló sin perder la compostura.

―¿Dónde está la reina, Hans Westergard?

―No lo sé ―contestó tratando de reunir toda su habilidad para mentir en esas tres palabras.

A su lado vio a Dorian moverse enfadado pero no hizo nada. El rey seguía inmutable.

―Revisad el interior ―ordenó.

Pasó un minuto en absoluto silencio, lo único que se podía escuchar era el viento y algunas olas chocando contra los barcos. Hans se sentía morir por dentro a cada segundo que pasaba. Finalmente, los dos hombres que habían bajado volvieron a subir.

―Dentro no hay nadie, su majestad.

Y ese fue el preciso momento en que Hans agradeció a los dioses, por ejemplo a Odín, que Elsa hubiera encontrado un escondite tan excelente.

―Ya os lo he dicho, no sé dónde está, solo la liberé porque sabía que os centraríais en buscarla a ella y no a mí ―explicó por fin Hans.

―En ese caso, no tenemos nada más que hacer aquí ―contestó el rey Egbert―. Matadle.

Dicho esto, el monarca se dio media vuelta y se dispuso a subir por la escala. Dorian desenvainó su espada y observó a Hans con malignidad.

―¡NO! ¡No, por favor, esperad! ―les rogó el joven.

No quería ni pensar en cómo se iba a encontrar Elsa cuando la dejaran sola, en medio del mar y con su cadáver en cubierta, no podía permitirse dejarla en esas condiciones, pero tampoco sabía qué podía hacer para evitarlo.

El tiempo pareció correr mucho más despacio al ver como la espada se acercaba amenazante hasta él. Sabía que estaba rogando por su vida y que aun así iba a ser inútil. La mirada jocosa de Dorian se paró con la suya y por un segundo, mientras elevaba la espada sobre su cabeza, creyó verse a sí mismo con ese mismo rostro cargado de obsesiva ira apuntando su espada hacia el cuello de la joven reina.

No quería morir, no ahora, pero no le quedaba más remedio. Al menos Elsa permanecería a salvo si no la encontraban.

De pronto notó una bocanada de aire helado proveniente de su derecha que lanzó la espada de Dorian por los aires.

―¡Basta! ―exclamó Elsa, saliendo por la puerta que llevaba al interior.

Entonces sí, se detuvo el mundo. Por muy aliviado que estuviera Hans de estar vivo, sabía que todo había acabado. Pudo ver como el Rey Egbert daba media vuelta y no podía ocultar una malévola sonrisa.

―Reina Elsa, qué placer tenerla por aquí ―la saludó el rey quien frenó por completo cuando comenzaron a surgir estalagmitas de hielo del suelo.

―No te acerques ―espetó.

―Ni usted de un paso más ―oyó que alguien le decía.

A su izquierda, Dorian Beilmann había tomado a Hans de rehén y le apuntaba con un cuchillo en el cuello.

―Esta situación me resulta algo familiar ―masculló Hans.

―Le aseguro, Su Majestad, que no dudaré en acabar con él, llevo deseándolo demasiado tiempo ―amenazó Dorian.

―Elsa, no le hagas caso, acaba con Egbert y todo terminará…

―Si lo haces, Hans está muerto.

―Elsa, no importa, acaba con él.

Hans la miró a los ojos y vio la duda en ellos. Sabía lo mal que lo debía estar pasando en aquel momento.

―No lo hará ―replicó el rey con voz confiada―. ¿Elsa? ¿Así es como llamas a una reina? Con tanta… familiaridad… ―sonrió― Me pregunto cuánta familiaridad habréis obtenido durante este tiempo.

El joven pudo mantener su rostro estático, mas la reina no. Su expresión de asombro, si bien algo disimulado, no podía haber sido pasada por alto por un hombre tan observador como Egbert.

―Elsa… ―dijo una vez más, con voz suplicante― Mátale ―añadió con voz lastimera.

―Hans… ―contestó ella a media voz― No soy una asesina.

Ese fue el momento en que el rey Egbert mostró una sonrisa triunfal mientras que Hans sintió que se le venía todo el mundo encima.

―Si le dejáis ir, yo iré con vosotros ―capituló Elsa finalmente.

―Le doy mi palabra.

―¡No! ¡Elsa!

―Tú cállate.

Dorian le propinó un fuerte golpe en la cabeza que le tiró al suelo y le dejó aturdido. La joven se apresuró en acercarse a él, pero fue interceptada por el rey, quien la tomó con fuerza del brazo.

―Cumpla su parte, Majestad.

Por unos segundos, ambos se miraron a los ojos, Elsa con todo el odio del que era capaz, pero sabía que solo podía hacer una cosa. Suspiró y asintió tan levemente que tan solo el rey Egbert fue capaz de verlo. Satisfecho, este la soltó y le enseñó la escala para que subiera.

Los ojos del rey se tornaron casi de piedra cuando observó al hombre que había bajado al interior, y le hizo una leve seña a otro que se encontraba a su lado. Ni medio segundo después un puñal se clavaba en el pecho de aquel hombre y caía muerto al suelo.

―De modo que no había nadie dentro… tch ―fue lo único que dijo Egbert antes de subir a su vez por la escala.

Poco a poco todos fueron ascendiendo hasta que solo quedaban allí Dorian y Hans. Mientras el rubio retiraba los ganchos que les anclaban al pequeño barco, el joven fugitivo no sabía qué hacer ni qué sentir más allá del dolor y la impotencia.

Cuando este por fin terminó de soltar los ganchos, se dirigió a la escala y con voz soberbia y complacida dijo:

―Adiós, Hans.

El mencionado ni se inmutó, estaba demasiado aturdido como para reaccionar y, tratando de contener las lágrimas, pudo ver como el barco de Wesselton se llevaba a la única persona que de verdad había amado en su vida a un destino nefasto.

Ver como se alejaban poco a poco y como el barco en el que Hans se había quedado comenzaba a hacerse pequeño era descorazonador.

Escuchó un ruido metálico tras ella y al girarse comprobó que el rey Egbert llevaba en las manos unas esposas metálicas, con aquel polvo blanco fijado en ellas, que tan familiar se le hacían. Sin poder evitarlo, se las pusieron en las muñecas sellando su destino.

Pese a todo, no bajó la mirada en ningún momento y se mantuvo serena y compuesta en todo momento.

―Le aseguro Majestad, que pasará usted un viaje tranquilo hasta llegar a nuestro destino ―dijo el rey, a lo que ella ni se inmutó, mirando altanera hacia el horizonte.

―¿Partimos ya, señor?

―Solo un momento, todavía falta una cosa por hacer ―le dijo a Dorian―. ¿Está todo en posición?

―Sí, Su Majestad.

―Bien, en ese caso, disparen.

Ante esto Elsa, se alarmó enormemente.

―¿Qué? ¡No! ―exclamó abalanzándose sobre el rey, mas con las manos encadenadas enseguida fue frenada.

Escuchó de fondo la voz de Dorian diciendo "apunten".

―¡Pero me dio su palabra!

―Bueno, Majestad… mentí ―fue todo lo que argumentó Egbert dejando escapar una pequeña sonrisa.

Acto seguido, y haciendo gala de una fuerza descomunal, giró a la reina y la apresó en sus brazos para hacerla observar directamente al barco donde aún estaba Hans.

―Observe lo que le pasa a la gente que osa desafiarme.

De pronto todo pareció ocurrir muy despacio. Escuchó de nuevo a Dorian, esta vez dando la orden de disparar y de inmediato todos los cañones de estribor descargaron contra el pequeño velero creando una nube de humo y haciendo la madera saltar por todas partes.

―¡NO!

Elsa sintió un profundo dolor en el pecho tan solo comparable a aquel momento en que creyó haber perdido a su hermana para siempre. Su grito se escuchó por todo el barco y las esposas que llevaba comenzaron a temblar. De sus manos brotó con increíble fuerza su magia descontrolada que congeló parte del barco y del mar. Sin embargo ella estaba demasiado aturdida para notarlo.

De repente, un golpe en la cabeza lo fundió todo en negro.


Continuará...

Bueeeeno, ya hacía mucho tiempo que Wesselton no salía en la historia y estaba deseando hacer alguna maldad, y aquí está.

Quizá muchos os preguntéis por cómo se ha desarrollado el capítulo y que habría formas mucho mejores que las que han elegido para huir. Bajo mi punto de vista, Hans lo que pretendía a toda costa era evitar que descubrieran a Elsa y pensó que podría evitar el barco sin entrar en disputa, una vez que wesselton les descubrió estaban muy cerca para que Elsa en mar abierto pudiera desatar otra tormenta sin que ellos mismos quedaran atrapados en ella, y finalmente Elsa se sacrificó porque no es una asesina, sabía que la única forma de librarse de ellos sería matarles o hacerles mucho daño, cosa que me parecía totalmente contraria a su personalidad.

Por favor, no me tiréis tomates por dejarlo justo en este momento, me temo que hemos entrado en la parte de la historia donde muchos capítulos acabarán con cliffhanger jeje.

Muchas gracias por vuestros reviews a Darcy129 , marati2011 , Wildy Storyteller , A Frozen Fan , daft rabbit y Duffgirl123 , me alegra mucho que sigáis ahí y que además os siga gustando esta historia, aunque entremos en zonas con turbulencias.

Como siempre, ante cualquier duda, opinión, pregunta o crítica (constructiva) sabéis que me podéis dejar un review, trataré de contestaros lo mejor posible.

Un saludo!