Me alegra anunciar que mis pequeñas musas, Michael y Norman, han vuelto. Justo para festejar las 2000 views. Yay!
How Napi made the animals
Daryl nunca había visto un papel de regalo tan hermoso.
Miró a su mamá y le agradeció con la sonrisa más grande que fue capaz de articular.
No quería romperlo. No quería, pero la ansiedad por saber qué ocultaba ese estampado de flores blancas era demasiada.
—Anda, ábrelo, hijo —dijo Kate, ocultando con maestría el hecho de que ella también estaba ansiosa por saber qué era aquel paquete, casi tanto o más que su propio hijo.
Daryl la miró por un segundo antes de partir el papel por la mitad, revelando su contenido, pero aún así ocultando gran parte de él.
Era un libro.
No, era el libro más hermoso del mundo. De todos los libros que Daryl había visto antes, ninguno se comparaba con éste. Primero, porque era suyo. Segundo, porque se lo había regalado su mamá. Tercero, porque era realmente hermoso.
El dibujo de unos indígenas sentados alrededor del fuego ilustraba perfectamente el título de la obra. Indian Tales for Little Folks, Cuentos Indios para Gente Pequeña.
Daryl era pequeño.
Esos eran indios.
Todo era perfecto.
Acarició la tapa como si fuera la cosa más valiosa del planeta. Recorrió con el dedo índice las letras que rezaban el título del libro. Luego el nombre del autor, y cómo informaba que esa persona, El Comancho, lo había escrito e ilustrado.
Observó con atención la cara de cada indio. Estaban sentados, probablemente escuchando un cuento del indio más grande. Sonreía y formaba algo con sus dedos. Daryl supuso que estaba haciendo sombras con el fuego. Luego posó la mirada una niña pequeña que estaba sentada junto a un perro. Después notó cómo el fuego hacía proyectar las sombras de todos los presentes en las paredes de la carpa.
Había tanto, tanto para ver en ese libro.
—Mamá, leéme un cuento —pidió sonriendo.
Kate abrió el libro a modo de respuesta. Miró el índice y escogió un cuento al azar. Sabía que no importaba cuál fuera el elegido, Daryl disfrutaría lo mismo.
—Cómo Napi creó los animales —leyó. Daryl se aproximó a ella y apoyó la cabeza en su hombro. —Napi era grande, oh, ¡muy grande! Era el sirviente principal del Sol en los viejos tiempos, cuando el Sol era un gran jefe de fuego que vivía en su casa de campo en el cielo.
Daryl escuchaba con atención, sin querer perder una letra de lo que su mamá leía. Mientras oía, comenzó a mirar los pequeños dibujos que rodeaban al cuento de Napi. Estaban numerados, pero no entendía por qué. Quiso preguntarle a su mamá, pero no quería interrumpirla.
¡Quería hacer tantas cosas!
—El Sol estaba ocupado todo el tiempo calentando el mundo, así que Napi estaba demasiado ocupado haciendo todas las cosas que el Sol quería que se hicieran.
—Ese Napi... —dijo Daryl. —Pobre, trabaja mucho —dijo asomándose por el hombre de Kate.
—Sí, Daryl. Eso pasa cuando alguien tiene un sirviente. —Cerró el libro un momento y miró a su hijo a los ojos. —Daryl... —él se separó —prométeme que nunca te creerás superior a nadie, hijo. Promételo —pidió sonriendo.
—Lo prometo —dijo él. —Nosotros... somos todos iguales. Merle está equivocado —agregó hipnotizado por los enormes ojos verdes de Kate, que le sonrió y continuó leyendo.
—Un día, sin embargo, terminó todo el trabajo que tenía que hacer, entonces se sentó cerca de un manantial para descansar y fumar su larga pipa India. Mientras estaba sentado allí, notó un bonito campo de arcilla a un lado del manantial, así que tomó un poco y empezó a hacer pequeñas formas un poco extrañas de arcilla con los dedos, justo como hacen a veces los niños y niñas pequeños.
—¡Mamá! ¡Quiero hacer eso! —exclamó sin poder evitarlo. —¿Puedo?
—Claro que puedes, hijo. Tú puedes hacer cualquier cosa —Daryl sonrió satisfecho y siguió disfrutando de la lectura de Kate. —Hizo un gran número de estas formas de arcilla y luego la puso...
Cuando Kate terminó de leer, Daryl supo no sólo cómo Napi hizo a los animales, también supo por qué los dibujos de alrededor de la historia estaban numerados. Era el orden en que Napi los había creado.
Entraron en la cocina. Kate se ofreció a preparar la cena.
James asintió y la invitó a pasar. Merle bufó y tomó a Daryl por un brazo para llevárselo a la sala. No se resistió.
En la cocina, James le preguntó a su hija cómo se sentía, lo que hizo a Kate sentir mejor, por lo que respondió que se sentía realmente bien. Juntos prepararon la cena, con Dolly observando. Era como un regalo para sus ojos y su corazón.
En la sala, Merle le preguntó a Daryl sobre el libro que llevaba con tanto recelo bajo el brazo. Él le explicó que era un regalo de su mamá y Merle no pudo evitar sonreír. Daryl le habló sobre Napi y cómo había creado todo. El cielo, las montañas, los animales... Merle escuchó como pudo. Daryl supo enseguida que no le interesaba lo que decía pero, como acostumbraban siempre, fingió que no le importaba.
Esa noche cenaron todos juntos. Como una familia. Y se fueron a dormir, pensando en que una rutina como esa no les molestaría en absoluto.
