La canción Better Days, de The Dirges...
You, my friend, must realize the time we have won't last. You can't erase the past. Lord knows I've tried. There are times I've been weighed down, black and blue inside me. Old wounds still residing beneath my skin.
So let's raise a glass to better days. Forget the past and our wicked ways. Let me just sing this one last song and make this feelin' last all night long.
A fresh start is what you need, so let's begin again. I will be your friend from this day on. You can rely upon me if you ever need to. I will help you get through and find your way.
Forgive yourself, know all is well. Dust yourself off and tell your blues to go to hell.
(Boondock Saints II)
Levantar la copa por días mejores...
Aún tenía en la mochila el cuchillo de caza Busse que, junto con James, planeaban regalarle a Daryl en algún futuro no tan lejano.
Quizás en un año o dos, cuando aún no corriera el peligro de lastimarse con algún juego inocente, ¿pero qué estaba pensando? Ese día parecía demasiado lejano ahora.
Madrugada del domingo. Pidió otra ronda para sí mismo y suspiró, intentando olvidar.
Costaba.
Podía ver con claridad la sonrisa de Daryl cuando fue a buscarlo a la fiesta de cumpleaños de su amiga de la escuela. Al parecer se había divertido, le hacía bromas, le contaba sobre su último descubrimiento. Daryl, pareciendo un hombre encerrado en el cuerpo de un niño, le contaba a su hermano sobre el maltrato totalmente innecesario e injustificado que sus compañeras de colegio le obsequiaban a su amiga. "Las niñas apestan" había dicho, con la convicción que se transmite cuando se está seguro de algo, cuando se comparten pequeños vestigios de conocimiento que se cree podrían ayudar a la otra persona en algún momento de su vida. Merle podía ver en Daryl una pequeña versión de sí mismo, pero también podía ver su propia antítesis.
Entre otras cosas, Daryl había heredado de él el temperamento, el mal genio... pero ese sentido de lo que es justo y lo que no, realmente no sabía de dónde lo había sacado. Probablemente del lado de la familia de Kate, no podía ver algún de sentido de la justicia en algún familiar de Jack.
23 de diciembre... Si Daryl se recuperaba antes del 25 quizás podrían regalarle el cuchillo. Aunque muy en su interior, Merle sabía que ni aquello podría aliviar la profunda herida emocional que se agrandaba, cada día un poco más, en el interior de su hermano, en su inocente alma.
¿Sus vidas nunca alcanzarían ese perfecto equilibrio? Al parecer no, ni nada semejante. Con el tiempo se había convencido de algo: cuanto todo parecía ir bien, era solamente porque, en realidad, pronto todo estaría peor. Era una conclusión a la que había llegado algún tiempo atrás, sin que las cosas llegaran a estar tan mal como en ese momento.
Sintió la mano de su abuelo apoyarse en su hombro y sonrió para no llorar. Disfrutó en silencio del alivio momentáneo que da el darse cuenta que no estás solo, no completamente.
—Por días mejores... —murmuró el anciano antes de empezar su tercer vaso. Luego el silencio se apoderó de la situación una vez más.
El sujeto que tocaba el piano comenzó a interpretar la canción de Cole Porter favorita de Daryl y el mundo pareció colapsar sobre sus hombros de nuevo. Imaginó a su hermano, solo, acostado en la cama de aquel hospital, esperando que alguien le explicara lo que estaba pasando. Creyó sentir que James movía una mano a través de su cara, como limpiando atrevidas lágrimas. Tuvo que comprobar si él no estaba llorando también.
Dolly se iba a quedar con Daryl esa noche. Había escuchado al pasar que Kate estaba en la habitación contigua a la de él y, tras comprobarlo, intentó que movieran a Daryl a otro cuarto, pero fue imposible. James evitó que se tirara encima de los médicos para demostrarles que mover a su hermano no era una opción. Lo sostenía como podía y Merle se sentía tan impotente que se dejó manipular. Cuando volvió en sí mismo ya estaban sentados en ese bar. No tenían mucho para hacer en el hospital, sólo se permitía que un familiar pasara la noche allí. Entendía la razón por la cual ni Dolly ni James podían permitir que fuera él ese familiar, así que aceptó sin oponerse.
Quisiera, de verdad, olvidar el pasado, cantar una canción y dejar que el sentimiento dure toda la noche. Olvidar el pasado. Mientras tomaba vodka, cualquier cosa menos vino, pensó en la posibilidad de que exista algo parecido que borre los recuerdos, pero sin que lo tengas que beber antes de que todo ocurra. Sonrió y maldijo a su madre, ella sí que no recordaría nada de lo que había sucedido, ya estaba bastante intoxicada cuando llegó a su casa. Por fin, sus padres se habían hecho un lugar en su apretada agenda para visitar a sus hijos. Seguramente estaban demasiado ocupados jodiéndose a sí mismos y decidieron joder a alguien más.
Llegaron a la casa de Aragon como si fuera de ellos. James le explicó que golpearon la puerta y saludaron aparentando que todo era normal, que sólo eran unos amorosos padres volviendo de unas vacaciones y queriendo reunirse de nuevo con su familia, tras un largo período extrañándolos. Jack pidió cerveza y Kate sólo se quedó sentada fumando hasta que Merle volvió con Daryl. Todavía se estaban riendo de las cosas que Daryl le contaba. Ni siquiera se había percatado del auto desconocido que estaba estacionado en el jardín delantero de la casa. Se sentía tranquilo, relajado. Sabía que su hermano estaba a salvo.
Si hubiera mirado por la ventana antes de entrar. Si se hubiera dado cuenta del auto junto a la Triumph.
Eran como pequeñas alertas que estaban al alcance de sus ojos, pero que no pudo ver.
Era tarde ahora.
Sintió en su estómago la misma pesadez que lo asaltó al ver a Jack sentado a la mesa con sus abuelos, sonriendo burlonamente y desafiándolo con la mirada. Dolly tenía los ojos llorosos y James apretaba los puños debajo de la mesa. Kate, en su mundo paralelo, exhalaba humo y parecía sólo preocupada por la cantidad de cigarrillos que todavía quedaban en la caja de Virginia.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Merle fingiendo calma y agarrando la mano de Daryl con más fuerza.
Estar rodeado de policías en un callejón sin salida y con un paquete de diez kilos de droga escondidos en los pantalones hubiera sido menos incómodo.
Se acomodó la mochila en el hombro mientras posaba la mirada en cada uno de los presentes, que seguían sentados alrededor de la mesa cual reunión familiar. Todavía no se atrevía a mirar a Daryl.
Jack comenzó a protestar por el asunto de la casa, tratando de reclamar derechos que no le pertenecían. James explicó con paciencia infinita que la casa la habían comprado ellos, que Daryl y Merle estaban allí porque los habían invitado. La explicación no era complicada en absoluto, el problema era que Jack no quería escuchar.
Entonces, en una secuencia que a Merle le pareció que duraba horas, se levantó de su asiento, sonrió, caminó despacio hasta detrás de la silla de Kate y la movió hacia un lado, haciéndola caer. Dolly la ayudó a levantarse y una vez que estuvo de pie, Jack la golpeó en una mejilla para que caiga de nuevo, se golpee contra la pared y se quedara inmóvil. Dolly se agachó para ver cómo estaba y Merle pudo ver en ese momento cómo Jack y James se miraban. El odio y el rencor podían sentirse con los dedos si se levantaba la mano y se la dejaba suspendida en el aire.
Luego, sin que se diera cuenta, Daryl se soltó de su mano y caminó hacia su padre. La peor parte del recuerdo, la que Merle quería borrar, venía después.
—La cuenta, por favor.
Caminaron en silencio hasta la casa, tardando el doble de lo que habían tardado para llegar hasta el bar. Eran alrededor de las cuatro de la mañana. Habían pasado como dos horas en el hospital, esperando que el médico de guardia les suturara las heridas a ambos hermanos. Merle tenía varios cortes en los brazos y algunos más pequeños en la cara. Daryl sólo algunos en la espalda, pero su piel estaba cubierta de hematomas.
La risa de su hermano al verse en el espejo luego de la paliza que le había dado su padre como regalo de navidad adelantado era lo único rescatable de la noche.
Ojalá pudiera ver todo aquello con los ojos de un niño.
Aunque, una parte de él, dudaba de que Daryl lo viera así.
