Ahora mi inspiración solo llega con música, y una canción me inspiró éste cap: Aunque tú no lo sepas, de Clara Lago…jejeje

Regresa a mí

Capítulo 3: Roto

Los días eran pesados, difíciles y huraños.

De todas las historias, o leyendas urbanas que iban y venían dentro del Buro, existía una, que para nada pasaba desapercibida por casi nadie, quizás hacía falta ser un ermitaño para no conocer acerca de ella, o más bien, de ellas. Fate Testarossa Harlaown y Nanoha Takamachi. Dos personajes, en los cuales la alta milicia de STAB tenía grandes expectativas. Desde que fueron reclutadas en el antiguo Asura, dos pequeñas niñas con un increíble y formidable poder mágico, que no cualquiera podía poseer, eran como milagros de su generación, aunque a ellas se agregó Hayate Yagami a la lista, ellas dos eran especiales, tenían algo diferente, que extrañamente solía escaparse del ojo más perspicaz que las viera. Era esa razón tan increíble o sorprendente, el cariño que compartían entre ambas, un acontecimiento entrañable. Así, cuando anunciaron su tan esperada unión, después de verlas crecer y llegar a la adultez siendo poseedoras de títulos emblemáticos, no fue para nada una sorpresa para nadie, al fin y al cabo de ninguna era sabido haber tenido alguna pareja anteriormente. El amor entre ambas era tan evidente, y a veces desesperante, hacía preguntar a muchos cuándo darían el paso, hasta que ese día llegó, motivado por los celos y la desesperación de Fate, al haber llegado al límite después de tantos años.

Desde que iniciaron con su relación, eran el chisme que andaba en boca de medio mundo en Midchilda , visto con ilusión y ternura, cuando compartían miradas, al tomarse de la mano, o en más de alguna ocasión que por "accidente" las veían compartir un beso. El hecho de ser ambas mujeres, no le impidió a su amor ser envidado, o más de uno mencionar la pureza que rodeaba a ambas al estar juntas, o que se fuera dudar del sentimiento que poseían. Su boda, que rompió el sueño de muchos, marcó un antes y un después, de ser proclamadas esposas. Su lazo era tan profundo, que el feliz para siempre, parecía ser más real, que para cualquier otra pareja que hubiese existido.

Su título de capitanas, facto de ser una enforcer y una intructora dentro de STAB, las llevaba siempre a ser solicitadas a misiones, muchas veces peligrosas, aunque el hecho de ser enviadas juntas era más un capricho y fetiche de algún general a cargo, a pesar de que su desempeño conjunto era de por si formidable, sin tomar en cuenta el hecho de que fueran pareja.

Por eso el mundo mágico, tuvo un duro impacto, al recibir la noticia de que la tan aclamada enforcer, siendo tan joven, tuviera un terrible accidente en una de esas tantas misiones, todos estuvieron a la expectativa de su recuperación, en particular su familia…especialmente su esposa Nanoha. La cobriza se disculpó constantemente con los Harlaown, de que Fate estuviera en cama solamente por protegerla a ella. La comandante Lyndi, condescendiente como era ella, solo le abrazó, y le dijo que no se preocupara, que ella no la culpaba, que Fate había hecho aquello precisamente porque ella debía proteger a su esposa, y era justamente eso lo que hizo en aquella misión. No era porque no fueran fuertes, o su magia no fuera suficiente, en combate la astucia era imprescindible para ganar en combate, y un ataque sorpresivo era justo del que Fate la había defendido, por eso nadie le culpaba.

Cuando la rubia despertó, fue como vivir un milagro, llenando de felicidad a todos sus seres queridos, pensando que todo podría volver a la normalidad, asegurándose de que está vez, serían más precavidos en cuanto a las misiones, en cuanto al trabajo. Pero todo ese alivio fue temporal, o un engaño, quizás porque no fue suficiente para que las cosas pudieran seguir como antes…y porque dentro del dolor que vivía el corazón de Nanoha, aquél día perdió su amor a cambio de su vida.

No fue desapercibido para nadie, fuera de que Fate ahora ostentara el cargo temporal de sargento, durante las fechas que siguieron, el alejamiento de la pareja ideal. Aunque al inicio no lo parecía, la añoranza de Nanoha murió ante la convivencia diaria del trabajo. Sus encuentros ya no eran frecuentes, y todo porque Fate así lo quería, su alejamiento fue progresivo, cualquier acercamiento que la instructora intentara fue evitado de manera progresiva por la que todavía era su esposa. En sus miradas ya no existía la correspondencia mutua, el anhelo y el cariño. Solo la indiferencia de Fate, y la tristeza que cada vez parecía tener la más joven de los Takamachi. Muchos parecían sorprendidos pero no extrañados, al pensar que la enforcer hubiera perdido la memoria en ese fatídico accidente, que al parecer también le quito su amor por esos ojos lavanda, que derramaban lágrimas de un lamento abismal.

Nanoha comenzó a vivir de nuevo el tan lejano vacío de su corazón, ese que la embargo desde siempre cuando era niña…y no comprendía por qué…por qué tenía que ser así, por qué regresaba a su vida.

Otro día más, sobre la rampa de entrenamiento, caía el atardecer. Llenaba sus informes de la última fase llevada a cabo por los reclutas, anotaba lento y sin ánimo, estando sola, y sin decidir del todo, si regresar a casa pronto era lo mejor. No cuando esperar ya no valía la pena, porque nadie llegaría anhelando su contacto, no cuando ahora más que nunca comprendía el significado de la monotonía que se ejecutaba en su vida cada día, porque ya no era correspondida con sinceridad sino por obligación, por "agradecimiento", no porque su amor, ya no era un amor correspondido, ya no se sentía completa, una vez más vivía por vivir, porque existía simplemente, no…porque sus sentimientos ya no trascendían, ni el tiempo ni el espacio, ni cualquier ideología existente sobre los universos…no porque, ya no había vuelto a escuchar esa palabras tan alegóricas de esos labios diciendo "yo te protegeré", ya no estaba ese alguien que la protegiera de soledad de esta vida carente de significado por sí misma. Se rió triste ante esa ironía, de esa primera vez en que miró a esos ojos, y pudo ver en ellos un lugar para su alma, ahora no veía nada…a lo mejor solo tal vez, culpa…una, que no era suficiente, para ninguna. Su historia mágica inigualable y perfecta, llegó a su fin, ya no significaba nada, se odiaba a sí misma por ello, si tan solo ese accidente nunca hubiera ocurrido.

-Nanoha…- esa voz tras su espalda, que ahora escucharla, casi le molestaba.

-Fate…- dijo simplemente, ya no importaba.

-Sé que ya es tarde, pregunté por ti, y me dijeron que todavía no te habías marchado a casa, y bueno yo quería decirte algo, en vez de que te enteraras por alguna otra persona…- ahí estaba otra vez… nada, sus palabras como si no estuviera hablando con alguien que era importante, quizás el único compromiso que sentía Fate era porque cargaba ese dichoso anillo en su mano.

-Solo debes decirlo, aquí estoy ¿No es así?- no, porque esos brazos no la rodearían como antaño, ni podría recargarse sobre su pecho.

-No regresaré a casa hoy…- abrió sus ojos en sorpresa, cerró la pantalla frente así, y se volteó, una herida más quebraba su corazón. Si ya de por sí no parecía que estaba en casa, ahora ya no estaría ni siquiera físicamente ¿Qué más seguiría?

-¿Qué?...- a pesar de todo, y de que una parte muy grande de ella resentía todo, todavía conservaba dentro de ella mantenía una pequeña luz de esperanza, esa que le decía no debía rendirse, pero cuánto más podría soportar ser rechazada, y si nunca regresaban esos recuerdos a Fate, si ya nunca volvía amarla.

-Sí, yo me iré con uno de mis nuevos amigos de la tropa, ya sabes…- Fate no la miraba a los ojos, solo parecía esquivarla, ni ella misma parecía comprenderlo del todo, pero era más que claro para Nanoha. Fate se esforzaba tanto por alejarse cada vez más, era tan doloroso solo verlo, que se lo dijera en su cara, más todavía.

-¿Por qué no eres honesta Fate-chan?- dijo mientras un nudo apretaba fuertemente su garganta, cerrando sus manos con fuerza sin poder evitarlo- tan poco significo ahora para ti, que ya no me puedes decir la verdad- lágrimas comenzaron a inundar el filo de sus ojos-…solo debes decirme, que ya no me amas, y acabar con todo esto de una vez- el lamento escapó de sus ojos gota tras gota, formando ríos de agonía, había llegado el momento. Ya no más desprecio, ya no más…

-No es eso…- su voz corta e insegura. Cada palabra que salía de aquellos labios herían paso a paso a la cobriza. No es que fuera la primera vez, era una de tantas, era la cumbre de la montaña que estaba a punto de derrumbarse.

-¿No eso? ¿Entonces qué es?- dijo sarcástica- No es que no me abraces, es que no quieres acercarte, no es que no me beses, es que no quieres besarme…ahora me dices que no llegarás a casa ¡Y es porque no quieres estar conmigo! ¡¿Acaso crees que soy tonta?!- Si era cierto que Fate perdió la memoria, pero eso no le daba derecho a pensar que podía darle falsas esperanzas…ella misma ya no podía darse falsas esperanzas.

-Nanoha, esto tampoco es fácil para mí, compréndeme…- hizo el ademán de acercarse, pero Nanoha retrocedió en su lugar, dándole a entender que no quería que se acercase.

-Es verdad, has perdido la memoria- Fate la miraba culposa, porque era responsable del dolor de esa persona, esa que se miraba borrosa en sus recuerdos y en sus sentimientos-…pero también has perdido tu amor por mí, nunca creí que pudiera llegar el final de nuestro amor, pero me equivoqué, si quieres irte ¡Vete! ¡No necesitas preocuparte por mí! ¡No, cuando sé que ya te perdí para siempre!- se abrazó a sí misma en la tempestad de su desolación.

-No digas eso, yo estoy aquí…- dijo, en parte, porque aunque su mente y todo en ella rechazará a la maga blanca, otra parte deseaba recordar, para vivir eso que tanto le hablaban algunos. Era cierto, muchos le contaron anécdotas de lo poco que les era conocido de su vida antes del accidente, era por eso, seguía ahí, con ella, pero parecía que Nanoha ya no aguantaba más, nunca se había quejado a pesar de todo…

-¡No! ¡No estás! ¡Tú no eres mi Fate-chan!- Fate ignorando los deseos de la otra, corrió para envolverla en un abrazo, pero desde un comienzo la instructora luchaba por liberarse- ¡Suéltame y vete! ¡Nada te ata a mí! ¡Eres libre! ¡Te liberó de esta responsabilidad!- las lágrimas caían raudas sobre esas mejillas sonrosadas- Fate, eres libre…- dejó de forcejar por un momento, en ese momento en que Fate sentía derramaría sus propias lágrimas ¿Acaso era el recuerdo? ¿Nanoha podría regresar a sus memorias? ¿O era solo culpa?

Quizás fue así desde siempre pensó Nanoha, quizás creyó tanto en esa falsa fantasía de que su amor era especial, tonta de ella, que se aferró a la idea de que nada derrumbaría su amor, ni si quiera la amnesia de un accidente. Recargada sobre ese pecho cálido por última vez, Nanoha sonrió rota, y deseó con todas sus fuerzas, que la rubia fuera feliz, que pudiese encontrar a alguien y que fuera feliz, lejos de ella pero feliz, aunque ella muriera solo de verla en otros brazos. Contuvo su llanto como pudo.

-Raising Hearth- llamó a su compañera, invocando su Barrier Jacket ante la sorpresa de la rubia, a quien empujó lejos en un hábil golpe sin lastimarla- Flier find- a cada lado de sus pies aparecieron pequeñas alas revoloteando antes de emprender su marcha. Miró por última vez ese mar escarlata, que la miraban apenados y desesperados sin saber qué hacer.

-Yo…llegaré a casa hoy, no iré a ningún lado…- dijo en intento de resarcirse por lo que sus palabras provocaron.

Nanoha suspiró con cansancio y desazón, sin disimular para nada la resignación de su corazón destrozado. Sonrió triste una vez más, y antes de irse, se quitó el anillo que reposaba en su dedo anular izquierdo, para colocarlo sobre el suelo frente a Fate.

-Adiós Fate-chan…- a su despedida le acompañaron nuevos ríos de sal, pero emprendió marcha en el cielo antes de Fate siguiera viendo su dolor.

Fate se quedó pávida y estática observando como Nanoha se alejaba cada vez más, miró el anillo, por inercia y con prisa se levantó reaccionando por fin, recogió el anillo, e invocó a Bardiche, las medidas de restricción aumentadas sobre su dispositivo no le impedían volar, su primera intención era alcanzar a la cobriza, aunque no sabía que podría decirle. A penas llevaba unos segundos de volar, cuando su cabeza le dolió tan fuerte que tuvo que sujetarse con ambas manos, y le obligó a detener su vuelo, para inmediatamente después sentir que su corazón parecía que se iba detener, cosa que causó que empezara a caer desde la altura.

Extendió su mano derecha como intentando sujetarse, alcanzar algo…entonces recordó, otra mano intentando alcanzar la suya.

Esa mano que la buscaba desesperada, para salvarla de caer al abismo, de una dulce niña con voz chillona que la llamaba por su nombre… ¡Nanoha! ¡Era Nanoha! Esa intrépida y valiente chica, que no fue indiferente a su sufrimiento, que la salvó, que la acompañó, que fue su mejor amiga en las buenas y en las malas, que la hizo disfrutar la vida, más que eso, le dio una razón para vivir, nada más y nada menos que su amor por ella…su dulce, cariñosa y bella esposa ¡Nanoha era su esposa! ¡Qué idiota había sido! ¡Cómo pudo olvidarla! ¡Cómo pudo alejarla de ella! ¡Cómo pudo lastimarla! ¡Cómo pudo permitir que llorara sin consolarla!

-¡NANOHA!

Gritó con fuerza, desesperada, y arrepentida, queriendo ser escuchada ¿Por qué no pudo recordar antes? ¿Por qué? Algo le decía, que las cosas no saldrían bien, debía buscarla cuanto antes. Pero antes de poder dominar su cuerpo una vez más, impactó sobre la repisa de entrenamiento, recibiendo un fuerte golpe sobre su cabeza y su cuerpo una vez más, aunque intentó mantener la conciencia con sus últimas energías, no lo consiguió. Sin embargo, de su mano no se soltó aquel anillo que sujetó con todas sus fuerzas.

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Notas: Solo quedan 2 caps más jejeje. Que la luz del rayo y la estrella iluminé sus corazones.