(¯`·..·- ¿DÓNDE ESTAS? -·..·´¯)

Basado en los personajes de Takao Aoki

(¯`·..·- Nyu Oz Leonhart -·..·´¯)

Capítulo 6: Prototipo 01

Miguel al recinto, los temblorosos pasos hacían eco en todo el lugar, no importaba la alfombra, no aminoraba el sonido, cada cacofonía lo sentía retumbar contra su pecho. Venía acompañado por su amigo Hitoshi quien lo ayudaba a caminar, lo traía abrazado, no podía sujetarse solo desde que le dio la noticia de Yuriy, la debilidad que sentía parecía inexplicable.

Un cuarto elegante, minuciosa decoración de flores blancas y una docena de persona. El silencio, el calor, el escalofrío recorriendo su espalda, el desagradable olor a incienso, la atmosfera entera le estrujaba el corazón cerrándole la garganta impidiéndole respirar, cada paso parecía más difícil, cada segundo la debilidad; le consumía la vida.

Entró sin reconocer a nadie, Brooklyn se colocó enfrente impidiéndole la vista, le miró, esos enormes ojos verdes que algún día lo hiptonizaran ahora estaban rojos, hinchados y lo miraban con tristeza y compasión.

- Y… y… yo —trató de decir pero las palabras se atoraban en su garganta, intentaba tragar, pero no podía, la opresión era demasiada.

- Miguel… espera- la voz Brooklyn envolvió todo el lugar llamando la atención de los presentes que no apartaban la vista de la caja.

- No —pronunció apenas audible, con un esfuerzo sobre humano, con un terror inenarrable retiró a Brooklyn.

Hitoshi lo sostuvo con más fuerza, le faltó el aliento. Estaba a punto de desmayarse.

- ¡No, no por favor! —las lágrimas comenzaron a salir— ¡no por favor!- su voz aumentaba de ton— ¡no…Yura…no! —se soltó de Hiro y caminó lentamente hacia esa caja de cedro, hacia ese pequeño cajón que contenía el cuerpo del pelirrojo.

El temblor en el cuerpo del alemán era notorio, sus manos recorrieron la tapa de madera mientras sus lágrimas corrían libres y efímeras, sostenidas por la esperanza de ser solo una pesadilla. El taheño tendido sobre la seda blanca y un campo de tulipanes del mismo color, su cabello rojo arreglado, sus ojos cerrados, ocultando las gemas azuladas que amaban más de uno. Parecía dormir… sólo dormía. Era un príncipe esperando ser despertado con un beso de amor protegido tras ese cristal, al igual que Blanca Nieves ¿verdad?

- Yura —susurró— ¿por qué… por qué Yura? —gritó tirándose sobre el ataúd— Yura… ¡Vuelve!… ¡Yura! —su dolor se transmitía a todos los presentes, paso varios minutos sujetando el féretro como si con esto pudiera devolverle la vida

Una mano le tomó por el hombro. La mano del ruso platinado lo sacudió.

- ¿Qué haces aquí? —le gritó Miguel golpeándole para que lo soltara.

Bryan no habló, lo miró con pose indiferente y regresó a su puesto de guardia a lado del ataúd.

- ¡Tú no puedes estar aquí! no deberías ni asomar el rostro ¡es tu culpa! maldita sea

De inmediato Brooklyn corrió a sujetarlo.

- ¡No me detengan! —exigió.

- Miguel cálmate —le pidió calmadamente.

- ¿Cómo se te ocurre pedirme eso? —gritó furioso, aun con las lágrimas corriendo por el rostro— ¿Cómo me puedes pedir que me calme? ¡eso es absurdo! acaso no te das cuenta… ¡está muerto! …MUERTO ¡Yura está muerto! —berreó con todo lo que daban sus pulmones, por un segundo creyó desfallecer, pero se detuvo del ataúd, mirándolo de nuevo— Yura —susurró tratando de calmarse, apretando los puños, mordiéndose los labios hasta el grado de sangrarlos— mi amigo, mi amado ¡mi vida!… ¡está muerto!

El paso firme y decidido del ruso lo hizo volver a su realidad.

- ¡No te acerques! —el tono era exigente, decidido y autoritario— eres un maldito imbécil, ¡fue tu culpa! esto jamás hubiera pasado si se hubiera quedado conmigo… ¡demonios! pensé que contigo… en serio lo pensé, por un momento… confíe en ti, te confíe lo que más amaba ¡te confíe a Yura! porque creí que contigo sería feliz, pensé que podrías darle todo, que podrías protegerlo ante todo, pero fui un estúpido— tragó saliva.

- Yo… —se alejó un paso para respirar tratando de pensar en cómo defenderse, pero sabía que las palabras del alemán eran verdad.

Se retiró del féretro, los pasos plomizos del platinado fueron seguidos por todos los presentes, el silencio reinó nuevamente cuando Bryan desapareció por la puerta principal, solo los lloriqueos de Miguel eran la señal de que el mundo seguía girando.

Bryan buscó la cajetilla de cigarros que había comprado esa mañana, llevaba ya cinco hasta ese momento, él, quien nunca había gustado del hábito, el que siempre peleaba con Yuriy si llegaba oliendo a humo de cigarro y él que se negaba a besarle si sus labios sabían a eso… ahora daría todo por un beso sabor a cigarro. Apretó la cajetilla en su mano sana y golpeó la pared con el puño cerrado… el dolor era gratificante. El cosquilleo en los nudillos lacerados le recorrió el cuerpo, apenas notó aquellas vibraciones ajenas. Su celular sonaba.

- Bryan, soy Ren. Tienes que venir ahora mismo.

- Ren… estoy velando el descanso de —los labios le temblaron— Yuriy —pronunció su nombre rápidamente, ya que cada vez que lo hacía o lo escuchaba se le rompía el corazón.

- Te digo que vengas ya mismo.

- ¿Qué otra cosa puede ser más importante? Dime ¿qué puta de mierda puede ser más importante que su descanso eterno?

- Ven y lo averiguaras.

Ren colgó antes de que pudiera mandarlo al carajo, guardó el móvil y tomó un taxi. Sabía que seguía en el apartamento debajo del de Yuriy, recabando información y pistas. No había vuelto a poder un pie allí desde que sacó el flácido y muerto cuerpo de su esposo en brazos, pero, ahora no podía compadecerse o culparse por su deceso, únicamente culpaba a Boris por ello y le haría pagar de una u otra forma. Tomó aire dándose valor para volver a entrar a ese sitio.

Mientras esperaba el ascensor se preguntó qué tipo de vida había tenido allí su pelirrojo ¿habría sido feliz? si todavía viviera allí seguramente estuviera vivo o quizás no, si Boris lo buscaba hubiera dado algún día con él. Rayos, debía dejar de pensar en lo que hubiera pasado. Llegó al piso y entró en el boquete donde habían estado alguna vez las puertas del laboratorio. Ya no había nadie allí, así que se adentró buscando a Ren, evitó mirar la mesa de exploración, los paneles en las paredes, simplemente escucharía lo que tenía que decir ese amigo de Yuriy para regresar al funeral, ya que por la mañana lo llevarían de vuelta a Rusia donde le enterraría.

- Aún nos queda un largo camino por recorrer juntos —murmuró con una endeble sonrisa.

Giró hacia la derecha, allí estaban las puertas metálicas que estaban cerradas a cal y canto, más ahora estaban abiertas, se asomó y la mandíbula inferior cayó en una mueca de estupor. Aquello simplemente era sacado de una película de terror, la peor pesadilla de su cabeza; la mejor fantasía de Boris.

Las paredes del cuarto estaban cubiertas por monitores, controles, paneles, computadores. Ocupando el espacio restante y central ocho tubos de cristal, del mismo tamaño que en laboratorio donde Boris había dicho que Tala había sido completado, todos ellos verticales, todos ellos llenos de líquido verde, todos ellos con un cuerpo familiar flotando. Ocho Yuriy's esperaban despertar de su letargo. Acercó la mano al primero, estaban cálidos, miró de cerca el rostro dormido y cubierto por una mascarilla que le proporcionaba oxígeno, el pecho se movía muy lentamente.

- ¿Qué demonios?

- ¿Ahora entiendes la urgencia?

Bryan se giró hacia un rincón de la habitación, Ren estaba acompañado de una mujer rubia y alta. Creyó conocerla, pero no estaba del todo seguro.

- Ella es la Doctora Elena Kozlov, está familiarizada con el proyecto Tala desde su nacimiento.

- ¿Boris? ¿Boris Kuznetzov? —preguntó— Me gustaría decir que me alegra ver cuánto has crecido, pero dadas las circunstancias… —guardó silencio.

Ella le miró apenada, entonces descubrió que si le conocía. Era la doctora más joven de la abadía. Aquella que en verdad se preocupaba por el bienestar de los que allí eran presos. Ahora era toda una mujer, pero seguía conservando su belleza y sus rasgos amables.

- Ya no respondo a ese nombre, ahora soy Bryan- dijo con sequedad.

- Oh…

- La razón de que la haya hecho venir desde Rusia con tanta urgencia es esta —señaló los clones de Yuriy.

- Desde un inicio el proyecto Tala fue para crear a un soldado capaz de resistir las peores condiciones con los mejores resultados en combate. Ha sido un sueño para muchos países. Pero nunca habían estado tan cerca de lograrse como cuando ingrese a esa pequeña investigación —dejó pasar unos segundos— hoy me doy cuenta de que los resultados son mejor de lo que esperábamos.

Bryan perdió el agrado por ella con esas miserables palabras. Estaba hablando de su esposo, de aquel chico con él que habían experimentado hace tantos años, aquel que había sobrevivido a las pruebas para volverse Tala, pero había dejado de ser aquel proyecto científico para volverse nuevamente Yuriy, un hombre con una vida tranquila, una vida que había deseado compartir a su lado hasta que se volvieran viejos y cascarrabias. Ahora ya no estaba pero no dejaría que hablaran de él como si fuera solo un tubo de ensaye con una muestra.

- Eso puedo verlo por mí mismo. No necesito que ninguna doctora me diga que han clonado a Yuriy- recalcó el nombre del pelirrojo.

La mujer se ruborizó un poco ante la hostilidad del chico, aunque no le sorprendía. Seguía siendo el mismo niño asustado cubierto con una pared de agresividad como antes.

- He analizado los componentes de cada uno de los sujetos experimentales que están aquí, todos ellos son iguales —Bryan le miró nuevamente con el ceño fruncido— iguales a la sangre que tomaron del piso- ahora si obtuvo un gesto de confusión.

- Lo que quiere decir es que el cuerpo que están velando en este instante no es de Yuriy, es uno de sus clones.

- ¿¡QUE!? ¿Yuriy sigue vivo? ¿Dónde está?

- Yuriy fue el más compatible para los experimentos, su cuerpo aceptó los implantes tanto físicos como cerebrales pero, había algo en él que combatía con las ordenes y el volverse sumiso. Funcionaba unos días pero, Yuriy terminaba venciendo a la personalidad de Tala, fue por ello que se descartó como una victoria. Por más que insistían y reforzaban al sistema para ser nuevamente instalado en la corteza cerebral el resultado era el mismo, incluso el efecto se recortaba. Yuriy nunca sería el Tala que añoraban.

Ren y Bryan escucharon atentos la explicación queriendo llegar solo al punto que les importaba.

- Estoy segura que Yuriy debe estar vivo en algún lugar. Sin él sería imposible seguir creando estos clones y Boris no se conformaría con un ejército de 9 soldados.

- En eso estaba de acuerdo con la doctora. Boris desearía cientos de soldados perfectos que utilizar para conquistar el objetivo que en su mente distorsionada estuviera fijado. Y ahora que se había desecho de su laboratorio de juguete debía refugiarse en otro sitio y estaba seguro que aquel a donde fuera estaría su esposo.

- ¿Qué harán con ellos?- preguntó Bryan al ver la figura exacta de su pareja tras el tubo más cercano.

- Los desconectaremos, mantenerlos con vida sería un error. Nadie debe saber de su creación.

Ren se separó unos momentos al recibir un boletín en su radio.

- Estoy de acuerdo — suspiro Bryan.

- Boris ha sido visto en Polonia, viaja al Este- interrumpió Ren.

- A Rusia —dijo sin saber porque, su boca se había movido sin quererlo —debo viajar a Rusia ya mismo. Boris nos lleva un par de días de ventaja, debo llegar a la abadía antes de que él lo haga.

- Ya mismo arreglo eso, pero no será fácil, tardaré un par de horas para que me autoricen los pasajes.

- No tengo un par de horas… pero si a un ex novio millonario.

Bryan salió corriendo del lugar, se odiaba por deber otro favor pero ahora no importaba más. Dejó la espalda caer sobre el mullido respaldo del asiento. El jet volaba tan rápido como se lo permitía, Hitoshi aun miraba las pruebas que les habían mandado por internet donde corroboraban las sospechas de la Dra. Kozlov al analizar el cuerpo en la funeraria. No había mejor noticia que esa, ahora Bryan entendía las acciones del pelirrojo, su sangre fría, la insensibilidad al matar, la obediencia a Boris y sobre todo el no tener ni un gesto de amor al verle, claro, porque ese Yuriy o mejor dicho Tala jamás le había visto en la vida. Eran iguales físicamente pero, no compartían ningún recuerdo.

Un par de horas y ya descendían en un campo abierto y nevado a las afueras de la abadía. Bryan bajó corriendo mientras sujetaba el arma con su mano sana. Kinomiya le seguía, igualmente iba armado. Atravesaron el campo blanco a toda carrera, los edificios estaban muchos metros más adelante, sin embargo Bryan no corría directo a ellos, se desviaba a la izquierda, a las orillas de terreno donde un espeso bosque crecía.

- Bryan.

El platinado giró apenas para soltar una sonrisa de lado, una expresión que le dejaba en claro que sabía lo que hacía y no era una acción loca producida por el estrés. Aquella había sido su casa por de quince años, había andado a sus anchas, vagado por pasillos prohibidos, se creía conocer gran parte de aquellas redes de túneles que existían como complejo de entrenamiento y también aquellos que se creían ocultos y por donde Boris no les esperaría. Llegaron a un cobertizo lleno de herramienta vieja que hacía años no se usaba, el abono para tulipanes estaba congelado y cubría una compuerta que había descubierto con otros chicos en una de sus travesuras. El pasaje era pequeño pero aun de mayor cabía perfectamente, andando sobre sus manos, conteniendo alguna punzada cuando el yeso no protegía su muñeca rota, y rodillas hasta una ventilación arriba de la cocina. Entre las rendijas todo parecía desolado, la quitaron y bajaron con la suavidad de un gato.

-Que acogedor, ahora sé porque tienes ese mal genio —murmuró Hitoshi mirando la capa de polvo que crecía sobre los muebles, era claro que hacía mucho no se pasaba nadie por el lugar— ¿estás seguro que se encuentran aquí?

-No lo estoy, solo es un instinto.

La puerta doble se abrió, ambos cuerpos se escondieron, mirando por entre las esquinas al invasor. Un joven pelirrojo vestido de camuflaje negro se asomó por ellas, analizó desde su sitio el interior escaneando cada rincón. Los ojos azules se posaron en el ducto abierto y dio un paso al frente, luego otro hasta que los pasos firmes le llevaron bajo este, la rejilla estaba sobre la barra a su izquierda un chico agazapado y arrodillado le miraba con los ojos castaños abiertos como platos. El pelirrojo levantó el arma semiautomática y apuntó en medio de los ojos al intruso.

El cañón se accionó, el cuerpo del pelirrojo cayó al suelo con un agujero en la nuca. Bryan apareció en escena y Hitoshi se levantó de su sitio arrastrando el cuerpo del Tala número diez tras el mostrador.

- Pudiste tardar menos, un segundo más y yo sería el muerto —se quejó en silencio al caminar cautelosos hacia la puerta.

- Tenía que ver su reacción, no quiero meterle una bala a Yura.

- Gracias por tu preocupación.

- Los pasillos estaban solos.

- Deben estar en el laboratorio —murmuró y le hizo una señal con la cabeza para que le siguiera —por aquí.

- Ten cuidado, esos cazadores rojos deben estar sueltos por todas partes.

- Además de las cámaras, pero esas las tengo bien ubicadas.

Conocía sus puntos ciegos y sabía cómo evadirlas, claro, en caso de que no las hubieran cambiado con el paso de los años pero, mirando el polvo lo dudaba. Lo llevo a la izquierda, bajaron escaleras, se ocultaron ante otro soldado envuelto en negro que se perdió por un pasillo, era mejor no enfrentarlos de frente, les había visto en acción y sus oportunidades de ganarles en un combate abierto eran de cero por ciento. Por fin dieron vuelta llegando a una puerta metálica con la palabra en ruso que significaba laboratorio.

Boris miró la enorme pantalla en verde que estaba sobre la pared, uno de los puntos en rojo que transitaban en el mapa de su abadía desapareció. Estaba incrédulo de que uno de sus soldados hubiera muerto en combate ¿Cuántos hombres estaban en su hogar? No importaba, sus preciosos hijos se encargarían de todos ellos, sin embargo.

Los afilados ojos de Bolkov se dirigieron al tubo portátil que descansaba en el piso. Estaba por completo revestido de metal, una ventanilla única mostraba un rostro de cabello rojillo envuelto en una nube blanquecina de hielo; Yuriy descansaba dentro de él. Se fue al control que estaba a un costado y empezó a desbloquear los códigos de seguridad, aquella podía ser su más grande pelea y necesitaba a su mejor hombre, además quería ver el rostro de Bryan cuando su mejor creación, el mejor de sus hijos le arrancara el corazón.

El tubo se abrió, volutas de nitrógeno se escaparon. Una mano blanca y escarchada se levantó sujetándose del bordillo de la capsula. Los ojos azules se abrieron sin otro deseo que cumplir las órdenes de su padre.

- Bienvenido Proyecto Yuriy 01 —Boris sonió malicioso.

Bryan empujó la puerta con el arma en lo alto. El laboratorio estaba vacío. Yuriy no estaba allí.