Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto, pero la historia sí que es mía.
SASUKE
Después de la guerra no sabía qué hacer, había cometido muchos errores y sentía que no tenía derecho a permanecer en Konoha, por lo que me estaba planteando el irme a hacer un viaje. Pero días antes de que tomara mi decisión un pequeño encuentro hizo que todo cambiara, cosa que ahora agradecía.
Aquella tarde como cualquier otra yo me encontraba en el campo de entrenamiento del equipo siete, mi antiguo equipo, pero entonces escuché unos fuertes y secos golpes provenientes de campo siguiente. Por algún motivo un poco de curiosidad se generó en mí y fui a averiguar de dónde venía aquello. Y me sorprendía al ver a una chica de azules y largos cabellos golpeando insaciablemente aquel tronco.
Se podía notar que estaba muy cansada, a causa de todo el sudor que tenía, además de que sus manos estaban llenas de pequeñas heridas y el tronco parecía que se iba a partir en cualquier momento.
Miré por un rato más como aquella chica seguía entrenando, hasta que por fin destruyó el tronco, pero me sorprendí al ver que en vez de irse se dirigió al siguiente tronco para seguir practicando. Fue entonces cuando noté varios agujeros más en donde seguramente antes había árboles.
No entendía muy bien porque hacía todo aquello, se notaba que no era una chica muy fuerte y aunque hiciera todo aquello era poco probable que mejorara, pero aún así, por alguna desconocida razón no me podía mover. Y una parte de mí, aunque no quisiera me hacía recordar al rubio tonto que tenía por mejor amigo, esa persistencia siempre a mejorar…
Posiblemente en ese entonces no supe porque le ofrecí mi ayuda con su entrenamiento, pero ahora mismo lo agradecía demasiado, aquello me había permitido conocer a alguien que me cambiaría por completo, llevándome a un sedero que pensé no volver a recorrer.
Al ver como Hinata se dirigía a el altar donde yo me encontraba, para hacer nuestros votos y ser parte para siempre de la vida del otro, sencillamente no cabía dentro de mí, aunque posiblemente por fuera no fuera tan expresivo y me viera estoico, sabía que ella sabía lo que en verdad yo sentía.
Cuando sentí su suave mano junto a la mía, me sentía tan feliz, sus hermosos ojos perlas centellaban y un ligero rubor inundaba sus hermosas mejillas.
La verdad es que me había sorprendido mucho el acabar enamorado de la Hyuga, y no por ella, sino por mi mismo. Había sido cierto que cuando era más pequeño uno de mis objetivos había sido restablecer el clan Uchiha, pero después de lo sucedido con Itachi i descubrir la verdad algo dentro de mí me decía que lo mejor era que nuestro clan, un clan lleno de odio no se volviera a levantar y muriera conmigo. Y no solo por todo lo que conllevaba ser parte de un clan maldito como el mío, sino porque si escogía a alguien sería sin amor, y no quería ligar a alguien a un destino cruel.
Pero luego de haber conocido a Hinata, y que me mostrara tantas cosas que jamás pensé volver a sentir, o que siquiera pudiera llegar a sentir por una persona me hizo entender que no podría vivir sin ella, que incluso un ser lleno de odio como yo podía llegar a amar, amar de verdad.
Me había chocado mucho cuando ella me reveló sobre sus sentimientos por Naruto, lo había envidiado tanto, pero sencillamente no podía rendirme por ellos, para mi suerte parecía que el dobe no sentía nada por ella, lo que me daba mucho más juego. Cosa que en ningún momento dudé en desaprovechar, acercándome, poniéndola nerviosa, sonrojándola, haciendo que se desmayara. Hasta que cada célula de su cuerpo solo pesara en mí.
Había habido veces que ardían en celos cuando se le acercaban, incluso si se trataba de sus compañeros de equipo, pero eso ahora no importaba, ahora ambos estábamos frente al altar a punto de ser una familia, ella y yo.
—Si quiero—sus palabras me hicieron regresar al presente, alejándome de mis pensamientos, para devolverle la mirada.
El Hokage, que no era otro más que mi antiguo sensei, me preguntó si yo la aceptaba como mi esposa, junto con una disimulada sonrisa que se escondía tras su máscara, para que luego yo le respondiera con un firme "Sí, quiero", haciendo que luego nos diésemos un apasionado beso que no me importó que los demás vean, una parte de mi quería demostrarles que ella era mía, y que nunca la dejaría.
Recuerdo cuando me había presentado a sus dos compañeros de equipo, claro que los conocía de vista, habíamos sido compañeros en la academia, pero no era como si en ese entonces hubiese tenido interés en ellos, o en alguna otra persona que no fuera Itachi, por lo que apenas recordaba sus nombres.
Shino no me cayó mal, era callado y sensato, además de tratar con cordialidad a Hinata, muy diferente del perruno compañero de ella, que sobrepasaba demasiado la distancia aceptable que se podía tener entre amigos. Muchas veces odiaba como la acariciaba y se acercaba de más.
Pero no era solo yo quien no soportaba al Inuzuka, sino que parecía que el sentimiento había sido mutuo, ya que cuando Hinata le contó sobre nuestro noviazgo se fue luego de dirigirme una rígida mirada, que se notaba a leguas que no estaba de acuerdo con nuestra relación.
Pero la verdad es que no era como si me importara realmente, lo único que yo quería era tener a Hinata junto a mí.
Luego de la ceremonia de la boda nos fuimos al salón, para bailar. Pronto los invitados se fueron sentando en sus respectivas mesas, agradecía que Ino se hubiera ofrecido voluntaria para toda la organización de la boda. Ya que, aunque yo no había tenido que hacer mucho me resultó super estresante.
Aunque si gracias a ello iba a tener a mi lado a Hinata para siempre no me habría importado pasar por ese proceso mil veces más.
Tomé su mano gentilmente y la llevé hacia la pista de baile, con clara intención de no soltarla durante toda la noche, quería seguir viendo esos hermosos ojos lunas que me tenían totalmente hipnotizados, junto a esa hermosa sonrisa que me había salvado de mi oscuridad. Ella era mi luz.
Si era totalmente sincero conmigo, había habido veces que creí que Naruto la quería y que en cualquier momento me la podría arrebatar, pero ella con sus tranquilizadoras palabras, diciéndome que ahora solo me amaba a mí, era suficiente. Porque cuando la miraba podía saber que era sincera, que su corazón realmente me lo había dado a mí, como mi corazón se había vuelto de ella.
A su lado me sentía en paz, tan completo y relajado, pero entonces vi como el castaño amigo de Hinata se acercaba con clara intención de bailar con ella, y aunque yo no quería soltarla lo tuve que hacer, porque sabía que eso la haría feliz. Intenté aguantar al menos una pieza, dejándolos bailar, pero al ver como ella se reía con él ya no me pude contener más y fui a encararlo, no quería soltar a mí, si, mi esposa.
Noté como se marchó de mala gana mientras refunfuñaba algo que no pude escuchar bien, pero que por las miradas que me daba podía saber que no eran halagos, pero no podía importarme menos, solo quería bailar con mi Hime. Así estuvimos un rato, mientras hablábamos sobre todos los planes que teníamos además de que discutíamos sobre como llamaríamos a nuestro primogénito.
La verdad es que la sorpresa había venido un día antes de la boda. Hinata se había levantado de la cama, y fue directo al lavabo a vomitar, estaba preocupado, así que le dije que iba a llamar a Sakura para que la revisase, pero ella negó lentamente y me miró con una mirada que no supe interpretar.
—Vamos a ser padres Sasuke-kun, seremos padres—entonces activé mi sharingan y me percaté de que había un chakra más que no le pertenecía a ella.
Creo que jamás me había sentido tan feliz, sabiendo que algo nuestro, crecía en el vientre de ella. Rápidamente fui a abrazarle, en ese momento era tan feliz, íbamos a ser una familia pronto, los tres.
—Sasuke-kun—me llamó ella, haciendo que otra vez volviera a la realidad, hoy me perdía mucho en mis recuerdos.
—Hmp—le respondí como siempre, mientras ella esbozaba una sonrisa. Sabía que muy posible para los demás era demasiado seco, pero ella sabía lo que significaba cada uno de mis sonidos, tenía la extraña capacidad de entenderme sin que se lo tuviera que decir.
—Creo que Kakashi-sensei está un poco borracho, tal vez deberías acompañarlo para que le de un poco de aire, temo que Anko-sensei lo mande al hospital, ya ha recibido varios golpes de ella—me dijo, pero yo no quería separarme de ella, más sabía que tenía que hacerlo, ya que Naruto parecía muy borracho como para poder hacer algo y no quería ningún incidente en este día.
—Ya regreso—le dije, para que luego sencillamente me diera otra sonrisa.
Rápidamente aparté a mi ex maestro de la mujer, que gruñía por las tonterías que el peliplateado decía, mientras definitivamente pensaba que el alcohol realmente lo podía llegar a afectar.
Cuando ya estuvimos afuera pareció que por el cálido aire de Konoha comenzó a estar más sobrio.
—Me alegro—dijo de repente. —Parece que tú también has encontrado tu camino ninja—me dijo mientras me sonría y yo solo pude soltar una mueca burlesca, pero que estaba seguro que él entendía. —Bueno será mejor que me vaya, no creo que más alcohol me venga bien por hoy—dijo.
—Necesita que—pero me cortó, diciendo que regresara junto a Hinata, que él podía ir solo.
Luego de ver que se podía mantener en pie por si mismo volvía a entrar, pero vi como Hinata bailaba con Naruto.
—C-creo que Naruto-kun ha bebido de más—escuché que le dijo nerviosa, pero se veía seria, haciendo que Naruto riera. —N-o piensa en lo que dice.
No entendía porqué Hinata le había dicho aquello así que me acerqué sigilosamente, para seguir oyendo más sobre su conversación.
—Tienes razón—escuché que le había respondido el rubio, dejando esa sombría actitud y tono serio. —Espero que tú y el teme sean muy felices—le dijo, para luego darle un beso en su mejilla que solo logró enfurecerme, para que esta vez fuera directamente hacia ellos. —Te mereces toda la felicidad Hinata-chan. Bueno, parece que el teme ya volvió. Seguro que Kakashi-sensei debe estar haciendo de las suyas, será mejor que vaya a ver cómo le va. Adiós Hina—se despidió antes de que yo llegara.
—¿Ocurre algo? —pregunté abrazándola por detrás, pero ella negó.
—Te quiero—me confesó, haciendo que ya no pudiera resistirme para darle otro fogoso beso, logrando que se volviera a sonrojar.
Me sentía tan afortunado de tenerla a mi vida, jamás iba a dejar que le pasara algo. Luego de mirar por el salón vi como tanto Kiba como Naruto se habían ido, pero no le di demasiada importancia, ahora lo único que importaba era mi Hime.
Notas de la autora: Bueno, aquí está la perspectiva de Sasuke, espero que les haya gustado, así que dejen unos reviews.
Gracias :D
Ya nos leemos.
