Lamento informar que Reedus y Rooker al parecer se tomaron vacaciones y ya no están a mi alrededor incitándome a que actualice Dixon Blood. Espero que vuelvan en los próximos días, ¡necesito inspiración!
Pero si su ausencia significa tener nuevos lectores (como hasta ahora significó), creo que los voy a dejar tomarse un respiro de mí (o que ellos me den un respiro de ellos). Estamos por llegar a las dos mil visitas (cosa que nunca imaginé) por lo que se viene una celebración en D-Blood...
Más simpática
La convivencia con Kate en la casa se hizo mucho más difícil a medida que pasaron los días.
Durante los primero días, tanto ella como Merle consiguieron evitarse casi sin esfuerzo. Él trabajaba durante todo el día y llegaba a la noche. Ella pasaba el día con Daryl y se acostaba antes de la llegada de Merle, por el efecto de los ansiolíticos. Por lo tanto, todo parecía tranquilo. Dolly llegó a tener la esperanza de poder tener no solo a sus nietos viviendo con ella, sino también a su hija.
La misma que los había abandonado para refugiarse en los brazos de Jack, más de veinte años atrás. La misma que le informó de su primer embarazo a través de un telegrama. Aún lo tenía guardado. Le había escrito algo como "Jack me embarazó. Lo llamaré como papá".
Y así fue. Su primer nieto llevaba nada menos que el segundo nombre de su abuelo. Dolly entonces tomó aquello como un intento de acercamiento de parte de su hija, aún ante la negativa de James. Días después, durante la noche de navidad de ese año, se apareció en la habitación de hotel que Kate y Jack compartían. Esperaba que su hija la recibiera y pudieran resolver sus problemas para que ella volviera a casa. Así todo volvería a la normalidad y Kate podría recibir a su hijo en condiciones.
Pero no.
Kate tardó semanas para pedirle disculpas a su madre por el golpe que Jack le obsequió como regalo esa noche. Cuando Dolly se apareció en su casa luego de haber pasado por la sala de emergencias, con la cabeza vendada y los ojos hinchados, James casi enloquece. Las disculpas de su hija llegaron en un segundo telegrama y, semanas después, Kate se apareció en su casa, diciendo que lo suyo con Jack había terminado para siempre, por lo que los últimos meses del embarazo de Merle los pasó con sus padres. Podría decirse que en ese momento Dolly no cabía en sí misma de la felicidad, pero la relación entre James y su hija no fue la misma desde entonces.
— Me alegra que hayas decidido hacerle caso a tu madre de una vez por todas — le dijo mientras limpiaba unos cuchillos. Kate no respondió. No podía. — Como dijo Merle, sólo espero que no lo arruines.
— No te preocupes, no lo haré — aseguró poniéndose de pie. — Hablas como si tú fueras diferente a mí, papá. Yo aún recuerdo cómo dejabas a mamá sola por las noches para irte a apostar con tus amigos. Recuerdo cómo le decías cuánto la querías y luego te ibas con tus amigos de viaje por semanas. ¿Tú no?
— Borracha eres más simpática — dijo Merle apareciendo en la cocina.
James tosió y miró a su hija a los ojos por unos cuantos segundos, luego saludó a su nieto y lo ayudó a preparar café.
— Te conseguí lo último de Springsteen — comentó Merle abriendo la heladera. James sonrió y empezó a contarle las críticas que escuchó en la radio de Born in the USA.
— ¿Dónde está Daryl? — preguntó Kate, pero ninguno respondió. La estaban ignorando. Se movió en su asiento y se cruzó de brazos con las piernas sobre la silla, sin dejar de mirar hacia un lado.
Merle aprovechó para verla por el rabillo del ojo. Se ponía en la misma posición de Daryl cuando estaba a punto de comenzar una de sus rabietas. Evidentemente lo había heredado de ella. Además, su madre seguía siendo una niña en muchos aspectos.
Luego de media hora, en la que James y él hablaron de su viaje de cacería, Merle se dirigió a su madre por segunda vez, luego de que James se excusó para ir al baño.
Se sentó en la mesa de la cocina, como acostumbraba hacer cuando vivían en el remolque, y sacó un cigarrillo.
— Se ha ido con Dolly a ver a una de sus amigas — dijo antes de encenderlo. Luego exhaló humo mientras hablaba. — Le compré un regalo hoy. — Pausa. — Está en el sillón frente al tocadiscos. — Kate salió de su trance y miró a su hijo por primera vez. — Quiero que se lo des. Dile que es de parte de su mamá — agregó echando ceniza en el fregadero. Kate asintió y se fue de allí para ver que había traído Merle.
Cuando James volvió y preguntó por ella, él le dijo que habían discutido por fumar cerca de Daryl y que ella se había puesto a llorar y se había ido corriendo rumbo a la habitación de él. James suspiró, sin saber que su nieto le mentía.
— Nunca cambiará — afirmó mientras le indicaba que le pasara el encendedor. — Nunca.
