¡30! Quería llegar el capítulo treinta antes de que se acabe el mundo a las 12 hs, 12 minutos, 12 segundos. Sí, hoy es 12/12/12. Creepy, ¿no? Otra cosa creepy, hoy cumplo 21 años, 12 al revés, creepy.
En el drabble de hoy pasan muchas cosas, como siempre. Como siempre empiezo con una idea y termino con otra. Bueno, me voy, tengo que responder mensajes de texto (cumpleaños 2.0).
Aún estoy indignada porque no hay ninguna historia sobre Axel. ¿Qué les pasa a los fan fickers de hoy en día?
Don't fuck it up
Les contó con soltura sus andanzas por la calle Beale. Cómo era tan natural caminar por allí y escuchar a personas como B.B. King y Rosco Gordon hacer sonar sus respectivos guitarra y piano. Merle parecía escandalizado, lo que llegó a divertir a Daryl y parecía no inmutar a James.
Eran alrededor de las diez de la mañana, domingo, el sol brillaba e intentaba iluminar la habitación lo más posible, procurando no dejar ni un centímetro de sombra, aprovechando que las persianas estaban arriba, haciendo su trabajo. También había algo de viento, calmo e inofensivo, pero que sin embargo obligaba a mantener cerrados los vidrios de las ventanas.
Era el cumpleaños de Dolly y lo festejarían todos juntos en un parque cercano.
— ¿Las mujeres no se han levantado? — preguntó James a Merle, mientras prendía la radio.
— Al parecer no — respondió rascándose el cuello. — Enano, ve a ver.
Daryl se levantó con dificultad del sillón y se fue rumbo a la habitación de su abuela.
— Merle… — lo llamó James. — ¿Quién era la chica que estaba contigo en la puerta?
Se congeló. El viejo lo había estado espiando.
— Una vecina — dijo a la vez que se cruzaba de piernas.
— Yo ni siquiera sé tu nombre pero te amo igual. Si dejas que te tome de la mano, entonces, creo que podría hacer que me entiendas — cantó James en compañía de B.B., tal vez pensando que la letra de la canción se ajustaba a la situación. — ¿La conoces?
— Ya te lo he dicho, es una vecina, claro que la conozco — comentó ofuscado.
— Simplemente cuánto te amo, amarte de la forma en que yo te amo, entonces te tomarías la noche para amarme también — siguió mientras Dolly aparecía por la entrada de la sala y caminaba hacia él. James la tomó de una mano y posó su otra mano en su cintura antes de comenzar a bailar.
Daryl, que venía detrás, se quedó mirando la escena con fascinación. Merle resopló y se puso de pie para irse de allí, hasta que a medio camino se topó con su madre. Se miraron incómodos. King terminó de cantar y le dio paso a James Brown, que inundó el ambiente con su "I don't mind". Ella trató de decir algo, pero otra cosa la detuvo. Su hijo.
— Me alegra que estés aquí, Daryl te necesita — dijo sin mirarla. — Sólo… no lo arruines.
Kate contuvo la respiración mientras Merle desaparecía rumbo a la cocina. Daryl, al verla sola, se aproximó a ella y le abrazó una pierna.
— Feliz cumpleaños, mamá.
— Gracias, hija.
— Muy bien, ¿qué les parece si nos preparamos? Es un día hermoso — dijo James dirigiéndose a Daryl.
— Iré por mi mochila — dijo antes de irse por el mismo lugar que Merle.
— ¿Estás lista? — le preguntó James.
Dolly se le acercó y la tomó de la mano.
— Lista.
En menos de quince minutos estaban todos a bordo de la Ford, rumbo al parque. Eran sólo algunas cuadras de distancia, pero llevaban muchas cosas y Dolly no estaba precisamente en condiciones de caminar.
El primero en bajar fue Daryl, que sería el encargado de encontrar el lugar adecuado para extender el mantel. Corrió hacia un espacio con luz solar que había entre algunos árboles y comenzó a quitar las piedras que había tiradas por allí mientras esperaba al resto. Tomó su mochila y sacó el mantel, lo desdobló y colocó en el suelo cuidadosamente. Luego lo aseguró con su mochila y algunas de las piedras que había removido.
— Buen trabajo, pequeño — lo felicitó James.
Merle gruñó, se sentó en el mantel y sacó un cigarrillo. Daryl lo miró para regañarlo pero desistió de la idea, lo que menos necesitaban aquel día era estropear el buen humor de Merle. Ya había sido demasiado con que aceptara a salir con ellos y su mamá.
Acomodaron las sillas de jardín que habían traído, eran dos, una para cada dama.
— Pónganse cómodas — les dijo James mientras le pasaba a su nieto mayor un cenicero. — Sabía que al llegar eso sería lo primero que harías, tómalo.
Daryl creyó haber oído un "gracias", pero probablemente era su imaginación.
— Juguemos al dominó — le pidió a su abuelo, sacando las fichas.
— Veo que no me queda más remedio — bromeó James, haciendo reír a las mujeres.
Merle aprovechó para mirar la situación en la que se hallaba. Dolly y Kate hablaban animadamente, probablemente alguna idiotez de mujeres. Daryl y James daban vuelta las fichas, mientras el viejo le decía algo a Daryl sobre los árboles que los rodeaban. Y él, en el medio de todo, estando y no estando. Respirando el mismo aire que ellos y al mismo tiempo tratando de evitarlo, porque de alguna forma le daba asco.
— Hijo, ¿podrías sacar los vasos? — preguntó Kate tímidamente. La miró y ella bajó la mirada. Dolly le acarició un hombro.
No dijo ni sí ni no, pero se puso el cigarrillo en la boca y tomó la canasta. Sacó cinco vasos.
— Gracias — dijo Dolly.
— De nada, mamá — dijo antes de expulsar una bocanada de humo que hizo toser a Daryl.
— Merle, ten más cuidado — pidió James, mientras le golpeaba la espalda a su nieto.
— Sí, como sea — murmuró Merle sacando otro cigarrillo.
— ¿Por qué no esperas un poco? Bebe un poco de jugo — dijo sirviendo un poco en el último vaso.
No dijo nada más, simplemente tomó el vaso que le ofrecía James y se prendió otro cigarrillo.
— Es un día precioso — dijo Kate, rompiendo el silencio.
— Sí, porque es el cumpleaños de la abuela — dijo Daryl tomando una ficha del montón.
— Exacto, pequeño — lo secundó James, buscando entre las suyas alguna que contenga el número tres.
— Nada podría arruinarlo — dijo Dolly mirando a su hija.
Merle sonrió. Claro que había cosas que podría arruinar ese día. Entre ellas, Kate. Luego la lluvia. Luego Jack. Luego el viento. Luego Kate y Jack.
Kate y Jack, viento y lluvia.
— Merle, ¿me das un cigarrillo?
Levantó la vista y observó que la pregunta provenía de su madre. Sin poder contestar, se levantó y le alcanzó la caja. Ella la tomó con delicadeza, sacó uno, lo prendió y dio la primera pitada antes de devolvérsela.
— Muchas gracias, hijo.
— De nada, mamá — dijo. Esta vez sonó sincero, correcto.
Merle estaba perplejo. Tal vez la charla con James había causado algún efecto en él. Kate no tenía la culpa de que Jack fuera una basura. No tenía la culpa del maltrato de él hacia sus hijos, ni del maltrato de él hacia ella. Kate, incluso, había intentado protegerlos. Si no estaba con ellos, era sólo para mantener a Jack alejado, entretenido, descargando su estupidez y sed de violencia contra ella.
Volvió a su lugar todavía pensando.
— No, nada puede arruinar este día — dijo James sacando unos sándwiches. — Nada.
