Fue cerrarse la puerta tras ellos y en cuestión de segundos Alec ya tenía encima 6 manos manoseándole. Se le tensó todo el cuerpo. Magnus se dio cuenta inmediatamente que entre todos estaban agobiando a su joven novio. Le cogió del brazo y lo apartó de los otros dos para besarle dulcemente, pero ni los románticos besos del brujo pudieron calmar al nefilim. Su cuerpo era un saco de nervios y notaba como el corazón le latía con fuerza dentro del pecho. Mientras Bane seguía besándole, David se puso detrás de él, le rodeó con sus definidos brazos y le pasó la mano por debajo de la camisa resiguiéndole los abdominales con el dedo índice.

-Ei, no me dejéis al margen- protestó con voz sexy Debby viendo como los hombres habían empezado sin ella.

La bruja empezó a besar a Magnus por diversos puntos de su cuerpo hasta conseguir que éste soltara a Alec. Sin dejar de besarse Bane cogió a la bruja en brazos y la llevó hasta la cama. David seguía acariciando al Cazador de demonios pero ya no lo hacía con un solo dedo: ahora utilizaba las dos manos para no dejarse ni un centímetro de piel del joven sin tocar y se arrimó al máximo a su cuerpo para desabrocharle la camisa y quitársela. Alec pudo notar a través de sus pantalones como David ya estaba completamente excitado y se asustó, así que cuando el brujo-médico se puso ya enfrente de él para besarle con pasión Alec no fue ni capaz de devolverle el beso.

-¿Estás bien?- Le preguntó David acariciándole. Era evidente que Alec le producía cierta ternura.

-Sí, sí, es que yo solo he estado con Magnus. Estoy muy nervioso. No tengo años de experiencia como vosotros… no sé si sabré hacerlo, quizá os decepcione….- dijo la verdad. Alec no sabía hablar de otra manera: de forma sincera y natural tal y como se sentía en cada momento.

-Oh, eso no debe preocuparte, no me importa en absoluto ¿Quieres que volvamos al bar a tomar algo y lo intentemos más tarde? Si eso de ser cuatro personas te parece demasiado podemos ir a la otra habitación y estar allí los dos solos-.

Alec negó con la cabeza. Ese tal David era un buen tipo. Alec miró de nuevo a su novio y a Debby que muy a su pesar habían visto lo ocurrido. El brujo estaba sentado apoyado contra la pared y la bruja, que ya no tenía su vestido puesto, estaba sentada sobre éste con tan solo un sexy conjunto de lencería rojo. Magnus volvía a parecer enfadado.

-¿Todo bien?- Quiso saber la única mujer del grupo.

-Sí, sí- Alec forzó una sonrisa y cogió a David de la mano para reunirse con los otros dos en la cama.

En esa cama podrían dormir perfectamente cuatro personas a la vez: era enorme. De hecho toda la habitación era espectacular. Ya tenía razón Teresa cuando dijo que esa era una de sus habitaciones más exclusivas. Esa cama sola ya debía valer un dineral, ya que todos sus complementos, colchón, sabanas, cojines tenían que ser hechos a medida debido a sus dimensiones. Magnus se había tomado muchas molestias y se había gastado gran cantidad de dinero en esa noche, no podía fallarle. Le miró de nuevo y aunque Bane todavía llevaba sus pantalones la bruja estaba haciendo sensuales movimientos encima del sexo del brujo y empezaba a soltar algún que otro sonido de placer, pero eso no era lo que Alec se había imaginado. El nefilim le había regalado esa noche a su novio porque quería verle disfrutar pero Magnus no parecía hacerlo, más bien parecía serio y molesto. ¿Quizá el brujo quería que su novio pusiera un poco más de su parte y tuviera sexo con David o Debby? ¿O quizá quería que los tres estuvieran pendientes de él? Alec estaba dispuesto hacer lo que Magnus quisiese y tan solo había una forma de saberlo. Aprovechando que David había dejado de besarle la barriga y se había levantado para quitarse los pantalones Alec gateó por encima de la cama hacia su novio y le besó el desnudo hombro para llamar su atención ya que Debby le estaba mordiendo el cuello. De inmediato el Gran Brujo se giró hacía su chico de ojos azules, rotó el torso y le puso la mano por detrás de la nuca para besarle. Debby tuvo que bajar de la montura de Magnus y Alec ocupó su lugar: ahora era el nefilim quien estaba sentado encima de las caderas de Bane.

-Mi angelito precioso- le dijo Bane a Lightwood acariciándole el pelo hacía atrás.

Alec miró fijamente a esas doradas pupilas de gato y pensó en lo enamorado que estaba de Magnus y lo mucho que le amaba. Ese subterráneo le había cambiado la vida por completo... tenía tanto que agradecerle…

-Es tu cumpleaños, tu noche ¿Qué quieres que hagamos?- Alec tan solo quería complacer a su brujo.

-No Alexander, es tu momento: dime tú que es lo que quieres y lo haré realidad. Lo que sea. Estamos aquí por ti-

-No, esto es tu regalo de cumpleaños, eres tu quien debe decir-

-Espera –Magnus respiró hondo –a ver si queda clara una cosa ¿Estamos haciendo esto porque es mi regalo de cumpleaños? Oh, Dios mío, Alexander. Dios, Dios, Dios… ¿Nos perdonáis un momento?-

Se disculpó ante la otra pareja, hizo bajar al nefilim de sus caderas le cogió del brazo y le llevó a la otra habitación supletoria cerrando la puerta tras ellos.

-¿He dicho algo malo? ¿Te has enfadado conmigo?- Alec asustado.

-¿Qué? ¿Qué estás diciendo?-

-No sé, llevas toda la noche que pareces enfadado ¿Te ha molestado algo? Siento mucho si quizá no lo estoy haciendo como tú querías pero dime que es lo que quieres y lo haré. - Alexander gesticulaba mucho y estaba visiblemente nervioso. Magnus le cogió de las manos y le hizo parar.

-Alexander ¿Estás seguro de lo que vamos hacer?-

-Sí, sí claro-

-¿Me prometes que quieres hacer esto?- Le hablaba con dulzura.

-Sí, claro que sí. Tengo muchísimas ganas de probar algo nuevo- Respondió Alec rápidamente.

Magnus le sonrió y le cogió del rostro con sus grandes y bronceadas manos ya que no se estaba creyendo ni una sola palabra.

-Alexander Gideon Lightwood mírame a los ojos y júrame por el Ángel y por nosotros que tú realmente quieres seguir adelante con esta noche-.

-Es tu regalo de cumpleaños… tú si que quieres- Alec evadió la pregunta: no podía mirar a Magnus a los ojos y mentirle.

-Oh, estúpido nefilim… yo no quiero hacer esto-.

-¿Qué? ¿Cómo que no? – Alec estaba completamente desconcertado.

-Por el amor de Dios. Alec, Alec, Alec…-y Magnus empezó a decir cosas en un idioma desconocido para el nefilim, seguramente sería indonesio, mientras le abrazaba y le besaba con desesperación.

La manera en como le estaba abrazando el brujo le recordó aquella vez que, estando de visita en Idris, cuando tenía tan solo siete años, Alec se perdió explorando las calles de la ciudad y sus padres estuvieron unas dos horas buscándole. Cuando su madre le encontró le empezó abrazar y besar con desesperación y nerviosismo, tal y como lo estaba haciendo ahora su novio.

-¿Pero por qué? ¿Eres consciente de lo que íbamos hacer?-

-Por supuesto- evidenció Alec –Un intercambio de pareja. Yo pensaba que tu si querías. Lo leí en tu diario: a ti te gusta hacer este tipo de cosas con tus parejas-.

-¡Pero no contigo!- Sentenció – Contigo no Alexander- le susurró muy bajito mientras le besaba de nuevo. Ahora era Bane quien estaba visiblemente alterado. Después de un largo beso se separó de los labios de Alec y le preguntó: - ¿Me prometes que tú realmente no quieres seguir con esto?-

-Yo solo quiero hacerlo si es lo que tú deseas-

-Recoge tus cosas, nos vamos- y mientras decía esto en una mezcla entre orden y suplicaba ya estaba abriendo un portal.

-¿Y qué pasa con ellos? ¿No se enfadaran?- Cayó en la cuenta Alec.

El brujo hizo un gesto que evidenció que le importaba lo más mínimo si los otros se enfadaban o no.

-Es un local de swingers: encontrarán a otra pareja-.

Magnus se dirigió hacia la puerta, la abrió y tan solo sacó la cabeza para hablar con Debby y David.

-Perdonad chicos pero al final hemos decidido no hacerlo. Agradezco vuestra colaboración. La habitación está pagada hasta mañana por la tarde. Os podéis quedar-

Cerró la puerta, cogió a su novio de la mano y ambos cruzaron el portal.


Una vez en casa los besos y abrazos del brujo hacia el nefilim no cesaron aunque ya no estaba hablando en indonesio y Alec ya podía entender todo lo que le decía. Ambos iban descalzos y sin camisa. Magnus tenía su pantalón desabrochado y varias marcas del pintalabios de Debby decoraban su cuerpo. Alec, aparte de no entender absolutamente nada de lo que estaba sucediendo, iba completamente despeinado y tenía varios arañazos por el torso y una gran marca roja en el cuello.

-¿Estás bien?- Le preguntó Magnus preocupado analizando su cuerpo como si Alec acabase de llegar de una batalla.

-Sí, yo sí. ¿Y tú? Siento mucho todo esto… no… no sabía que tú no querías… pero si ya lo habías hecho muchas veces antes y sé que te gusta, lo sé ¿Por qué conmigo no? ¿Piensas que quizá no soy lo suficientemente bueno para hacerlo?-

-No. Nada más lejos de la realidad. No quiero hacerlo contigo porque tú eres mío… mi Alexander, mi estúpido nefilim- se sinceró el brujo. –Sé que es muy egoísta por mi parte pero no quiero tener que compartirte con nadie. No quiero que nadie más te abrace o te bese y mucho menos que se acuesten contigo. Seguramente te molestará esto pero es lo que siento.-

-Para nada me molesta, estás hablando conmigo ¿Recuerdas? A mí tampoco me gustaba la idea de tener que compartirte-

-¿Y por qué lo hiciste? ¿Por qué me dijiste de hacerlo?-

-Porque te amo y quería sorprenderte con algo especial.-

-Una fiesta sorpresa también me hubiese sorprendido- le sonrió Magnus cogiéndole de la mano y guiándole hasta el sofá donde se sentaron.

-Pero una fiesta es algo que tú mismo puedes organizar. Yo quería sorprenderte con algo que solo yo pudiera darte. Sabía que a ti te gustaban todas estas cosas pero que al salir conmigo ya las habías descartado porque sabías que nunca podrías hacerlo, porque en fin, soy un estúpido celoso de mente cerrada. Yo solo quería devolverte parte de lo que tú me das-. Alec bajó la vista avergonzado.

-¿De qué estás hablando? No quiero que pienses eso de ti mismo. No eres ningún estúpido celoso de mente cerrada ni nada por el estilo y si no quiero hacer esto junto a ti no es por tú culpa, es por mí, porque resulta que el celoso que no quiere que nadie más te toque ahora soy yo. – Ambos se sonrieron - ¿Y que significa que me tienes que devolver algo? Tú no tienes que devolverme nada-.

-¿Qué no te debo nada? Magnus tú lo aportas todo en esta relación… vivimos en tu casa y lo pagas prácticamente todo. Viajamos a través del mundo gracias a ti. Me has enseñado todo lo que sé en todos los sentidos de mi vida. Has sido mi primer beso, mi primera vez, mi primer novio, la primera persona a la que he amado de verdad. Tú me solucionas todos los problemas a mí y a mi gente y cuando estoy enfermo o herido tú me curas con tu magia y me cuidas. ¡Por el Ángel¡ Cuando tú te encuentras mal lo único que puedo hacer es prepararte una infusión.-

-Alexander- le acarició la mejilla- no tenía ni idea de que te sentías así. ¿Crees que no me aportas nada? Para mí tú lo aportas todo en esta relación, es más, sin ti no habría relación- bromeó – Sí, es verdad, tengo experiencia en todos los campos de la vida, soy muy poderoso y extremadamente rico ¿Y qué? ¿Para qué quiero todo esto si no te tengo a mi lado para compartirlo? Tengo una casa en cada país alrededor del mundo y antes de regresar a Nueva York estuvo 30 años viviendo en Indonesia. ¿Y qué es lo que hace que considere este piso mi hogar? Tú. Ahora mismo tú eres lo que le da sentido a mi vida, así que el que realmente está en deuda tendría que ser yo, no tú-

Se sonrieron y se fundieron en un largo y lento beso.

-¿Y por qué no me dijiste que no querías hacerlo? Yo estaba completamente convencido de lo deseabas ¿Y todas esas charlas sobre la naturalidad del sexo y todo eso que me contabas?- Preguntó Alec aún con los ojos brillantes de amor y los labios húmedos de la pasión.

-Por el mismo motivo que tú: pensé que tú sí que querías. ¿Te acuerdas de aquella conferencia a la que fui que coincidí con Debby?-

-Sí-

-Allí me dijeron que los chicos jóvenes tienen ganas de experimentar y probar cosas nuevas, que incluso hay parejas que se han llegado a romper por este motivo. Yo he sido tu única experiencia y me aterraba la idea de que me dejaras para irte con otros, así que incluso me alegré de que quisieras compartirlo conmigo. ¿Cómo te podía negar semejante deseo? Has leído mi diario, tengo una lista infinita de amantes, no puedo condenarte a que no tengas otra relación que no sea yo, aunque solo sea de una noche para probar. Todas esas charlas que te di sobre la naturalidad del sexo y que todo el mundo hace cosas de estas lo hacía para que no te sintieras mal por desear algo así. Si era eso lo que tú querías hacer yo te lo iba a poner lo más fácil posible, por eso siempre fingí que no me importaba… aunque veo que mis caras me han delatado un poco- puso cara de situación.

-Sí… yo pensaba que estabas enfadado conmigo porque no estaba dando la talla- al nefilim se le veía que se acababa de quitar un peso de encima.

-Por favor Alexander, que cosas piensas… tú lo haces todo perfecto – le besó en la mano- con quien me estaba enfadando era con el tipo ese. Ni te imaginas las ganas que tenía de convertirle en gusano o algo así para que te quitase las manos de encima. ¿Y pretendía llevarte a una habitación a solas sin mí? Jamás lo hubiese permitido-

Volvieron a sonreírse y a besarse. Alec se levantó, fue al lavabo y volvió con un trozo de papel mojado, y en un cariñoso gesto empezó a limpiar las marcas del pintalabios de Debby del cuerpo de su subterráneo. Al verle Bane le volvió a coger de la mano y le hizo levantar del sofá

-¿A dónde vamos ahora?- Quiso saber Alec.

-A darnos un baño-

Magnus llenó la bañera con agua bien caliente y gran cantidad de jabón de sándalo y ambos sumergieron sus cuerpos allí. Primero Alec fue el encargado de sacar el pintalabios de la bronceada piel del brujo mientras le colmaba de caricias y besos, una vez finalizó le tocó a éste repetir el proceso en el cuerpo del nefilim. Hizo que Alec se colocara entre sus piernas y con una esponja iba recorriendo centímetro a centímetro todo el cuerpo del cazador de sombras frotándole con dulzura.

-A mí no me han ensuciado con carmín rojo- le recordó Alec viendo que era la tercera vez que el brujo le iba a limpiar la piel.

-David ha estado paseando sus sucias manos por aquí, quiero borrar todo esto de tu cuerpo, quiero borrar cualquier cosa de esta noche- especificó.

-Lo siento- Alec se sentía culpable- no quería hacerte sentir mal. Yo solo quería regalarte algo único y que te gustase, no lo habría hecho si hubiese sabido que no te gustaría. No lo pagues con David, él es un buen tipo y me ha respetado y tratado bien en todo momento.-

-Lo sé- suspiró Magnus –Nada de esto es culpa tuya mi amor…es muy bonito esto que estabas dispuesto hacer-.

-Ya… pero parece ser que una vez más me he quedado sin algo que regalarte- tiró la cabeza hacía atrás y la apoyó en el hombro del brujo disfrutando del baño que estaba recibiendo -¿Hay algo que te gustaría que te comprase? No sé ¿Algo que te haga falta?-

-¿Estás de broma? Has estado a punto de ir contra tus ideas tan solo para complacerme. Tú eres mi mayor regalo Alexander. Estar contigo es todo lo que necesito para estar feliz-.

Era bien tarde cuando terminaron con su baño así que pasaron directamente de la bañera a la cama. Quizá esa cama no era tan grande y espectacular como la del hotel pero Alec no la cambiaría por nada del mundo. El nefilim se tumbó en la cama relajado y aliviado y se dejó abrazar por el brujo. Después de unos segundos Magnus le hizo girar poniéndole boca arriba y empezó a reseguir sensualmente con el dedo una de sus runas.

-Ahora que pienso quizá sí que hay algo que me gustaría que me regalaras-

-¿Sí? ¿Qué?- Alec giró la cabeza hacia Bane y vio como este se mordía el labio inferior con mirada deseosa.

-Quiero ver este cuerpo moviéndose sensualmente al ritmo de la música mientras te vas quitando la ropa… muy lentamente… y solo para mí…-

-¡¿Quieres que te haga un striptis?!- El sobresalto de Alec rompió el momento erótico que estaba creando Magnus.

-Aja- Respondió Bane mientras deslizaba las puntas de sus dedos por el torso de su novio.

-No. Absolutamente no. Yo… yo no puedo hacer esto. Tiene que haber otra cosa que quieras-

-Negativo, pequeño hijo de los nefilims. Esto es lo que deseo- le mordió la mejilla.

-Pero si yo no sé ni bailar normal ¿Cómo quieres que baile quitándome la ropa? Yo… yo…- se había acabado la sensación de relax para Alec - se me verá ridículo y no te va a gustar-.

-Eso ya lo decidiré yo. Te veo nervioso ¿Por qué?- Se burlaba Magnus – Soy inmortal ¿Recuerdas? Puedo esperar todo el tiempo del mundo para que me prepares un buen show erótico. Ah y para ese día nada de usar tu ropa vieja y desgastada: quiero que lo hagas con tu arrapado traje negro de combate ¿Te he comentado alguna vez que me da muchísimo morbo verte vestido de cuero de aquella manera? Quiero ver tu sudado cuerpo en movimiento.-

Alec sentía que estaba pasando más vergüenza con esa petición que en toda su vida, incluido el primer beso que se dieron. No hace falta decir que aquella noche Alec ya no pudo pensar en nada más: apenas pudo dormir. ¿Cómo diablos iba hacer aquello? Tenía un nudo en el estómago y no tenía ni idea de por donde empezar a preparar todo aquello, necesitaba ayuda y solo había una persona a quien pudiera pedírsela con toda confianza y discreción.


Eran las 7:30h de la mañana cuando un mensaje en el teléfono de Maia Roberts la despertó. La licántropo tan solo abrió uno ojo para estirar el brazo y coger el aparato de su mesita de noche. Era Alec:

"Necesito tu ayuda para el regalo de Magnus" ¿Podemos quedar esta tarde?"

-¿Quién es?- Preguntó Bat abrazando a Maia somnoliento.

-Alec-

Fin