(¯`·..·- ¿DÓNDE ESTAS? -·..·´¯)

Basado en los personajes de Takao Aoki

(¯`·..·- Nyu Oz Leonhart -·..·´¯)

CAPÍTULO 5: ADIOS

El cuerpo cayó al piso haciendo un sonido sordo. El enmascarado ubicó las cámaras en la sala, les disparó y cortó todas imágenes que le grababan. Con las cámaras fuera de servicio, otro hombre se acercó. Este no iba cubierto ni mantenía su rostro en secreto. Sonreía como siempre que le veía, con aquel gesto superior y demente. Se acercó al caído. Se mantuvo a pocos centímetros, evitando la sangre que manchaba el piso de mármol rosado.

- Hola —dijo el hombre de pie— es una verdadera coincidencia encontrarnos de esta forma.

- Bal… kov.

- Es un honor que aún me recuerdes, después de que apartaste todas las donaciones a nuestro proyecto y decidiste que ya no era importante.

- Tus proyectos —la respiración era dolorosa— no funcionaron.

- Debo decirte que estas en un error.

Tomó el pasamontañas del asesino y mostró el verdadero rostro de aquel que le había llevado a una muerte sin retorno.

- Nuestro Tala esta perfeccionado. No hay más errores en su composición.

- Tú… cabrón- las sirenas policiacas resonaban a los alrededores con ecos sordos.

- Me parece que no tienes tiempo para charlas largas, ni nosotros. Tala ayúdale a cruzar al mundo de los muertos.

El pelirrojo enfocó su fría mirada en el hombre que se desangraba. No le conocía y no le importaba quien era. Lo único que debía saber era que era un estorbo para su padre y el quitaría toda la basura de su camino. Levantó nuevamente el arma y vació el cargador sobre el cuerpo que se convulsionaba con cada impacto.

- Suficiente Tala. Es hora de ir a casa.

Tras la breve aparición del encapuchado y su disparar a las cámaras surgió la reportera anunciando nuevamente que aquella era la única grabación hasta el momento de la muerte del millonario Voltiere. Se atribuía al grupo que habían estado aterrorizando Europa en las últimas semanas.

Bryan de rodillas aun frente al televisor repasaba en la cabeza las imágenes. Las manos le temblaban por la emoción de saber que su pelirrojo seguía con vida, del coraje de no saber que le ocurría para hacer lo que hacía ¿Por qué seguía las órdenes de Boris? ¿Qué le había hecho el viejo para controlarlo de esa manera? Se levantó y llamó a Kai, más que darle el pésame necesitaba de su financiamiento para encontrar a esa rata escurridiza que había convertido la niñez de muchos en un infierno.

- ¿Y simplemente te lo dio así de fácil?- Preguntó Hitoshi mientras se aseguraba el cinturón de seguridad.

Kai no estaba demasiado afectado por la muerte del viejo, más cuando le conté q creía que Boris tenía que ver en esto y había usado a Yuriy para ello, su respuesta cambio. Me dio una cuenta- enseñó una tarjeta bancaria a su nombre- sin límites para que pudiéramos llevar nuestra propia investigación.

El avión encendió las señales de abrocharse los cinturones y apagar sus celulares. Su vuelo y travesía comenzaban.

- ¿Por qué crees que están en Alemania? —preguntó Hitoshi.

- Primero, porque era hacia allí a donde se dirigían en tren.

- Pero pudieron haber dejado ese país hace mucho.

Bryan sacó un ipad de última generación cuando las luces le permitieron usar aparatos que no interfirieran con las señales del avión. Mostró un mapa de Europa, en puntos rojos parpadeantes aparecían los lugares donde habían sido los ataques, cada vez se alejaban más del primer ataque, pero todos ellos eran alrededor de este país, lo que le decía a Ren y a él era que debían estar en algún lugar de Alemania, era por ello que sería su primer destino.

El viaje fue largo, extenuante más ya pisaban la capital de Alemania. Era de noche cuando tomaron el taxi que los llevaría a su hotel. Hitoshi miró las calles que reconocía levemente, hacia tanto que no visitaba Alemania, exactamente desde que Miguel y Yuriy se habían separado.

- Me sorprende que hayas hecho reservaciones. Creí que pasaríamos la noche en una banca de parque.

- Bryan frunció el entrecejo mientras cruzaba los brazos, su comentario no le caía mucho en gracia.

- Soy un excelente previsor —fue lo único que dijo en su defensa.

- Lo admito. Habría sido una molestia llamar a Miguel para pedirle alguna de sus habitaciones.

- No le pediría ningún favor a ese enano- cortó de tajo todo aquello que tuviera que ver con el ex amante del pelirrojo, odiaba a cada uno de los errores pasados de su esposo.

El auto se detuvo frente a un tranquilo y apacible hotel. Su habitación era exactamente igual que en el folleto, así que por el momento se sintió tranquilo por tener el control de aquello. Se sentó frente al televisor y lo encendió. Mientras buscaba el canal de las noticias llamó a la recepción para que a la mañana le llevaran todos los diarios locales y uno internacional. Cualquier cosa que apareciera del asesino lo necesitaba saber, debía conocer cada uno de sus pasos. El japonés salió del baño y se acercó al ruso.

- Debemos concentrarnos en buscar a Boris.

- Lo mismo pienso.

- Boris no se atrevería a sacar a Yuriy a simple vista, es famoso.

- Y le reconocerían en cualquier sitio. Así que debe mantenerlo oculto.

- Pero él es otra cosa. Seguramente encontraremos algo si logramos conectarnos a las cámaras de seguridad de la vía pública.

Hitoshi no era un hacker profesional, pero sabía lo suficiente para poder colarse en las cámaras y poder armar un centro de vigilancia. Instalaría un programa de reconocimiento facial y tarde o temprano darían con él.

- Mientras yo intentare colarme en su mundo. El trabajo de campo es lo mío.

Conocía la mente enferma de Boris, lo único que buscaba era el poder. Poder de someter a un niño de ocho años, el poder dirigir sus vidas, el poder de gobernar sobre otros, el poder de dominar a los más fuertes… siempre era el poder. Todos sus blancos tenían relación entre sí, Robert se dedicaba a controlar la mafia, los negocios sucios bajo el agua. El ataque a los traficantes de armas y ahora Voltiere. ¿Qué decía eso? Que no había quien controlara el negocio de armamento. No existían ahora quien los proporcionará o quien los restringiera y sobre todo quien se hiciera rico con ellos. No más competencia para un negocio fructífero.

La cabeza de Boris pronto tendría seguidores, muchos enemigos y amigos y más le valía a él pertenecer a uno de esos bandos para seguir más de cerca los pasos internos del viejo. Con el dinero de Kai podría pertenecer a los compradores, era un camino más seguro, el asesino (que aseguraba era Yuriy) no sería una amenaza, pero también quería encontrarlo más rápido y ser su enemigo era el camino más sencillo… ¿porque todo lo que tenía que ver con el pelirrojo tenía que ser tan jodidamente complicado?

Se rascó al cabeza y se dejó caer sobre una de las camas. Ya lo pensaría mejor por la mañana, seguramente dormir le ayudaría a manejar mejor la información.

A la mañana siguiente, después del desayuno se fueron a un gran almacén a comprar todo lo necesario para Hitoshi, monitores, ordenadores, cables, teléfonos y otras cosas que pensaron necesario. La instalación fue lo más complicado, pero a media tarde doce monitores estaban dispersos sobre las mesas de la habitación haciendo un cubículo brillante que mostraba imágenes de diferentes puntos de la capital. Las cámaras viales estaban conectadas a la red de Kinomiya, e iban pasado por segundos las imágenes a las pantallas planas. El programa de reconocimiento de rostros estaba instalado con el de Boris y con el de Yuriy por si acaso le había teñido o cortado el cabello. Hitoshi se sentó delante de ellas mientras Bryan se calaba un abrigó y salía en búsqueda de un contacto.

Ren había logrado que entrara dentro de un equipo policiaco que trabajaban encubiertos en el tráfico de armas. La misión era entrar al bajo mundo y saber cómo trabajaba la nueva distribución y quiénes eran los que la manejaban. Había rumores como en todos lados, pero ninguno de ellos era lo que Bryan deseaba escuchar. Se reunió con el pequeño grupo y aunque no les agradaba un extranjero estuvieron de acuerdo con que se incorporara al trabajo pesado. Era bueno que alguien más se ensuciara las manos para variar.

Le ofrecieron un micrófono oculto, un mapa de los lugares que debía visitar y encontrar información, un soplón o si tenía suerte alguien que le vendiera lo que ellos necesitaban. Después de actualizarse en el caso (solo algunos detalles que en televisión y los artículos de internet no aparecían) salió en su primera misión nocturna.

Su primera parada eran los peores bares donde obtendría información que esperaba fuera de fiar. Pidió un trago en la barra y miró a los alrededores observando a cada uno de los clientes que frecuentaban aquel sitio, analizaba cada gesto y cada actitud. Otra nueva ronda hasta que vio a un grupo que más que beber y ahogar sus problemas en alcohol como el resto, parecía hacer negocios en la parte alejada del lugar. Les vio estrechar las manos y salir por la chirriante puerta del frente. Dejó un par de billetes en la barra y salió también. Encendió un cigarro y se apretó el abrigo antes de empezar a caminar sin preocupación alguna, pero siempre teniendo a la vista a ese grupito que caminaba muchos metros por delante de él. Doblaron en un esquina y el siguió recto pues estaba seguro que ya le habían visto y sospechaban que los seguía. Así que prefirió tomar nota del callejón, ya iría a investigar más tarde.

Esperó casi veinte minutos apostado tres calles más adelante cuando regresó por sus pasos y asomó la cabeza por la oscura calleja, olía a orines, más estaba vacía. Se adentró con cautela y teniendo bien sujeto en la mano derecha dentro del abrigo una navaja de la armada y en la izquierda un buen fajo de billetes. Las farolas del alumbrado público que funcionaban eran pocas para iluminar por donde caminaba. La escasa luz sólo provocaba más sombras en donde algún enemigo podría esconderse. Lo más sensato era volver de día y explorar el lugar, mas él había perdido el juicio cuando se habían llevado al pelirrojo de su lado y como el loco que era, caminó a la boca del lobo.

- ¿A dónde vas amigo?

Preguntó una voz a su espalda al mismo tiempo que el cañón de una pistola era presionado entre sus costillas.

- Solo doy un paseo- murmuró.

- ¿Ruso?- preguntó al escuchar su acento- ¿Qué haces aquí?

- Escuche que puedo comprar aquí, tengo dinero.

- Creí que en Rusia abundaban las armas y los chicos malos.

- Vez demasiada televisión, además hace tiempo que no piso Rusia. Pero si no quieres mi dinero puedo ir a otro sitio.

- No hay otro sitio, al menos no en Alemania.

- ¿Hablamos negocios?

- Espero que tengas suficiente dinero fanfarrón o te hare otro agujero para cagar.

Fue empujado hacia un costado y descubrió que no era solo uno el que lo asechaba, si no media docena. Sacó las manos de las bolsas para evitarse problemas y parecer menos problemático. Entraron en una puerta que apenas se distinguía y pronto le condujeron al que debía ser el jefe de esa pandilla.

- No estoy reclutando- fue lo primero que dijo el hombre que estaba alrededor de los cuarenta.

- Dice que quiere comprar- respondió el que aún le amenazaba con el arma.

El hombre le miró por primera vez con seriedad y sonrió divertido.

- Parece que apenas tienes el dinero suficiente para una cerveza barata- se burló.

- Las apariencias engañan —pensaba en agregar algo más sarcástico más viendo su situación actual era mejor tragárselo.

- Carácter, eso me gusta —hizo una señal y dos hombres le sujetaron de los brazos mientras un tercero le cateaba quitándole todo lo que traía encima.

El hombre tomó el rollo de billetes, hizo una señal para que trajeran un maletín negro. Dentro había dos glock 9 mm y una mágnum de barril.

- Escoge la que quieras.

- ¿Todo el dinero por solo una? —Bryan necesitaba hacer un poco más de presión. Sacarle más de la sopa o se quedaría famélico de información.

- ¿Vas a asaltar un banco niño? —todos rieron menos el platinado.

- ¿Qué necesito hacer para tener armas de verdad?

- Dinero niño, todo el mundo se mueve con dinero.

- Tengo el dinero- sonrió- ¿usted tiene las armas?

- ¿Para quién trabajas niño?

- Mi cliente prefiere quedarse en el anonimato.

- Consigue el dinero necesario y con gusto te venderé lo que quieras niño—el hombre tronó los dedos y pronto le fue llevado pluma y papel. Garabateó una cifra y se la entregó a Bryan— un cargamento llegara en dos días.

- ¿Es una cita? —se atrevió a decir curvando sus labios en un sonrisa— ¿misma hora, mismo lugar?

- Nosotros te encontraremos, así que si estás jugando conmigo será mejor que saques tu apretado trasero del país o yo me encargare de aflojarlo— se relamió los labios— saquen a este bebé de mi vista.

Bryan fue regresado a la calle principal, y tras meter las manos en los bolsillos del abrigo retornó cauteloso de que no le siguieran. Más presentía que lo harían ¿Cuántos rusos platinados habría en esa ciudad? Suspiró para deshacerse de esa presión en el pecho, con cada paso que daba hacia los traficantes se acercaba más a encontrar el paradero de Yuriy y rescatarlo de las garras de Boris.

A la mañana siguiente fue directo a conseguir la cantidad escrita en el papel, era demasiada para sacarla del banco. Había tenido que llamar a Kai y pedirle autorización, a lo que el bicolor había gritado que el dinero no se daba en los árboles, más tras recordar que era para la captura de su carcelero de infancia y el rescate del pelirrojo había aceptado a que retiraran los fondos de la cuenta eje.

El dinero estaba acomodado dentro de un bolso de viaje al igual que un localizador el cual estaría vigilando la policía del país, Bryan se enfundó la glock en la parte trasera del pantalón y se abrigó antes de salir, asegurándose que el micrófono con forma de botón estuviera libre y que nada lo cubriera por si tenía que salir pitando de allí. Empezaba a nevar, levantó la capucha felpuda del abrigo y se cubrió la cabeza, caminó hacia el bar de hace unas noches. Pasos a sus costados, se escuchaban claros para los oídos entrenados como el suyo, al menos los entrenamientos del viejo demente habían servido para algo más que el Beyblade. Llevó la mano a la espalda y tanteó la cacha del arma.

- No hay necesidad —dijo una voz a su izquierda.

- Los rusos siempre tan violentos —escuchó a su derecha.

- Malditos nazis —pronunció Bryan cuando le acorralaron por ambos flancos y le hicieron cambiar de dirección.

Al menos iban por una avenida principal y estaba seguro que Hitoshi le seguía con la red de cámaras de tránsito. Llegaron a una zona industrial, no había más que fábricas y bodegas que eran toda vida en horas laborales, pero ahora… justo a mitad de la noche parecían construcciones fantasmas. Un auto blanco les alcanzó y les hizo subir. Dentro estaba el jefe de esa organización.

- ¿Te dieron tu mesada? — el jefe bebía de un fino vaso de cristal cortado.

- Mi jefe no juega con estas cosas.

- Me da interés conocer a ese jefe tuyo, pero me conformaré con que tú y yo hagamos negocios.

El auto entró a una de las bodegas, en el interior estaba un camión de helados con las puertas traseras abiertas, cajas de armamento se apilaban donde los sabores congelados deberían existir. Un sólo hombre custodiaba el tesoro, vestía de cuero negro, botas de motociclista, el casco de una moto estaba puesto sobre su cabeza. Aunque eso era lo que menos importaba, el corazón golpeó contra los pulmones, las costillas y de pronto dejo de funcionar al reconocerlo. Su esposo estaba allí, a solo unos metros de distancia, estaba seguro que si abría la puerta y corría hasta él, podrían escapar de esa guerra ajena a ellos. Sin embargo se contuvo, necesitaba saber un poco más él porque Yuriy no se iba por su propio pie, no parecía haber nada que lo retuviera allí amenos… la sola idea le revolvió el estómago: Boris le hubiera amenazado con que le tenía y que si no hacía lo que le pedían sería un pelirrojo viudo.

- Aguanta Yuriy…

El motor del vehículo blanco se detuvo frente a la camioneta de helados. Hombres armados salieron para revisar la zona y asegurarse de que su líder estaba seguro. Entonces bajó junto a Bryan con el dinero aun en el bolso sobre su hombro.

El motociclista miró a cada uno de los invitados a la fiesta, su movimientos estudiados y perfectos no se turbaron en ningún momento, ni si quiera cuando miró a Bryan atreves del cristal negro que le protegía la cara. Estiró la mano pidiendo claramente el efectivo que necesitaba para hacer el trueque. Un maletín más el bolso de Bryan fueron entregados y los examinó cuidadosamente, tras asentir bajó del vehículo dos cajas, una con armas cortas y la segunda con armas largas. El líder negó rotundamente.

- ¡Queremos más!

- Más dinero —respondió la voz sensual de su pelirrojo tras el casco.

- Tus precios no son los mismos de la última vez.

- Inflación- su voz era monótona.

- No ve vengas con pendejadas hijo de puta, teníamos un trato.

- Nuevos precios, los tomas o te largas.

Los hombres del mafioso empuñaron las armas apuntando al motociclista quien no movió ni un solo musculo, Bryan en cambio sentía la necesidad de saltar y proteger al amor de su vida. Aun llevaba el arma en la pretina del pantalón, pero que serían quince balas contra cargadores repletos. Les dejarían como queso gruyer en menos de 5 segundos.

- El que debería largarse eres tú, un hombre no es rival contra mi gente- hizo una señal y sus hombres cortaron cartuchos.

El motociclista sacudió las manos, un movimiento rápido y ya tenía un shuriken en cada una. Los lanzó antes de dar un salto hacia atrás, sobre el toldo del vehículo y desapareció tras este. Dos de los hombres cayeron de rodillas con el arma japonesa clavada en medio de los ojos. Las balas empezaron a llover en todas direcciones.

El jefe presuroso entró en el auto mientras jalaba al plateando consigo. Una motocicleta salió del fondo de la bodega, saltó en los aires mientras el usuario disparaba una Uzzi y uno a uno los hombres caían muertos. La motocicleta aterrizó en el piso de vuelta al piso, frenó y dio una pirueta digna de un espectáculo. Yuriy bajó y disparó la ventanilla vacía del copiloto. Los cristales blindados se estrellaron, el asesino uso el codo para golpearlo y terminar de tirarlo como si no se tratara más que de un corriente trozo de vidrio.

- El trato ha terminado.

- ¡Mi dinero!

- ¡CALLATE! —Bryan miró su propio reflejo en el casco de Yuriy… o quizás no era el pelirrojo.

- Si quieres armas te costaran el doble- disparo una sola vez dejando al hombre caer de cara contra el asiento del frente- Díselo a tu jefe.

Bryan quedó helado por unos segundos. Apenas fue consciente de las sirenas que se acercaban, todo debía ser por el micrófono de su abrigo.

- ¡Rayos!

Arrojó fuera el cuerpo del contrabandista. Saltó al asiento del piloto y agradeció a su suerte porque las llaves estaban puestas. La motocicleta salió nuevamente disparada, Bryan le siguió como pudo. Tanteó el bolsillo del pantalón y saco su móvil para marcar el único número que tenía en la memoria, uso el altavoz.

- Hiro, estoy persiguiendo a quien creó nos llevara con Boris.

- ¿Es Yuriy?

- No le he visto la cara, pero no puede ser el.

- ¿Cómo que no sabes, es que no conoces a tu esposo?

- ¡No necesito tus sermones! Motocicleta negra, estoy en la zona industrial, se dirige al centro por el camino largo —odiaba Alemania y sus maldito idioma que no podía leer— búscala y no la pierdas.

- ¡Lo tengo!

- Pronto me dejará, el auto que llevo no es para nada deportivo.

- ¿De dónde sacaste un auto?

- ¡Eso es lo que menos importa!

- Se dirige a la zona hotelera del norte, es extraño, es el mismo camino que…

- ¿QUE?

- Sé a dónde va. Ven aquí ya mismo. Te esperare abajo.

Para cuando Bryan llego al hotel donde se hospedaban, Hitoshi ya estaba esperándolo. Subió al auto y le indicó la ruta que debía seguir, diciéndole si era a la derecha o a la izquierda.

- No sé por qué no se nos ocurrió antes. Buscamos las actividades bancarias de Boris, de Miguel pero nunca las de Yuriy.

- ¿Qué quieres decir?

- Yuriy tiene un lujoso apartamento aquí en Alemania, justo en esta ciudad.

- Eso no es verdad.

- Claro que lo es, Miguel se lo regaló hace mucho tiempo. El lugar no aparece a nombre del rubio porque lo traspaso al pelirrojo. Estoy seguro que si vamos allí nos dirán que Yuriy ha ocupado el lugar. Un escondite perfecto, estoy seguro que nadie conoce que es dueño de esa suite a excepción de Miguel y mía.

Bryan gruñó por lo bajo, él tampoco sabía que ese condenado ex amante le había dejado un lugar donde vivir al pelirrojo. Quizás en espera de que regresara allí algún día. Sin embargo no tuvo tiempo de pensar más en esa posibilidad porque llegaron a un hermoso lugar digno de los más adinerados. Bajaron del auto y entraron hasta la administración.

- ¿En qué puedo serviles…? —el hombre miró a los extranjeros- Señor Kinomiya, hace tanto que no le veía —sonrió.

- Emm, hola —le recordaba vagamente.

- Lamento interrumpir su reencuentro pero estoy buscando a Yuriy Ivanov, sé que se hospeda aquí.

El encargado le miro con un mohín en los labios y negó.

- El señor Ivanov hace años que no pisa su residencia- el alma de los dos se cayó hasta el piso- pero hay un hombre viviendo en su piso. Tenía una carta firmada por el actual propietario para que le dejáramos instalarse por tiempo indeterminado.

- Debemos subir- imploró Hitoshi.

- Avisare al Señor Boris que están por subir.

- ¡NO!- gritaron ambos jóvenes.

- Este es un asunto policiaco —dijo Bryan y sacó una placa provisional que le habían dado los contactos de Ren —nadie puede enterarse de que estamos aquí.

El hombre apreció alarmado más asintió.

- ¿Debo llamar a la policía?

- Yo soy la policía, pero llame a este número, solo a este número y dígales donde estamos, ahora deme la llave de la suite.

Bryan y Hitoshi subieron por el ascensor hasta el último piso. Desenfundó el arma y avanzó apuntando al piso. El japonés abrió con cuidado la puerta del apartamento. Todo estaba como Hitoshi lo recordaba, la amplia estancia, la lujosa sala decorada a gusto del pelirrojo, las habitaciones a la izquierda, la cocina, el salón y la biblioteca a la derecha. Había una maleta acomodada contra la pared, la misma que era del pelirrojo y que había desaparecido de su casa con sus cosas. Dejaron la puerta abierta, sabían que los refuerzos llegarían en poco tiempo. Recorrieron la casa y cada cuarto, encontrando todo vacío.

- No puede ser. No creo que hayan averiguado que les seguíamos los pasos —se quejó Kinomiya.

Un sonido les hizo girar la cara.

- ¿Qué fue eso?- preguntó Bryan en voz baja.

Sonó como si deslizaran algo pesado.

Se agazaparon contra la pared. Pronto una charla inundo el pasillo proveniente de la biblioteca. Dos hombres con batas blancas aparecieron en la sala con humeantes tazas de café, no vieron a los intrusos hasta que el cañón de la glock les apunto directamente a la cabeza.

- No hagan ruido, o será lo último que hagan —sentenció el ruso— Hitoshi.

A la orden el japonés les amagó con lo que encontró en la habitación, les quito todo lo que pudieran usar para dar la alerta y les encerró en la habitación secundaria.

- Vinieron de allí.

La biblioteca con su gran piano de cola, solo que este se encontraba fuera de lugar, mostrando una abertura en el piso que daba a la planta inferior. Bajón lentamente, intentando que sus botas no sonaran con los peldaños metálicos, más era imposible. Bryan por delante llegó a un terrorífico laboratorio.

- ¿Qué ocurre Krause? ¿Olvidaste algo? —un nuevo hombre apareció.

Los ojos del Smirnov se abrieron grandes como platos, regresó por donde veía y un pitido aunado a una luz rojiza parpadeante en algún lugar del techo empezó a sonar. Un cristal grueso inicio su descenso, dividiendo el laboratorio. Hitoshi se abalanzó contra el científico a la par que Bryan veía la puerta del fondo abrirse, Boris apareció con el rostro contorsionado por el enfado de verse interrumpido.

El cuerpo de Bryan se movió por sí solo, entró en el encierro en el momento justo que la pared translucida llegaba al suelo. Hitoshi con el puño ensangrentado regresó a mirar por el cristal. Bryan apuntó a Boris, su dedo índice estaba ansioso por presionar el gatillo hasta que se terminaran las balas, pero antes necesitaba saber dónde estaba su pelirrojo.

- Bryan, que sorpresa verte ¿a qué debo tu visita?

- Sabes bien porque estoy aquí. Así que dime donde esta Yuriy para que pueda irme.

- ¿Yuriy?- la sonrisa perene y maliciosas siempre estaba estampada en ese rostro malvado- ¡Ah! Te refieres a mi precioso hijo.

- ¡Yuriy no es tu hijo!

- Ven aquí, mi hermoso tesoro- llamó, girando la cara hacia atrás.

Bryan uso las dos manos para sostener la pistola, las manos sudaban, nunca en su vida se había sentido tan nervioso. Un pelirrojo desalineado apareció en el pasillo, su pecho estaba desnudo y tenía claras marcas de mordidas sobre la piel y el cuello, aun llevaba el pantalón puesto, pero la bragueta estaba abajo. Bryan tragó saliva pastosa que se le quedó atorada en la garganta y apenas pudo pronunciar palabras claras.

- Yuriy, ven aquí. Ya todo terminó —extendió su mano hacia el taheño.

El pelirrojo no respondió, su rostro sereno y frío no reaccionó. Concluyó su pasarela al posarse junto a Boris.

- Al parecer él no quiere marcharse —colocó al pelirrojo por delante tomándole de los hombros y se inclinó para besarle el cuello.

Los ojos azules se cerraron y ladeó el rostro para dejarle más espacio a la boca que le besaba antes de soltar un jadeo de placer. Bryan y Hitoshi se quedaron sorprendidos.

- ¿¡Qué le has hecho! —Bryan apretó aún más la pistola.

- ¿Recuerdas esto Bryan? —mostró el laboratorio con ambas manos exponiendo su grandeza.

¿Cómo no recordarlo? Bryan había pasado muchos días escuchando al viejo hablar del proyecto Tala, vio a tantos pasar por ese laboratorio y nunca salir, había visitado a Yuriy cuantas veces pudo, cuando estaba dentro de ese tubo rogando porque viviera.

- Tala fue creado en un lugar maravilloso como este, todo fue perfecto hasta que empezó a rebelarse ante mí por tener esos sentimientos humanos aun en su ser. Pero eso se terminó, Tala no tiene más errores.

La policía bajó por las escaleras metálicas, Ren al frente con su gabardina oscura y la placa en lo alto habló tras el cristal pidiendo que se entregara. El edificio estaba acordonado y rodeado, el armamento de la bodega confiscado. Su rostro publicado en todos los medios, no podría escapar vivo a menos que se entregara a la justicia. Boris retrocedió un paso buscando una escapatoria.

- Lo siento, pero no planeo eso —sonrió. Necesitaba un espectáculo— ya que has venido hasta aquí por Tala, porque no hacemos un encuentro conmovedor —susurró un par de palabras al pelirrojo.

Una ráfaga roja cruzó la habitación, una patada rompió la muñeca de Bryan. El arma saltó en el aire y antes de caer ya estaba en posesión de Tala.

- Bryan a estado buscándote todo este tiempo amor, aun no entiende que estas aquí por voluntad propia —retrocedió lentamente por el pasillo que daba a las habitaciones modificadas— no comprende que tu corazón me pertenece, así que hay que darle una demostración de tu amor y fidelidad por mí.

Yuriy apuntó el arma hacia Bryan.

- No… —alcanzó a decir el platinado, sujetándose la adolorida mano.

- Disparate en el corazón Tala.

El cañón cambio de dirección, se apretó contra la piel lechosa del pecho, sobre ese órgano palpitante que le daba vida. Bryan se impulsó sobre la punta de los pies usando todo su peso para alcanzarle. Los ojos de Yuriy le miraron en el momento que accionó el gatillo, la detonación cimbro cada célula del cuerpo del platinado mientras sostenía el cuerpo de Yuriy al caer. La glock terminó en el suelo.

Bryan de rodillas, se abrazó al cuerpo de su único amor, de su esposo. El pecho de Yuriy tenía un boquete que salía por la espalda, la sangre recorrió la desnuda piel, la mano temblorosa del ruso se empapó también de roja y cálida sangre. Yuriy miraba al techo con los ojos muertos. Todos se quedaron sin aliento al escuchar el grito desgarrador que expulsó Kuznetzov, lleno de desesperanza y agonía.