37. La batalla final, parte 2

-Gracias, Harry Potter –dijo El Cazador de Brujas, sus ojos desencajados por la mezcla de ira y sed asesina-. Gracias por darme la solución al problema. Ahora veo que solo tengo que arrebatarte esa asquerosa piedra de la mano para poder usar limpiamente el poder completo y absoluto de las tres Reliquias de la Muerte.

-No será difícil –dijo Voldemort, con sus ojos de rendija clavados en Harry, una sonrisa malvada y su rostro de serpiente apuntando hacia ellos.

-Realizaremos el trabajo… enseguida –exclamó Grindelwald, que tenía la apariencia que había tenido en sus años de gloria, viéndose de unos veinte o treinta años, con expresión de soberbia y un ojo de diferente color.

-Lo intentarán –Harry apretó la piedra con fuerza en el puño y apretó tanto los dientes con furia que empezó a sangrarle la boca.

-Si quieren esa piedra –dijo Dumbledore, avanzando ante Harry y colocándose delante de todos los demás magos y brujas que estaban allí, en posición de ataque-, primero tendrán que vencernos a todos.

-Será un placer –el Cazador de Brujas lanzó un grito de guerra, apuntó al cielo y un relámpago emergió de la Varita de Saúco y subió hacia las nubes. Sus compañeros también lanzaron gritos de batalla y empezaron a correr hacia adelante, apuntando con sus varitas a los miles de magos ante ellos y empezando a lanzar maleficios imperdonables y hechizos de magia negra por doquier.

-¡A ELLOS! –bramaron varios magos y brujas, y empezaron a correr hacia adelante también, lanzando hechizos contra los magos oscuros.

-¡A ELLOS! –gritó Harry también, con todas sus fuerzas. Junto a Ron, Hermione y los demás, Harry empezó a correr hacia adelante lanzando hechizos a toda velocidad con su varita, apretando la piedra con fuerza en su mano izquierda y atacando con la derecha a toda velocidad y con todas sus fuerzas.

Los dos frentes de batalla se unieron. Utilizando algún poder oscuro, los magos tenebrosos lanzaron en conjunto una especie de campo de fuerza que golpeó de lleno a cientos de los otros magos y brujas, que salieron despedidos hacia atrás, tropezando entre sí y cayendo producto del hechizo.

A algunos otros, como Harry y sus amigos, no lograron derrumbarlos con ese poder. Siguieron hacia adelante, gritando con furia, y chocaron contra los magos oscuros, atacándose con cientos de hechizos a la vez.

Las luces y rayos de colores, chispas y destellos inundaban todo el lugar. Agrupados, los magos oscuros daban pelea a todos, derrotando a muchos de los magos y brujas que intentaban atacarlos, lanzándolos lejos volando por el aire y lanzándoles maleficios imperdonables.

Mientras Harry lanzaba hechizos a El Cazador de Brujas, junto a Hermione y todos los Weasley, que este bloqueaba con gigantescos encantamientos escudo; podía ver de reojo a Voldemort pelear contra un séquito de al menos quince magos, entre los cuales estaban Lily, James, la presidenta del MACUSA, Kingsley y Sirius.

-¡TOMA ESTO! –gritaba Luna, con el rostro sucio y con sangre. Estaba pegada espalda con espalda con Neville, lanzándole hechizos a Grindelwald, junto a otros veinte magos más, muchos de los cuales caían rápidamente derrotados por algún encantamiento del mago tenebroso que los arrojaba por el aire, lejos de él, con expresión fría y seria, como sin inmutarse.

-¡Muere, maldito! –chilló Neville, realizando un complejo conjunto de hechizos impresionantes que lograron golpear a Grindelwald en el pecho, haciendo que trastabillara algunos centímetros hacia atrás. Rápidamente, Grindelwald contraatacó y lanzó un látigo de su varita, que golpeó a Neville en el pecho y lo arrojó a varios metros de distancia, dejándolo herido en el suelo.

Explotando de furia, Luna contraatacó contra Grindelwald, pero no era oponente para él, y los demás magos y brujas que se agrupaban alrededor para ayudarla en la lucha eran vencidos muy rápidamente por el mago oscuro.

-Déjame esto a mí, Luna –dijo entonces una voz, y una mano anciana y huesuda tomó a Luna por el hombro y la apartó suavemente de allí, hacia un lado, indicándole que descansara.

Agitada y dolorida, con el rostro cubierto en sangre, Luna miró hacia arriba, para ver quién era el mago que había dicho aquello.

Con el rostro en una expresión muy seria y de profundo rencor, Albus Dumbledore se posó delante de la chica, se apartó la túnica a un lado con elegancia y alzó una varita en alto. La varita que sostenía era la mismísima Varita de Saúco también, pero en una versión algo transparente y azulada, fantasmal.

-Creo que tienes algo que me pertenece, Albus –dijo Grindelwald, con seriedad.

-Creo que lo perdiste hace mucho tiempo, Gellert, en batalla –comentó Dumbledore con tranquilidad-. Una batalla que perdiste… conmigo.

-Pues hoy no voy a perder –Grindelwald apuntó su varita hacia él y de esta emergió una serpiente gigante, que salió chillando con su lengua afuera y se retorció en el aire mientras giraba a toda velocidad, yendo directo hacia Dumbledore. Este apuntó su varita hacia ella y la hizo desaparecer al instante; pero, mientras tanto, Grindelwald había conjurado un relámpago que cayó desde el cielo hacia Dumbledore, y este tuvo que apartarse de donde estaba para que no lo golpee. Con agilidad, Dumbledore contraatacó lanzando de su varita un círculo de fuego vivo que saltó hacia Grindelwald a toda velocidad y girando también, como una especie de frisbee de fuego.

-¡MUERAN! –chillaba Bellatrix, a algunos metros de distancia, lanzando maleficios asesinos a los magos y brujas que la rodeaban, como loca, con su cabello alborotándose en el aire y su lengua afuera, en una mueca horrenda, mientras la bruja no paraba de lanzar maleficios asesinos hacia todos lados. La rodeaba un grupo de unos doscientos magos y brujas, que le lanzaban hechizo tras hechizo, pero no lograban penetrar una especie de escudo protector invisible que ella había conjurado a su alrededor.

-Tú vas a morir –dijo entonces la voz de la señora Weasley, pasando por entre medio de los otros magos y brujas, con el rostro lleno de ira-. Morirás ante mí… otra vez.

Bellatrix se puso seria, mirando a la señora Weasley ya no riendo o disfrutándolo, sino con un renovado aire de venganza. Se notaba en sus ojos que ahora ya no se tomaría a chiste a la señora Weasley, pero su rostro no indicaba más que una ira que parecía muy peligrosa.

-No vas a poder contra mí esta vez –le dijo Bellatrix, y con un solo movimiento de varita apartó del camino entre ellas a al menos cien magos y brujas, que salieron despedidos hacia los lados-. Estás sola, querida. Somos solo tú y yo ahora.

-No está sola –dijo entonces una voz. Bellatrix giró la cabeza y vio aparecer a Ginny, con la varita en alto y apuntándola también.

Junto a Ginny, Hermione también apareció y apuntó hacia Bellatrix. Tenía los labios sangrando, pero sus ojos estaban fijos en los de la bruja.

De detrás de ellas, apareció también Luna, Tonks, Lavender, Fleur, Bertha Jorkins, Evangelina, Karen Granger, Astoria y Daphne Greengrass, y, cerrando las filas de batalla, Lily Potter, que se había apartado de la lucha contra Voldemort para unírseles.

-Matemos de una vez y para siempre a esta asquerosa bruja –dijo Lily, alzando su varita y apuntándola hacia el pecho de Bellatrix. Esta aulló con locura, alzó su varita también y empezó a atacar a las brujas con cientos de encantamientos a la vez.

Rápidamente, las brujas contraatacaron, tratando de golpear a Bellatrix con todo su arsenal.

La señora Weasley se movía con agilidad y lanzaba hechizos de ataque muy avanzados, al tiempo que Ginny la cubría con hechizos defensores para protegerla. Junto a ellas, Hermione y Luna atacaban y defendían en equipo, apoyándose mutuamente.

Fleur, Evangelina y Lily fueron girando hacia un extremo opuesto a ellas para atacar desde los extremos, cubriendo más territorio.

No conseguían vencerla porque Bellatrix estaba más desquiciada y llena de ira que nunca, moviendo su brazo de un lado a otro a toda velocidad, lanzando hechizos oscuros y conjurando escudos defensores gigantes. Consiguió abatir a varios de los magos y brujas que se seguían acercando y la atacaban, mientras apuntaba hacia todos lados con locura.

Otro equipo se armó en la lucha contra Voldemort: James, Sirius y Lupin se habían agrupado en torno al mago y lo atacaban sin cesar, dándole una buena pelea.

-¡Muy buena, James! –gritó Sirius, cuando James lanzó un hechizo que a Voldemort le complicó esquivar.

-¡Hagamos el ataque del perro con cornamenta, Canuto! –gritó James, lanzando una risotada.

-¡No! –protestó Sirius-. ¡Sabes que odio ese ataque!

-¡Vamos, Canuto! ¡Ahora!

-Maldición –Sirius le siguió la corriente y se transformó en perro. Entonces empezó a correr a toda velocidad hacia Voldemort ladrando eufóricamente. Cuando Voldemort, lleno de ira, dirigió su varita hacia el perro para lanzarle un maleficio, un enorme ciervo apareció junto a él, tomándolo por sorpresa, y le dio con sus astas de lleno en el pecho, lanzando a Voldemort por el piso y haciéndolo rodar.

-¡Salió increíble! –gritó James, contento, volviendo a su forma humana y desternillándose de la risa.

Explotando de furia, Voldemort se incorporó rápidamente y le lanzó un Avada Kedabra a James a toda velocidad, tomándolo por sorpresa también.

-¡NO! –gritó Lupin, mirando hacia adelante con horror. Rápidamente, empezó a atacar a Voldemort con muchísimos encantamientos juntos, mientras a su lado se le unían Fred, George, el señor Weasley, Moody y Cedric, todos atacando juntos a Voldemort.

-¿Estás bien? –preguntó Sirius, acercándose a su amigo. James se examinaba el pecho, donde había dado el hechizo, con curiosidad.

-Extraño –dijo James, y entonces puso una mueca graciosa-. Parece que soy inmortal. Ni un rasguño.

-Genial –dijo Sirius-. Eso es porque aún estás muerto, amigo. Pero miremos el lado positivo, este engendro desnarizado no puede hacerte daño.

-Vamos por él –James alzó la varita nuevamente, buscando dónde había quedado Voldemort. Lo divisaron más allá, luchando contra cientos de magos que se habían congregado para atacarlo juntos.

De pronto, Voldemort lanzó un aullido de furia y un hechizo tremendo que lanzó al menos a doscientos magos y brujas volando por el aire. Rápidamente, James y Sirius lanzaron toda una serie de hechizos protectores para amortiguarles la caída y que no se hicieran daño.

-Es nuestro, Sirius –dijo James-. Vamos a matarlo de una vez.

-No se olviden de mí –dijo una voz, y ambos se giraron para ver quién era el mago que les había hablado. -Vamos a matarlo juntos, ¿les parece bien?

Era la voz de Regulus Black.

-Hermano –dijo Sirius, examinándolo con atención y asintiendo con la cabeza. Regulus miró a su hermano también, y entonces le tendió una mano, que Sirius estrechó con fuerza.

-Vamos a hacerlo puré –dijo Sirius, sonriendo.

-Los ayudo –dijo Lupin, acercándose, agitado.

James miró al pequeño grupo de cuatro magos que se había armado, con curiosidad.

-Nosotros podríamos ser los Nuevos Merodeadores –dijo, mirando a los demás.

-Genial –dijo Regulus-. Siempre quise ser parte del grupo.

-Vamos por él –Lupin alzó la varita y empezó a correr. Los demás fueron tras él.

-¡A él, Nuevos Merodeadores! –Sirius lanzó un grito de guerra y corrió también.

Los cuatro se metieron en el centro exacto de la batalla contra Voldemort, y empezaron a atacar con más furia que nunca.

Voldemort respondió, conjurando complejos hechizos defensores y contraataques, haciendo que un remolino de agua emergiera de la tierra bajo él y lo rodeara, mientras del interior salían cientos de lo que parecían ser lianas o ramas de árboles, que lanzaban a los magos y brujas lejos o los ahorcaban por el cuello y los dejaban suspendidos en el aire.

-¡Auxilio! –gritó George, que tenía una alrededor del cuello y estaba suspendido varios metros en el aire-. ¡Me ahogo!

Fred empezó a lanzar hechizos contra la rama, que finalmente se partió y dejó caer a George.

-Gracias, hermano –dijo George, poniéndose de pie y masajeándose el cuello.

-A que me extrañaste, ¿verdad? –le dijo Fred, con una sonrisa-. No puedes hacer nada sin mí, hermanito. Imagino que habrás estado llorándome como niña todo este tiempo.

-Ya cierra el pico y ataca –dijo George, pero le lanzó una sonrisa que dejaba en evidencia que había extrañado mucho a su hermano.

-¡MUERE, MAGO MALO! –gritó entonces una voz llena de furia, y una figura pequeña pasó junto a ellos a toda velocidad gritando de forma desaforada.

-¿Quién era ese? –preguntó Fred, mirando a la figura confundido.

-Dobby –dijo Colin Creevey, con una sonrisa.

El elfo doméstico corrió como loco y se lanzó encima de Voldemort, que no pudo detenerlo. Empezó a golpearlo con manos y pies, y Voldemort no conseguía sacárselo de encima.

-¡Ahora! –gritó James.

Aprovechando la distracción, los Nuevos Merodeadores se lanzaron sobre él y empezaron a atacarlo sin cesar. Junto a ellos, Cedric lanzaba maleficios también hacia el mago, junto a Moody, que también daba una buena pelea.

-¡NO! –con un aullido feroz, Voldemort logró lanzar al elfo lejos en el aire, y con un barrido de varita bestial hizo que una fuerza gigantesca, como un viento abrasador emergiera desde su interior y lanzara a todos, a los Nuevos Merodeadores, a Fred y George, a Cedric y Moody, a Colin y a todos los demás lejos en el aire, a varios metros de distancia-. ¡NO PUEDEN CONTRA MÍ! –aulló, con furia-. ¡SOY INVENCIBLE! ¡NO HAY QUIEN PUEDA DERROTARME! –entonces lanzó otro barrido de varita, haciendo un círculo a su alrededor, y un fuego con forma de dragón emergió de su varita, rodeándolo-. ¡MI PODER ES SUPREMO! ¡NADIE ME SUPERA! ¡NO HAY MAGO, BRUJA, O CRIATURA QUE PUEDA VENCERME!

-¿Qué me dices de un Príncipe? –dijo entonces una voz, fría.

Desde el suelo, James giró la cabeza para ver quién era este nuevo mago que había aparecido allí de pie, limpiamente junto a ellos, caminando de forma parsimoniosa y lentamente hacia Voldemort.

Severus Snape se acercó a su enemigo, con los ojos clavados en él, se apartó la túnica con soltura y metió la mano dentro para sacar su varita, que clavó de lleno en Voldemort.

Este profirió una especie de sonrisa extraña, y agitó su varita nuevamente para eliminar el fuego que lo rodeaba.

-Será un placer matarte de nuevo, traidor –le dijo, y empezó a caminar hacia él con pasos decididos, con verdadera ira renovada.

-Jamás me venciste –le dijo Snape, acercándose también-. Solo dejé que lo hicieras. Jamás te di verdadera pelea.

-¡Pues ahora lo harás! –Voldemort alzó su varita y lanzó un humo negro hacia Snape, que rápidamente lo desvió con su varita y conjuró con la suya un rayo de luz roja, que salió disparada hacia Voldemort, lanzándolo hacia atrás.

A varios metros de distancia, alejándose cada vez más con el tumulto de gente que se agrupaba hacia él, y que iban desplazándose hacia las lindes del bosque prohibido, Harry luchaba lado a lado con Steve y Ron, contra El Cazador de Brujas.

Juntos, lanzaban hechizo tras hechizo, a toda velocidad. El brazo de varita de Harry ya estaba agotado por la velocidad en que lanzaba los hechizos, pero ni se le ocurrió la posibilidad de detenerse.

En un momento, Christopher se apartó el largo cabello de la cara, lanzó un grito de cólera y lanzó un hechizo mortal que casi golpea a Steve, pero Harry logró desviar a tiempo con su varita. El haz de luz verde rebotó hacia un costado y golpeó en un mago que estaba cerca de ellos, que cayó muerto al suelo.

-¿Quién era? –preguntó Harry, muy preocupado, tratando de ver quién era el mago al que había golpeado el hechizo mortal.

-Fenrir Greyback –dijo Ron, que estaba junto al mago caído y sonreía a Harry-. Genial, amigo.

La lucha continuó, y cuando Harry empezó a sentir que estaban en desventaja, siendo superados por el inmenso poder de la Varita de Saúco, dos magos aparecieron de la nada lanzando hechizos contra El Cazador de Brujas, tomándolo de sorpresa y haciendo que dejara de atacar y tuviera que concentrar sus energías en defenderse, para no ser derrotado por los cientos de miles de hechizos que una gigantesca multitud de magos y brujas le lanzaban, todos al mismo tiempo.

-¡Toma esto! –gritaba Goyle, uno de los dos magos que habían aparecido ante él-. ¡Y esto!

Goyle lanzaba maleficios imperdonables contra Christopher, al tiempo que Malfoy, a su lado, generaba escudos protectores para defender a su amigo, alternándolos con hechizos de ataque.

-¡Muere, maldito! –chilló Ron, adelantándose también y atacando a El Cazador de Brujas.

Entonces, El Cazador de Brujas se repuso, justo cuando estaban arrinconándolo contra un costado del bosque, realizó una especie de giro de varita muy hábil sobre su mano e hizo que su varita empezara a girar en torno a su mano a toda velocidad, como un trompo enloquecido, lanzando miles de hechizos y encantamientos de todos colores por todos lados, que golpearon a centenas de magos, haciéndolos caer aturdidos e indefensos al suelo, o desarmándolos.

Entonces, Harry miró hacia arriba, y pudo divisar entre medio del espectáculo de miles de luces y rayos de colores que bañaban los terrenos de Hogwarts y mucho más terreno alrededor de este, que dos figuras flotaban hacia arriba, hacia el cielo, atacándose mutuamente a la altura de la torre de astronomía.

Dumbledore y Grindelwald se atacaban con una potencia que Harry jamás había visto en su vida. El mismo poder de sus varitas los había elevado hacia el cielo, y la intensidad de los haces de luz que se lanzaban mutuamente eran gigantescos rayos de luz que luego iban hacia todas partes y teñían el cielo nocturno de tanto color, que parecía que se estaba haciendo de día nuevamente.

Un brillo blanco intenso y resplandeciente salía de la varita de Dumbledore, sin cesar, y Grindelwald tenía que usar las dos manos para contenerlo y desviarlo hacia arriba, con un poder que ya no salía de su varita sino de sí mismo.

Más abajo, contra una pared del castillo, Neville luchaba solo contra Jacob Greyback. Una multitud de gente lo había estado ayudando, pero la mayoría ahora estaban exhaustos o heridos y se retiraban del campo de batalla para no ser golpeados por accidente por los hechizos de ataque que venían desde todos lados.

Percatándose de que el muchacho estaba solo, defendiéndose con dignidad y dándole una buena pelea de todas formas, acudieron en su ayuda Amelia Bones, Bill, Oliver, Charlie y hasta Frank Bryce, que no sabía bien qué hacer, pero lanzaba gritos de ánimos.

-¡Vamos, muchachos! –gritaba, agitando su bastón en el aire con entusiasmo-. ¡Ustedes pueden! ¡Láncenle uno de esos rayitos de colores, háganlo papilla!

-¡Muere! –gritó Percy, apareciendo también y atacando a Jacob con todas sus fuerzas. A su lado, Bill y Charlie se unieron y empezaron a atacarlo a su lado. Oliver también se unió a ellos, lanzando toda clase de hechizos de ataque.

Entonces, viéndose superado por el número de magos que lo rodeaba, Jacob empezó a tropezar, terminó cayendo al suelo de rodillas y siguió defendiéndose como pudo desde allí.

-¡Es mío! –gritó Neville, acercándose y preparándose para darle el golpe final.

-¡No! –gritó entonces una voz, y un hombre enorme y totalmente motivado y listo para pelear salió de la nada tras ellos corriendo a toda velocidad, gritando de ira-. ¡ES MÍO!

Los chicos tuvieron que apartarse porque el suelo había empezado a temblar. Hagrid salió de la nada y saltó con un grito de guerra encima de Jacob, que se tapó la cara con ambas manos para tratar de protegerse. Hagrid cayó sobre él con todo su peso y lo aplastó. Luego se incorporó y empezó a golpearlo con los puños en la cara. El mago quiso levantar su varita, pero Hagrid se la arrancó de las manos, la partió a la mitad y le encajó otro puñetazo en la cara.

Entonces, Neville se dio cuenta que el suelo no había temblado por Hagrid. Detrás de ellos, apareció una figura aún más grande: Todos tuvieron que apartarse, porque Grawp apareció corriendo de forma despiadada, y Hagrid se apartó en el momento exacto para que Grawp le diera un puñetazo a Jacob que lo lanzó a cientos de metros de altura, y más allá, hacia detrás de los árboles del bosque prohibido y fuera de vista.

-¿Creen que haya muerto? –preguntó Charlie, irónicamente.

-Es extraño –señaló Bill, limpiándose el sudor de la cara-. Este parece que ha muerto, pero juraría que un maleficio asesino golpeó a Frank Bryce hace un minuto, y no le pasó nada.

-Ah, no, es que él ya estaba muerto –explicó Percy, señalando al viejo-. Creo que aquellos que Harry trajo a la vida con la piedra esa no están vivos realmente, están como fantasmas, digamos. Pero ustedes, que volvieron de los portales luminosos esos blancos que hizo aparecer disparando esa arma extraña sí se pueden morir, porque ustedes, si bien estaban muertos, ahora están vivos de vuelta.

-Qué confuso –Oliver negó con la cabeza, mirando alrededor-. Tú estás vivo, ¿verdad, Percy?

-Ya ni sé –dijo él, encogiéndose de hombros-. Creo que jamás morí, yo. Pero sigamos peleando, y ya.

En otra parte, Bellatrix seguía peleando contra Lily, la señora Weasley, Ginny, Hermione, Lavender, Luna, Evangelina y Tonks. Las otras brujas habían caído derrotadas y estaban heridas en el suelo, al igual que muchísimos de los magos y brujas que habían querido confrontarla.

Lily se adelantó y realizó un encantamiento muy potente con su varita que lanzó sobre Bellatrix una enredadera de sogas mágicas que la sujetaron de brazos y piernas durante unos instantes. Entonces, Lily aprovechó para conjurar una especie de humo color rosa que hizo que Bellatrix empezara a parpadear, como durmiéndose.

-¡¿Qué demonios es esto?! –gritó Bellatrix, adoptando una mueca de asco.

-Es magia antigua, querida –dijo Lily, haciendo que el humo rosa emergiera de su varita-. No lo entenderías.

-Lo que tú no entenderás es de dónde vino el maleficio que te asesinará –dijo Bellatrix entre dientes, entonces se espabiló, se quitó las sogas de encima y lanzó con muchísima rapidez un hechizo asesino que atravesó a Lily y siguió de largo, golpeando una pared del castillo.

-¡CÓMO TE ATREVES! –la señora Weasley empezó a atacarla a toda velocidad, pero Bellatrix le lanzó un maleficio de desarme y la varita de esta salió volando por los aires. Bellatrix sonrió con malicia y volvió a apuntar a la señora Weasley, y empezó a mover los labios para conjurar un maleficio asesino nuevamente…

Pero entonces, con más rapidez, Ginny disparó a Bellatrix y esta tuvo que cambiar de hechizo para defenderse.

-Maldita mocosa… -empezó Bellatrix, y apuntó a Ginny en cambio, y empezó a pronunciar el maleficio asesino otra vez.

Tonks saltó hacia adelante en el aire, agitando su varita mientras su cabello se ponía rojo intenso y su mirada giraba con violencia hacia Bellatrix, que tuvo que protegerse para esquivarla también, pero pronto dirigió su varita hacia ella para empezar a pronunciar un nuevo maleficio asesino.

-¡No! –Luna y Lavender lanzaron juntas hechizos de ataque, y Bellatrix se vio obligada a defenderse otra vez, sin poder completar el hechizo tampoco esa vez.

-¡Agotaron mi paciencia! –bramó entonces Bellatrix, y empezó a hacer girar su varita como loca por encima de su cabeza, haciendo que un montón de fuego diabólico emergiera de la tierra bajo ella y la rodeara-. ¡VOY A QUEMARLAS A TODAS HASTA LA MUERTE! ¡VAN A ARDER Y SUFRIR, Y DESEAR NUNCA HABERSE METIDO CONMIGO! –empezó a desternillarse de la risa, con locura, y sus ojos de pronto se volvieron rojos y endemoniados-. ¡VAN A CONOCER MI VERDADERO PODER! ¡MUÉRANSE, BRUJAS IDIOTAS!

Y entonces, cuando empezaba a manipular su varita para lanzarles las abrasadoras llamas de fuego asesino, Hermione empezó a correr a toda velocidad hacia ella, se lanzó resbalando por el suelo y por debajo del haz de fuego, hasta aterrizar a centímetros de la desquiciada bruja, y cuando estuvo justo bajo ella alzó su varita con agilidad hacia la cara de esta.

-¡AVADA KEDABRA! –gritó Hermione, con todas sus fuerzas.

Bellatrix, tomada por sorpresa, no llegó a ver a tiempo a Hermione, y movió su varita demasiado tarde. El hechizo de luz verde de Hermione la golpeó en la cara, el fuego desapareció al instante y Bellatrix cayó hacia atrás, sobre el suelo, inerte.

Había muerto.

Hermione se quedó allí, con la varita aún en alto, muy agitada y respirando entrecortadamente.

-Bien hecho, Hermione –dijo Lily, llegando a su lado.

-Me tenía harta esa loca enferma –dijo Hermione, con los ojos muy abiertos y el pecho inflándose por respirar rápido.

Por encima de ellas, en el cielo, Dumbledore y Grindelwald estaban sumidos en una lucha épica, dentro de torbellinos de colores, explosiones y rayos de luz de todas las formas y colores. Flotaban, desaparecían en el aire y reaparecían a metros de distancia, para seguir atacándose mutuamente.

En el suelo, en un círculo formado entre medio de un tumulto de magos, Gregory Killman peleaba lanzando maleficios y conjuros oscuros contra un centenar de magos y brujas, encabezados por Kingsley y Millan. Luego de una violenta batalla, Kingsley consiguió desarmar a Killman, y justo cuando este estaba por alcanzar su varita nuevamente un mago de otro país, que no dejaba de lanzar gritos en español, le metió un hechizo por debajo del brazo que lo hizo caer hacia atrás, ya inconsciente y fuera de ataque.

-¡Morirás de nuevo, como la rata inmunda que siempre has sido! –gritaba Voldemort, a metros de distancia, en medio de un acalorado duelo con Snape. Este le daba batalla con todo su poder, con la mirada seria y los ojos clavados en los rojos ojos del mago oscuro.

-Tú… serás… quien muera… de nuevo –dijo Snape, pronunciando las palabras muy lentamente y poniendo énfasis en cada una de ellas, con los dientes apretados, mientras lanzaba hechizo tras hechizo.

Mientras tanto, Harry y Steve se batían a duelo con El Cazador de Brujas. El poder de la Varita de Saúco era tan intenso que no podían contra él, ni siquiera con la ayuda de Ron, Malfoy, Goyle y medio centenar de otros magos que los ayudaban desde dentro y fuera del bosque prohibido lanzando hechizos contra El Cazador de Brujas.

-¡Maldito, ya muérete! –le espetó Ron, agitando su varita con violencia hacia arriba y hacia abajo, lanzándole hechizo tras hechizo.

El Cazador de Brujas, luego de hacer un hechizo defensivo gigante para protegerse de los cientos de luces de colores que explotaron contra él, lanzó un hechizo a Ron y este cayó rodando por el suelo.

-¡No! –Harry se adelantó un paso más hacia su malvado hijo y le lanzó más encantamientos, más rápido y con más potencia. Pudo ver de reojo que Ron se movía un poco en el suelo. Seguía vivo.

De pronto, Harry vio aterrado que El Cazador de Brujas empezaba a reír. El mago tomó la capa de invisibilidad que llevaba colgada del cuello, la misma que había pertenecido a Harry toda su vida, y se la colocó por encima de la cabeza, desapareciendo por completo.

-¡Cuidado! –gritó Harry a los demás-. ¡Está invisible! ¡Desmaius! ¡Petrificus totalus!

Lanzó una gigantesca cantidad de hechizos hacia donde creyó que estaba El Cazador de Brujas, pero no pudo darle. Empezó a retroceder, tratando de buscar algo en el suelo, una huella o pisada que le indicara sus movimientos, pero era muy difícil. El estruendo y caos absoluto de la batalla le impedían poder ver u oír con claridad.

-¡Suéltame! –dijo entonces una voz, y Harry giró en redondo: Steve se balanceaba en el suelo, de un lado a otro, como si lo hubieran tomado por las piernas y lo sacudieran con mucha fuerza por todos lados. Al instante, todos los magos y brujas empezaron a disparar hacia allí.

Harry apuntó con su varita hacia allí, y vio con terror que un chorro de sangre empezaba a brotar de Steve: lo había herido. Tenía un corte profundo en la cara y la sangre caía a chorros de otra herida en su pierna.

Entonces, en el instante exacto en que Steve empezaba a gritar de dolor, Harry logró darle con un hechizo a Christopher: su capa se desprendió de él lo suficiente para que pudieran ver una parte de su cuerpo y empezar a atacarlo con precisión.

Para poder defenderse, Christopher tuvo que poner todas sus energías en conjurar escudos y hechizos defensivos, lo que impidió que siguiera torturando a Steve o que pudiera ponerse la capa nuevamente, que quedó colgando de sus hombros hacia atrás.

Malfoy se metió por detrás de él, y trató de arrancarle la capa de los hombros con la mano. Este se dio cuenta, giró en redondo y lo detuvo al mismo tiempo que bloqueaba cientos de hechizos que eran lanzados contra él, y lanzaba un campo de fuerza expansivo a su alrededor que lanzó a todos los magos y brujas por los aires, haciéndolos caer al suelo.

Harry, que logró contener el campo de fuerza con un hechizo protector y no cayó, se acercó corriendo a toda velocidad y trató de golpearlo con un hechizo aturdidor.

Entonces, con agilidad, El Cazador de Brujas giró en redondo nuevamente, encaró a Harry, levantó su varita y la bajó con violencia sobre Harry, en un encantamiento cuchillo.

-¡Protego! –gritó Harry, bloqueando el hechizo. Pero El Cazador de Brujas la levantó con furia y la bajó de nuevo, tratando de apuñalarlo con la varita. Harry volvió a hacer un encantamiento de bloqueo, pero esta vez no fue tan efectivo y sintió el roce de una especie de cuchilla invisible en el brazo, y un pequeño corte allí.

-¡AAAHHHHHHGGGG! –explotando de ira, El Cazador de Brujas levantó y bajó la varita con una fuerza demencial y animal sobre Harry, como apuñalándolo con toda la violencia del mundo, gritando y sin dejar de subir y bajar su arma con locura.

Harry se protegió de todos los hechizos que pudo, pero el poder de esa varita lo abrumaba y sobrepasaba, y pronto empezó a sentir cortes leves en la cara, brazos y piernas. No estaba pudiendo bloquear los hechizos por completo.

En un momento en que vio, aterrado, cómo Christopher levantaba la varita con los ojos mirando frenéticos a su presa, a su propio padre, con deseos de asesinato y muerte, Harry levantó la varita para tratar de colocarle un hechizo que lo tomara desprevenido. Pero El Cazador de Brujas fue más rápido, bajó su varita con su encantamiento de cuchilla sobre el brazo de Harry y se lo cortó de forma limpia y total.

Horrorizado, Harry vio a su propio brazo caer en el piso, cortado fuera de su cuerpo, aun sujetando la varita. Un dolor terrible lo invadió de pies a cabeza y tuvo que apartarse de allí para que no pudiera apuñalarlo nuevamente, mientras se sujetaba el muñón con el brazo izquierdo.

-¡Deja a mi hijo en paz! –bramó entonces una voz. Harry giró la cabeza y vio a James acercarse a toda velocidad y lanzarle cientos de hechizos a El Cazador de Brujas a toda velocidad.

-Tu hijo es un perdedor –dijo Christopher, mirando a James con ira-. Y tú también.

James y Christopher empezaron a pelear, lanzándose maleficios a toda velocidad y corriendo de un lado a otro, mientras algunos de los magos y brujas caídos alrededor se incorporaban y trataban de seguir atacando a El Cazador de Brujas, que bloqueaba sus hechizos e incluso les lanzaba ataques que los lanzaban volando por los aires nuevamente.

-¿Estás bien? –preguntó una voz. Harry vio que Hermione acababa de llegar a su lado, corriendo, y miraba su muñón con los ojos muy abiertos.

Harry le indicó con la cabeza que estaba bien, y corrió hacia donde había caído su brazo. Tratando de no desmayarse por la mezcla de dolor e impresión, abrió sus propios dedos con la mano que le quedaba, agarró su varita nuevamente con la mano izquierda, la usó para cicatrizar la herida a toda velocidad y se reincorporó a la batalla. Ahora tenía en su mano izquierda tanto la Piedra de la Resurrección, que aún sujetaba entre los dedos, como la varita.

-¡Aquí voy, papá! –gritó Harry, uniéndose a James y atacando a El Cazador de Brujas a su lado. Se puso codo a codo con su padre, y lanzó hechizo tras hechizo contra el mago oscuro a toda velocidad y con toda la agilidad que pudo reunir.

-¡Muy bien, Harry! –lo felicitó su padre, con una sonrisa, contraatacando también-. ¡Eres excelente! ¡Eres…!

Pero entonces, James dejó de hablar de súbito. Harry miró hacia el costado, y vio que James ya no estaba. Se había esfumado en el aire.

Confundido, Harry miró a su alrededor. Hermione seguía allí, atacando también, a unos pasos de distancia, igual que Ron y Malfoy. Pero ahora algo parecía haber cambiado en el campo de batalla: Los sonidos, las luces, algo había adoptado una forma distinta.

Ya no parecía que Dumbledore y Grindelwald siguieran emitiendo tantas luces y rayos como antes…

Entonces fue que Harry se dio cuenta de lo que pasaba. Lo sintió, mientras apretaba su varita con fuerza: la piedra ya no estaba más entre sus dedos.

Harry vio, con horror, a El Cazador de Brujas apuntando aun a Harry con su varita, y a la piedra volando por el aire hacia él: Se la había ganado, le había lanzado un encantamiento convocador que Harry ni siquiera había podido percibir, y ahora la piedra atravesaba el aire, los pocos metros de distancia que los separaban, como en cámara lenta, hacia él.

James, Dumbledore, Snape, Moody, Fred, Tonks, Lupin y todos los que Harry había traído a la batalla con la piedra habían sencillamente desaparecido. Se habían esfumado en el aire, tan rápido como habían aparecido en un comienzo.

Y ahora la piedra giraba por el aire y estaba a pocos centímetros de llegar a las manos de El Cazador de Brujas y hacerlo el amo indiscutible de la muerte…

-¡NO! –bramó una voz eufórica. Harry vio que Malfoy se lanzaba en el aire con un salto espectacular, extendía su brazo por encima del de El Cazador de Brujas con una agilidad que sin dudas lo coronaba como un verdadero buscador de Quidditch, y atrapaba la piedra entre sus dedos, siguiendo de largo y aterrizando a unos pasos del mago oscuro.

Explotando de furia, El Cazador de Brujas quiso bajar su hechizo cuchilla sobre Malfoy, pero alguien bloqueó su hechizo rápidamente. Algunas personas se acercaban desde los costados para seguir dándole batalla.

-¡YA LÁRGUENSE TODOS! –gritó El Cazador de Brujas. Lanzó un hechizo todavía más potente que los anteriores, un campo de fuerza gigante que hizo que todos los magos y brujas que estaban aún en pie en torno a ellos volaran por los aires muy lejos de allí.

Harry se acercó corriendo a toda velocidad para ayudar a Malfoy, que estaba tendido en el suelo con la piedra sujeta en la mano. Pero entonces, una figura oscura le bloqueó el camino: Lord Voldemort acababa de acercarse flotando hacia allí, ya sin su atacante distrayéndolo, y se enfrentaba a Harry.

-No puede ser… -se quejó Harry, apuntándolo con su varita, mientras Voldemort sacaba la suya y la apuntaba hacia adelante.

-¡Déjamelo a mí, Harry! –dijo una voz, y Harry vio que nuevos magos se acercaban corriendo por detrás suyo. El que había pronunciado eso era Sirius, y venía corriendo junto a George y el señor Weasley.

Harry vio de reojo que El Cazador de Brujas se inclinaba sobre Malfoy, asintió y corrió hacia allí, mientras Sirius y los demás le daban pelea a Voldemort.

-No tan rápido –dijo otra voz, y un mago bajó desde los cielos posándose delante de Harry y bloqueándole nuevamente el camino. Entonces, Harry se encontró cara a cara con Gellert Grindelwald, que lo observaba con frialdad con sus ojos de colores macabramente distintos.

Harry alzó la varita y empezó a pelear con él. El mago era muy hábil, y lanzaba hechizos complicados que Harry jamás había visto. El chico empezó a preguntarse cuánto tiempo podría aguantar en una pelea contra él, si Dumbledore había estado tanto tiempo lanzándole sus hechizos más hábiles sin poder derrotarlo.

-Dame eso, niño estúpido –dijo El Cazador de Brujas, tratando de arrebatarle la piedra a Malfoy. Pero justo cuando iba a quitársela, alguien por detrás casi logra meterle un hechizo, que tuvo que bloquear girando a toda velocidad.

-¿Por qué la necesitas? –dijo la voz de la persona que lo había atacado, desafiante-. ¿No eres capaz de ganar una batalla sin ella?

El Cazador de Brujas se incorporó con el rostro contorsionado por la furia y se quedó observando a Ginny Weasley, que lo apuntaba valientemente al pecho y le clavaba sus ojos color café.

-Vas a arrepentirte de haberme desafiado cuando estés agonizando –dijo él, y le lanzó con su varita un grupo de serpientes siseantes enredadas que saltaron hacia ella. Con rapidez, sin embargo, Ginny las lanzó lejos de allí y contraatacó con un hechizo de mocomurciélagos muy eficaz que casi logra darle, y que podría haberlo dejado incapacitado.

-¿Con eso me atacas? –dijo él, tratando de burlarse, escupiendo el cabello fuera de su boca-. ¡Patética!

Siguieron peleando, y Malfoy se puso de pie y empezó a correr lejos de allí, pero entonces Grindelwald lo vio y fue tras él, elevándose en el aire nuevamente.

-¡Vuelve, cobarde! –gritó Harry, y salió corriendo tras Malfoy y Grindelwald. Pero pronto vio que Malfoy lanzaba la piedra al aire: Oliver Wood había aparecido de la nada volando arriba de una escoba, a toda velocidad, y Malfoy se la había pasado antes de que lo atrapara Grindelwald. Oliver aferró la piedra con fuerza y voló lejos de allí, a toda marcha.

-¡NO! –gritó El Cazador de Brujas, dejó de atacar a Ginny y lanzó con la Varita de Saúco un hechizo que golpeó justo en la escoba de Oliver, derribándolo y haciendo que el muchacho caiga al suelo rodando a unos metros de distancia de allí.

Entonces, muchas cosas pasaron: Harry vio de reojo que Sirius aprovechaba un momento de distracción y lanzaba un hechizo que golpeaba a Voldemort en el medio del pecho. Sin embargo, fue George quien luego le dio con un hechizo asesino de inmediato, provocando que Voldemort cayera al suelo muerto y derrotado una vez más y para siempre.

Por otro lado, mientras Grindelwald flotaba en el aire hacia Oliver, Ron le lanzó un hechizo que provocó que varias sogas salieran de su varita, atraparan a Grindelwald y lo lanzaran al suelo. Mientras este, sorprendido, trataba de librarse de ellas, la boca de Ron se contorsionó en un furioso y desesperado "¡Avada Kedabra!", un haz de luz verde salió de su varita y golpeó de lleno a Grindelwald, que quedó en el suelo inmóvil.

Finalmente, lo tercero que ocurrió es que El Cazador de Brujas giró en su lugar, se desapareció, y reapareció al instante junto a Oliver, gritó "¡Accio piedra!", esta saltó de entre los dedos de Oliver y aterrizó de lleno en la palma de la mano de El Cazador de Brujas, que cerró su mano y entonces alzó la mirada hacia los demás con una sonrisa, una sonrisa victoriosa y triunfante.

-No… -dijo Harry por lo bajo, con terror, observando la escena.

-Se los dije –dijo Christopher, con sus ojos tan parecidos a los de Harry, y el pelo enredado encima de su cara, llena de locura y maldad-. Les dije que nunca podrían vencerme. Ahora, todos los magos y brujas morirán para siempre.

Harry miró a su alrededor: Los miles de magos que se habían aparecido en los terrenos del castillo seguían allí, muchos heridos y derrotados, pero aún vivos y allí presentes, todos agrupados mirando con temor como El Cazador de Brujas levantaba la piedra en alto, la juntaba con la capa para hacerse invisible y la Varita de Saúco, formando la trinidad letal, formando el fin de todos ellos para siempre.

Harry observó aquello, observó la luz blanca saliendo de la conjunción de las tres Reliquias de la Muerte, y observó cómo El Cazador de Brujas, triunfante, alzaba los tres objetos en alto, emitiendo ese brillo, pero ahora más intenso y poderoso que nunca, indicando que ahora sí era verdaderamente el Amo de la Muerte, indicando que había ganado todos los objetos limpiamente y que ahora se haría su voluntad. Con solo pedir su deseo, todos ellos morirían al instante de la forma que él quisiera…

En solo un segundo.

Harry cruzó una mirada con Hermione, allí en sus últimos instantes. En los últimos instantes de todos ellos, y de todos los demás magos y brujas del mundo. La mirada de Hermione estaba paralizada, y Harry sabía claramente qué significaba.

Sabía que Hermione entendía, de alguna forma, el secreto que Harry sabía, el que había sabido todo ese tiempo. La mirada de Hermione no era de miedo a la muerte suya, ni la de los demás allí presentes.

Harry supo que ambos habían confiado en que hubiera otra solución para aquello, pero ambos habían sabido todo el tiempo que, si no queda alternativa, tendría que ser así.

Cerrando los ojos y tratando de concentrarse como jamás lo había hecho en su vida, tratando de conseguir que las fuerzas en su interior se unieran para realizar el mayor logro de su vida como mago, el hechizo más poderoso, intenso y mortal para sí mismo jamás realizado, Harry alzó su varita y la apuntó hacia El Cazador de Brujas.

"El hechizo en cuestión es el único con el poder para destruir los objetos mágicos no oscuros más poderosos que existan", había leído Harry al investigar sobre la información que le había dado Sirius en Land's End, la clave para destruir a las Reliquias de la Muerte que Steve le había contado a Sirius hacía muchos años, y este a su vez a Harry aquella noche. "Solo puede conjurarlo un mago increíblemente excepcional, solo un mago que realmente tenga un poder y nobleza nunca antes vistos".

Pero eso no era lo único que decía el libro. La descripción del hechizo terminaba diciendo:

"Sin embargo, el esfuerzo que requiere realizar este encantamiento hará que el mago que lo realice quedará luego de realizarlo, indudablemente, sin vida".

Harry apuntó su varita al punto exacto del que salía el resplandor de luz blanca, y se concentró con todas sus fuerzas. Sabía de dónde tenía que invocar aquel poder: del Departamento de Misterios. El poder que necesitaba que fluyera a través de él era esa bola brillante que había visto en el Departamento de Misterios, aquella que parecía un sol.

En ese momento, en la Cámara del Poder del Departamento de Misterios, la bola de poder brillante empezó a palpitar más intensamente que nunca, y su brillo se incrementó de forma exponencial.

Harry, con los ojos aún cerrados, apretó su varita con fuerza, apuntando hacia las tres Reliquias, milésimas de segundo antes de que El Cazador de Brujas llevara a cabo su plan.

Entonces, Harry abrió los ojos y le dirigió una mirada mortal a su maligno hijo, y apretó su varita con la mano que le quedaba, con más fuerza que nunca.

-¡DESTRUIM INCANTATUM! –gritó Harry con todas sus fuerzas.

Un potente y bestial rayo de luz amarilla emergió con furia de la varita de Harry, atravesó los campos de Hogwarts a toda velocidad e impactó con una explosión tremenda e impresionante contra El Cazador de Brujas y las tres Reliquias de la Muerte, milésimas de segundo antes de que el mago oscuro pudiera pedir su deseo a la noche.

Harry vio y sintió cómo aquel increíble rayo de poder que había conjurado brotaba desde algún lugar lejano, desde el mismo Departamento de Misterios, cruzando a través del cuerpo de Harry como si este fuera un resistente conductor, y emergía por la varita, haciendo tanta fuerza y con tanta potencia, que la varita acabó destruyéndose y astillándose.

De igual forma, la intensidad del hechizo hizo que el brazo de Harry con el que había sostenido la varita se pusiera negro y quedara carbonizado, igual que su hombro y la mitad de su cuerpo, que de a poco se fue consumiendo.

Harry cayó al suelo, abatido, y el rayo de luz se desvaneció.

Agotado, Harry vio la terrible explosión que había ocurrido allí adelante: en el lugar donde antes estaba El Cazador de Brujas, ahora había un cráter en el suelo, y las Reliquias de la Muerte se habían reducido a un polvo color oscuro, madera y carmesí, el color de las tres reliquias entremezcladas, hechas polvo, destruidas para siempre.

Pronto el mismo polvo se desvaneció en el aire, y Harry vio que el cuerpo de su hijo, de Christopher, de El Cazador de Brujas también se había hecho polvo.

Había muerto. Se había ido para siempre también.

Harry entonces exhaló uno de sus últimos alientos. La mitad de su cuerpo se había puesto negra, y el aire empezaba a abandonarlo. Sabía que esos eran sus últimos momentos de vida.

-No… Harry, no… -Hermione se acercó a toda prisa, llorando.

-Tran… tranquila… -quiso decir él, pero no podía articular palabra. Alcanzó a ver a Sirius también, a varios metros de distancia, mirándolo y sujetándose el pecho, conmocionado. Ron estaba a su lado, mirando a Harry asustado.

Steve, su hijo, se acercó a pasos largos también, mirando a su padre conmocionado y con los ojos brillando por las lágrimas.

-Lo hiciste, Harry –Hermione asintió con la cabeza, y le acarició una mejilla-. Lo hiciste. Lo derrotaste.

Harry la miró, y vio que era realmente muy hermosa. Hermione era tan hermosa…

El viento golpeó la cara de Harry, y supo que ya no tenía fuerzas.

Siempre lo había sabido. Desde que había empezado el año. Desde que las "cosas malas" habían empezado otra vez, ese año.

Siempre había sabido que no iba a poder cumplir su deseo de descansar y tener una vida larga y feliz, de tranquilidad y paz.

Pero ahora sí. Ahora la tendría.

El Cazador de Brujas había muerto. La paz empezaba a crecer en él. Y Hermione era tan hermosa…

Harry se quedó mirándola, y de pronto su mirada quedó vacía y distante. Su cabeza cayó de lado, y allí se quedó.

Hermione rompió a llorar, arrodillada ante él. De a poco, todos los demás magos y brujas empezaron a acercarse al cuerpo de Harry, que yacía sin vida en el césped de Hogwarts.

Ron y Ginny se acercaron también, y se abrazaron. Ginny también lloraba.

El cielo entonces quedó tranquilo, con el humo y el polvo de la batalla aun flotando en él. Con los restos de cenizas, chispas y humo aun flotando.

La batalla había terminado, y los miles de magos y brujas allí presentes se abrazaron mutuamente y lloraron.

La noche estaba por terminar, y el sol iba a salir nuevamente para ellos pronto.