38. El testamento
La batalla había terminado. En las siguientes horas, los miles de magos provenientes de todo el mundo se quedaron en las inmediaciones, ayudando a limpiar, a restaurar Hogwarts, que había sido golpeada nuevamente por cientos de hechizos destructivos, habían retirado algunos cuerpos de magos y brujas que habían caído en la batalla, entre ellos el de los magos tenebrosos y el de Harry.
El gobierno de Inglaterra puso a disposición sus recursos para alimentar y atender a todas las personas que habían ido a pelear, muchos de los cuales estaban heridos o se habían lastimado al ser lanzados por el aire o haber recibido algún maleficio.
Nuevamente, Hogwarts fue hogar de las brujas y magos que habían combatido en batalla. Sus camas fueron usadas para que descansaran los heridos, médicos de San Mungo llenaron el castillo y elfos y magos de todo el mundo cocinaron y elaboraron pociones curativas para todos.
Afuera, en los terrenos, los Weasley, Hermione y los demás se agruparon y se quedaron juntos. Algunos magos desconocidos se acercaron a atenderles pequeñas heridas, pero ellos no quisieron separarse demasiado. Ninguno podía dejar de llorar. Las lágrimas resbalaban por los rostros de todos ellos, y se abrazaban mutuamente mientras rompían en llantos, en negación de lo que acababa de pasar, de que hubieran perdido finalmente a Harry para siempre.
Pareció que fuera segundos después que el sol salió y el nuevo día empezó en Hogwarts, en primero de julio. El día en que supuestamente ya no habría magos y brujas, todos ellos se encontraron juntos: de todas las nacionalidades, venidos de China, África, América, Medio Oriente y Europa. Todos juntos, ayudándose mutuamente y ayudando a que el mundo mágico se recompusiera.
Más tarde, todos ellos tuvieron que regresar a sus países, porque Inglaterra no había sido el único lugar que había sufrido destrucción y caos en los últimos meses. En cada país, los magos y brujas dedicaron las siguientes semanas a reconstruir juntos lo que habían perdido: edificios, lugares, ciudades.
El Callejón Diagon fue reconstruido, y en una demostración de trabajo asombroso los duendes reconstruyeron Gringotts y colocaron cada mínimo lingote de oro en la bóveda correspondiente, sin errar ni un galleon, ya que todo lo tenían registrado allí. George levantó Sortilegios Weasley nuevamente, y junto a Evangelina lanzaron allí lo que llamó "la semana del mundo mágico", con todos sus productos casi regalados como celebración por la vuelta a la normalidad de las cosas.
Neville decidió reconstruir y volver a abrir Artículos de Quidditch Potter allí, en el mismo lugar que donde había estado antes, y junto con Luna lo administraron y donaron la gran mayoría de sus ganancias a las obras de reconstrucción del Callejón Diagon y de Hogsmeade. Junto a este negocio, Oliver se instaló con una nueva propuesta para el Callejón Diagon: una heladería, algo que faltaba desde que Florean Fortescue no estaba allí. Lanzó helados de todos los sabores, y el lugar se llenó de niños curiosos que probaban sabores tan extraños como menta de bulbotubérculo y "jugo de escreguto de cola explosiva".
Land's End fue reconstruido, su pueblo había regresado a la vida gracias a Harry y volvieron a habitar el lugar. Con una enorme donación por parte de muchas brujas y magos, reconstruyeron sus casas y pudieron recuperar su tranquila vida.
Hogsmeade también fue reconstruido. Las Tres Escobas volvió a estar en su lugar, igual que Cabeza de Puerco, y todas las demás tiendas y lugares. Incluso la casa de Harry fue reconstruida, ya que el gobierno de Kingsley tenía los planos de toda la ciudad y quisieron que absolutamente todo fuera reconstruido nuevamente tal y como estaba, y eso incluyó la pequeña casa que había sido de Harry, que pasó a otras manos por medio de su testamento.
-Estimadas brujas y magos aquí presentes –dijo en voz alta un pequeño mago del Ministerio, leyendo el testamento de Harry ante un pequeño grupo, la mañana del día 2 de julio, en una pequeña salita de la plata baja en Hogwarts-. Nos hemos reunido aquí para dar lectura a las últimas voluntades y deseos de Harry Potter.
Ginny, Ron y Hermione estaban juntos, sentados ante el pequeño mago, los tres con lágrimas que aún brotaban de sus ojos, con pañuelos en la mano y los ojos rojos.
-Daré lectura a la carta que Harry escribió hace apenas unos días, que se encontró entre sus pertenencias, en la que podemos encontrar sus deseos y voluntades –explicó el mago. Entonces desenrolló un pergamino y comenzó a leerlo:
"Queridos amigos, escribo esta carta porque sé que existe la posibilidad de que el fin llegue pronto. Quizás sea el fin de todos nosotros, y en ese caso esta carta no servirá de nada. Si todo sale bien y como espero, y logramos ganar la batalla, entonces esta carta tampoco servirá para nada, que es por supuesto lo que más deseo y espero que ocurra.
"Pero si, por alguna razón, esta batalla termina bien para todos ustedes, pero mal para mí, entonces quiero que mis amigos escuchen lo que tengo para decirles, en ese caso, y que voy a escribir aquí.
"Primero que nada, no se sientan mal por mí sí me he ido. Los últimos ocho años han sido para mí más que lo que muchas personas podrían desear tener, vivir y experimentar en toda una vida, e incluso más. He vivido en un mundo con magia, con increíbles amigos, pude experimentar amor, amistad y momentos increíbles. He tenido una gran vida, y no hay nada que lamentar.
Llegado a ese punto de la carta, Hermione se tapó la cara con la mano y empezó a temblar mientras lloraba descontroladamente. El pequeño mago esperó unos instantes antes de continuar, observándola con delicadeza, y luego continuó:
"En todo momento, cuando nos hablaban del futuro, cuando nos pedían que elijamos una carrera, una profesión, un futuro, no tenía idea de qué hacer. Incluso cuando estuve estudiando para ser auror, dentro de mí sabía que no tenía verdadero interés en ello. Supongo que por eso probé tantas cosas este año: estudiar, abrir un negocio, trabajar en el Ministerio. Pero creo que nada de ello funcionó. Comprar una casa, tratar de vivir una vida, eso no es para mí.
"Bueno, quizás no pase nada, sobreviva a esta batalla y tenga que decidir nuevamente qué hacer a continuación. Pero, como digo, si esto no termina bien para mí, entonces sepan que estoy contento de que ese haya sido mi destino. Hace un año, Trelawney me predijo un futuro, un futuro que tenía todas las probabilidades de ser el que realmente acabara pasando para mí, en el que vivía una larga vida. Y, ¿saben qué? No me gustaba demasiado. No creo que fuera lo mejor.
"A veces, creo, nuestro papel en el mundo, lo que realmente nos llena y nos hace sentir realizados, es haber servido para algo grande, un gran propósito. Si puedo haber contribuido a que todo esto terminara, a que el mundo mágico retorne a la normalidad, entonces, ¿qué más podría desear? Así que, para finalizar, no tienen nada que lamentarse. Amigos, esto era lo mejor que podía pasar conmigo. Servir y ser útil para todos ustedes. Y no hay mejor final para mí que uno en que haya logrado eso.
El pequeño mago hizo una pausa, mientras los chicos levantaban sus cabezas, se limpiaban las lágrimas y seguían escuchando.
"Tener el futuro escrito, como un librito sobre nuestras cabezas, diciéndonos todo lo que va a pasar, sabiendo que nos espera algo totalmente esperable, valga la redundancia, algo sin sorpresas, no me parece lo más emocionante a lo que dedicarle una vida. Por eso, creo, fue que tomé las alocadas decisiones que acabaron llevando mi vida por este nuevo camino. ¿Fue lo mejor? Diablos, no lo sé. No sé si por culpa mía, por haber tomado alguna decisión pequeña en contra de lo que 'estaba escrito', luego alguien terminó sufriendo. Prefiero no pensarlo así. Pero, definitivamente, la emoción de vivir aquella pequeña e improbable realidad desconocida que escapaba a lo que el librito sobre mi cabeza tenía escrito para mí, fue irresistible, y no me arrepiento de haber tomado ese camino.
"Ahora, quizás todos ustedes vivan una vida distinta también por ello. Pero no es solo mi decisión: las decisiones de todos nosotros construyen cada nuevo día de nuestras vidas, en un futuro diferente y emocionante en el que valga la pena vivir, en el que las cosas sean incluso mejor, quizás, de lo que hubieran sido si hubiéramos tomado todas las decisiones más probables y esperables.
Afuera, en el resto del mundo, mientras el mago leía esto, los muggles y los magos se encontraban en las calles de todas las grandes ciudades del mundo, ahora que el Estatuto del Secreto había caído. En ninguna parte del mundo hubo inconvenientes, luchas, guerras ni nada parecido entre los dos pueblos: magos y muggles se tendieron la mano en todos los rincones del mundo; los magos mostraban sus varitas a los muggles, que las miraban muy impresionados, y hacían pequeñas demostraciones de hechizos que los deslumbraban.
Allí mismo, en Londres, el Caldero Chorreante eliminó todos sus encantamientos de disimulo ante muggles y abrió las puertas por completo, en la parte frontal y trasera, para que todos los muggles pudieran ingresar al Callejón Diagon, y compartieron con ellos la magia. Los muggles iban por los senderos del lugar, sin poder creer lo que veían sus ojos, y aunque no pudieran hacer magia se sentían parte de ese mundo al recorrer sus calles, hablar y socializar con los magos.
"El mundo quizás no sea igual", siguió leyendo el pequeño mago, de la carta de Harry. "Quizás, no tengamos idea de qué va a pasar en el futuro ahora".
Ron y Hermione compartieron una mirada, y entonces cada uno de ellos volvió a mirar hacia adelante.
"Pero les deseo de todo corazón, amigos, que disfruten lo más posible lo que sea que esta vida tenga para ofrecerles, y que la vivan con intensidad y mucha felicidad. La vida es para vivirla, y para ser feliz, y para hacer toda clase de locuras que sean necesarias para que valga la pena".
El pequeño mago hizo otra pausa, mientras una sonrisa se dibujaba en ellos ante esas últimas palabras de Harry.
"Bueno, finalizando con esto, si llegara a pasarme algo en la batalla, quiero que todas mis pertenencias materiales, sea esto oro, propiedades, o lo que sea, sean donadas a las personas que más lo necesiten: a magos, muggles, quien sea, que esté pasando hambre, pobreza o viviendo una vida desafortunada. Sé que mis amigos se encargarán de transformar todo ese oro en la moneda que corresponda, y ayudar a alguien, en alguna parte del mundo.
"Sé que no es tanto como para solucionar la vida de siquiera una persona que no haya tenido la suerte de tener la vida que tuve yo, pero al menos que sirva para alegrar a alguien unos días. Ese es mi último deseo.
De esa forma, los chicos vendieron la casa de Harry y sus cosas de más valor, y junto con su montoncito de oro de Gringotts usaron todo el dinero para comprar comida y repartirla en lugares de África y otros países necesitados del mundo, donde alcanzó para armar algunas grandes comidas comunitarias que, como decía Harry, si bien no le solucionaron la vida a nadie sirvieron para darle una alegría a más de una persona necesitada.
"Las cosas que no sean de valor, como libros, objetos y esas cosas, quiero que vayan para quien sea que esté interesado en ellas, de mis amigos. Pero, por favor, no guarden nada con el objetivo de recordarme. No me interesa que nadie se ponga sentimental por mí guardando algún objeto en un cajón, para recordarme ni nada parecido.
De esto, lo único que no supieron bien cómo manejar fue la casa en Grimmauld Place. Estaba tan llena de cosas de los Black y de hechizos que impedían venderla, que la mejor decisión fue dejársela a Sirius. Sin embargo, él no quiso vivir allí, y en cambio se las ingenió para venderla por completo, deshaciendo los hechizos de a poco, hasta que ya toda la propiedad fue transformada en dinero que luego donó a gente necesitada también para cumplir con la voluntad de Harry.
"Finalmente, cremen mi cuerpo y arrojen las cenizas sobre Hogwarts, a muchos metros de altura en una escoba de Quidditch. Supongo que Ron y Hermione serían los mejores candidatos para hacerlo, si gustan.
Y, tal como lo decía la carta, los dos muchachos lo hicieron, más tarde, subiendo con las cenizas de Harry en escoba tan alto como pudieron sobre Hogwarts, abriendo el cofre y lanzándolas en el viento, y observando cómo se perdían en el azul cielo de ese nuevo día.
"Gracias a todos por haber formado parte de mi vida", acabó de leer el pequeño mago. "Una vez más, les deseo que sean felices, que vivan vidas llenas de experiencias y momentos de risas, llantos, que a veces son necesarios, amistad y amor."
"Los quiero a todos. Harry".
El pequeño mago terminó de leer y enrolló la carta nuevamente. Les dirigió una leve sonrisa y les tendió la carta, para que la conservaran.
Ron sostuvo la carta en sus manos, con expresión de tristeza, y luego se la tendió a Hermione. Ella la miró, derramando lágrimas, y entonces se la pasó a Ginny. Compartiendo una mirada con Hermione, Ginny la tomó y asintió.
-Gracias –dijo, guardando la carta-. De todas formas, Harry dijo que no quería que guardemos cosas que nos recuerden a él… Así que supongo que lo mejor será deshacernos de la carta también.
Ellos estuvieron de acuerdo, la colocaron en el suelo y apuntaron juntos con la varita haciendo que la carta se prendiera fuego lentamente, hasta desaparecer sin dejar cenizas, con el hechizo.
Los tres se marcharon de la salita, hacia el Gran Salón. Allí, muchas brujas y magos hablaban sobre todo lo ocurrido y sobre todo lo que estaba pasando en el mundo mágico, y en la inesperada unión con los muggles.
Sin embargo, aún habría un tiempo en el que a Ginny, Ron y Hermione esas cosas no los interesarían demasiado.
Habría un tiempo en el que, por el momento, sería muy difícil poder cumplir con la más ambiciosa de las voluntades que Harry había transmitido en su carta: su encarecido pedido de olvidarlo, continuar con sus vidas y ser felices.
