Este drabble fue el más difícil de todos. Lo tengo en el tintero desde hace días y días.


Chicas

Esa mañana…

—Merle… ¿puedo ir?

—No.

Al mediodía…

—Merle… ¿puedo ir?

—No.

Esa tarde…

—Merle… ¿puedo ir?

—No.

Dos horas después…

—Merle… ¿puedo ir?

—No.

En la noche…

—Merle… ¿puedo ir?

—No.

El viernes era el cumpleaños de Annie y Daryl sabía que si quería ir, debía convencer a Merle de aquello. Era simple. La insistencia había demostrado ser su mejor arma. Había funcionado con el colegio, con Cole y con la mudanza. Funcionaría con esto.

Pasó el martes, el miércoles y casi todo el jueves y Merle siguió diciendo que no. Por la tarde acompañaron a su abuelo al supermercado. James había organizado una cena con sus amigos más cercanos, como despedida antes del viaje. Merle no se quedó. Al llegar a la casa había una chica esperándolo en la puerta y, tras ignorar las miradas curiosas de su familia, se fue con ella.

Daryl estaba confundido. No entendía por qué su hermano había preferido irse con aquella chica, en lugar de quedarse a cenar y hablar del viaje.

Merle le había dicho una vez que las chicas eran lo mejor que le había sucedido al planeta Tierra, pero él simplemente no veía las cosas de esa forma. Hasta donde sabía, lo único que las chicas sabían hacer era molestar.

Tenía esa compañera en el colegio, Annie, a la que siempre molestaban por ser alta. A él le llevaba un poco más de una cabeza, y era alto. Las otras niñas le llegaban a los hombros y eran muy tontas. Sólo hablaban de My Little pony y de Kevin Bacon y todas las boberías de Footloose. Annie era diferente. Le gustaban las motos y Scooby Doo y siempre jugaba con los varones. Cuando Merle iba a buscarlo en la Triumph, ella siempre se acercaba a saludarlo y se quedaba mirando a su hermano y a la moto. A veces Merle lo molestaba por eso. Mañana era su cumpleaños.

Ayudó a Dolly a cocinar y cuando estaban casi terminando, entró James.

—Daryl, ¿sabes quién era esa chica que estaba con Merle?

—No lo sé, abuela.

—A mi me ha dicho una vez que era una vecina —comentó James.

—¿Ya la habías visto por aquí? —preguntó Dolly.

Daryl los seguía con la vista a medida que cambiaba el interlocutor.

—Alguna que otra vez —dijo James despreocupadamente.

—¿Y no has dicho nada? —preguntó quitándose los guantes.

—No había pensado que era importante.

—¿Que no era importante? Has conocido a la novia de nuestro nieto mayor y ¿no te pareció importante?

—Oye, oye… no la he conocido. Simplemente la vi una vez en la puerta de la casa y le preguntó a Merle quién era. Lo siento, querida, pero no creo que Merle tenga novia. Dijo que sólo es una vecina.

James sabía lo mucho que Dolly deseaba ser bisabuela antes de morir. Se lo venía comentando desde que eran jóvenes.

—¿Qué es una novia? —preguntó Daryl de repente.

—Es en lo que se convierte una chica cuando te gusta mucho y tú también le gustas a ella —respondió Dolly.

—¿Y cómo se hace para gustarle a una chica? —le preguntó.

—Primero tienes que ser su amigo, luego descubres si le gustas o no.

Daryl entrecerró los ojos, asimilando la respuesta, mientras alguien tocaba la puerta.

—Debe ser Arthur —murmuró James mordiendo un pedazo de pan, pero al abrir se encontró con Merle y la vecina. Él estaba tenso y ella sonreía. Los invitó a pasar.

Segundos después, los tres aparecieron en la cocina y Daryl al ver a su hermano, ignorando completamente a la chica que lo acompañaba, corrió hacia él y se detuvo antes de chocarse.

—¿Puedo ir? ¿Puedo ir? ¿Puedo ir? ¿Puedo ir? ¿Puedo ir? ¿Puedo iiiiiiiiiiiir? —preguntó repetida e insistentemente hasta que Merle lo tomó por el cuello con una mano y con la otra le tapó la boca. Daryl no se movió, sabía que Merle no le haría nada mientras sus abuelos estuvieran allí.

—¿No vas a saludar a la visita, hermanito? —murmuró en su oído.

—Hola, visita —dijo Daryl tras la mano de su hermano.

—Hola, pequeño —dijo Kate. —¿A dónde quieres ir? —preguntó con ternura y al mismo tiempo empujando a Merle para que lo liberara.

Daryl vio una oportunidad e iba a tomarla.

—Al cumpleaños de una amiga —dijo mirando a Merle a los ojos. —Merle no me deja ir —dijo con picardía.

Merle lo miró con furia contenida, pero no dijo nada. Kate se volvió hacia él y le golpeó el hombro. Daryl pudo estar seguro de que su hermano estaba arrepentido de haber entrado.

—Bueno, en ese caso, yo te dejo ir —le dijo sonriendo.

—Me cae bien —dijo Daryl hacia sus abuelos, que miraban la escena con curiosidad.

—Yo soy James y ella es Dolly. Somos los abuelos de Merle… y de Daryl —dijo acariciándole la cabeza.

—Encantada de conocerlos. Me llamo Kate y nací en este barrio. Siempre se destacó por ser bastante aburrido hasta que llegaron ustedes —informó sonriendo.

Dolly, ignorando la mirada asesina de su nieto mayor, la invitó a cenar.

Minutos más tarde, los amigos de James llegaron y Daryl escuchó maravillado las anécdotas de sus viajes mientras Dolly y Kate charlaban sobre los vecinos. Merle estaba en silencio. A veces intercambiaba miradas con Daryl, que podía entender cómo se sentía.

Cuando los amigos se fueron y Kate se despidió, le agradeció y besó a Merle por primera vez.

Daryl se sorprendió al ver que no se había enojado por el hecho de que los había estado espiando desde la ventana.

—Puedes ir al cumpleaños de tu amiguita, hermanito —le dijo antes de perderse en su habitación.