Bueno! Con este fic ya me había tardado alguito, pero bueno ¡Gracias a los que continúan aquí!
*Fujisaki Naoko: Kanan being Kanan xD, bueno! lo de Mari quedará claro con este capítulo, espero... La cosa es que ustedes lo sepan o sospechen antes de que Kanan, que ya se acerca, se acerca~ . Perdón por la espera, ¡gracias por leer!
*N0MBR3: Efectivamente... ¡Mari es un alien! Ok no, pero no estás muy lejos con el concepto de lo que es un alien. Bueno! Debo admitir que la relación de hermanas de Kanan y Mari es una cuarta parte de lo que serían para mí, si fueran novias xD, obviamente adaptado para que su relación sea de hermandad y cada una se pueda ir con su cada cual. En este capítulo tendrás pistas importantes, ¡gracias por leer!
*Yui Funami Sonoda: En algunos párrafos más, ya no será tan misteriosa, pero eso ya lo verán uwu. ¡Gracias por leer!
*LostNeko120: No abandonaré! Podré tardar, pero nada de abandonar. Gracias por la espera!
Y pues nada, ¡espero les guste! Y perdón por la tardanza ; - ;
Sukha.
Capítulo 3:
"No puedes ayudarme"
— ¡Mari! — gritó Kanan, en medio de la oscuridad. Agitada, sudorosa, con el corazón palpitando a todo lo que daba y con la garganta seca.
De nuevo había tenido ese sueño: Corría tras la chica de cabello rubio, su corazón se sentía pesado, sentía que algo muy malo había ocurrido y que Mari necesitaba que la ayudara, pero cuando la alcanzaba cerca del río, ella desaparecía entre sus brazos. Era angustiante, no tenía palabras para describir ese temor silencioso que se instalaba en lo más profundo de su mente, atormentándola, ahogándola en varias emociones mezcladas que no alcanzaba a comprender. Pero tal como si algo la cuidara, siempre que se recostaba para volver a dormir, sentía cómo una cálida brisa pasaba por su cabello, apaciguaba su conflictuado corazón, casi podía sentir el calor, pero también una ráfaga fría de una nostálgica brisa, de alguna manera se había acostumbrado, pues el clima del lugar era templado y a veces el viento frío soplaba.
Una vez amaneció, bajó a desayunar, aun con el sueño en la cabeza, pero sin tener a nadie a quién contárselo, ni siquiera a su hermana.
Se encontró limpiando las ventanas, ya era sábado así que su mamá, en un intento por levantarle el ánimo de lo que fuera que le estuviera pasando, le aconsejó salir y divertirse, pero su hija mayor le respondió que ayudaría a las chicas de la limpieza limpiando los cristales.
Mientras pasaba el limpiador por el cristal, pudo ver que un Mercedes-Benz muy lujoso se estacionaba enfrente de la entrada y del interior, salía una chica de cabello azulado, de un tono diferente al suyo y, con pasos elegantes, se dirigía a la entrada de la casa. Dejó a un lado el estropajo junto con la cubeta y abrió la puerta.
— Buenas tardes— dijo la chica con una voz chillona pero no estridente, parecía mayor, quizá no tenía más de treinta años.
— Buenas tardes umm... ¿A quién busca? — pareció sorprendida por un momento, pero después sonrió ligeramente.
— Busco a Kenshin Matsuura— respondió, mirándola con ternura.
— Eh... Claro— ahora que recordaba, su padre había estado en su estudio todo el día y avisó que no saldría, quizá era porque la esperaba — Pase, iré a llamarlo.
— Gracias.
Dejó a la chica en la sala, pidiendo al servicio que la atendiera mientras ella iba a avisar a su padre que su visita ya había llegado. Se acercó a la puerta de madera, por alguna razón, le provocaba un escalofrío verla, y aún más, el saber que tenía que tocarla, pero lo hizo, mientras se convencía de que no estaba descansando lo suficiente.
— Padre, ¿puedo entrar?
— Claro, pasa— escuchó del otro lado, abrió la puerta — ¿Qué ocurre Kanan? — le preguntó una vez la vio entrar.
— Una chica te espera en la sala.
— ¿Una chica? ¿Quién?
— Tiene el cabello azul como el mío, es un poco más alta y... — comenzó a explicar, pero la sonrisa de su padre le indicó que parara.
— Ah, ya sé quién es, dile que pase aquí.
— ¿Quién es? — preguntó Kanan.
— ¿Eh? ¿No la recuerdas? Bueno, eras pequeña. Se trata de Yoshiko Tsushima, la hija de mis jefes.
Kanan terminó sus labores auto impuestas y se dedicó a ayudar un momento a Riko con su nuevo proyecto, el cual presentaría al día siguiente en la ciudad.
— ¿Supiste de la invitada de papá? — le preguntó, mientras anotaba algunas cosas en su gran cuaderno.
— Sí, se llama Yoshiko Tsushima, y al parecer la conozco de cuando era niña, pero no la recuerdo.
— Es normal, siempre has estado en tu mundo— Riko sonrió —. Yo estoy enterada de su existencia porque su imperio es el primer donador en eventos de moda en todo el mundo, aunque hay historias muy turbias de su familia, ¿sabes?
— ¿Cómo cuáles?
— Muchos decían que su tatarabuela era una bruja, tanto literal como hipotéticamente, siempre fue una mujer dura y exigente, nadie conoció a su pareja, y parece que se lo llevó a la tumba cuando murió, y vaya que se tardó en hacerlo, apenas hace unos cuarenta años que falleció.
— Qué creepy— susurró la peliazulada, pensando en qué tal difícil podría ser esconder tu vida privada, siendo así de famosa.
Llegó la hora de la comida y todos se reunieron en la mesa, pero esta vez había alguien más: Tsushima Yoshiko.
— ¡Vaya! Mira cómo has crecido— dijo Juliette mientras la abrazaba.
— Señora Matsuura, me alegro de verla— respondió la invitada, visiblemente asfixiada por la fuerza de la madre de Kanan.
— Siéntate, siéntate— la animó con una sonrisa — Hacía mucho que no te veía.
— Estuve ocupada con la empresa— respondió en un tono neutral.
— Oh, es cierto, ¿cuántos años llevan con ella?
— Setenta años y contando— por primera vez, Kanan vio una gran sonrisa salir de sus labios, parecía entusiasmada —. Hemos ayudado a muchos niños y dado trabajo a muchas personas.
— He visto las noticias y leído los artículos, realmente son una gran fundación y empresa, aunque lamento lo de tu abuela— se sinceró la madre de Kanan. El semblante de Yoshiko se nubló de nuevo y sus ojos se posaron en algún punto. No dijo nada y las Matsuura tampoco, al menos no hasta pocos minutos después.
— Fue algo lamentable, pero sin duda estoy segura de que murió en manos amables y con sus sueños realizados, gracias su preocupación— tomó agua — Daré lo mejor de mí para cuidar lo que construyeron mi tatarabuela, mi abuela y mi madre una vez lo heredemos su esposo y yo.
A pesar de ser alguien joven, hablaba como toda una adulta, eso hizo sentir a la ojivioleta inmadura de alguna manera, pero se consoló pensando que, de cualquier forma, se veía que no era ni cercana a su edad. "Aunque... si yo fuera tan madura... ¿Le habría dicho eso a Mari?" pensó.
— Y, ¿a qué debemos tu visita Yoshiko? — se animó a preguntar Juliette.
— Vine a arreglar todo para que nos envíen un par de pinturas de la galería que está bajo la casa— Kanan detuvo la sopa que llevaba a su boca, ¿la galería? Ah, sí, su padre había mencionado algo de ella.
— ¿De verdad? Eso es genial— la madre de Kanan juntó sus manos sobre la mesa — ¿Cuáles te llevarás?
— Algunas con paisajes y el cuadro de Matteo y Hanako con sus hijos.
— Oh entiendo, ¿los van a exhibir? Todos son cuadros realmente preciosos.
— Los paisajes sí... El de la familia... Lo quemaremos.
— ¿Qué? ¿Por qué?
— Mi tatarabuela se aferró a el mucho tiempo, igual mi abuela y mi madre, pero ahora puedo deshacerme de la última de sus desgracias, así que lo quemaré.
— Pero es un cuadro realmente hermoso, tiene muchos detalles y la calidez que transmite es inefable, ¿por qué no mejor me dejas conservarlo? Te lo compro.
— Disculpe, pero debo declinar la oferta— negó la peliazulada — Es mi decisión y ha sido tomada.
— Ya veo—la señora suspiró en resignación — Entiendo, entonces, aunque es una pena, es una pintura hermosa.
— Hola chicas, perdón por tardar, estaba en una llamada— dijo Kenshin mientras tomaba asiento en la mesa — ¿Comenzamos?
— Sin verte bien, pensé que eras la hija del servicio al encontrarte limpiando, no es algo que se vea a menudo en alguien que lo tiene todo. No te reconocí, has cambiado mucho— Yoshiko apareció de la nada, detrás de Kanan, quien esperaba con toda su fe que Mari asistiera ese día a ver el atardecer — Te veías extraña durante la comida, ¿pasa algo?
La miró con extrañeza, a la vez que, con un poco de molestia, se preguntaba qué hacía ahí, deseaba hablar con Mari a solas.
— Em, ¿a qué se debe la pregunta?
— Oh perdón, debe ser extraño— Yoshiko recogió un mechón de su cabello tras su oreja y sonrió, pero esta vez, parecía una sonrisa dulce — No te veo desde que tenías cinco años.
— Cinco años eh…
— Tu padre conoce a mi madre desde mucho antes de que entrara a la empresa, las recuerdo a ti y a Riko muy bien, en ese entonces yo tenía diez años— alzó la vista y sonrió — Recuerdo que te gustaba jugar mucho en la esfera que había en tu patio, siempre me pedías que yo tirara de la manija para que girara más rápido.
— Recuerdo muy poco de eso em— repasó sus recuerdos de la infancia, de verdad que no podía ubicar su rostro por más que quisiera — … Lo siento.
— Quizá te suene más esto— se puso de pie e hizo una pose extraña mientras decía con una voz profunda — ¡Es ángel caído Yohane desciende!
— ¿Qué...? — en ese momento recordó a una chica de cabello largo y un peinado extraño con una pluma negra coronándolo, todo cobró sentido "Ah... La loca..." — ¿Eres real? Pensé que eras una amiga imaginaria.
— Lamento decirte que soy real— sonrió mientras volvía a sentarse —. Después ya no tuve tiempo para nada, así que perdí comunicación con ustedes.
— Creo que recuerdo un poco— Kanan sonrió con nostalgia, el rostro de la chica no aparecía del todo en sus recuerdos, o más bien, le costaba darle ese rostro a la mujer a su lado, pues se notaba que los años habían pasado y Yoshiko ya no usaba ese overol con el que la recordaba, así como había cortado su cabello y había cambiado de estilo —. Me alegro de verte.
— Yo también— sonrió — ¿Qué haces aquí? Tu mamá me dijo que viniera a hacerte compañía porque siempre estás aquí, sola.
— Miro el atardecer...
— ¿Es algún pasatiempo?
— No realmente... Aquí... solía verme con una amiga...
— Entiendo— se quedó en silencio un momento —, ¿pelearon?
— No lo sé... Pero ya tiene mucho tiempo que no la veo— admitió Kanan con sorprendente facilidad, era una comodidad familiar esa que Yoshiko le brindaba.
— ¿Y por qué?
— Creo que me puse celosa y la terminé alejando.
— Vaya, no he tenido nunca pareja, pero me imagino que deber ser horrible pasar por algo así— Yoshiko palmeó la espalda de Kanan, quien se recargó en su hombro… era algo que sentía natural, y no iba a rechazar esa sensación de calidez que hacía tanto le faltaba —. Pero si tú eres tan especial para ella como ella lo es para ti, regresará, tenlo por seguro.
— Gracias— la menor mostró una sonrisa torcida, pero Yoshiko decidió no intervenir más.
— Bueno, creo que ya es tarde, debería irme ya.
— Oh, claro— Kanan se levantó con ella —. Te acompaño a la puerta.
Después de intercambiar números de celular, Yoshiko subió en su auto y tomó el camino a la autopista. Kanan miró el vehículo hasta que se alejó y poco después entró a su casa. Al pasar por la puerta de cristales que daba al jardín, vio una figura sentada en el kiosko, una chica de cabello rubio. Con el corazón en la garganta, salió rápidamente al jardín para asegurarse de que lo que veía era cierto.
— ¡Mari! —gritó, pero la chica no volteó. Kanan se acercó y sin más, la abrazó, era tan reconfortante que soltó algunas lágrimas — Mari...
— Lamento no haber vuelto pronto... Tuve problemas...
— ¿Eh? ¿Estás bien? — preguntó Kanan mientras se alejaba y la miraba de frente — ¿Te hicieron daño? ¿Te regañaron? ¿Qué pasó?
Los ojos de Mari se abrieron en señal de sorpresa, no esperaba que Kanan estuviera así de preocupada por ella, o bueno, quizá se había hecho una idea al verla dar vueltas todas las tardes como león enjaulado. Sonrió, conmovida, llevó uno de sus dedos a los labios de la peliazulada, indicándole que dejara de hablar.
— Kanan, estoy bien, de verdad— le sonrió — Simplemente... Yo... lo siento...
— ¿Por qué?
— Kanan, no puedo seguir viéndote.
— P-Pero... ¿Por qué? ¿Te incomodo? Si es así lo siento, en serio, lo que más quiero es ser tu amiga, y respetaré tus límites— dijo Kanan mientras tomaba la mano de Mari con las suyas. Hacía algún tiempo habían estado a punto de besarse, pero la rubia se alejó. La nadadora no estaba segura de qué sentía su amiga, y eso no lo dejó claro, pero lo que ahora decía, le hacía pensar que la estaba incomodando de alguna manera.
— No es eso Kanan yo... Yo— los zircones que Mari poseía por ojos brillaban de una manera hermosa en medio de la noche —… No puedo Kanan, de verdad, solo quería decirte eso.
— ¡Mari! — la peliazulada no daría su brazo a torcer — Tú me gustas... ¿Yo te gusto?— preguntó por fin.
La chica del vestido blanco se quedó pasmada, mirándola fijamente, un rubor apareció en sus mejillas, haciendo que bajara su rostro, apenada. ¿Le gustaba? Desde el primer día, pero...
— Kanan, eso no importa— respondió, sintiendo el esfuerzo de sus cuerdas vocales.
— No, ¡Claro que importa! Recházame como es debido— suplicó Kanan, incapaz de escuchar lo que Mari quería decir.
— Y-Yo no te pedí tus sentimientos...
— Lo sé, yo tampoco pedí sentirlo, pero es así y aquí me tienes, completamente enamorada de ti— Kanan se arrodilló ante Mari, sorprendiéndola —. ¡Por favor Mari! Dime que no al menos...
La rubia se zafó del agarre de Kanan y salió corriendo, pero Kanan la siguió a paso ágil, alcanzándola antes de bajar la pequeña colina, llegando al río. Un deja vu, le pareció, pero más importante que eso, había alcanzado a Mari, y una vez la tuvo cerca, la abrazó. Sintió el pecho de Mari subir y bajar con rapidez: Estaba llorando.
— Kanan... Por favor, déjame ir— suplicó.
— No, hasta que me digas lo que sientes, mirándome a los ojos… por favor Mari, esto me está matando, no sé lo que me pasa…
— ¡No puedo! — la chica de ojos amarillos cubrió su rostro y sollozó, Kanan la hizo volverse hacia ella y la envolvió en sus brazos de manera protectora. Sin embargo, algo la extrañó: Las lágrimas de Mari salían como si fueran pequeños destellos de luz, los cuales desaparecían antes de tocar el césped.
— ¿Mari?
— Por esto no puedo estar contigo... Yo no soy como tú...
— ¿De qué hablas? ¿Te pasa algo?
— No Kanan, por favor... Esto no está bien… lo que sientes… sólo es porque puedo conectarme contigo, a tu alma, no es nada especial… no debí acercarme a ti en primer lugar, pero…
— ¡No! — la aferró más a ella — No me importa qué haya pasado antes, o quién haya hecho esto contigo, ¡no se lo perdonaré! ¡Vayamos con la policía! ¿Te dieron algo extraño? ¿Es consecuencia de una sustancia rara? ¿Tienes nombres? ¡Mis padres! ¡Vamos ahora con ellos!
— Es inútil, ni tu ni nadie puede ayudarme— se quejó, llorando de nuevo, llorando pedazos pequeños de luz que se desvanecían antes de tocar el suelo.
— Te voy a ayudar, confía en mí.
Tomó la muñeca de la rubia y comenzó a caminar hacia la casa, pero cuando llegaron al kiosko y volver la vista, no encontró a Mari. ¿En qué momento la había perdido?
Kanan gritó su nombre con desesperación, preocupada, buscó por todos los alrededores hasta que no pudo más y tuvo que resignarse. Se había ido de alguna manera, y ella, no había podido hacer nada para ayudarla.
Lloraba lágrimas que parecían chispas luminosas, ¿cómo era eso posible? ¿Qué le había ocurrido a Mari? ¿Qué le hacían?
No se quedaría de brazos cruzados, ayudaría a su amiga, a la chica de la que estaba enamorada, y no le importaba cuánto tendría que buscar, ella la encontraría.
Muy temprano por la mañana tomó su mochila, metió dinero, una botella de agua, celular, una navaja y esperó en la parada el autobús que la llevaría con Mari. Una vez llegó, subió a el, pero no se sentó de inmediato.
— Disculpe— se acercó al operador, quien, por primera vez desde que lo conocía, apartaba su vista del camino.
— Sí, dígame.
— ¿Cuántas paradas hace a partir de este punto?
— Solo una, es la siguiente, de ahí me sigo a la base.
— ¿Recuerda a una chica rubia que se sube aquí? ¿Sabe en qué parada se baja?
— Creo que sí— rememoró —, una a la que siempre vienes a dejar, ¿no? La verdad no recuerdo en qué parada baja pues siempre intento mirar el camino, aquí hay muchos animales así que me multarían si atropello a uno, pero cuando llego a la base ella ya se ha bajado, así que o baja muy rápido, o su destino es la siguiente parada.
— Entiendo, ¿cuánto es a la siguiente parada?
— 3 vuomas, por favor.
— Claro, aquí tiene— pagó el pasaje y se sentó junto a la puerta de bajada.
El paisaje constaba de verde vegetación y algunos árboles realmente grandes. Vio lagos, pequeñas cabañas, casas enormes en medio de los campos y establos cuidadosamente pintados, sonrió al notar la tranquilidad que se sentía al estar ahí, pero también, su estómago comenzó a hormiguear ante la expectativa de ver a Mari. ¿Qué le iba a decir? ¿Qué iba a hacer si se encontraba con alguien peligroso? Suspiró y tomó valor. Ella protegería a la rubia.
La siguiente parada llegó y Kanan bajó del autobús, se encontró con un pequeño pueblo lleno de casas modestas en las que seguro no vivían más de cinco personas. Llegó en pleno festival así que había muchas personas en las calles empedradas y un grupo de músicos amenizaban el ambiente; parecían juglares de tiempos antiguos. Pero no era tiempo para distraerse con el misticismo del festival, debía encontrar a Mari, y a quien fuera que hubiera jugado con ella como para hacerle algo grave, algo que la haya alterado de cualquier forma, no dejaría que algo más le pasara, no se lo perdonaría.
Dio una y otra vuelta por las calles, pero no encontraba a su amada, y por cómo había reaccionado la noche anterior, seguro que, si la llamaba, incluso si la escuchaba, se alejaría de ella. Alzó su vista y vio a una chica de cabello rubio comprar un par de manzanas, estaba de espaldas así que solo avanzó hacia ella con rapidez, sus nervios y ansias la traicionaron. La chica pareció darse cuenta y comenzó a caminar más y más rápido hasta casi llegar a correr, una vez estuvo frente a una casa, tocó la puerta con fuerza.
— ¡Abran, por favor!
— ¿Qué demonios pasa Mari...? — un hombre de cabello rubio abrió la puerta con notable desconcierto.
— ¡Me viene siguiendo!
— ¿Eh? — el sujeto salió de la casa, pidiéndole a su hija entrar en su hogar y encaró a Kanan, quien apenas estaba llegando al lugar.
— ¿Quién es usted? — preguntó mientras se acercaba al señor.
— La pregunta sería, ¿qué demonios haces persiguiendo a mi hija?
— ¡¿Qué le ha hecho usted?!
— ¿A qué te refieres? Espera... cabello azul, tus ojos... ¡Eres una Tsushima! ¡Largo, largo de aquí antes de que te parta a la mitad! No sé cómo es que nos han encontrado, pero no dejaré que les avises.
— ¿D-De qué habla...?
— ¡Todos ustedes son los culpables de que hoy estemos aquí!
— ¡Etah! ¡Detente! — un anciano salió de la casa lo más rápido que su edad le permitió — Ella no es una Tsushima, conozco a todos ellos y esta chiquilla no es de esa familia.
— ¿Entonces por qué perseguía a Mari? — el exasperado estado del hombre y el miedo que había en sus ojos, desconcertaron a Kanan. ¿Una Tsushima? ¿Por qué había tan mala reacción con sólo ese apellido?
— Debe haber una buena explicación.
— Solo quiero verla, por favor— pidió Kanan mientras tomaba algo de valor, el padre de Mari era imponente y realmente infundía miedo.
— ¿Qué clase de relación tienen?
— Es mi amiga.
— ¡Mari! — llamó el hombre y la chica de cabello rubio salió, un tanto temerosa — ¿Conoces a esta chica?
Kanan pudo al fin verla bien, pero se llevó una gran sorpresa al no encontrarse con los ojos color zircón de su Mari, sino con unos ojos verde esmeralda.
— No padre, juro que no.
— P-Pero...— la chica se parecía a Mari, por detrás había jurado que era ella, pero no era así, sus ojos eran diferentes y su rostro… ¿serían hermanas? — No puede ser...— bajó la mirada, apenada —. Lo siento, creo que me he confundido.
— Tranquila jovencita, esperamos que encuentres a tu amiga pronto— intervino el anciano — Ahora, por favor, te pediré que te retires.
— Sí... D-Disculpen... pero… ¿no tiene otra hija?
— ¿Otra hija? — Etah parecía confundido.
— Sí… una chica, igual, cabello rubio, ojos de amarillo verdoso, más o menos de mi estatura…
El anciano ahogó un gemido de sorpresa, pero negó con la cabeza.
— ¿De dónde vienes, niña?
— Llegué hace unos meses al condado de casas de Windstar…— respondió Kanan.
— ¡Tú estás…!
— Etah, ella no tiene nada que ver— habló el anciano —. Por favor, pequeña, vete, no conocemos a nadie así, y Mari es nuestra única niña.
Con la vergüenza reflejada en su rostro, asintió y se alejó del lugar.
La chica se veía como Mari, aunque esta joven tenía una cara mucho más fina y una nariz menos respingada... Tenían casi el mismo perfil... Pero entonces... ¿Qué era lo que pasaba? ¿Dónde estaba su amiga? ¿Estaba ahí siquiera? ¿Y por qué Yoshiko sería odiada por esas personas?
Pasó todo el día dando vueltas por los alrededores e incluso tomó un autobús a la base, pero ni siquiera ahí pudo hallar algún rastro de la chica de ojos color zircón. Derrotada y con el atardecer encima, volvió a su casa, mientras intentaba pensar dónde es que podría buscar al día siguiente. Casi por inercia miró el kiosko de su jardín, pero tal como se esperaba, la rubia no se encontraba ahí.
Subió a su habitación, ignorando las preguntas de su padre acerca de la hora, y se recostó en la cama. Había aprendido algunas cosas ese día, esa villa donde había estado era algo así como un poblado residencial, donde vivían modestamente, protegidos por una policía local, también había concluido en que Mari no se encontraba ni en el poblado de la base ni en aquella villa, ahora su búsqueda se alejaba aún más de su alcance. Cerró los ojos, cansada, derrotada, pero ni cerca de rendirse. Se dejó llevar por las caricias que le daba el frío viento, mientras su consciencia se hacía brumosa.
— ¡Mari! —despertó de nuevo en mitad de la noche, el sueño se había repetido. Tenía las mantas cubriendo su cuerpo, seguramente sus padres o Riko la habrían arropado. Notó esta vez que estaba llorando y, sin más, abrazó sus rodillas y dio un fuerte suspiro; Bien, amaba a la chica, porque de otra forma, no se explicaba su necesidad de sentirla cerca y su angustia al no poder ayudarla, porque era obvio que necesitaba ayuda, definitivamente no era normal llorar de esa manera, y después… no poder encontrarla en ninguno de los dos caminos que podía tomar. Se sentía impotente, el temor que la estaba ahogando cada vez más conforme pasaban los días se reía de ella, quería decirle muchas cosas, y quería hacer muchas otras. Pero ahí, en mitad de la noche y con el rostro escondido entre sus brazos, simplemente se dedicó a llamar a Mari en silencio, esperando verla otra vez.
