(¯`·..·- ¿DÓNDE ESTAS? -·..·´¯)

Basado en los personajes de Takao Aoki

(¯`·..·- Nyu Oz Leonhart -·..·´¯)

Capítulo 7: Virus letal

Yuriy despertó de su largo sueño, se levantó de su nicho de descanso y miró alrededor. No reconoció nada excepto a un hombre; Boris Bolkov. A él le debía todo lo que era, le debía su fuerza sobrehumana, su velocidad, su inteligencia superior, era ese hombre quien le había convertido en el ser perfecto que permanecía desnudo en medio de aquella habitación. Se fijó en la sonrisa y no supo descifrar que significaba.

- Mi Yuriy, mírate —extendió los brazos exagerando sus ademanes —te has convertido en mi hijo perfecto.

- Estoy desnudo, dame ropa —exigió y fue Boris quien apretó los dientes por la arrogancia.

- No deberías hablarme de esa manera —se quejó, sin embargo le acercó una de las mudas negras que usaban el resto de su ejército.

- En cuanto terminara con los enemigos le haría volver dentro de su encierro para arreglar su sobra de carácter.

- ¿Por qué me has despertado? —preguntó a la par que se vestía,

- Intrusos han invadido nuestro hogar, han matado a uno de tus hermanos. Debes liquidarlo en cuantos lleguen aquí.

- Sí, maestro.

El laboratorio vacío, inútil desde que se creó a Tala, hace tantos años atrás. Hoy nadie albergaba esas paredes pero, estaban en algún lugar de la abadía, estaban esos clones de Yuriy que lo confirmaban, aunque…

- Puede ser que Boris haya colocado estos clones aquí sólo como un señuelo, pudieron ser los primeros en ser despertados.

Hitoshi exponía su peor pensamiento. Yuriy era posible que no estuviera allí.

- Echemos otro vistazo a las instalaciones, algo me dice que él está cerca —o quizás sólo eran las esperanzas que se negaban a morir.

- ¿Otro lugar representativo para el viejo?

El cuarto de Yuriy, la sala de entrenamientos, los calabozos, la sala de disciplinaría o quizás su…

- Su despacho, no había lugar más terrorífico en toda abadía que esa oficina con puerta a su alcoba personal.

- ¿Cómo llegamos?

Apenas asomaron la nariz fuera del laboratorio, fueron sorprendidos por media docena de soldados pelirrojos, les arrastraron por los pasillos de piedra y acero hasta una zona con pisos de madera y lujosos adornos en las paredes.

- Estamos llegando- informó Bryan.

- Esta no era la manera en la que quería entrar- se quejó Hitoshi.

La imponente puerta doble de madera oscura se abrió. Todo era como Bryan lo recordaba, la chimenea encendida, las gruesas alfombras, las pinturas, la lámpara encendidas detrás, el escritorio y sentado en la silla elegante mostrando una sonrisa amigable e inocente estaba Boris, a su lado Yuriy, reemplazando a Brutus, el encargado de la disciplina.

- Bryan, te esperábamos.

Los ojos verdes no se apartaban de quien sabía era su esposo. Los ojos de intensos zafiros le delataban de aquellos azueles sin vida de sus clones, sin embargo no podía ver nada en ellos, estaban vacíos de sentimiento, no le reconocía. El amor de su vida se había convertido en su totalidad en la marioneta de Boris.

- Déjenos a solas chicos —los clones se fueron— parece que estas empeñado en seguirnos Boris.

- ¡Mi nombre es Bryan!

- Intente hacerlo fácil para ti, sin una esperanza ni el amor de Yuriy, hubiese sido mejor que tú mismo te provocaras la muerte y te fueras tranquilo al otro mundo pero, me estas obligando a hacerte el proceso más doloroso Bryan, estas pidiendo a gritos morir a manos de tu amado Yuriy.

Boris se levantó, caminó hacia los desarmados hombres con su escolta pegado a sus talones. Se relamió los labios mientras miraba directamente a los ojos verdes y desafiantes de Bryan, el que siempre había sido su dolor de cabeza, le hubiese eliminado desde el inicio si no fuera tan buen luchador.

- Yuriy, mata a Bryan y a su amigo —ordenó satisfecho.

- ¡No Yuriy! Tú no obedeces a Boris desde hace años, tú no eres su marioneta, tu eres Yuriy Ivanov, mi esposo.

Yuriy no se inmutó por las palabras, su expresión no cambió en lo absoluto. Eso era el final, no tenía miedo, sería su esposo quien le mandaría al más allá. Respiró profundo mientras un nudo de sentimiento se le formaba en la garganta. Lo que paso a continuación fue borroso, lento, una mezcla entre gritos, sangre e irracionalidad.

Boris tosió y un chorro de sangre manchó sus pulcros zapatos, las manos temblaron a los lados y la mirada enfocó la mano que le atravesaba el cuerpo asomándose entre su estómago.

- ¿¡Qué!?- jadeó Boris.

La mano se retiró dejando expuesto un agujero donde se asomaban tirones de carne y viseras ensangrentados. El viejo cayó hecho un ovillo sobre el piso de madera. Hitoshi y Bryan dieron un paso hacia atrás ante el espectáculo de horror. Yuriy se mantuvo de pie mirando a su víctima, aquel hombre que le había convertido en lo que era, ese ser que le miraba tras el cristal de su encierro, aquel que le inyectaba sueros que le hacían gritar de dolor, drogas que le llevaban al infierno, jugaba con su mente y le revolvía los recuerdos hasta no tener ninguno ya. Aquel hombre le había convertido en un monstruo y en su juguete personal y él no era obedecía órdenes de nadie, no respondería a otro que no fuera el mismo, sus hermanos y el no eran juguetes.

- Yuriy —el nombre se escapó de los labio de Bryan pero, el mencionando no tenía más atención que para los gorgoteos agónicos de Valkov— ¿Dónde estás?

- Bryan —le jaló Hitoshi- él no es más Yuriy ¡ha enloquecido! Esta fuera de control.

Yuriy por fin había perdido el control de su mente, al algún lugar entre su cerebro humano y el cyborg, lo que Bryan siempre había temido, los efectos secundarios por lo que los otros Tala's habían muerto, la locura era en último paso antes de que la cabeza les explotara.

Sin pensarlo cedió a la fuerza de Hitoshi, salieron de la habitación de Boris dejando a Yuriy enloquecer, mientras tanto ellos debían aprovechar para escapar. El pasillo estaba desierto, no perdieron tiempo en echar a correr, Bryan por delante, recordando los corredores, las puertas, los pasajes secretos, las salidas bloqueadas, los atajos. Pasos se escucharon detrás de ellos y una ráfaga de balas chocaron contra la pared de piedra justo cuando doblaban en la esquina, los clones ya les seguían, llegando por todos lados, una segunda ola de disparos y Hitoshi cayó.

- ¡Lárgate!- gritó al sentir la pierna inútil.

- ¿Estás loco?- le tomó de los brazos y se empujaron contra la puerta más cercana.

Evitaron el tiroteo, pero no estaban a salvo. La sala de entrenamientos, los platos de blade dispersos en el lugar, la cabina de observación, sabía que había una puerta allí pero, llegar a ella era imposible. Un grupo de tres clones entraron, Bryan se lanzó contra el primero golpeándole con todas sus fuerzas en plena cara esperando noquearle, sin embargo solo le hizo retroceder un paso. Tala recuperó la postura y apuntó contra Bryan, el click del cargador vacío fue respuesta a lo que el platinado pegó un respingo. La puerta se abrió nuevamente y Yuriy apareció más calmado que antes.

Observó al mayor en el suelo, el pantalón empapado de sangre, al otro hombre que le había llamado también Yuriy como el viejo y a sus hermanos, tirando las armas vacías para matar con las manos desnudas a los intrusos.

- Paren, no tenemos por qué matarles.

- Padre lo ordenó —dijo el Tala al que había golpeado.

- El maestro no existe más.

- Ellos lo mataron —gruñó el segundo.

- No fueron ellos, yo lo hice —sus reflejos le miraron— ya no necesitábamos de él.

- ¿Qué haremos sin padre? —preguntó nuevamente el primero.

- Padre quería que los matáramos, eso haremos —agregó el tercero.

- Su última voluntad —dijo el segundo.

- Sí, la última —murmuró Yuriy mirando los ojos verdes de ese hombre.

Lo primero que vio fueron sus ojos verdes brillantes, tenía tanto miedo como el otro, pero esas esmeraldas chispeaban de valentía y orgullo. Esos ojos verdes siempre mantuvieron su brillo, aunque estuviera en la celda más oscura, envidiaba ese brillo.

El primer Tala corrió hacia Bryan, el resto hizo lo mismo, Yuriy también.

Los ojos verdes no pierden la arrogancia.

Bryan levantó la guardia pero, no pudo bloquear un golpe en el estómago, otro le cogió por la garganta cortando todo el aire.

Los ojos verdes comienzan a opacarse mientras pierde la batalla.

Una patada, el brazo que sostenía el cuello quedó partido en dos, Yuriy tomó de la cara a su hermano y con un movimiento rápido le rompió el cuello. Los otros dos Talas quedaron petrificados al ver a uno de sus hermanos caer por el mayor, intercambiaron miradas ¿Qué debían hacer? Matar a los hombres había dicho padre pero Yuriy ya les golpeaba la cara yel cuerpo, las piernas del mayor se enroscaron en otro de sus hermanos y le desnuco. Su movimientos aunque idénticos no tenían la misma fuerza, por eso era que padre no le dejaba jugar con ellos, era peligroso, solían escucharle cuando le hablaba al contenedor, y ese fue su último pensamiento antes de que también cayera muerto. Yuriy se giró hacia Bryan.

Esos ojos verdes están seguros ahora.

- Yuriy —una trémula sonrisa se le dibujo en la cara.

Yuriy no respondió, una nueva orden de clones se adentraba en las sala de entrenamientos, entre los brazos de uno de ellos estaba esa plaga que se negaba a morir. Boris con la sonrisa perene, los dientes manchados de sangre y la figura descompuesta levantó una mano temblorosa y hurgó en su saco, extrajo un mando con un único botón rojo.

- Siempre supe que eras defectuoso Yuriy, eres mentalmente inestable —y presionó el botón.

El cuerpo del pelirrojo tembló ligeramente, levantó las manos extrañado y comenzó a gritar con desesperación, arañándose el rostro, jalando su cabello, restregándose la piel bajo el traje negro como si le quemara. Sus alaridos hacían más que sobrecoger el corazón de Bryan y Hitoshi.

Siempre rechazando las órdenes impuestas. Ese cerebro tuyo no hace otra cosa que encontrar la manera de librarse de la manipulación. Siempre tuvimos el mismo problema, esa rebeldía subía como espuma cuando intentábamos darte todos los poderes de Tala, por eso mismo te dejamos como un proyecto a medias, y ahora que creíamos podías funcionar nos defraudas- tosió con esfuerzo- no esperabas que te dejara con todo ese poder cuando eres inestable ¿verdad?

Yuriy ahora de rodillas, con las manos sobre los oídos y acunándose a sí mismo como un desequilibrado mental. Bryan se apresuró a él y le abrazó aun a sabiendas que podría ser golpeado en el mejor de los casos. Sin embargo Yuriy no hizo nada más que dejar de mecerse.

- Y estas volviendo a ser tú, a ser el estúpido Yuriy con sentimientos, el maldito bastardo que desea una vida común a lado de tu noviecito. Patético…

- Yuriy, Yuriy- llamó Bryan- ¿me recuerdas? ¿sabes quién soy? Tranquilo Yuriy saldremos de esta.

- Pero no habrá otra oportunidad Bryan, no me creerías tan estúpido como para perder nuevamente a mi hijo, él y yo nos iremos juntos al infierno.

- ¡No lo permitiré! —abrazó con más fuerza el cuerpo del pelirrojo como queriendo protegerlo de las palabras de esa vieja víbora.

- Justo cuando presioné este botón un virus entro al cerebro de Yuriy, acelerando el proceso de destrucción.

- No… —soltó un gritillo desesperado.

- Es una pena que tú y yo nos perdamos de su cuerpo.

- ¡Eres un maldito! Yuriy no era para mí un cuerpo, Yuriy es una persona, un ser extraordinario al que amo —sabía que sus palabras no tendrían significado para nadie excepto para su amigo Hitoshi.

- Tenía la intención de dejarle morir en tus brazos, pero ya que estas de insolente… Talas, desmiembren a Bryan frente a su hermano el traidor.

- Cinco Talas armados avanzaron paso a paso, haciendo eco en la enorme sala de piedra.

- Tranquilo Yuriy, nos encontraremos en el más allá, sabes que siempre estaremos juntos.

Los ojos desorbitados de Yuriy se enfocaron en los suyos, los labios le temblaron y lágrimas de sangre le surcaron las mejillas.

- Bryan… Nunca permitiré que nada te pase, debes seguir viviendo por mí —sus labios se encontraron suavemente —prométemelo.

Las botas seguían marchando lentamente. El ejército de taheños estaba a pocos metros.

- No Yuriy, si tu mueres yo muero- sentenció.

- Prométemelo —urgió— si mueres no habrá tenido sentido nada de esto, mi muerte será en vano.

- ¡Tú no morirás! —chilló.

- ¡Prométemelo! —insistió.

- Lo prometo.

Yuriy sonrió y se levantó, su cuerpo agarrotado por aquello que le había hecho Boris, los oídos zumbando, la mente nublada, los ojos con una extraña visión roja, pero, aun así nadie le detendría. Buscó esa fuerza ajena a su cuerpo, se aferró a los últimos estragos del previo regalo de Boris y se arrojó contra sus clones. Los pelirrojos atacaron, Yuriy bloqueó cada ataque hasta que quedo detrás de uno de ellos y cogió su arma, disparó contra dos que tenía al frente.

- ¡Mátenlo! —blasfemó Boris mientras aquellos que le cargaban entraban a la pelea.

Balas en el aire. Yuriy tomó como escudo a ese inocente ser de carne y huesos, disparó nuevamente hasta quedar solo dos de ellos en una batalla cuerpo a cuerpo en un campo de cuerpos ensangrentados, viseras y sesos esparcidos.

La batalla estaba a favor de Yuriy, pero cada vez que acertaba un golpe, que movía algo dentro de él, se descomponía, los oídos empezaron a sangrarle también, escupía sangre de la boca cada vez que boqueaba paraba de respirar, parecía un robot sobre calentado, el cual estaba siendo llevado al límite, solo faltaba el colapso. Bryan se levantó, cogió un arma en el piso y sin dudarlo disparó casi toda la carga contra el único que quedaba de los clones, Yuriy también cedió pero no por la batalla, si no por lo que había en su cerebro.

Quizás me equivoque de individuo para el experimento- rió el harapo que ahora era Boris- siempre fuiste más fuerte Bryan.

- ¡Callate!- apuntó al hombre que había fastidiado sus vidas y disparo en la cabeza hasta que no hubo más balas.

Bryan recogió el cuerpo de aquel charco de muerte.

- Ya todo terminó Yuriy, volveremos a casa —intentó que la voz sonara firme, mas sin embargo sus ojos demostraron que estaba destrozado por dentro.

- Eso quiero Bryan —acarició la mejilla y le manchó de sangre —sabía que vendrías por mí. Siempre lo supe.

Esas palabras le robaron el aire, abrazó contra su cuerpo al pelirrojo que le robaba los sueños.

- Eres difícil de encontrar —le soltó un poco para mirar esos ojos azules que amaba.

- Lo siento- los ojos se fueron cerrando lentamente.

- No Yuriy, no me dejes —gritó.

- Perdóname Bryan.

Yuriy empezó a convulsionar entre los brazos de su esposo, borbotones de sangre salieron de su boca, la piel le hervía y de pronto se detuvo. El cuerpo se relajó volviéndose flácido, el pecho dejo de subir y bajar, ya no respiraba. Bryan le miró con cariño, le acaricio los mechones de cabello quitándolos de su cara, le limpió la boca con la manga del suéter lo mejor que pudo para dejarle como el ángel que recordaba. Al final no había podido hacer nada por él, al final su búsqueda no había resultado en nada, más que en el sacrificio de Yuriy por salvarles. Levantó nuevamente el cuerpo de Yuriy como en un deja vú y avanzó hacia Hitoshi. Aun debía atenderle, hacer un torniquete hasta que llegara la ayuda que había prometido Ren. Colocó con cuidado el cuerpo del pelirrojo sobre el piso, y se concentró en su amigo.

Ruidos y ecos se escuchaban por las instalaciones, dudaban que hubiese más clones por allí, así que solo debía ser la caballería. Hizo presión en la venda improvisada con su camisa y amarró los extremos.

- Bryan…

- No digas nada, no quiero escucharlo.

- ¡BRYAN!

-¡He dicho que te calles!- gruñó con lágrimas en los ojos.

- Bry… an.

Esta vez no era la voz de Hitoshi, la voz débil pertenecía a… Bryan se giró de golpe para encontrarse con esos ojos azules a medio abrir, intentando ubicarlo. Enseguida saltó a su lado y le cogió de la mano y le levanto en su regazo.

- Aquí estoy Yuriy —¿Qué había pasado? Hace menos de un minuto estaba muerto y ahora…

- La doctora dijo que el cerebro de Yuriy siempre se negaba a las manipulaciones, siempre retomaba el control —dijo Hitoshi— si el virus era cyborg seguramente él está luchando ahora mismo contra ello.

- Tu puedes amor, no te dejes vencer.

- Bryan —continúo murmurando cuando un grupo de soldados entraron en la habitación

Dos semanas habían pasado desde aquel fatídico día, en la salita blanca del hospital esperaban un grupo de pocas personas, las mismas que habían acudido al funeral, entre ellos Hitoshi que andaba en muletas y era ayudado por el inglés. Una puerta se abrió y salió un rubio con la cara llorosa pero con una enorme sonrisa en los labios, dirigió una mirada dura al platinado.

- Te estaré vigilando de igual forma Bryan, tienes que hacer a mi pelirrojo feliz y cuidar bien de él.

- Hablas como si no lo hubiera traído del mismo infierno —dijo Kai quien se levantaba e ingresaba a la puerta para cerrarla.

- ¡Hey era mi turno!- se quejó el platinado ¿Cuánto tiempo tenía que esperar para ver a su esposo?

Por fin todos se había ido a casa, las horas de visita habían terminado pero ser él tenía sus ventajas, se escabulló por las puertas hasta la cama de su esposo quien permanecía allí solo para vigilancia.

- ¿Estás cansado para una visita más?

- Nunca estoy cansado para ti- sonrió y levantó la mano para que se la tomara- además he extrañado mucho tus besos.

- El doctor dijo dos cada ocho horas —ronroneó.

- Los doctores no saben nada.

- Bueno ellos dicen que podrás irte en unos días a casa.

- ¿En verdad?

- Nunca te mentiría.

- Lo sé —se orilló en esa camita— acuéstate conmigo.

- Necesitas descansar Yuriy.

- Por eso mismo, descanso mejor si estoy a tu lado.

- No discutiré eso —se subió a la cama y abrazó al pelirrojo —por cierto he pedido al médico que te ponga un chip rastreador, así sabré donde estas todo el tiempo- ambos rieron.

- Creo que es un poco tarde para eso…

- Por si acaso algún otro loco aparece en nuestras vidas, como tu exnovio Miguel.

- Bryan, sé que te he dado las gracias por ir a buscarme, pero nunca te agradecí por salvarme, fue por ti que luche, siempre contra mi parte cyborg, siempre estabas clavado en mi mente y por ello te recordé primero

- ¿Solo en tu mente? yo quiero estar clavado aquí —marcó su corazón.

- Pero siempre estás aquí, ese no fue tocado por nadie.

No dijeron nada, se acercaron suavemente hasta tocar sus labios, fundiéndose en un beso, en el beso que les había sido arrebatado hace tantos meses.

- Ya todo está bien- murmuró Yuriy.

- Estará bien cuando estemos en casa, acurrucados en cama mirando el televisor.

- Pues para mí esto es una maravilla.

- Te amo Yuriy.

- Y yo a ti Bryan

Su primera de muchas noches juntos, donde no hubo más, el monstruo de su infancia por fin había muerto.

(¯`·..·- FIN -·..·´¯)