(¯`·..·- ¿DÓNDE ESTAS? -·..·´¯)
Basado en los personajes de Takao Aoki
(¯`·..·- Nyu Oz Leonhart -·..·´¯)
CAPÍTULO 2: BORIS
Era una suerte que Miguel estuviera aún en la ciudad, según Hitoshi se encontraba de vacaciones, aunque dudaba de la verdadera intención de tomar tiempo libre en "su" ciudad cuando el mismo no había visto en ella ningún atractivo turístico. Más imaginaba que la estancia de un pelirrojo en ella era motivo suficiente para quedarse cerca, más aun si el esposo de ese pelirrojo estaba fuera.
Una cosa era saber que Miguel estaba en la ciudad y otra cosa era encontrarlo, no tenía ningún número en su agenda, y el teléfono de Yuriy debía estar con él, no había más remedio que pedir ayuda antes de que pasara el tiempo exacto para levantar una denuncia por su desaparición. Conocía a un excelente detective, el problema era que no eran amigos, sino todo lo contrario, quizá fuera porque Bryan fuera bombero y Ren un detective de la policía o porque simplemente sus caracteres chocaran cada vez que se topaban en algún siniestro.
Estaban parados frente a la estación de policías, se tragó el orgullo y entró decidido con Hitoshi a su lado, no les detuvieron cuando dijeron que eran conocidos y amigos de Ren, incluso les dieron un pase y les hicieron subir por el ascensor hasta el último piso. Eran varios cubículos sencillos con escritorios llenos de carpetas y papeleo suelto, solo había tres escritorios ocupados y Ren estaba en uno de ellos, sus ojos gris claro se clavaron de inmediato en los recién llegados y torció la boca al reconocer al bombero
Buenas noches, soy Hitoshi Kinomiya y espero puedas ayudarnos —Ren observó al compañero del ruso sin demasiado entusiasmo.
Si eres su amigo no puedo ayudarte —regresó la atención a la pila de papeles sobre su escritorio.
No lo hagas por nosotros —agrego calmado— hazlo por Yuriy
Ren les prestó atención, conocía a Yuriy, habían intercambiado palabras en varias ocasiones cuando por coincidencia se encontraban y le parecía agradable, quizá con alguna enfermedad mental por ser pareja de Bryan, pero al final agradable.
Ha desaparecido —agregó Bryan sintiendo un nudo sobre su garganta y pecho cada vez que decía "desaparecido"
Creemos que un conocido de Ivanov puede ayudarnos, pero tampoco sabemos dónde encontrarlo.
Sin más explicaciones les hizo acompañarle a otra habitación donde un analista se movía con gracia por tres computadoras a la vez. Le dio el nombre tanto de Yuriy como de Miguel para buscar todo de ellos en los últimos días.
Mientras el sistema decía que el pelirrojo había cobrado un cheque a su nombre una semana atrás, Bryan tuvo que contar al detective todo lo que sabía y lo que no. Miguel por su parte había pagado una cuenta de hotel situado en el centro a no más de 15 minutos. Ahora conocían su siguiente destino.
Me dirán si encuentran a Yuriy con su amigo —ordenó con amabilidad— si no es así iniciaré una investigación más minuciosa— tendió una tarjeta de presentación a Bryan donde venían los números telefónicos del agente.
Como todo en el rubio, su gusto era exquisito: brillantes pisos, altas columnas soportaban el techo abovedado y flores decoraban la estancia dispuestas en jarrones de aspecto caro. Se acercaron a la recepción y preguntaron por Miguel.
Lo siento, el señor Lavalier no se encuentra en este momento. Pueden dejar un mensaje si gustan.
Es urgente que le vea, deben tener aquí algún número a donde podamos llamarle Bryan —presionó sus palmas sobre el mármol de la barra.
Es información confidencial —empezó a decir el empleado.
Te daré una golpiza confidencial si no me lo das ahora.
Hitoshi colocó su mano sobre su hombro tranquilizándolo y lo jaló para que se volviera y viese quien entraba por las puertas de entrada.
Miguel iba con el móvil en la mano hablando divertido cuando dos hombres se cruzaron en su camino.
Hitoshi —saludó gustoso y asombrado— ¿Qué haces aquí? —se posó en el acompañante de su amigo— ah… y tú- sus ánimos disminuyeron y colgó el móvil sin despedirse.
Para Miguel, Bryan era la persona responsable de que Yuriy no siguiera a su lado, le había robado a la persona que amaba y aunque era consciente que el corazón del pelirrojo pertenecía al platinado, no podía enfadarse con su lobillo. Se hizo a un lado para que fuera feliz, más ello no le impedía detestar al ruso que estaba frente a él.
Para Bryan, el rubio no era más que una parte del pasado de su esposo que pretendía olvidar. Sabía que habían vivido juntos por casi un año, pero la clase de relación no quería saberla, la imaginaba, pero se había ahorrado conocer los detalles de esta. Miró directo a esos ojos azules claro de Miguel, este suspiró cansado.
— Se que Yuriy no te lo dijo —cerró los ojos por un momento, para volverlos a abrir orgullosos— ¿Cómo te enteraste?
— Así que ¿lo admites? —Bryan no sabía si sentir alivio o impactar su puño en ese rostro blanco.
— Lo dices como si solo fuera culpa mía —su sonrisa se ensanchó— Yura también lo deseaba.
— ¡Cabrón! —gruñó el platinado dando un paso hacia adelante.
Hitoshi se adelantó y detuvo al ruso anteponiéndose y fulminando a Miguel con la mirada. Suplicándole que dejará de incitar a la bestia.
— Suéltame Kinomiya —bramó Bryan
— Sólo queremos hablar un momento con Yuriy ¿Esta aquí? Pídele que hable con Bryan.
Miguel alzó una ceja ya sin entender porque estaban exactamente en su hotel ¿Por qué su taheño iba a estar allí? Si estaba casado con Bryan. El platinado quitó de enfrente a Hitoshi y tomó a Miguel de la camisa para levantarlo y acortar la distancia entre sus miradas.
— ¿Cuál es tu habitación? Iré a buscar a "MI" esposo para llevarlo a casa.
La guardia del hotel se acercó a su cliente, más de inmediato el rubio se zafó de ese agarre y detuvó el avance de los uniformados con un movimiento de muñeca.
— Por supuesto que Yuriy no está aquí; se supone que debe estar contigo.
— Pues no lo está y tú debes saber a dónde ha ido. Acabas de admitirlo.
— Por más que quisiera que estuviera aquí no lo está, yo hablaba del té que tomamos a inicios de la semana en la cafetería de la esquina Rose. Pero en cuanto terminó se fue a sus prácticas, no lo he visto ni hablado con él.
Estaba completamente jodido y por primera vez desde que inició toda esa pesadilla, rogó porque estuviera con algún amante. Prefería ello a que le… negó repetidamente con la cabeza. No debía pensar en el pero, Yuriy era fuerte.
— No tenemos más a donde ir por hoy, vayamos a tu apartamento e intentemos descansar. Al amanecer iremos al estadio y a la agencia. Estoy seguro que encontraremos respuestas.
— Eso espero Hitoshi- estaba cansado y aunque sospechaba que pudiera pegar el ojo en lo que restaba de la noche, quería recostarse.
Su hogar estaba igual, no había ningún cambio. Bryan se encerró en el baño, se sentía nauseabundo, Hitoshi observó las bolsas negras y selladas sobre la mesa, las tomo y se fue a sentar con ligereza al sofá. Desenvolvió la primera; Una revista de autos, con grandes vehículos de lujosas carrocerías, algunos clásicos, todo terreno, seguramente todos ellos costaban más de un año de su trabajo. La segunda era de deportes de invierno, imaginaba que debía ser por el nuevo pasatiempo de Ivanov. Aunque ese volumen estaba dedicado al montañismo, estaba repleta de lugares para visitar, materiales y equipo que no debías olvidar en un viaje, tips para sobrevivir en una nevada. Quizás cuando todo eso pasara le leería con dedicación.
Rasgo la tercera bolsa y una mirada enigmática de brillantes zafiros le recibieron. La sacó con desesperación. La portada era protagonizada por una foto de medio cuerpo de Yuriy con un título que debía admitir, le sentaba de maravilla –Efecto pelirrojo, caerás en sus encantos-
La coincidencia era aterradora, Yuriy apareciendo en un ejemplar cuando no estaba por ningún lado. Más era solo eso; una coincidencia. Yuriy era un modelo que escalaba a la cumbre con demasiada facilidad. Repasó el artículo cuidadosamente, era una entrevista a tres pelirrojos entre ellos Ivanov. Se leyó las preguntas dirigidas a su amigo y ninguna decía algo que le revelara algo.
La misma revista era hojeada por un hombre mayor que vigilaba el sueño del verdadero pelirrojo que aparecía seductor y vivaracho en la portada, sólo que este se encontraba indefenso y desorientado junto al viejo de traje elegante, había una colección de revistas, en cada una de ellas había una foto, artículo o la mención de su creación, de su Tala
Sonrió ante su exito, Yuriy había sido entrenado para sobresalir en cualquier cosa, aun de niño era notado por su talento y disciplina, algo envidiable y que molestaba a muchos, pero siempre el centro de atención. Al ser unido al prototipo tala, su fuerza, destreza e inteligencia lo convirtieron en el enemigo más fuerte a vencer. Todo el mundo le conocía. Pero el Beyblade desapareció y las figuras en el deporte también. Había perdido a su precioso tesoro, sin embargo sabía que Yuriy no tardaría en buscar nuevamente las luces de la fama, en destacar en cualquier cosa que hiciera, para eso le había entrenado.
Y por eso estuvo pendiente de los medios, se mantuvo al asecho hasta que el pelirrojo hizo exactamente lo que predijo: era el nuevo rostro en el mundo del modelaje y estaba creando un nombre en el mundo del hockey sobre hielo. No fue difícil encontrarlo, las agencias eran tan fáciles de manipular. Le mantuvo vigilado, no se sorprendió de encontrarlo con alguien, era su magnetismo, más siempre había imaginado que sería a Kai a quien escogiera su "hijo" más Bryan también era un buen candidato. Sin embargo, el pelirrojo era suyo y podía llevárselo cuando deseara.
Dejó la revista con las demás, se levantó y destapó el cuerpo de su pequeño.
Caricias, las sentía recorrerle, le arrastraban a la luz, a la conciencia. Abrió los ojos sin pesadez, la habitación estaba iluminada como la última vez, eran las bombillas de las paredes, no había ventanas y no podía adivinar si era de día o de noche. Bajó la vista a las caricias, Boris estaba parado a su lado, recorriéndole las piernas desnudas con afán.
Intentó apartar esa mano de una patada, pero apenas pudo mover la pierna un centímetro. Su pecho llevaba una playera holgada, pero sentía la frialdad de la habitación, su cuerpo se estremeció, dudaba que fuera el frío el causante. La playera fue levantada con cuidado, Boris lo estaba desvistiendo.
Detente —pudo exclamar.
Boris le miro sonriente y sus manos le separaron las piernas para acariciarle los muslos internos.
— Haz crecido Yuriy —la mano subía y el pelirrojo trago saliva— ya no eres el niño que recordaba— había crecido en su ausencia, al menos un palmo— ¿Cuántos años han pasado? ¿Cinco o más? Lo que te compre es obvio que no te vendría, así que tuviste que hacer que me arriesgara- la mano le acarició la parte baja de los testículos y su cuerpo saltó, sus puños se apretaron débilmente- pero traje lo necesario.
Señaló el rincón donde una maleta descansaba. Al taheño se le escapó el aliento al reconocerla; era suya y debía estar en la parte alta del closet.
Debo reconocer que fue un toque especial, Bryan creerá que le has dejado, pero debe estar acostumbrado a tu bipolaridad.
El nunca pensaría eso- respiró hondo- me buscará.
¿Por qué haría eso? Ya le has dejado antes, le abandonaste sin más, no me digas que se te olvidó- la mueca del pelirrojo le hizo continuar- investigarte fue más fácil que encontrarte- le levantó suavemente por la espalda y le saco la playera de un tirón, dejándolo desnudo a su lujuria
Las piernas separadas, las manos sobre la cabeza. El viejo se lamió los labios.
Es una pena que tengamos el tiempo contado —se fue a la maleta y la abrió sacando la ropa que le parecía mejor a la ocasión.
Vistió al pelirrojo con la facilidad en que se viste a una muñeca: playera oscura de mangas cortas, ropa interior ajustada, jeans de mezclilla, botas negras altas y una chaqueta afelpada al cuello. Volvió a cerrar la maleta y levantó al pelirrojo para dejarlo sentado.
— Vamos Yuriy, el fármaco debe estar pasando, imagino que ya puedes mantenerte en pie ¿o quieres que te lleve en brazos?
Le dejó sentado mientras sacaba la maleta fuera. Ivanov aprovechó para mover los músculos de su cuerpo entumecido. En efecto ya podía moverse, pero no tenía las fuerzas para una pelea, debía esperar a que se perdiera el efecto de la droga que le suministraba si es que quería escapar más allá de la puerta.
Boris regresó y le ayudó a caminar fuera de la habitación, después por una sala lujosa hasta un ascensor que le dejo en el lobby del hotel, donde le dijeron que su auto los esperaba.
Era de día, el sol le calentó el rostro por segundos, aunque no sabía que día era ¿Bryan había llegado ya? ¿Estaría aun en su viaje? ¿Creería que lo había dejado?
Un hombre de traje negro subía varías maletas en el portaequipaje, y un segundo hombre les abrió la puerta trasera para que subieran. Yuriy fue acomodado junto a Boris. Ambos hombres subieron y condujeron. Reconoció las calles, pasaron junto a la estación de bomberos y no pudo hacer nada más que pensar en su esposo, siguieron por la avenida dejando atrás su calle, alejándose del centro, cerró los ojos deseando volver a sumergirse en la negrura, más un silbido agudo le puso en alerta.
La estación de trenes. Estaban en esa majestuosa construcción, en ese lugar donde las maquinarias colosales te llevaban lejos, muy lejos. Si se subía a una de ellas estaba seguro que no regresaría, que no volvería a ver su hogar, jamás volvería con Bryan… era un presentimiento horrible, debía escapar.
¿Sigues unido a Voltiere? Solo él podría pagar estos lujos.
Que no te preocupe de donde saco los fondos para nuestro viaje, mereces lo mejor.
Sus piernas le soportaron por si solas, bajó del auto y camino con altivez, más con la sensación de que se desplomaría en cualquier momento. Esperaba que sus brazos pudieran golpear si fuese necesario. Pero los hombres de traje seguían pegados a sus talones y no sabía si eran unos simples empleados del hotel o era gente de Boris, con seguridad lo segundo. Tendría que seguir esperando.
— Permítanme sus pasajes e identificaciones —pidió un hombre duro en la entrada del andén.
Yuriy sonrió, el hombre vería su carnet y recordaría su nombre. Tal vez lo reconocería, parecía aficionado a los deportes rudos o si armaba un caos en el tren seguro le encerraría…
Aquí tiene oficial —dijo Boris acercándole los boletos y dos tarjetas.
Boris Balkov —miró la foto en la tarjeta y al hombre— y Tala Balkov.
Mi nombre es Yur…
Mi hijo no está bien de salud caballero, ya sabe, esta juventud de ahora que caen con facilidad en las drogas. Me dirijo a llevarle a una institución de rehabilitación —elevó la voz para opacar la del taheño— su madre está destrozada, no pudo acompañarnos. Pero confiamos que ese lugar nos devuelva a nuestro hijo.
Le entiendo señor, que ambos tengan suerte.
Le tomó del brazo con fuerza y le hizo caminar al interior del tren, donde la mayoría de los pasajeros ya esperaban marcharse. Los hombres de traje se quedaron en la plataforma entregando las maletas.
Evita hacer un drama de esos de nuevo Tala —le condujo por un pasillo recubierto de madreas finas y floreros con rosas— no ganarás nada, deberías saberlo ya ¿es acaso que has olvidado mis lecciones?
No puedes obligarme Boris, ya no soy tu juguete- le empujó contra la pared con toda la fuerza que pudo impactándolo contra ella, tirando un jarrón que se hizo añicos- me bajo aquí— le soltó y se giró para echar a correr por donde había llegado.
No te atrevas Yuriy —gritó.
Le cogió de la muñeca para hacerlo girar. El cuerpo del joven cayó sobre el agua y los trozos de porcelana y rosas. La mejilla izquierda le palpitaba con fuerza, no sabía si le había roto la mandíbula o solo era la peor bofetada que le habían dado en su vida, sus brazos no respondieron más. Mas vio claramente a Boris inclinarse sobre él y levantarlo para hacerlo entrar por la puerta que decía su nombre en la placa.
La alfombra era color perla, las paredes de madera brillante, lámparas de aspecto antiguo y caro incrustadas a las paredes. En un extremo había un sofá verde, en medió una mesa perlada con 4 sillas, con un hermoso arreglo de frutas y flores y en el otro extremo una cama grande. Una pared estaba hecha por las ventanas que mostraban el andén. La maquinaria empezó a mover los vagones. Boris le arrojó contra la cama.
— ¿Porque tienes que hacer las cosas difíciles Yuriy? —colocó el seguro a la puerta, se quitó el abrigo que dejo con cuidado en el respaldo de una de las sillas y se aflojó la corbata— ¿Acaso no te enseñé nada? —Se desabrochó el cinturón y el pantalón- Tendré que educarte nuevamente.
Yuriy se arrastró centímetros sobre la cama, de pronto su cuerpo parecía estar nuevamente drogado, pesado, parecía un cuerpo ajeno al suyo, más sentía el dolor del golpe, de la caída. Las manos de Boris tomándolo y su boca gritando que le soltara.
El mayor jaló el cuerpo del pelirrojo a la orilla de la cama. Le sacaba la ropa que con tanta dedicación le había puesto. La chaqueta afelpada, la playera oscura, el pantalón fue atrapado por las botas, no iba a sacárselas, así que simplemente le bajó la ropa interior. Los glúteos redondos y blancos se alzaron para él y los presionó con sus huesudas manos separándolas para ver ese hoyuelo que extrañaba tanto. Pegó su cara al joven trasero y lamió la línea interglútea, presionando con la lengua la entrada del ruso.
— ¡No! —Chilló el pelirrojo sintiéndose como un niño— ¡Suéltame! —gritó indefenso, sin poderse defender.
Esa lengua asquerosa le lamía y chupaba aquel lugar que era solo de Bryan. Intentó levantarse, girarse y detenerle, más una mano le presiono la espalda, su pecho y cara se hundieron sobre las mantas dificultándole la respiración.
— Debes mantenerte callado Yuriy —sofocó los gritos instantáneamente, dejándole solo la ruidosa respiración.
Su mano libre guió su miembro a esas nalgas brillantes de saliva. Presionando con fuerza, deseando que gritara, que aprendiera la lección de desobedecerle. Entró en él de un golpe a lo que solo escuchó un chillido más un balbuceo y se mantuvo un momento quieto entre esa estreches deliciosa. No importaba cuantas veces se lo hiciera a Yuriy, seguía manteniendo esa estrechez, nunca se cansaría de ella.
Sus caderas iniciaron el embiste, entrando y saliendo por completo del pelirrojo. Las manos de este se aferraban a las sabanas mientras su cuerpo continuaba luchando por librarse… eso solo le excitaba más. Aporreó con más fuerza ese culo caliente y apretado. Uso ambas manos para tomarle de las caderas y escucho con más claridad los gritos del Yuriy, no eran de placer, eran de desesperación, de humillación y agonía… no importaba, tendría que acostumbrarse porque no le dejaría.
Boris detuvo su enviste y le obligó a girarse, se pasó sus piernas sobre el hombro y le volvió a penetrar con jadeos roncos, esos jadeos que había querido olvidar y que ahora volvían con fuerza. Su cuerpo comenzó a temblar, fijó la vista en las nubes que veía tras las ventanas y algunos manchones de verde que debían ser árboles.
— BRYAN, BRYAN, BRYAN, BRYAN, BRYAN, BRYAN, BRYAN.
Repitió una y otra vez en su mente, Bryan siempre lograba alejar el fantasma de Boris de sus pesadillas ¿Por qué no pasaba lo mismo ahora?
— ¡AHHHHHH! —gimió Boris y salió del cuerpo del taheño para jalarlo del cabello y hacerle tragar el miembro mientras continuaba masturbándose y se corría dentro de la garganta del chico.
Se atraganto con el espeso y amargo líquido, tuvo una arqueada, Boris metió más su pene obligándolo a tragar todo su semen hasta que la descarga estuvo completa. Tosió con fuerza poniendo su cuerpo de lado intentando no vomitar.
Boris se sentó exhausto a su lado y empezó a desabrocharle las botas, deseaba tener a su pelirrojo a su disposición y hacérselo en todas las posiciones posibles y para ello necesitaba libertad.
A la mañana siguiente Hitoshi fue a la agencia mientras Bryan visitaba el estadio. El equipo entrenaba como de siempre, se acercó a la arena de hielo y el entrenador del equipo le intercepto.
— Son prácticas privadas, tendré que pedirte que te marches.
— Buscó a uno de sus jugadores, Yuriy Ivanov.
— Pues nosotros también lo buscamos toda la mañana, debía estar aquí hace una hora.
— … —tragó saliva— ¿solo hoy falto?
— ¿Y quién eres tu amigo?- preguntó el entrenador.
Dio media vuelta y le dejo hablando solo, no tenía por qué darle explicaciones si no sabía nada de su pelirrojo. Estaba por llamar a Hitoshi para preguntar si tuvo suerte cuando su teléfono sonó en su mano.
Diga.
Soy Ren, tengo una pista de lo que pudo pasarle a Ivanov, vengan a la estación.
Ambos entraron en la oficina del pelinegro cuando este ponía un video y en la pantalla aparecían imágenes.
Su edificio no tiene cámaras, pero el café de la esquina sí. La imagen no es muy buena pero estoy seguro que ustedes podrán reconocerle.
La cámara estaba ubicada para mirar hacia la calle, se veía su edificio un poco a la izquierda. Un auto estaba aparcado enfrente, las farolas estaban encendidas pues era noche, pero nada parecía extraño. Más en pocos segundos un hombre apareció de la calle de servicio, era alto, delgado y llevaba a cuestas un cuerpo, no había duda quien era
Yuriy —dijo Hitoshi acercándose a la pantalla señalando el cuerpo inconsciente.
Boris- escupió Bryan con odio. Podría reconocerle en cualquier parte, de cualquier ángulo.
Así que esa rata vieja tenía a su precioso rojo, eso le gustaba mucho menos. Cualquier cosa que mezclara a Boris era algo malo.
¿Por qué Boris se llevaría a Ivanov?
¿Quién es ese Boris?
Alguien con quien Yuriy no puede estar seguro. Necesito encontrarlo.
Apretó el puño jurando que si lastimaba a su esposo le mataría.
- FIN DEL CAPÍTULO 2 -
