KOF y todos sus personajes pertenecen enteramente a sus respectivos autores y son usados aquí con meros fines de entretenimiento.


La pelota presionó suavemente el pie de Shingo, quien la miró con sorpresa antes de alzar la vista. Una pequeña niña le devolvió la mirada y él, sonriendo, se agachó para recoger el juguete y entregárselo. Al observarla mejor, esa niña se le hizo familiar, como si la hubiese visto en otro lado.

—¿Cómo se dice, corazón? —preguntó un hombre pelirrojo detrás de la pequeña. Ella susurró un tímido gracias mientras hacia una corta reverencia y volvía con su padre. Shingo siguió pensando: ¿dónde había visto antes ese cabello largo y negro, esa ropa blanca y almidonada, ese rostro parecido a las muñecas de porcelana?

A su mente llegó, mucho después, el recuerdo de Chizuru Kagura.


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