39. El viaje final
-¿Qué harás ahora? –preguntó Ron.
Él y Hermione estaban en el puente de ingreso al castillo, mirando el paisaje a través de los bordes de piedra hacia los terrenos que descendían y se perdían en la distancia.
-McGonagall volvió a darle el año por regalado a todos –dijo Hermione, encogiéndose hombros y sonriendo-. Supongo que el mundo no quiere que de los ÉXTASIS… ¿quién soy yo para oponerme al mundo? No los daré, y ya.
Ron sonrió también, y asintió con la cabeza, mientras miraba el paisaje con su cabello rojo ondeando con el viento.
-Voy a investigar el tema del mundo de los muertos –dijo entonces ella-. Aún está ahí, ¿sabes? Y las armas que pueden transportar gente dentro y fuera de él aún existen. Hablé con Kingsley y la presidenta del MACUSA, y todos están de acuerdo en destruirlo todo para siempre. Tanto esa dimensión, como las armas. También las de George y Oliver. El tema es que aún no saben bien cómo, y me pidieron ayuda para descubrirlo.
-Wow, eso es increíble –dijo Ron-. Felicidades.
-No es nada –dijo ella.
-Es un gran trabajo para iniciar tu vida como bruja recibida de Hogwarts. Finalmente. ¿Qué mejor para tu currículum que un primer empleo ayudando a los ministros y presidentes de Estados Unidos e Inglaterra a destruir un mal internacional?
Hermione lo miró con el ceño fruncido.
-¿Hablas en serio? No me interesa nada de eso, Ron –lo examinó con atención-. Y sospecho que a ti tampoco.
-No, es cierto –coincidió él-. No me interesa tener un futuro laboral, ni nada así.
-¿Qué harás tú? –quiso saber ella.
Ron dejó que su mirada se perdiera aún más en el horizonte.
-Yo tampoco quería ser auror realmente, ¿sabes? –le confesó entonces-. Y no quería trabajar en Sortilegios Weasley. Supongo que me pasaba lo mismo que a Harry. Nunca tuve en claro ningún futuro para mí… Solo que… -hizo un esfuerzo por pronunciar las palabras-. Solo que yo no pude tener mi final, como él.
Hermione lo miró boquiabierta.
-No digas eso, Ron.
-¿Por qué no? –él la miró a los ojos-. Él y yo siempre estuvimos juntos, siempre pareció que íbamos a compartir el mismo futuro… Debí haber muerto también.
-Ron –ella negó con la cabeza, y con cuidado le puso una mano en el hombro, mientras él agachaba la cabeza.
-Así que no sé qué haré –dijo él, cabizbajo-. No tengo nada por qué vivir, ningún futuro. ¿Sabes qué haré? –entonces levantó la cabeza nuevamente-. Voy a irme, eso haré. Ya lo he decidido. Me iré lejos, para siempre. No voy a regresar aquí.
Hermione lo miró muy sorprendida.
-Iniciaré un largo viaje, por todo el mundo –siguió Ron, que hablaba muy en serio-. Voy a ser feliz, como quería Harry. A viajar. A conocer el mundo entero, y si de paso puedo a ayudar a alguien que esté en problemas en el camino, también lo haré.
-Creo que… -Hermione lo miró de nuevo y pensó antes de contestar-. Creo que es una buena idea –asintió-. Te ayudará a buscar tu lugar en el mundo… el recorrerlo.
-Sí, así es.
-Pero voy a extrañarte si te vas –le dijo ella, mirándolo a los ojos.
Ron le devolvió la mirada, le dirigió una media sonrisa, y entonces se abrazaron, un abrazo amistoso y de cariño.
Así fue que, días después, hubo una gran despedida para Ron. Organizada en el jardín de La Madriguera, con un gran banquete, todos los Weasley festejaron para despedirlo.
Con George, estaba también Evangelina, que sonrió a Ron y le dio un abrazo de despedida cuando la celebración ya finalizaba. Oliver y Hagrid lo abrazaron también, este último sin poder dejar de derramar lágrimas.
-Te extrañaré, hermano –dijo Percy, abrazándolo también. Tras él, Charlie se le lanzó encima en un abrazo exagerado, al que Bill se unió por detrás, muy triste.
-Te ecstlaguialé –dijo Fleur, muy conmovida y besándolo en ambas mejillas.
Ron, poniéndose rojo, se apartó de ella para abrazar a Luna y Neville, que casi de derrumban en llantos al hacerlo.
-Te extrañaré, pequeño traidor a la sangre –dijo Malfoy, extendiéndole los brazos. Ron lo miró con un poco de enfado ante esas palabras. -¡Oye, es broma! Lo digo sin siquiera pensar en el significado. Ven acá. –Malfoy lo abrazó y Ron sonrió mientras lo abrazaba también y se apartaba dándole una palmada en el hombro. Luego de despedirse de Goyle también, abrazó a Sirius y a Steve, que estaba allí con su familia.
-Casi no pude conocerte –le dijo Steve, con una sonrisa-. Pero estoy seguro de que hubiéramos sido grandes amigos.
-¿No vas a volver al futuro? –le preguntó Ron, curioso-. Supongo que aún habrá algunos giratiempos por allí.
-Mi familia pertenece a este tiempo –explicó Steve, señalando a su mujer y sus hijas-. Así que mi lugar es aquí, con ellas.
Ron asintió, contento. Steve y Hermione habían tenido ya un reencuentro en el que habían podido asimilar juntos la extraña situación de ser madre e hijo cuando él era dos veces más grande que ella en edad, y tenía una familia propia.
-Te echaré de menos, Ron –Sirius lo abrazó, bastante emocionado-. Escríbeme si necesitas algo, cualquier cosa. Ahora que tengo magia nuevamente, volaré con Buckbeak a donde sea que necesites. He viajado bastante, así que puedes contar conmigo si necesitas consejos también. No dudes en hacerlo.
-De acuerdo, sí –dijo Ron, asintiendo y sonriéndole-. Te escribiré.
Se estrecharon las manos, y entonces Ron giró para despedirse de los que faltaban. Ante él, estaban primero sus padres, que no pudieron parar de llorar, ambos, mientras lo abrazaban.
La señora Weasley, desconsolada, no quiso apartarse de su hijo y siguió abrazándolo hasta que había pasado tanto tiempo que tuvieron que pedirle gentilmente que lo soltara para no asfixiarlo. El señor Weasley le dio un regalo: una brújula muggle que había modificado mediante magia.
-Guárdala bien –le dijo, tomándolo de los hombros y mirándolo a los ojos-. Si alguna vez, por cualquier motivo, necesitas regresar a casa, te mostrará enseguida el camino.
Ron sonrió y abrazó a su padre nuevamente.
Entonces, giró y se encontró cara a cara con su hermana, una de las únicas dos personas que le faltaba saludar.
-Vete antes de que llore yo también –le dijo Ginny, y le dio un abrazo fuerte. Ron se apartó de ella, giró nuevamente, y se encontró con Hermione.
Esta lo miró con una sonrisa, pero sin poder parar de llorar.
-Tranquila, Hermione, somos magos –le recordó Ron, sintiéndose apenado por cómo se había puesto la chica-. Podemos aparecernos y desaparecernos a kilómetros de distancia. No es tan malo… -entonces la tomó de una mano y la miró tratando de hacerla sonreír-. Estoy seguro de que volveremos a vernos.
Ambos se abrazaron con fuerza, pero Hermione no consiguió sonreír, sino que lloró más y más, sin poder parar.
Finalmente, se apartaron, y Ron caminó hasta el lugar donde estaba su traslador y su equipaje: un pequeño bolso marrón que Hermione había extendido mediante magia para que pudiera meter todas sus cosas dentro.
-¿A dónde empezará tu viaje, mocoso? –le preguntó George, cruzado de brazos.
-No me digas mocoso –lo reprendió Ron, colgándose el bolso al hombro y tomando el traslador-. Empezaré por el sudeste asiático –dijo entonces-. Quiero ver playas de arena blanca y climas tropicales.
-Pero es en el hemisferio sur, Ron, es invierno allí ahora –dijo entonces Hermione.
Hubo un instante de silencio donde nadie dijo nada, y entonces todos rompieron sorpresivamente en fuertes carcajadas. Fue como si todo lo que un segundo atrás había sido tristeza, de pronto se convirtió en risas.
-¡Oigan, no se burlen! –protestó Ron, sonrojándose-. No sabía que era invierno allí… Entonces me quedaré menos tiempo del pensado, y me iré a otro lado. A…
-No tienes idea de cómo moverte solo por el mundo, ¿verdad? –se burló George, sin poder parar de reírse.
-¡Sí que la tengo! –Ron estaba que echaba humos, mientras su conmovedora despedida acababa de convertirse en una embarazosa comedia donde todos sus amigos se burlaban de él-. ¡Basta! Dejen de arruinar mi momento.
-¿Sabes qué, hermano? –dijo Percy entonces, dando un paso adelante-. Iré contigo.
-No –Ron se apartó de él, sujetando su bolso y su traslador con fuerza-. Tú no vienes conmigo, me voy solo.
-De acuerdo, yo iré contigo –dijo Charlie, pero Ron tampoco lo dejó.
-Yo iría, me gusta la idea, pero tengo que atender mi negocio –dijo George.
-Y yo tengo que hacer desaparecer el mundo de los muertos, pero puedo unirme a tu viaje cuando termine –dijo Hermione, sonriéndole finalmente. Ron miró a Hermione y le asintió levemente.
-De acuerdo, vamos –entonces, Ginny revoleó los ojos, como quien no quiere la cosa, y avanzó hasta quedar junto a su hermano-. Yo te acompañaré, así no te pierdes.
-No voy a perderme –repitió él, molesto, pero dejó que Ginny se quedara a su lado. Rápidamente, Ginny apuntó hacia su cuarto y convocó todas sus cosas, que salieron volando por la ventana y se metieron en el bolso de Ron.
-Oh, Ginny –la señora Weasley se tapó la boca con una mano, negando con la cabeza.
Todos se despidieron de Ron y Ginny, y entonces los hermanos finalmente se fueron, transportados lejos de allí con el traslador. Ambos se emprendieron en aquel viaje a lugares lejanos, un viaje que tenía como objetivo, como había explicado Ron, vivir el resto de sus vidas como les había deseado Harry: siendo felices, viviendo aventuras por todo el mundo y redescubriendo, entre otras cosas, a ellos mismos.
Lentamente, todos se fueron dispersando, en silencio, y la celebración en La Madriguera llegó a su fin.
Finalmente, todos regresaron a sus nuevas vidas:
Luna y Neville, de la mano, fueron hacia el Callejón Diagon, donde tenían su nueva casa donde vivirían juntos, cerca de su tienda.
George y Evangelina se fueron juntos también allí, hacia su departamento, donde pasarían largo tiempo siendo felices juntos, tomando helados con Oliver y disfrutando el verano juntos.
Hagrid regresó a su cabaña, junto a Fang, y dos nuevos ocupantes: Sirius y Buckbeak.
-Tendremos que ampliarla mediante magia –dijo Sirius, observando la cabaña, al entrar-. Puedo hacerlo, en un par de semanas podría construirme una habitación de aquel lado, y un pequeño establo para Buckbeak en el fondo.
-¿Crees que puedas hacerle una habitación a Grawp también? –le preguntó Hagrid, muy emocionado. Sirius miró al gigante hermano de Hagrid, que le sonreía desde lo alto, y le dirigió a Hagrid una sonrisita nerviosa.
-Sí, claro… Supongo que puedo intentarlo.
Percy, entretanto, regresó a su departamento de Londres y, poco después, se puso de novio con un mago francés llamado Alexandre Faure-Dumont, con el que adoptaron dos niños.
El señor y la señora Weasley terminaron su tratamiento en San Mungo, recibieron el alta médica y no tuvieron ninguna secuela de los problemas mentales que habían tenido semanas atrás. Rehicieron sus vidas en La Madriguera y vivieron felices allí.
Bill y Fleur regresaron finalmente a su casa, y poco tiempo después tuvieron un bebé al que llamaron Harry Weasley.
Goyle y Malfoy regresaron con sus familias, pero poco tiempo después decidieron abrir una fundación que ayudó a colaborar con el entendimiento entre magos y muggles, ahora unidos, instruyendo a los muggles sobre el mundo de los magos y explicándoles cómo funcionaba este, con cursos, videos y charlas para entenderse y poder vivir juntos en paz y armonía.
Charlie volvió a Rumania, finalmente, se casó con una bruja de allí y tuvieron cuatro hijos y tres hijas, dándole la mayor cantidad de nietos a los señores Weasley que cualquiera de sus hermanos.
La familia Adams regresó a la ciudad de Oxford y rehicieron su vida, levantando en medio de esta ciudad inglesa el primer monumento mágico construido visible para los muggles: un monumento a Harry Potter.
Vincent McGreggor regresó a Hogwarts, y se convirtió en el primer profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras que impartió la materia por más de un año consecutivo en mucho tiempo. Al mismo tiempo, el mayordomo Edward regresó junto a su amo Steve, sirviendo a la familia nuevamente en su mansión.
-Gracias por haber venido… mamá –le dijo este último a Hermione una noche, en que la chica asistió a la mansión para cenar junto a los demás. Cuando esta se retiraba, al finalizar la velada, el hombre la acompañó a la puerta y la despidió con una sonrisa. –Sigue siendo muy extraño finalmente poder pasar momentos contigo… Y es muy raro, sin ninguna duda, pero me agrada que hayas venido.
-Gracias a ti, Steve… hijo –dijo ella, riendo por lo extraño que se le hacía aquello, y dándole un abrazo.
-¿Puedo hacerte una pregunta? –le dijo él entonces, con curiosidad-. No quiero faltarte el respeto ni nada, pero me estaba preguntando… -se notaba que no sabía cómo hacer la pregunta.
-¿Te estás preguntando si yo estoy embarazada de ti en este momento? –le preguntó ella. Él la miró y adoptó una mueca que indicaba que había acertado.
-No, no estoy más embarazada –dijo ella, a lo que él adoptó una mueca mezcla de alivio y mezcla de incomprensión-. Déjame explicártelo… El tiempo no es como creíamos. En realidad, viajar en el tiempo constituye una alteración a las leyes naturales del mundo. El giratiempos que yo usaba en la escuela, que es el mismo tipo de giratiempos que usó Harry para volver al pasado hace unas semanas, altera la realidad sin cambiarla realmente.
"Es decir, vuelves al pasado, pero todo lo que haces allí ya había pasado realmente, porque tú lo habías hecho al volver al pasado.
-Lo sé –dijo él, asintiendo-. Es que, en ese caso…
-Pero el giratiempos que tú usaste, en cambio –siguió ella-, era de otro tipo. Tenía otra magia distinta dentro. El que tu hermano usó, mejor dicho. Ese giratiempos, al regresar al pasado, crea una nueva realidad, una nueva línea temporal, donde ocurren los acontecimientos que modifica allí. De esa forma, al haber regresado ustedes al pasado con ese giratiempos, la realidad que vivieron aquí, en el pasado, no estaba ya escrita y definida, como ocurre con el otro, sino que ustedes la fueron construyendo con sus acciones aquí. Las acciones de Christopher hicieron esta nueva realidad en la que estamos viviendo, una nueva y distinta línea temporal, una realidad donde yo había quedado embarazada, pero…
Ella clavó los ojos en su hijo entonces.
-Pero debiste seguir embarazada igualmente, si ya lo estabas –dijo él, adivinando sus pensamientos, y pronto descubriendo la verdad con la inteligencia que había heredado de ella. -¿Me abortaste?
-A ambos –explicó ella-. El otro día. No tenía sentido seguir adelante. Si no, Christopher nacería nuevamente. Además, a ti ya te tengo… aquí.
Él asintió, comprendiendo, y se abrazaron.
-No voy a desaparecer de pronto, ¿verdad? –bromeó él, al separarse de ella-. No me desvaneceré en el aire, ni nada parecido, ¿no es así?
-¡No! –dijo ella, riendo-. No es así como funciona. Tu simplemente vienes de otra realidad, otra línea temporal, y al aterrizar aquí se construyó esta nueva. Así funciona la magia del giratiempos que usaron ustedes. Era un giratiempos distinto.
-Deberían destruirlos todos de una vez –dijo él, aliviado-. Para que no vuelva a ocurrir algo así.
-Sí, no será tan simple –le dijo ella-. Aunque destruyamos los giratiempos, las distintas realidades que se han creado seguirán existiendo… Es cuestión de seguir adelante con la vida, y ya. Cuando acabe con el tema del mundo de los muertos, quizás me ponga a investigar eso…
Hermione hizo una pausa, se despidió de él y se marchó de allí.
Cuando se reapareció de vuelta a kilómetros de distancia, en Hogsmeade, en una casita pequeña que estaba alquilando allí para vivir mientras tanto, Hermione se quedó pensativa, mientras abría la puerta de la casa y entraba.
Quizás fuera a dejarle a otros magos y brujas la tarea de acabar de desenredar esos embrollos. Después de todo, ahora estaban viviendo en un nuevo día. En una nueva vida.
Una nueva oportunidad para que ella también dejara de preocuparse, y pudiera dedicarse a hacer lo mismo que Ron: cumplir el deseo de Harry, el deseo de que sus amigos alcanzaran la felicidad y vivieran sus vidas disfrutando cada momento.
Hermione acarició a su gato Crookshanks, se quedó pensativa un rato más, y de pronto se incorporó de un salto, decidida, y haciendo que el gato se llevara un sobresalto.
-Tienes razón, Crookshanks –le dijo, y el gato la miró sorprendido, como diciéndole que él no había dicho nada-. Vamos a dejarle estas tareas difíciles a Kingsley y a otros magos. ¡Rápido, a buscar las cosas!
Emocionada, Hermione salió corriendo por la salita en busca de su bolsito de cuentas y su ropa.
-¡Prepárate, Crookshanks! –dijo, con alegría-. ¡Vamos a buscar a Ron y a Ginny! Yo sé dónde hay playas paradisíacas donde sea verano ahora. ¡Nos vamos de viaje!
FIN
