Mírame a mí

Merle corrió la cortina y miró por la ventana antes de salir. Las últimas llaves de luz se escucharon y todo dentro de la casa oscureció. No había mucha gente despierta en Georgia en un horario como aquel, cómo él, o como ella. Estaba de pie en dirección al camino que dirigía a la carretera que comunicaba la casa con las propiedades vecinas. A lo lejos ni una habitación con gente despierta se distinguía. Unos faroles apenas iluminaban el suelo, previniendo una caída en los pozos de agua.

Se encendió un cigarro y salió.

—¿Nos vamos?

—¿Qué ha pasado? ¿Ya tienen la custodia ustedes? —preguntó quitándole la caja de tabaco.

—¿Qué has oído? —Merle sacó el encendedor, creyendo no estar de humor para habladurías de señora de sesenta.

—Lo de siempre... ¿Ya está todo tranquilo? —Estaba preocupada.

Él asintió y le explicó.

No era un secreto lo que sucedía tras paredes cuando vivían en el remolque, en el estacionamiento alquilado, y sus amigos eran nómades. De una punta a otra, sabían qué, cómo y cuándo sucedía cada cosa en su lugar y en los asentamientos periféricos. El hecho de que Merle se haya mudado de allí, el hecho de que se fuera de la ciudad, no cortaba el hilo con la flora y fauna de su hábitat anterior.

—Consiguen todo. Lo tienen todo, y sino...

—¿Lo fabrican? —Sonrió.

—Le pagan a alguien para que lo haga. —Cortante. Le daba absolutamente igual el cariño que les tenía, ese hábito de vida siempre le pareció y parecerá repugnante. Él no es así.

Calaron en silencio un par de veces. Antes de partir, un golpe suave se escuchó detrás, la puerta entreabierta lo delataba.

—No, jovencito. ¿Qué te he dicho sobre escuchar conversaciones ajenas?

Una risa nerviosa inundó el ambiente de energía juvenil y la puerta se cerró.

—Te lo juro. Se me hace imposible controlarlo —le dijo Merle poniendo la mano en su hombro, abrazándola, la invitaba a caminar con él.

—Eso es bueno, ¿verdad? Espero que sea siempre así... —pidió antes de esconderse en su pecho.

Merle alzó una ceja y resopló. Dijo lo siguiente, muy seguro de sus pensamientos.

—No sabes lo que dices. El mundo lo destrozará. Si sigue así... Mírame a mí.