Y al fin llegó el viernes. Para Alec el día ya se torció de buena mañana: desayunando se derramó el café por encima y de camino al Instituto metió el pie dentro de un charco y tubo que ir con el zapato húmedo el resto del día. A medida que avanzaba la mañana las cosas no iban mejorando: entrenando con Jace, como estaba más pendiente de lo que pasaría esa noche que del entreno, recibió un fuerte golpe de su parabatai que le hizo sangrar por la nariz. Interponiéndose entre una disputa de licántropos recibió un fuerte arañazo de uno de ellos al intentar separarlos cuando se estaban pegando y por si eso fuera poco les surgió una emergencia con un demonio a última hora. Aquí fue donde se llevó la peor parte. El demonio era una especie de masa viscosa con tentáculos y varios ojos que hacían que tuviera muy buen campo de visión: lo atacases por donde lo atacases él lo veía. Mientras el nefilim de ojos azules intentaba cortar uno de esos tentáculos, con otro de ellos el demonio le rodeó el cuello y lo levantó un metro del suelo. Con todas sus fuerzas Alec intentó deshacerse de ese agarre mientras notaba como pequeños pinchos del tentáculo se le clavaban en la blanca piel y le hacían sangrar. Sus esfuerzos fueron en vano: ya no podía respirar y notó como algo muy afilado se clavaba en su cintura. La falta de respiración y la pérdida de sangre (que le salía a chorros) hizo que se desmayase.
Cuando abrió los ojos estaba tumbado en una de las camas de la enfermería del Instituto e Izzy le miraba con preocupación.
-¿Estás bien?- Le preguntó su hermana aún con voz asustada.
-¿Qué ha pasado?- Quiso saber el joven Lightwood.
-Ese demonio un poco más y te estrangula. Te ha dejado inconsciente, por suerte Jace estaba allí y te ha salvado- le explicó Simon fascinado.
Alec giró la cabeza y vio que su parabatai le estaba dibujando una "Iratze." De repente entró Clary despeinada y roja como un tomate de tanto correr.
-He conseguido más vendas- dijo apresurada sin darse cuenta de que Alec ya había despertado.
Alec se observó el cuerpo: le habían quitado la camiseta y le habían vendado toda la cintura. Debería tener un buen corte ya que la venda estaba manchada de sangre.
-¡Alec!- Se alegró Clary – Al fin has despertado-.
-¿Al fin? ¿Cuánto tiempo llevo inconsciente? – De repente el corazón se le paró -¡¿Qué hora es?!- Completamente alarmado y buscando su reloj.
-Las 19:15h- le contestaron.
-¡Las 19:15! Oh, Dios, Dios… Por el Ángel que tarde es. Ya debería haberme ido- Cogió su teléfono: 7 llamadas perdidas de Magnus –Oh mierda, mierda, mierda-.
-¿Se puede saber que estás haciendo?- Le preguntó Jace regañándole –No te puedes ir, tienes que reposar y esperar que la runa haga efecto.
-No puedo. Debo irme ya, es más, ya no debería estar aquí. Por el Ángel voy tarde, voy tarde-.
-¿Estás bien?- Tanta desesperación empezaba a preocupar a sus amigos.
-¿A qué viene tanta prisa? Nos has dicho que habíais planeado una noche especial con Magnus ¿No? Le llamas y le dices que llegaras tarde-. Isabelle buscando una solución.
-No puedo… a las 20:00h tenemos… tenemos…- no sabía que decir y los demás se lo miraban como si fuera tonto. – Teatro, tenemos entradas para el teatro.-
-Pero no puedes irte así- insistió Jace- Primero es tu salud, podéis ir al teatro otro día.-
-¡Noooo! Es una obra muy buena y quiero verla. No os preocupéis, en casa Magnus ya me curará.-
Recogió sus cosas apresuradamente y salió disparado hacia el loft de Bane, se duchó tan rápido como pudo se cambió el vendaje y una vez más corrió como si 100 demonios le estuvieran persiguiendo hasta llegar al hotel donde tenían la cita con Debby y David.
Alec llegó a la puerta del hotel y sacó su teléfono móvil para llamar a su novio y preguntarle donde estaban cuando escuchó la voz del brujo.
-¡Alexander! – Alec se giró y vio a los tres allí de pie –¿Qué ha pasado? ¿Va todo bien?- Se le veía preocupado –Te he estado llamando y esperando en casa pero como no venías he tenido que venir aquí ya que ellos dos ya hacía rato que me habían dicho que nos estaban esperando-.
-Oh, por el Ángel, lo siento muchísimo chicos. He tenido un problema de última hora. Siento el retraso.-
-No pasa nada cariño- le tranquilizó Magnus dándole un beso de bienvenida
-No te preocupes. Contra los imprevistos no se puede hacer nada- le sonrieron también Debby y David para quitarle hierro al retraso.
-Lo que importa es que estás bien, me tenías muy preocupado- y en un gesto de afecto Magnus puso en orden el despeinado pelo de su novio.
Alec sacudió la cabeza e improvisó un peine con sus dedos, no sin antes fijarse en lo bien vestidos que iban los demás, eso le hizo sentir mal de nuevo: con las prisas tan solo se había puesto un tejano negro, una camisa azul marino y había cogido la primera chaqueta que vio. El hecho de que la ropa combinase entre si había sido por pura casualidad. No es que fuera mal vestido ni nada por de eso, pero claro, comparado con los demás Alec sentía que no estaba a la altura.
-Pues ahora que estamos todos ya podemos entrar- entusiasta Debby.
Evidentemente era la primera vez que Alec pisaba un local de "swingers" y a decir verdad le sorprendió positivamente. Era un lugar agradable, con muy buena decoración, cómodos sofás por todas partes, música, cortinas, velas, flores y una tenue luz rojiza que le daba al local un aire muy sensual. Tan solo entrar ya fue en su encuentro una mujer rubia de pelo corto, tendría unos 40 años y el escote de su vestido prácticamente le llegaba al estómago.
-Buenas noches y sean bienvenidos señores. Mi nombre es Teresa y soy una de las tres "relaciones públicas" que tenemos en el local. ¿Es su primera vez con nosotros? Déjenme que les guie. En esta planta tenemos nuestro bar donde la gente aprovecha para conocerse. En el piso menos uno tenemos nuestra zona de aguas con piscina y jacuzzi, en los vestuarios encontraran los albornoces. Y si decidieran intimar con alguna de las otras parejas que nos acompañan está noche, en el segundo piso tenemos nuestras habitaciones exprés, que se pueden alquilar por dos horas y media o si quisieran también está a su disposición nuestro lujoso hotel, con habitaciones realmente maravillosas ¿Quieren que les enseñe alguna?-
-No, gracias Teresa- le respondió Magnus –Nosotros ya tenemos hecha una reserva en una suite de la quinta planta, pero gracias igualmente querida-.
-Uuuu, la quinta planta nuestras más exclusivas habitaciones – respondió Teresa- ¿Celebran algo en especial?-
-Bueno, sí, podríamos decir que sí… es la primera vez del chico- le explicó Debby a la relaciones públicas cogiendo a Alec por el brazo.
-Oh, angelito que ricura… bienvenido cielo. Me alegra tanto que te estrenes con nosotros. A un chico tan atractivo y jovencito como tú no le faltaran pretendientes. Se te ve tímido ¿Quieres que te presente a alguien? Hay algunas parejas experimentadas que creo que te podrían enseñar muchas cosas…- Teresa ya estaba cogiendo a Alec de la mano para llevárselo cuando Magnus la frenó.
-Eres muy amable Teresa pero nosotros sí que tenemos AÑOS de experiencia – remarcó la palabra haciendo que Debby y David rieran por lo bajini-. Sabemos perfectamente como funciona todo este mundo y no estamos interesados en relacionarnos con otras parejas-.
Aunque la mujer quiso aparentar con una sonrisa que lo aceptaba la verdad es que se fue un poco desilusionada al no poder ayudar al grupo de recién llegados.
Cuando al fin se despidieron de Teresa, Magnus propuso de tomar algo antes de subir a la habitación, para ir cogiendo confianza y no fuera todo tan frío. Al hacer la reserva de la habitación también lo hizo para una especie de zonas privadas con sofás y mesas, algo parecido a un "chill out" interior, donde la gente aprovechaba para charlar, tomar algo y conocerse. Era evidente que no era la primera vez que Magnus pisaba ese local.
-Me parece una idea estupenda- le dijo Debby mientras sensualmente pasaba la mano por debajo de la camisa del brujo acariciando su torso – no sabes las ganas que tengo de subir a la habitación – y mordió los labios del brujo eróticamente para posteriormente cogerlo del brazo y andar juntos hacia allí.
Al ver semejante escena por unos segundos Alec quedó paralizado, tuvo que respirar hondo y repetirse a si mismo "me ama a mí y eso es tan solo por diversión, me ama a mí y eso es tan solo por diversión". Magnus se giró de inmediato para mirar a su novio, seguramente para ver como reaccionaba a lo que tan solo acababa de empezar, pero el nefilim se dio la vuelta rápidamente para mirar a otro lado y fingir que no había visto nada: tenía miedo que Magnus le notase algo y estropear la noche de su cumpleaños. Claro está, David no se quedó con las manos quietas así que puso su mano en el bolsillo trasero del pantalón del Cazador de sombras, haciendo que Alexander diera un pequeño salto al notar como le tocaba el trasero, y ambos siguieron a Debby y Magnus. Las dos "nuevas parejas" se sentaron en una especie de cómodas sofás que estaban a ras del suelo quedando de por medio una mesa que les separaba. Aunque Alec tenía a Magnus justo en frente, le parecía como si el brujo estuviera a quilómetros de distancia, nunca antes habían estado así: tan cerca el uno del otro y sin poderse tocar. Por otro lado ya lo estaba tocando Debby por él. La bruja se arrimó al cuerpo de Bane y no lo soltaba ni por casualidad, y al igual estaba haciendo David con él, le cogía de la mano y le acariciaba la pierna constantemente. Alec no entendía muy bien el funcionamiento de todo aquello ¿Significaba que eso sería la dinámica de la velada? ¿Qué Magnus estaría con Debby y él con David? ¿Qué no podría estar con su novio en toda la noche?
Las caricias de Debby acabaron convirtiéndose en ardientes besos en los sensuales labios del Gran Brujo de Brooklyn que éste evidentemente le devolvía y David no tardó mucho en copiar a su novia. Le digo un par de cosas a Alec, seguramente para romper el hielo con el tímido chico, y luego con las puntas de sus dedos acarició la mejilla del joven.
-Tienes unos ojos preciosos Alec, jamás había visto unos tan azules y brillantes como los tuyos. La verdad es que eres un chico muy atractivo.-
Cogió el mentón del chico y muy lentamente se fue acercando a él hasta darle un tímido beso de prueba en los labios. Después de ese pequeño ensaño, se acercó un poco más al nefilim y ya le besó más apasionadamente, abriendo la boca e introduciendo la lengua en la boca de Alec. El pobre Lightwood no sabía exactamente que hacer, así que abrió los ojos y miró a su amor: Magnus y Debby también se estaban besando, así que intentó tranquilizarse y hacer lo que había venido hacer. Le devolvió el beso a David. Era la segunda persona a la que besaba y la verdad es que esos besos no se parecían lo más mínimo a los que Magnus le tenía acostumbrado. David dejó sus labios y empezó a besarle la mandíbula hasta bajar al cuello, pero lo que sintió no tenía nada que ver con lo que sentía cada vez que el Gran Brujo de Brooklyn ponía sus labios en esa zona. Alec siempre había pensado que el cuello era su punto débil: cada vez que Magnus le besaba allí literalmente perdía la noción de todo lo que pasaba a su alrededor, un escalofrío recorría todo su cuerpo, sentía cosquilleo en el estómago y de su garganta salían involuntariamente pequeños sonidos de placer. Cosa que por otra parte David no estaba consiguiendo. Allí se dio cuenta de que realmente su punto débil no era el cuello, eran los besos de Magnus. En un intento de ser sexy (que no lo consiguió) David quiso morder la fina piel del cuello del nefilim y seguramente notaría la cicatriz que horas antes le habían hecho porque se separó de su presa y le desabrochó la camisa para abrirla y observar el cuello de Alec.
-¡Dios mío chico! ¿Qué te ha pasado?- Exclamó al ver la cicatriz.
-Nada. Es solo una herida. No pasa nada, es normal con mi trabajo-.
-¿Qué es normal? Por lo mínimo has tenido que estar inconsciente un par de horas. Deja que te cure.-
Pero no pudo hacerlo porque literalmente fue arrollado por Magnus que le empujó para ocupar su sitio en el sofá, cosa que sorprendió a Alec ya que pensó que como él y Debby estaban tan apasionados seguramente no se habría enterado de esa conversación.
-¡¿Qué te ha pasado?!- Y chasqueó los dedos para hacer aparecer una lámpara con una fuerte luz para poder examinar la herida de su novio.
De inmediato Debby cerró las cortinas para que los otros clientes del local no vieran como de las manos de Bane salían rayos de colores que hacían aparecer cosas.
-Alexander, cariño- dijo Magnus con expresión de dolor en el rostro mientras le tocaba la cicatriz del cuello. -¿Cómo te has hecho esto? ¿Tienes más heridas? ¿Estás bien? Oh, cielo ¿Por qué no me has dicho nada? ¿Quieres ir a casa?-
-Tranquilo, estoy bien- le sonrió acariciándole la mejilla – ya me he puesto un par de runas curativas lo que pasa es que como no he parado ni un momento aún no me han hecho efecto. Pero ahora que ya estoy más quieto y tranquilo harán su función. No hace falta que nos vayamos.-
-¿Seguro?-
-Sí, seguro-.
Lo que realmente no quería Alec era estropear el regalo de cumpleaños de su novio. Debby y Magnus ya habían empezado con la noche de intercambio de parejas y parecía que todos se lo estaban pasando bien: seguramente no tardarían mucho en subir a la habitación. No podía ahogar la fiesta de esa manera. Ahora no. Aguantaría lo que fuera por Magnus.
-Entonces deja que te cure- le comentó el Gran Brujo.
-Tranquilo Magnus, aparte de Brujo soy médico- le comentó David –ves con ella y terminad lo que habéis empezado. Disfrutad de la noche. Yo curaré a Alexander- se ofreció.
Alexander pudo leer en el rostro de Bane que éste se había molestado. Claro ¿Cómo no iba hacerlo? Se lo estaba pasando en grande celebrando su cumpleaños y habían tenido que interrumpir la noche por culpa de sus heridas, y encima ahora le tenían que curar. Se sentía muy culpable de nuevo: desde que empezó la noche que no había hecho nada bien.
-Alec, se llama Alec –puntualizó Magnus con malas formas - Alexander solo se lo dijo yo. Es mi novio y yo le curaré- de repente pareció que se dio cuenta de la dureza en como estaba diciendo sus palabras y de alguna forma se disculpó. –Perdona por mi mala educación, quizá me he puesto un poco nervioso con todo esto de las heridas-
-No pasa nada, tranquilo te entiendo. Tan solo pretendía ayudar-
-Lo sé gracias. Voy a curarle ¿Por qué no vais a tomar algo? Yo os invito, cárgalo todo a la habitación 4262. Tardaremos un buen rato ya que una vez que le aplique la magia quiero que se quede reposando tranquilamente para que le haga efecto.-
-Si está bien- asintieron los otros dos respetando la decisión de Magnus.
Cerraron las cortinas tras ellos cuando salieron de esa zona dejando a solas a la pareja.
Magnus puso las manos en las heridas de Alec y las curó todas, tanto las del cuello como las de la cintura, mientras le colmaba de mimos y caricias. Una vez curado Bane se apoyó en la pared y abrió las piernas para que Alec pudiera sentarse entremedio y apoyara su espalda en el pecho del brujo. Pasó sus manos por debajo de la camisa del nefilim para ir acariciándole la dañada cintura, mientras éste reposaba para que la magia le hiciera el adecuado efecto y gozaba de las atenciones y mimos del subterráneo.
-Siento estropearlo todo- se disculpó el joven Lightwood –Entiendo que estés enfadado pero te prometo que ahora sí que estaré al 100%-
-No tienes de que disculparte Alexander y no estoy enfadado contigo- su voz era dulce y suave como de costumbre –simplemente me tendrías que haber dicho desde un principio que estabas herido, mi amor. Sabes que no me gusta que sufras, no tienes necesidad de esto: mi magia puede curarte rápidamente y sin sentir dolor. Pero no estoy enfadado, así que deja de preocuparte ¿Entendido?-
"Sí que lo estás, quizá no estás enfadado pero si molesto. Te conozco" pensó Alec aunque no le comentó nada de esto a su novio.
-¿Te gusta este local? La gente que viene aquí es discreta y respetuosa, pensé que te sentirías cómodo aquí.-
-Tú ya habías venido otras veces ¿No es así?-
-Así es-
-Con Debby ¿Verdad?-
-Sí- suspiró haciendo que el cuerpo de Alec, que estaba completamente apoyado en su pecho, se moviera el ritmo de su suspiro - Con ella hemos visitado este local más de una y de dos veces. Tampoco es la primera vez que ambos usaremos esa habitación… juntos…- confesó.
-¿Juntos?- Dudoso Alec que no sabía muy bien que decir ante eso. Magnus se lo notó.
-Sí, tanto ella y yo solos como acompañados por otras personas. Espero que esto no sea un inconveniente para ti. Cogí esa habitación porque es estupenda, ya verás tiene una cama enorme, jacuzzi privado, bar, un gran sofá con una tele y un reproductor con películas de contenido sexual, varios juguetes eróticos, un montón de espejos, un armario lleno de disfraces y complementos e incluso un apartado para los amantes del sado. También tiene otra habitación supletoria. La he reservado hasta las 18:00h de mañana, así que si te apetece o la cosa se alarga mucho nos podemos quedar a dormir allí-.
-¿Dormiremos juntos? O sea ¿Tú y yo?-
-Claro que dormiremos juntos, cariño- Alec se alegró: al fin una buena noticia –Bueno… si tú quieres-.
-Sí, sí, sí- se apresuró a confirmar el nefilim.
-Y como cuando te regalé mi diario personal te prometí que ya no tendría más secretos para ti, he de confesarte que no hay nada en esa habitación que yo no haya hecho ya. Lo he usado absolutamente todo incluso llegué a llevar otras cosas por mi cuenta. De hecho supongo que Debby ya se encargará de hacer un recordatorio de todo lo vivido cuando entremos en la habitación…- puso los ojos en blanco en un gesto de desesperación.
Alec no contestó.
-Pero eso no quiere decir que lo de ésta noche no signifique nada para mí ¿Entendido? Ésta vez será contigo y eso ya hace que sea especial – se apresuró a puntualizar y como Alec seguía sin decir nada volvió hablar -¿Te parece bien, entonces? ¿Qué lo hagamos en esa habitación igualmente?-
Alec suspiró, despegó su espalda del torso del brujo y se giró para quedar cara a cara.
-Magnus tengo más que asumido que nunca haremos nada que no hayas hecho ya… tienes más de 500 años- le sonrió – No me importa, podemos seguir con la noche tal y como la planeaste, ya sé que hagamos lo que hagamos nunca será una primera vez para ti-.
-Te equivocas Garbancito, no eres consciente de la cantidad de primeras veces que me estás haciendo vivir… - le cogió el rostro y le besó con desesperación- Te amo muchísimo-.
-Yo también te amo- le respondió Alec cuando se separaron del beso –Seguro que es la primera vez que tienes que esperar a un amante en la puerta de un hotel y encima viene mal vestido, despeinado y herido-.
-Tienes razón- le rió divertido- eso jamás me había sucedido. Oye siento haber venido aquí y no esperarte en casa, pero es que no me respondías el teléfono y ellos dos ya hacía un buen rato que nos estaban esperando. Tuve que venir a dar la cara-.
-Lo sé, no importa, yo también hubiese hecho lo mismo. Pero no hacía falta que estuvierais a fuera, me podríais haber esperado aquí tomando algo-.
-¿Y entrar sin ti? De eso ni hablar. Es algo que hacemos juntos, tú y yo, algo nuestro: o entramos juntos o no entramos.-
Estaban a punto de volver a besarse cuando Debby llamó a Magnus. El brujo respondió al teléfono.
-¿Cómo está el chico? ¿Lo has podido curar?-
-Sí, sí todo bien… ya venimos ¿Dónde estáis?-
La chica le respondió desde el otro lado del aparato y Bane colgó.
-Eran ellos- le explicó a su amado- deberíamos de ir tirando ¿Estás bien ya?-
-Fuerte como una roca- respondió Alec no sin antes dar un último abrazo a su novio.
De camino hacía el bar donde les estaban esperando los otros dos, varias parejas pararon a Magnus y Alec para ver si estaban interesados en pasar una noche con ellos. Evidentemente Malec declinaron todas las ofertas. Pero las proposiciones no cesaron al llegar a su destino: ya sentados en la barra del bar conversando con David y Debby muchos eran los interesados en ellos dos. Alec tenía que admitir que su novio tenía razón: la pareja que había buscado eran buena gente y le caían francamente bien.
-¿Qué estás buscando?- Le susurró Bane a Lightwood viendo como Alec no paraba de mirar de un lado a otro- ¿Has visto otra pareja que te gusta más?-
-No, no. No es eso. Es que no me imaginaba que esto fuera así-.
-¿A qué te refieres?- A Alexander le encantaba el cosquilleo que le producían las palabras de Bane al oído.
-No sé. Todos ellos son gente muy normal y ya con cierta edad. Creo que si no soy el más joven deberé ser uno de ellos. No sé. Hay muchos que me recuerdan a mis padres.-
-Claro que son gente normal ¿Qué esperabas encontrar? ¿Orgías con animales? Durante años los mundanos han tenido el sexo como tema tabú: no se hablaba de él y en algunas culturas incluso estaba mal visto tener relaciones sexuales que no fueran con fines reproductivos o disfrutar de ellas. Pero el sexo es algo mucho más natural que todo esto, forma parte de los seres vivos. No tiene nada de malo disfrutar del sexo y compartirlo con otros. Quizá esta gente llevan muchos años juntos y han querido romper con su monotonía ¿Y qué hay de malo en ello? Nada, absolutamente nada. Es solo diversión sabiendo que los sentimientos que se tienen entre ellos son fuertes y están por encima de una noche de sexo. Me parece una fuerte prueba de confianza el uno con el otro, hay quien incluso disfruta observando como su pareja se acuesta con otros y llega al orgasmo con ellos.-
Después de esa pequeña conversación con Magnus, Alec tenía más que claro que había acertado con su regalo. Quizá esa no fuera su manera de ver las cosas, pero si la de Bane, y estaba dispuesto a seguir fingiendo que quería hacerlo si eso era algo que su novio deseaba, si eso hacía que Bane pasase una exquisita noche de placer.
David, Debby y Magnus empezaron de nuevo con sus besos y toqueteos así que el pobre Alec les iba siguiendo como podía hasta que al fin Debby hizo la propuesta:
-¿Y si subimos ya a la habitación?-
Los demás asintieron así que en cuestión de diez minutos el grupo ya estaba enfrente de la puerta 4262. Magnus sacó la llave y abrió la puerta. Alec se notaba el corazón disparado y las piernas le empezaron a temblar: estaba aterrorizado. Debby le cogió de la mano y lo entró a la habitación.
Continuará en el siguiente capítulo.
