"Las despedidas más dolorosas son las que nunca fueron dichas o las que no tuvieron explicación"

Kuro-neko-san—

..

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(…)

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Pi…pi…pi…pi..

Era el constante ruido que a sus oídos llegaban en medio de toda aquella bruma de oscuridad.

¿Dónde estaba?

Se preguntó mentalmente aún en aquella oscuridad, lo último que recordaba era estar hablando con su madre sobre qué regalo comprarle a Hanabi por su cumpleaños cuando todo se oscureció.

¿Qué había sucedido? Con pesar y esfuerzo abrió los ojos, cerrándolos de inmediato cuando la claridad le quemo las retinas, con el ceño fruncido volvió a intentarlo adaptando rápidamente su vista a la claridad de la habitación, reconociendo de inmediato su alrededor.

Estaba en un cuarto de hospital.

Rápidamente recorrió el lugar con la vista, dándose cuánta que estaba sola en aquella habitación. Con esfuerzo logro sentarse en la cama llevando una de sus manos a su cabeza cuando un dolor punzante le saco un gemido.

Q-Que sucedió….—susurro con los ojos llorosos a causa del dolor.

Realmente no recordaba nada más que la conversación con su madre antes de que todo fuera oscuridad, pero dedujo por su actual estado y el lugar donde estaba que habían tenido un accidente, solo esperaba que su madre estuviera bien.

El silencio y los horas y minutos siguieron corriendo con ella en esa solitaria habitación y no fue hasta el día siguiente en que por fin la puerta blanca de ese lugar se abrió adentrándose por ella un hombre alto, de piel blanca y pálida, ojos fríos y de un tono color perla un poco más oscuros que los propios, su largo cabellos castaño lo llevan recogido en una cola baja y su vestuario consistía en un Yukata completamente negro.

Así que ya despertaste.—escuchó la voz fría de aquel que era su padre.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo a la vez que bajaba su rostro nerviosa asintiendo levemente.—¿C-como e-esta Okaa-san?.—pregunto levantando un poco su rostro y encontrándose con aquella fría mirada que parecía atravesarla en dos.

Observo como su progenitor tomaba asiento en la única silla del lugar sin dejar en ningún momento de observarla y sin saber porque sintió un terrible escalofrío y un nudo atorarse en su garganta a la vez que un muy mal presentimiento empezaba a embargarla.

S-se e-encuentra ella b-bi…

Hana está muerta.—interrumpió su progenitor sin el menor tacto posible observándola de la misma manera.

El aire falto a sus pulmones y su corazón se brinco varios latidos cuando comprendió el significado de aquella oración. Su pulso se aceleró y el sonido irritante de la máquina que tomaba su pulso empezó a sonar rápidamente, escucho veloces pasos fuera de su habitación más ni su padre ni ella desviaron la mirada de la perla de ambos.

O-Okaa-san… ella n-no.—mas simplemente su voz no salía correctamente y las lágrimas simplemente resbalaron por sus ojos a la vez que algo en su pecho se quebraba.

Hace tres días se realizó su entierro, Hana está muerta.—lo escucho decir y aún en su dolor fue consciente del rencor que se colaba en el tono frío y hueco de su padre.

Lo observó levantarse de aquella silla y caminar lentamente hacia ella.—Si tan solo no la hubieras molestado en salir esa tarde, tu mataste a Hana, eres una asesina, tú eres una asesina..

Asesina…

Asesina….

Asesina….

Asesina…

—¡NO!.—grito levantando su rostro con la respiración entrecortada, y su rostro bañado en lágrimas.

Y fue entonces cuando notó las miradas sorprendidas de los demás sobre ella, hasta la de aquella alma que la observaba en silencio.

—Hinata-san ¿Sucede algo?.—escuchó la voz confundida y sorprendida de su maestra quien la observaba a la espera de una respuesta.

—N-No pasa n-nada K-Kurenai-sensei.—mintió forzando una sonrisa a la vez que trataba de controlar el temblor en sus manos.

Ella la observó sin creerle pero al poco tiempo la clase retomo su ritmo olvidándose rápidamente todos de inmediato de su interrupción.

Con rapidez limpió las lágrimas que quedaban en su rostro, controlando en el proceso su respiración y mandando lejos aquel recuerdo.

—¿Qué fue eso?.—lo escucho susurrar con un poco de curiosidad por lo que esquivando su mirada jugo nerviosamente con sus dedos.

—N-nada.—mintió sin verlo, totalmente nerviosa.

Sintió el peso de la mirada de aquella alma sobre ella por lo que girando levemente su rostro lo observó, estaba de más decir que no le había creído y por su ceño fruncido dedujo que estaba esperando la verdadera respuesta a su pregunta.

Suspiro entrecortadamente.—R-Recordé algo que n-no debía.—simplifico en un suave susurro para que nadie más la escuchará.

Él asintió estaba vez más conforme con la respuesta, tomando asiento en el pupitre vacío junto a ella.—Debió ser algo malo como para que reaccionaras así.—comento con su oscura y vacía mirada sobre ella.

Un poco nerviosa y sorprendida lo observó, del poco tiempo que llevaban juntos ella había aprendido una o dos cosas sobre él y entre ellas la que más destacaba era lo silencioso que era, tanto que de no poder verlo ni siquiera sabría que estaba junto a ella.

—¿Qué?.—lo escucho gruñir sobresaltándola y haciendo que llamará la atención de uno que otro compañero.

—N-nada, solo que c-creo que h-hoy está más c-conversador que de costumbre.—explico su sorpresa viendo cómo el la veía un poco sorprendido antes de simplemente negar.

—Solo tengo curiosidad sobre lo que causó tal grito, por lo que veo no eres alguien que se sorprenda o asusté fácilmente.—explico con desgano, sacándole una pequeña sonrisa.

—N-no se p-preocupe..—le resto importancia, más él solo la observó curioso.

—Sasuke.—lo escucho susurrar con indiferencia al cabo de unos minutos a lo que ella lo observó confundida.

—¿Qué…?

—Ese es mi nombre, Sasuke.—le explicó con hastió, sorprendiéndola.

—…¡Oh!.—fue su única contestación antes de regresar su mirada al frente.

Frente a una lápida con el grabado Uchiha se podía ver a un rubio vestido de negro, su rostro estaba pálido y bajo sus azules ojos bolsas negras destacaban por sobre su palidez. En sus manos sostenía fuertemente una única flor de lirio a la vez que de sus ojos resbalaban dos gruesas lágrimas.

—…Neh Sasuke..—susurro con voz rota y cansada forzando una sonrisa en su rostro mientras observaba la lápida.—¿Me perdonas por haberlos matado…?.—pregunto sin borrar la mueca que asemejaba una sonrisa.

N/A

¡Oh sí! He regresado damas y caballeros. XD

Jajajaja lo que sucedió fue que me había estancado en la historia y pues ya ven tenía mucho sin actualizar, pero aquí estoy nuevamente, espero les guste mi historia y de ya les cuento to que estoy trabajando en el siguiente capítulo.