"Un puño. En un puño hay cinco dedos. Cinco dedos que se arrollan para formar una superficie y uno que hace de vigilante y controla las posiciones de los demás. Esa superficie posee unos tres surcos. Lo que es inevitable, son cuatro dedos intentando ser uno. La superficie es lo que lastima. Es lo llano. Y si hay metal de por medio, mejor.
Un arma es diferente. Los dedos, la mano, se acomoda a ella de otra forma. Cuando ya están en confianza el objeto se vuelve parte de ella y no hay nadie quien se atreva a enfrentarlos. Por eso las armas imponen respeto. Y miedo.
Mientras estuve sirviendo no hubo nada mejor para mí que mi arma. En mi caso, ella es sinónimo de puño. Ese puño fue capaz de llevarme a lugares a los que mis compañeros sólo soñaban con visitar, en sus pesadillas. Y yo, estoy orgulloso.
Hace años que vivo, mientras muchos de ellos no pueden decir lo mismo, quizás todos. A algunos los he visto desertar y otros sólo sé que apenas ha empezado toda esta mierda murieron al instante. Sus pesadillas no fueron nunca realidad, como sí lo fueron las mías. Enfrentar un mal sueño en la vida real te hace confundir y si estás confundido te matan. Tú tienes que estar un paso adelante... como cuando le enseñé a Daryl a jugar ajedrez, o él me enseñó a mí. Es que ya no recuerdo.
Ahora él sigue aquí. Está sentado afilando plumas mientras aquel maricón lo mira desde el pie de un árbol. No pestañea el hijo de puta y Daryl está de espaldas. Quiero levantarme y lanzarlo al agua para que Darylina pueda salvarlo y le dé lo que quiere de una puta vez.
Como aquel día en el lago Ontario, cuando Mike me envió a vender pastillas en Toronto. Cómo es que lo tratan a uno como en su casa cuando les llevas su dosis mensuales de antirealidad."
Andrea suspira y cierra la libreta. Es un escrito sin fecha, uno más entre muchos otros.
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