¿Qué les parece el nombre Kate? ¿Simple? ¿Insulso? Se nota que no se me da muy bien bautizar personajes, ni tampoco actualizar en orden.
Para más datos, mi inspiración de Kate sale de Kate Moss, la imagino físicamente igual. (¿Ven? no soy nada original con los nombres) No sé, en el auto camino a mi casa y mientras escribía sobre ella por primera vez, me pareció una buena idea.
Grandes éxitos
— ¿Por qué Merle no viene adentro? — preguntó Kate. A Daryl le pareció que su voz podría confundirse fácilmente con la de una de sus compañeras de colegio.
Le dio otra pitada a su cigarrillo y Daryl aspiró con fuerza ese humo del Virginia, el humo de su mamá.
— Debe estar charlando con James, querida — dijo Dolly en plan de calmarla. Temblaba, y Daryl parecía asustado.
— No quiere verme. Es obvio — manifestó casi gritando. Daryl la miraba, sin parpadear. — Daryl, cariño… — dijo volteándose hacia él, apagó su cigarrillo en un cenicero que Dolly le alcanzó en ese mismo momento y lo miró directo a los ojos. Extendió una mano hacia la cara de su hijo y lo acarició lo mejor que pudo. Él no se movió. — Tú no eres como Merle, tú sí me quieres, ¿verdad, cariño? — preguntó buscando indulgencia, algún tipo de perdón.
El humo que salía de su boca abrumó a Daryl casi tanto como sus palabras. Murmuró un sí que sólo Kate pudo escuchar. Tenía la voz grumosa y salía con dificultad.
Dolly depositó en la mesa una bandeja con dos tazas de té de hierbas. Ajena a toda la situación.
Daryl olió de nuevo, distinguiendo cada una de ellas, pero sin dejar de mirar a su mamá. Sus miradas parecían conectadas por hilos invisibles.
— No te vayas más — dijo.
Y no, no se refería a irse de la casa. Tampoco a la cocina. Lo que no quería era que ella se fuera de ella misma.
— No lo haré — prometió.
Daryl fingió que esa no era una promesa vacía y sonrió. Tomó una de las tazas y se la extendió a su mamá, que la tomó con dificultad.
— ¿Estás bien, querida? — preguntó Dolly en ese tono que sólo a ella le puede salir. Ameno, cariñoso, delicado, el tono de una madre que ama a pesar de lo que fuera.
— Debe ser alguna consecuencia del coma — dijo como si no fuera importante.
Miró a Dolly suspirar y mirar al cielo. Aún creía que aquello había sido un milagro. Daryl sonrió, él sabía la verdad.
— Daryl, cuéntame cosas del colegio — pidió Kate con voz de niña.
Le habló sobre sus compañeros, sobre sus maestros y sobre el señor Torres hasta que Merle y James entraron con una gran caja. Salió de su trance y corrió hacia Merle.
— ¿Qué hay ahí? — le preguntó mirando la caja con curiosidad. James pasó por su lado y le acarició la cabeza antes de sentarse en la mesa junto a su esposa y su hija. Luego pidió té.
— Aire — respondió Merle apartándolo.
— ¿Aire?
— Ya, enano, es un televisor nuevo… Déjame espacio para acomodarlo.
Daryl no respondió, simplemente se apartó del camino y dejó a su hermano espacio para apoyar la caja en el piso mientras buscaba un cuchillo. Hecho eso, lo apoyó sobre la caja y la volvió a levantar, antes de irse rumbo a la sala. Daryl esperó unos segundos antes de seguirlo. Mientras, observó cómo Kate tomaba té y hablaba con James. Dolly caminó hacia él y lo tomó de la mano.
— Ven, vamos a poner algo de música — lo invitó ella, sonriendo.
Entraron en la sala y ella tomó un disco de la pila que había amontonada en una pequeña mesa. Sidney Bechet, leyó.
Se aproximaron al tocadiscos.
— Esto, Daryl — le dijo meciendo la caja frente a él — fue grabado en los años cincuenta.
Abrió los ojos sorprendido. Eso era mucho tiempo. Dolly sacó el disco de pasta y lo acomodó con suavidad en el aparato.
— El álbum se llama Leurs Grands Succès… volumen cuatro — aclaró luego de fijarse.
Daryl rió. Ese era un idioma muy raro.
— Escucha, esta canción se llama "Si tu vois ma mère". Es hermosa… escucha ese saxo… — decía como cautivada, disfrutando tanto de aquella música que aquel sentimiento se extendió hacia Daryl. Saborearon cada nota y Daryl casi pensó que se sentía más alegre, más risueño. Incluso había olvidado la imperiosa necesidad de saber lo que había dentro de la caja de Merle. Ahora el único misterio que le interesaba era aquella música que le embriagaba.
Entre el espacio que hubo entre la primera y segunda canción, alcanzó a llamarlo. Quería invitarlo a vivir aquello. Dolly sonrió al ver a su nieto mayor acercarse.
"Dans les rues d'Antibes" comenzó y allí estaban ambos Dixon junto a su abuela, tratando de alargar esa serenidad que la música les transmitía. Se sentaron en el sofá y escucharon el resto del disco mientras James se las arregló para terminar el trabajo de la instalación del televisor. Luego Kate se sumó a ellos. Daryl se levantó para entregarle su asiento y luego se sentó en su regazo. James, que veía la escena desde lejos, no pudo evitar la tentación y fue a su habitación en busca de su cámara. Volvió, con ella en mano, y se puso de pie frente a la familia. Disparó una, dos, tres veces. Ese momento debía quedar retratado. Luego la colocó en temporizador y se sumó a la imagen, dejando ese momento para siempre grabado en sepia.
