KOF y todos sus personajes pertenecen enteramente a sus respectivos autores y son usados aquí con meros fines de entretenimiento.
Meiten sabía perfectamente la razón por la que Shun no disfrutaba de las siestas: por las pesadillas. Se retorcía sudando frío, gimoteando en sueños, moviendo los brazos intentando apartarse de monstruos que sólo existían en su imaginación. Por ello, no se le ocurrió nada mejor que prestarle su peluche.
—No soy un niño para que me des algo como eso —dijo el mayor, pero no hizo nada más. Y al verlo después, dormido profundamente y abrazado al muñeco, Meiten se dio el lujo de suspirar con tranquilidad.
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