Cortito. Old school. Los old times. Quería escribir porque extraño leer un mensaje. Tanto como extraño dormir temprano. Tanto como extraño a cierta persona que vive al otro lado del continente, a otra que vive en otro continente y una que hizo una inmigración interna en el mismo país. Si llegan a leer esto, por favor que sea con esta canción de fondo: "Yira yira" de un grupito que ya no existe pero que existe de alguna forma mientras se siga escuchando y que se hacía llamar Los Piojos.
ST
La idea de separarse era simplemente inconcebible. Aún para Merle, que se pasaba veintitrés de las horas que un día tiene, pensando en lo mucho que le gustaría tener a ese par de viejos y al niñito estúpido que se hacía llamar hermano suyo a kilómetros de distancia de su persona.
Jack era un completo imbécil. Podías incluso ser un imbécil, un imbécil aún peor que Jack, un imbécil todavía más imbécil y darte cuenta de eso. Un acto así era impensable de él.
Merle llevó a Daryl hasta su cuarto y lo metió en la cama a la fuerza. Más por desesperación que por necesidad. El pequeño no le opuso resistencia, se dejó acostar en la cama y luego se tapó él mismo. Antes de salir de la habitación lo miró a los ojos. Daryl no dijo nada, pero él sintió que le estaba hablando. De sus ojos salían palabras pronunciadas en un lenguaje secreto que sólo un hermano puede descifrar, porque corre también por su sangre, la misma sangre y la misma carne que comparten. Cuando se comunican sin mirarse, Merle puede llegar a pensar que no es un error que ese niño esté en este mundo y que tampoco es un error el hecho de tener un hermano mayor como él.
Cerró la puerta despacio, pensando en las palabras de Daryl. Creyó haber escuchado algo parecido a "sé fuerte" y algo que pudo haber sonado como "estoy contigo".
Desde el comedor se oían sillas moviéndose y un murmullo perdido de voces de indignación. Tenía tiempo. Fue a su habitación y sacó el cuchillo que guardaba debajo del colchón, por si acaso. Caminó con sigilo hasta la puerta de Daryl. Era la única que aún conservaba el color de la madera original. Comenzó a tallar. Primero un rectángulo, que le salió algo deforme. Las manos le temblaban más de lo que le gustaría, pero siguió. Primero la D, luego la A, la R, la Y. Por último la L. Una D y un punto, para que no sea otro Daryl, sino su Daryl. Dejó la mano apoyada y la punta del cuchillo clavada en el punto por unos segundos, antes de proseguir a escribir encima del nombre. Alcoba de.
Sonrió de costado admirando su trabajo. Alcoba de Daryl D. Porque ése era su lugar, no otro. Ahí, bajo ese techo, él estaba a salvo.
Con él.
