Aunque las dos parejas habían quedado a las 21:00 para cenar, Alec y Magnus llegaron unos veinte minutos antes. El camarero les guió hacia su mesa: el brujo había reservado una espectacular terraza con una sola mesa, decorada con muy buen gusto y con unas vistas preciosas. El camarero les sirvió una copa de cava y cerró las cortinas que hacían de puerta cuando abandonó la terraza. Cuando quedaron solos el brujo chasqueó los dedos y cambió la copa de cava de Alec por un zumo de frutas naturales.
-Sé que esto te gusta más- le guiñó un ojo.
-Gracias- le sonrió Alec apoyándose en la barandilla de la terraza para contemplar esas magníficas vistas. De repente notó como las enjoyadas y grandes manos de Magnus le rodeaban la cintura y notó como el cuerpo del brujo se apretaba contra el suyo.
-Estás muy serio ¿Va todo bien?-
-Sí, sí- respondió el nefilim sin mirar al brujo.
-¿Nervioso?-
-Sí, es eso- En esa pregunta Alec vio una salida para no tener que admitir lo aterrado que estaba sobre hacer aquello del intercambio de parejas y las inseguridades que le empezaba a producir.
-Eh cariño – Bane hizo girar el cuerpo de Alec hacia él y éste apoyo la cabeza en el hombro del Brujo. Al cazador de sombras le encantaba que Magnus fuera más alto que él y así poder refugiarse entre sus brazos. –Por eso estamos aquí y por eso hemos venido antes.
-¿Qué?- Se extrañó el nefilim
-Organicé esta cena para que los conocieras, no quiero que tengas que acostarte con alguien con el que no has hablado nunca. Reservé esta mesa para que estemos solos y podamos hablar con tranquilidad sin que nadie nos escuche ¿Te gusta éste lugar? Pensé que te encantarían estas vistas. Estamos aquí para hablar del tema y conocernos y si no te gustan podemos buscar a otros.-
-¿Otros?-
-Sí. Pensé en ellos para hacerlo, bueno más bien en ella, porque hace mucho siglos que la conozco. Sé que es buena persona, es limpia, será respetuosa y discreta. A más a más no conoce a nadie de nuestro entorno y de aquí a dos semanas ella se irá así que no tendrás que volver a verla. Como ya habrás leído en el diario personal que te regalé, ya me he acostado con ella en más de una ocasión, es una gran profesional del sexo y la verdad es que es muy buena en la cama así que seguro que te hará disfrutar. A más tengo total confianza con ella para hablarle claramente sobre lo que queremos o no queremos hacer. Por eso la elegí, creo que es la mejor opción para nosotros, pero repito, por si por lo que sea a ti no te gustan, o no te caen bien, o te da cosa porque yo ya he tenido relaciones sexuales con ella podemos cambiar. No me importa. Buscaremos a otros-.
Alec se quedó sin palabras: después de toda la película que se había montado él solito sobre la decisión de su novio, y resulta que el pobre Magnus lo había hecho todo pensando en él.
-Hemos venido antes- prosiguió Bane – para que tengas tu tiempo para acomodarte al lugar y sean ellos los que lleguen no nosotros. Como si de alguna manera fueron ellos los que entran en nuestro territorio.-
Alec tan solo fue capaz de rodear suavemente el rostro de Magnus con las manos y besarle lentamente.
-Aku Cinta Kamu- le dijo el Hijo del Ángel al subterráneo.
-Yo más- le respondió el brujo sonriendo con orgullo y besando de nuevo esos carnosos labios que tanto le gustaban.
Se estuvieron besando, mirando a los ojos, acariciándose y diciéndose lo mucho que se amaban hasta que llegaron Debby y su pareja.
-Buenas noches- saludó la bruja antes de darse cuenta de que acababa de romper un momento precioso –Ui perdonad. Siento interrumpir. Podemos esperar fuera unos minutos si queréis-.
-No tranquilos- Magnus sonrió a los recién llegados sin dejar de abrazar a su novio – entrad, de lo contrario tendríais que esperar fuera toda la noche.-
El brujo rodeó con un brazo los hombros del nefilim y se dirigió hacia Debby y su novio. Saludó a la bruja con un rápido beso en la mejilla y le alargó la mano al otro que le devolvió el apretón de manos.
-Magnus, un placer conocerte- se presentó.
-David- lo mismo digo.
-Él es Alec- El Gran Brujo presentó a su novio mientras le dedicaba una mirada llena de ternura.
-Hola cielo, yo soy Debby y él es David- La bruja le dio dos besos en las mejillas y el otro brujo le estrechó la mano al igual que hizo con Bane. –Tenías razón Magnus, tiene unos ojos preciosos- le sonrió la chica.
Las dos parejas tomaron asiento y hubo unos segundos de silencio que Debby no tardó en romper.
-Y cuéntame Alec, así que es la primera vez que tendrás sexo con más de una persona simultáneamente-
-Sí-
Respondió el joven que acababa de caer en la cuenta de que era el único inexperto de la mesa. Los demás contaban con décadas de experiencia y él no hacía ni cuatro años que había perdido su virginidad. Empezaba asustarle la idea de no dar la talla cuando llegase el momento e inconscientemente, de los nervios, empezó a mover la pierna. Magnus se dio cuenta y pasó su mano por debajo de la mesa para apoyarla en la rodilla del nefilim y empezar acariciarle en un intento de relajarle. El joven Lightwood agradeció ese detalle: le tranquilizaba saber que tenía el apoyo de su novio.
-También será la primera vez que te acostaras con una mujer ¿No es así?-
-Sí- volvió a responder Alec monosílabo.
-No te preocupes cariño. Supongo que Magnus ya te habrá comentado que soy una prestigiosa profesional de la sexología, te iré guiando en todo momento. Es igual que hacer el amor con un hombre con la diferencia de que la vagina de la mujer está preparada para ser penetrada y…-
Debby siguió hablando y explicándole cosas sobre tener sexo con mujeres pero Alec ya no estaba escuchando: quería que el suelo se abriese y la tierra se lo tragase. Notaba como gotas de sudar se deslizaban por su espalda. Si ya le daba vergüenza hablar sobre eso ¿Cómo iba hacerlo?
-Y habéis pensado en alguna temática-
-¿Qué?-
-Si ya sabes, quieres que hagamos algún juego de rol, o que nos disfracemos de algo, no sé ¿Qué tenías pensado? Si no te atrae Debby por el hecho de ser mujer no tienes porque tener sexo con ella- David habló directamente con Alec mirándole con cierto deseo. Era evidente que al brujo le había gustado el nefilim.
-¿Ju.. juego? No… no lo sé… yo…- Alec balbuceaba sin acabar de decir nada en concreto.
Por fortuna suya, una vez más, Magnus estaba allí para protegerle. Deslizó la mano que tenía encima de la temblorosa rodilla de Alec para coger la mano del nefilim y llevarla hasta su boca para besarle cariñosamente el dorso, justo encima de la runa de visión.
-Escuchad, como ya os comenté yo soy la única experiencia de Alec, así que por favor tendréis que ir despacio con él y con mucho cuidado. Nada de cosas raras o que le puedan incomodar y hasta donde él quiera llegar. Va a ser él quien va a marcar el ritmo en todo momento así que nada de agobios ni presiones y sobretodo discreción al cien por cien. Si por lo que sea en cualquier momento él decide que no quiere seguir, pararemos, sea cual sea el momento y la situación Esas son nuestras condiciones así que si no os parece bien aún estamos a tiempo de cancelar todo esto.-
Después de soltar ese pequeño discurso Magnus miró fijamente a esos grandiosos ojos azules que le tenían el corazón robado y con todo el cariño del mundo acarició la mejilla de Alec.
-¿Te parece bien? ¿Quieres añadir algo más?-
No, eso no tenía que ser así. Eso era el regalo para Magnus, teóricamente tenía que ser algo que él tenía que disfrutar sin pensar en nada más, y por lo contrario, como de costumbre, estaba pendiente de Alec y preocupándose por él. El nefilim pensó que se tendría que esforzar más para fingir que se moría de ganas de participar en todo aquello y así Magnus dejase de preocuparse por él.
-Sí, sí. Me parece todo bien.-
-Por supuesto- contestó Debby – no ha sido nuestra intención ofenderte en ningún momento así que lo sentimos si ha sido así-.
-No, está bien, no pasa nada, no me habéis ofendido- les tranquilizó Alec.
-No tiene que preocuparte la falta de experiencia, eres muy joven, todos hemos pasado por aquí- también quiso tranquilizarle David. –Tal y como ha dicho él si en algún momento hay algo que no te gusta tan solo tienes que decirlo.-
Después de eso la cena transcurrió de lo más normal. Dejaron de hablar sobre sexo y los tres brujos empezaron a contar viejas historias sobre episodios vividos en sus largas vidas. La verdad es que al final, dejando los perjuicios a un lado, Alec tuvo una divertida velada.
Cuando al fin la cena terminó las dos parejas se despidieron y Alec y Magnus decidieron volver a casa paseando tranquilamente en vez de usar un portal. Hacía una bonita noche así que era agradable andar bajo el estrellado cielo cogidos de la mano y cruzándose con otras parejas de enamorados que estaban haciendo exactamente lo mismo que ellos.
-¿Qué te han parecido? ¿Te han gustado?- Quiso saber el Gran Brujo de Brooklyn.
-Sí, me caen bien. Son muy divertidos. A ti te gustan ¿Verdad?-
-Sí- respondió Magnus "Pues eso es lo que importa" pensó Alec para él "Si a ti te gustan a mí también".
Dos calles antes de llegar a casa ya empezaron a besarse apasionadamente así que cuando llegaron al piso de Bane, dos marcas rojas ya decoraban el cuello de Alec y al llegar a la habitación la camisa y el cinturón de Bane ya habían desaparecido.
-Alexander ¿Seguro que quieres hacer esto?- Refiriéndose al intercambio de parejas.
-Sí- le respondió éste -¿Es que no te parece bien?-
-Sí, sí claro. Me parece estupendo y tremendamente erótico- le contestó el brujo mientras agarraba con fuerza las nalgas de Alec y le apretaba con fuerza contra su sexo.
El brujo levantó al cazador de sombras hasta sus caderas y éste enrolló las piernas en la cintura del brujo que se sentó en el sillón de la habitación con el nefilim encima. Hoy harían el amor allí. Después de un par de apasionados besos Alec se deslizó hacía el suelo y se arrodilló enfrente de su novio desabrochándole el pantalón. Magnus se acomodó para gozar de lo que venía a continuación: la felación de Alec.
Alec disfrutó al máximo esa noche de placer, de cada caricia y beso, sabiendo que la próxima vez que se acostase con su novio ya no estarían solos.
Continuará en el próximo capitulo
