En estos días voy a recopilar todo Dixon Blood en livejournal. La dirección es kingdixon punto livejournal punto com. Sería algo así como DB 2.0. Con imágenes y espero que con música. Un DB interactivo, ponele (?) DB + todas las estupideces que se me ocurren cuando escribo, básicamente.

Y las inubicables fotos de Norman de chico, que encontré gracias a la página Norman Reedusexual.


De humor para recuerdos dolorosos

—No, no, no. La frase es "Seduce mi mente y puedes tener mi cuerpo, encuentra mi alma y seré tuyo por siempre"

—¿Segura que no es "introdúceme fuerte..."?

—¡No! —exclamó tapándole la boca, mientras la picardía de su sonrisa aplacaba la indignación de su voz. —¡Mira! Has despertado a Daryl. —Se acercó a su cama y se arrodilló ante él, apoyando en la sábana únicamente sus manos y su cabeza. —¿Cómo te sientes, pequeño príncipe?

Daryl no lo supo hasta después, pero Kate había crecido siendo la mayor de siete hermanos y con el tiempo había aprendido a tratar a cada uno de ellos como si fueran únicos, como si hubieran sido pedazos de cielo arrancados a la fuerza, que debían pasar sus días en la tierra a partir de su destierro y necesitaran el recordatorio permanente de lo especiales que aún eran.

—¿Qué hay, hermanito? —preguntó Merle desde el otro lado de la habitación.

Daryl aún se sentía aturdido. No estaba seguro de en qué momento se había quedado dormido. Lo último que recordaba era la visita de la asistente social llamada Olivia Grimes y cómo habían escuchado juntos sus versiones de las más grandes y famosas canciones de Cole Porter.

—Hemos venido a visitarte —le dijo Kate sonriéndole con la mirada.

—Los abuelos te han enviado un regalo —avisó Merle sacando de detrás de un mueble un rectángulo de papel madera.

Observó el paquete con curiosidad que parecía hambre.

—¿Qué es? —se las arregló para decir. Al hacerlo le dolió cada parte del cuello y llegó a preguntarse si se animaría a volver a hacerlo.

—Una foto o... algo parecido —comentó Merle alcanzándole el paquete. Kate lo miró con desaprobación. —¡Él preguntó! ¿Qué se supone que debía decir?

—Te suena algo como... ¡una sorpresa! —indicó Kate agitando los brazos. A Daryl la escena le parecía extremadamente divertida. No sabía que había hecho aquella chica para lograr medio dominar a Merle de esa manera, pero lo agradecía. Verlos era como tener frente a él una representación en vivo de su caricatura preferida.

—Es una sorpresa, Daryl —dijo Merle con la voz rasposa y levantando una ceja. Luego le guiñó un ojo y lo ayudó a abrir el paquete. —¡No puedo esperar para ver lo que será! —exclamó con ironía, sólo para molestar a Kate, que echó un suspiro frustrada y se sentó en la silla.

Una vez que tuvo el presente de Dolly y James entre sus manos, no pudo evitar soltar un gritito de sorpresa que le quemó la garganta. Dolía demasiado, pero lo valía.

Era una foto, una foto algo desgastada por el tiempo pero que se podía apreciar como si fuera el día de su impresión. En ella se podían distinguir tres partes. Cierlo, mar y arena. En el cielo, un arcoiris que cruzaba casi toda la extensión de la fotografía. Rojo, amarillo, verde y azul eran algunos de los colores que podía llegar a distinguir sin problemas. Buscó el violeta pero no lo encontró, probablemente por la falta de luz. El naranja tampoco lo vio. El mar, que tenía franjas negras y verdes, estaba interrumpido por dos figuras. Un hombre y un caballo. Un hermoso y enorme semental completamente negro, que empujaba con la cabeza al hombre, que estaba en traje de baño, como impulsándolo a seguir caminando. El hombre, con las rodillas dobladas, tenía en la parte baja de su espalda la cabeza del caballo, obligándolo a algo que aparentemente no quería hacer. Seguir. Luego, en la arena, había huellas extrañas y el camino marcado por el hombre y su caballo, todavía fresco.

—Me gusta —murmuró Daryl con la voz más ronca de lo normal.

—La podremos ahí, ¿te parece? —ofreció Kate señalando su mesita de noche con una inclinación de cabeza.

Daryl asintió.

—No hace falta —anunció Merle de repente. —Esta misma tarde Daryl se viene con nosotros.

—¿Dónde están los abuelitos? —preguntó abrazando su regalo.

—Están empacando —respondió Merle apoyándose en la ventana. —Nos iremos el lunes.

—No me habías dicho nada —dijo Kate mirándolo con reproche.

—No lo hice porque no es de tu incumbencia —se defendió Merle.

—Por supuesto —comentó indignada —nada de lo que tiene que ver contigo es de mi incumbencia.

—Cállate. Está Daryl.

Kate dejó de mirar con odio a su hermano y se volvió hacia él.

—Ojalá tu hermanito mayor fuera más parecido a ti —dijo acariciándole la mejilla. Daryl se dio cuenta en ese momento que gran parte de su cuerpo estaba al descubierto, por lo que se tapó rápido con la sábana. —¿Tienes frío?

—Sí —mintió, de nuevo.

—Pronto volverás a casa.

Unas dos horas después una enfermera ingresó en el cuarto para revisarle sus heridas. Le pidió a Kate y a Merle que salieran por un momento y pasó los siguientes veinte minutos limpiando y untando con un líquido naranja los cortes su espalda. Se le quedó mirando por unos segundos que a Daryl le parecieron horas y salió de la habitación para volver a entrar minutos después con un doctor. Comentaron algo sobre daño en la tráquea y la sola mención de esa palabra hizo que se estremeciera de miedo. Nunca había oído la palabra "tráquea" pero sonaba atemorizante, y más sabiendo que tenía allí algún tipo de daño.

Una vez que lo dejaron solo de nuevo, se quedó contemplando la foto del caballo y su dueño hasta que Merle volvió a entrar.

—Vas a tener que alimentarte a base de líquidos por una semana entera, Darylina —le dijo en una media sonrisa. —Ahora prepárate, debemos irnos.

A partir de esa noche, todos tomaron el cambio en la voz de Daryl como el inicio de su maduración de niño a adolescente. La historia de cómo Jack había dejado a Merle inconsciente y le había apretado el cuello hasta causar daño irreparable en los tejidos quedó olvidada en algún lugar entre tiempo y espacio al que no se accede a menos que se esté de humor para recuerdos dolorosos.

Y Daryl, luego de esa noche, cada noche de su vida estuvo de humor para aquello.