-¿Ya se lo dijiste? ¿Le gustó? ¿Cómo se lo propusiste? Cuéntamelo todo. Quiero saber hasta el más mínimo detalle-

Una vez más Alec y Maia estaban reunidos en ese mismo bar y en esa misma mesa.

-Pues le ha parecido una idea genial- Alec parecía agobiado e incluso un poco molesto.

-Bueno ¿Y dónde está el problema? De eso se trataba ¿No? De hacerle un regalo que le sorprendiera y le gustase-.

-Sí, si y me alegro de que haya sido así… pero no sé… no pensé que le gustaría tanto… está súper contento e ilusionado. Ya tenemos día, hora y pareja.-

-¿En serio? Wow ¿Quiénes son? ¿Les conozco? ¿Cuándo? ¿Dónde? -

-No seas morbosa. No, no les conoces. Pues resulta que serán Debby la zorra y su novio. La semana que viene-.

-No. Me estás tomando el pelo ¿Debby la zorra?-

-Sí, la misma. Resulta que da la casualidad de que está aquí en Nueva York dando una conferencia sobre sexología. La semana pasada cuando Magnus y Catarina fueron a esa convención de médicos se reencontraron después de cinco años, así que ella es la elegida-.

"Debby la zorra" era el apodo que le había puesto Alec después de leer su nombre en demasiadas páginas de la libreta azul donde Magnus escribió sobre su vida. Aunque Alexander había querido leerse esa libreta con la mayor objetividad posible le fue inevitable sentir celos de algunas de las personas que salían allí y más, en el caso de Debby, que salía en demasiadas ocasiones y todo relacionado con maravillosas noches de sexo.

Criticar a esa tal Debby con su amiga Maia le había servido como de terapia para llevar mejor esos celos y ahora, casualidades de la vida, sería él mismo quien se acostaría con ella.

-¿Te hace sentir mal que sea con ella?-

-Hombre pues sinceramente mucha gracia no me hace. Si se ha acostado con esa chica infinidad de veces, por algo será. ¿Tú crees que en esa convención de médicos puede haber pasado algo entre ellos? Es evidente que se atraen mutuamente. ¿Y si ahora vuelve a resurgir la llama? Quizá ya volvieron acostarse la semana pasada o quien sabe, quizá llevan toda a semana haciéndolo y se están riendo de mí a mis espaldas. Magnus pensó en ella muy rápido para hacer esto del intercambio de parejas-.

-No, Alec. Magnus jamás te haría esto. Él es la persona más sabia que conozco y tiene las cosas muy claras. Si no quisiera estar contigo o le gustase otra persona te lo diría-.

-Ya lo sé pero… no te puedes ni imaginar lo ilusionado que está con todo esto. ¿Te crees que iremos a cenar con ellos?-

-No-

-Sí, de aquí a dos días y Magnus ya ha reservado una habitación de un hotel de lujo especializado en ese tipo de cosas. Se ve que la habitación esa tenía lista de espera pero "tachan" el Gran Brujo de Brooklyn chasqueó los dedos y esa habitación ya es nuestra: el viernes por la noche a las 20:00h. Todo eso me parece muy sospechoso: se rencuentra con una vieja amante, pasa todo un día con ella y curiosamente después vamos a cenar a un sitio de lo más romántico y reserva la habitación más erótica de la ciudad-.

-Alec no seas injusto con el pobre Magnus: has sido tú quien ha dicho de hacer todo esto, él no te ha pedido nada.-

-Tienes razón- suspiró el chico –Creo que todo esto empieza a superarme, quizá fue una mala idea-.

-No te agobies- Maia se levantó y se sentó al lado de Alec para poder acariciarle la espalda mientras le hablaba – todo irá bien y cuando te surjan estas dudas recuerda el motivo por el que lo haces: por Magnus.

Continuará en el siguiente capítulo