Para Max aquella mañana había sido un caos, pero lo que se le venía ahora encima parecía aún peor. ¿Quién le hubiera dicho que vería a una persona morir delante de sus ojos el mismo día que descubría una jodida máquina del tiempo humana? Probablemente hubiera llamado al psiquiátrico para que se llevaran a esa persona. Asique, cuando se vio en la clase del profesor Jefferson y lo vio dando la misma clase que minutos antes había escuchado, pensó que todo era un sueño muy retorcido. Pero no era así, ella fue testigo de cómo molestaban a Kate de nuevo, cómo el móvil de Victoria sonaba de nuevo e incluso se vio alcanzada por el impulso de tomarse un selfie en medio de toda la clase. Aunque esta vez no fue tanto el impulso como la necesidad de tener una prueba firme de que lo que estaba viviendo no era un sueño. Y no lo parecía porque obtuvo la misma reacción cuando se hecho el autorretrato en medio de la clase y volvió a escuchar a Victoria dar la misma explicación de los daguerrotipos.

Respirando fuertemente pensó en mandarlo todo a la mierda. Sí, eso era lo que realmente Max pensó.

Que todo se vaya a la mierda.

Estaba cansada, le dolía la cabeza y acababa de ver cómo asesinaban a un chica punk delante de sus ojos. Y eso no había tenido nada de divertido. Si de verdad podía dar vuelta atrás en el tiempo, si de verdad tenía ese poder, todo era una jodida mierda. Como diría Warren: ``Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad´´, y ella no quería responsabilidades. Quería disfrutar de su estancia en la academia Blackwell y del internacionalmente prestigioso programa de fotografía. Pero, bueno, ya le encontraría el lado guay de la situación y la conciencia le impedía dejar morir a aquella chica. Ahora podría dar vuelta atrás en el tiempo y joderle la respuesta a Victoria. Parecía buena idea.

Concentrándose en el recuerdo del profesor Jefferson preguntándole sobre los selfie, inconscientemente levantó la mano. Sintió un fuerte tirón en el ombligo y poco a poco una continuación de imágenes borrosas pasaron por delante de sus ojos, hasta que llegó al momento que le interesaba.

- Ahora Max, ya que has captado nuestra atención y obviamente quieres participar en la clase, ¿puedes decirnos el nombre del proceso que dio nombre a los primeros autorretratos?

- Louis Daguerre, un pintor francés, que dio lugar a los conocidos daguerrotipos que extrajo finos detalles de las caras de las personas haciendo el proceso daguerriano extremadamente popular desde comienzos de 1800 hacia delante.

- Correcto, simplemente correcto. Parece que alguien ha estado haciendo sus deberes.

En todo momento, la cara de desconsolación que había puesto Victoria mientras Max exponía de respuesta se mantuvo, pero se tornó en una mueca de asco cuando vio que Jefferson halagaba el duro esfuerzo de Max.

¿Ahora quién está en la Zona Retro, carita triste?

Oh, yeah. El volver en el tiempo había valido la pena. Además, había podido comprobar el manejo que tenía sobre su poder.

Jefferson continuó dando la misma explicación que Max ya había escuchado hasta que el timbre sonó. Max con rapidez metió todo en su cartera y salió de clase antes de que el profesor pudiera terminar de dar los avisos del concurso ``Héroes Cotidianos´´. Joder, ya le bastaba a ella con estar a punto de convertirse en una.

A gran velocidad fue al baño donde repitió todas las acciones que había realizado la vez anterior con la esperanza de que al repetir los sucesos acontecidos, las consecuencias fueran lo mismo. Es decir, que el loco ese apareciera en el baño. Y apareció, como la primera vez, entró hecho un huracán en el baño, repitiéndose a sí mismo su monólogo de superioridad hasta que llego la chica punk y las cosas se pusieron difíciles.

Max miraba a su alrededor buscando un modo de pararlos. Estuvo a punto de intervenir, pero pensó que a lo mejor Nathan se ponía más paranoico y le disparaba a ella también. Asique dando vueltas vio la alarma de incendios. Y lo vio, la imagen ideal, como viendo a través de su cámara y supo cómo parar aquella situación.

Mirando en el carrito de la limpieza que había apalancado al lado de la sirena de incendios encontró dentro de él un martillo. Pero no fue lo suficientemente rápida buscando y escuchó el sonido del arma disparándose. Se asomó para ver y vio a Nathan encima del cadáver de la chica punk, susurrándose a sí mismo un continuo ``No, no, no´´.

Max se concentró en instantes antes cuando Nathan acababa de entrar al baño de las chicas y sintió otra vez ese extraño tirón en el ombligo. Agarrando con fuerza el martillo, las imágenes comenzaron a desdibujarse, volviéndose borrones imposibles de distinguir. El nerviosismo instalado en el estómago de Max se triplico pensando que se pasaría de momento, pero eso no era una opción. Mirando la borrosa escena, se obligó a sí misma a esclarecer su mente, centrándose solo en los recuerdos de Nathan cuando había entrado. Apretando con fuerza los dientes, las imágenes dejaron de desdibujarse y la escena de Nathan entrando en el baño apareció ante los ojos de Max.

Respirando hondo Max se alejó de la pared desde donde había estado asomada por si acaso Nathan llegaba a verla. No era idea de ella fuera la que acabara muerta. Algo mareada y muy cansada Max se llevó las manos a la cabeza, con la sorpresa de notar un peso extra en su mano derecha. Era el martillo. Alucinando lo miró de cerca. Ella se había lleva desde el futuro al pasado un martillo.

Oh, mierda. Esto es alucinante.

Mientras ella pensaba eso, la chica del pelo azul entró en el baño y comprobó el perímetro. Luego, las cosas volvieron a ponerse difíciles, pero Max ya conocía el resto de las cosas. Antes de que Nathan tuviera la oportunidad de acorralar a la chica punk contra la pared la alarma de incendios sonó, sobresaltándolos a los dos. La chica punk aprovecho el momento para pegarle una patada en sus partes íntimas a Prescott y escapar exclamando:

- ¡No te vuelvas a acercar a mí, hijo de puta!

Nathan al minuto tras recuperarse se levantó del suelo y se largó del baño. Con una sonrisa en el rostro Max salió de su escondite. Ser un héroe cotidiano molaba, pero era tremendamente agotador. Suspirando se mojó el rostro con agua y se la seco con su camiseta. Al salir del baño, se encontró cara a cara con el amargado del jefe de seguridad.

- ¿Qué haces aquí? ¿No has oído la sirena de incendios? Al menos que estés tramando algo.

Max retrocedió un paso, dejando el espacio que David Madsen había reducido mientras hablaba.

- Sólo usaba el baño de chicas. Ya iba hacia afuera.

- Esa excusa la usan mucho las chicas. ¿Qué tramabas?

Max no pudo evitar alzar las cejas y pensar qué había hecho ella para tener un día tan raro y a la vez tan pesado.

- Ya está bien, señor Madsen. La alarma ha sido falsa, no hay ningún incendio. ¿Por qué no va a apagarla como es su obligación?- dijo el director entrando en escena.

Madsen miró al director con un deje de resignación, pero fue a encargarse de sus obligaciones como jefe de seguridad. Entonces, el director se dirigió hacia Max.

- Deberías ir con tus compañeros hacia afuera y no permanecer aquí.

Max fue a hacer lo que el director le había dicho, pero su voz volvió a detenerla.

- ¿Te encuentras bien? Estás pálida y además estás sudando. ¿Te ha pasado algo?

Max tragó saliva y el nerviosismo volvió de vuelta a su estómago. No había sido consciente del aspecto deprobable que tenía. Tampoco es que le importara.

- Nada, señor.

- Sabes que puedes ser sincera conmigo.

Max se lo pensó, pero la idea no la convenció. Las consecuencias de acusar a un alumno que llevaba un arma en el instituto ya parecían serias, pero que ese alumno fuera un Prescott la hacían peores. Además, las probabilidades de que le creyeran eran prácticamente nulas y ella no quería que comenzaran a hacer más preguntas y acabaran sonsacándole lo de su don. No, no. Aquello no era nada factible.

- Me he estado sentido mal durante la clase del profesor Jefferson y he acabado vomitando en los baño. Seguramente será algún virus.

El director le miró como diciendo ``eso no se lo traga nadie´´, pero la dejo marchar no sin antes llamarla delincuente y acusarla de problemática. Aquello enfado un poco a Max. No esperaba que nadie se enterara nunca de que había salvado a una chica, pero no espera que le dieran una patada tal después de jugarse su propio pellejo.

Respirando hondo por décima vez en lo que llevaba de día Max salió al campus de la academia. Entonces, su móvil vibró llegándole un mensaje de Warren donde aparentemente pedía de vuelta su pendrive, aunque a Max le dio la sensación de que en realidad lo estaba reclamando.

`` Lo siento. Día loco.´´ respondía Max vía SMS.

`` Ok. Te espero en el aparcamiento´´´

A prisa, volvió a su dormitorio, pero se encontró con una sorpresa no planeada. Victoria y sus secuaces estaban sentadas a la entrada del dormitorio.

- Mira a quién tenemos aquí. Si es la putita del señor Jefferson.

Las secuaces de Victoria se rieron ante su cruel comentario.

- Como puedes ver, carita triste, estamos aquí y no pensamos movernos. Asique, de la misma forma que respondes tan bien las preguntas, puedes encontrar otro camino.

Max se tragó la rabia y pensó.

Sí, Victoria, encontraré un modo de entrar y de paso patearé tu asqueroso trasero.

Max dio unas vueltas y vio los aspersores. Después se sentó en un banco y observó cómo Samuel subía unas escaleras para pintar dejando el cubo de pintura colgando de un gancho colocado en el andamio. Si ese cubo cayera del andamio la pintura se esparciría pero había probabilidades de que no llegara a manchar a Victoria y las suyas. Pensando en ello, Max se concentró en el momento cuando había comenzado a alejarse de Victoria después de que le dijera aquellas cosas horribles. El tiempo retrocedió hasta el punto que a Max le interesaba alterar.

Aprovechando que Victoria y compañía continuaban cotilleando entre ellas sin hacer caso de Max, ella aprovecho para manipular el cubo de pintura aflojando un poco el asa. Suerte que el hierro no era muy fuerte. Después Max se sentó en el banco y acudió al suceso que ella misma había provocado. Efectivamente, el bote de pintura cayó del andamio salpicando la pintura por doquier, pero no lo suficientemente cerca para alcanzar a Victoria.

Max necesitaba algo que las hiciera levantarse. Y se acordó de los aspersores que había visto.

Andando al cobertizo por el rabillo del ojo, Max divisó a Kate que estaba sentada en un banco, sola y apartada del resto de la gente que se encontraba en la zona. Se prometió a sí misma que en cuanto pudiera hablaría con ella. Se la veía demasiado deprimida, casi daba miedo.

Max entró en el cobertizo donde Samuel guardaba todas sus herramientas de trabajo y encontró el monitor de los aspersores en la pared de la derecha. Max salió del cobertizo con la intención de rebobinar lo suficiente para poner en marcha el plan, pero volvió a ver a Kate con la cabeza enterrada entre las rodillas. La consciencia de Max comenzó a pesar y sintió pena. No iba a morirse por ir a hablar un rato con ella.

A paso decidido se dirigió hacia Kate.

- Hey, Kate. ¿Cómo vas?

Kate bajo las piernas y levantó la vista hacia Max secándose rápidamente las lágrimas que acababan de caer de sus ojos.

- Hey, Max- dijo con voz ronca- Siento ser la reina del drama.

- No es tu culpa.

Kate miró hacia el cielo con los ojos aguados. Luego, bajo la cara y suspiró. Max sintió como se le encogía el corazón. Kate no se merecía eso.

- Bueno, tengo que irme. Aún tengo que terminar de leer el capítulo de mañana para la clase de Lengua. Luego te veo, Max.

- Hasta luego, Kate.

Así, Kate se levantó y con la cartera apretada contra el pecho fue en dirección a la salida de los dormitorios.

Max suspiró. No soportaba ver a la gente tan hundida y más a alguien como Kate que al principio del curso había sido toda sonrisas y alegría. Esto sí que era injusto.

En ese momento, una idea paso por la mente de Max. Si como había oído Victoria había sido la encargada de dispersar el video de Kate entre los estudiantes, ¿por qué no devolvérsela? A Kate a lo mejor le subía un poco la moral. No es que viera a Kate como algo vengativa o Max lo fuera, pero a veces Max tenía puntazos.

Max volvió a concentrarse y dio vuelta atrás en el tiempo. Como antes, volvió a manipular el bote de pintura, pero esta vez no se quedó a mirar como caía sino que se dirigió al cobertizo de Samuel y giró al máximo la función de los aspersores. A los segundos, oyó los gritos de Victoria lamentándose de su cara camiseta de cachemir mojada. Sin poder evitar reírse un poco de ella, Max salió del cobertizo y se acercó a Kate.

- Hey, Kate. ¿Te apetece dar un paseo y quejarte del mundo?

Kate volvió a hacer lo mismo que antes, pero cambió su respuesta.

- No, Max, no me siento con fuerza.

- Vamos, Kate, no te arrepentirás. Te lo prometo.

Sin estar muy convencida Kate se levantó y con la cartera apretada en el pecho siguió a Max. Esta hecho a andar, pero se detuvo al quedar en frente de la entrada principal.

- Mira, Kate.

Kate miró a donde Max le indicaba y fue testigo de cómo el bote de pintura del andamio caía al suelo y la pintura se dispersaba cayendo casi todo encima del caro cachemir de Victoria quien sin creérselo gritaba enfadada.

Samuel que había bajaba de las escaleras trataba de disculparse de ella, pero Victoria cortantemente le dijo:

- Aléjate de mí, estúpido loco.

Mientras tanto, las secuaces de Victoria salieron corriendo en busca de una toalla. Kate no pudo evitar una sonrisa al ver la enfadada cara de Victoria. Ella no era una mala persona en opinión de Max, pero sí que veía que, de cierto modo, se le retribuía un poco del daño que a ella le habían infringido. Max que vio sonreír a Kate no pudo evitar sentirse un poco orgullosa de su travesura.

- Kate, he olvidado que tenía que coger el pendrive de Warren. Si eso, nos vemos después.

- Está bien, Max. Nos vemos después.

Mientras Max se dirigía hacia la puerta de los dormitorios se giró y vio a Kate dirigiéndose hacia la salida de esta con una pequeña sonrisa todavía en su rostro.

Al subir las escaleras, se encontró con Victoria sentada llena de pintura. Al pasar por su lado, Max le susurró.

- Quien las toma, las recibe, Victoria.

Hoy Max se sentía como un verdadero Héroe Cotidiano. Rescatadora de vidas y provocadora de sonrisas. Sí, señor.