Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Pero la historia sí es mía.
HINATA
Siempre fui una niña llena de complejos, complejos infundados por mi propio padre, tan arraigados en mí, que hasta yo misma en algún punto llegué a creer que no servía, que solo era un estorbo. Pero aquello cambió, bien podría ser cierto que no me gustaba pelear contra mi hermana pequeña o hacer esos duros entrenamientos, pero algo sí que cambió cuando me topé con aquel atolondrado rubio que tenía por sueño convertirse en Hokage.
Desde aquel día que me había salvado de aquellos abusones, lo había mirado solo a él. Se había convertido en mi luz, mi esperanza, mi guía hacia un mejor futuro, en mi fuerza para avanzar día a día. Con aquel pequeño gesto había hecho que mi corazón se sintiera a gusto, totalmente a salvo.
En ese momento había pensado que me había topado con el príncipe azul que mi mamá me contaba en esos maravillosos cuentos de hadas, aquellos que salvan a la princesa cuando se encuentran en peligro y la ayudan poco a poco a valerse por sí misma, alentándolas a mejorar.
Al principio solo había sentido admiración por él, ya que Naruto a pesar de no ser querido se levantaba una y otra vez. Batallando contra su destino, pero con el paso de los años aquella admiración se había ido transformando en amor, un amor que creí imposible de romper.
La gente podía decir que ambos éramos muy distintos, en parte tenían razón, él tenía muchas cosas que a mí me faltaba. Pero para mí éramos muy parecidos, porque, aunque yo tenía a mi familia junto a mi muchas veces me sentía totalmente sola. Pero aun con esos sentimientos no me quería poner triste, ya que mi rubio a pesar de su situación, mucho peor a la mía siempre sonreía, por lo que no quería ser alguien que se rindiera fácilmente.
Su camino ninja me había impulsado muchas veces a seguir adelante y no rendirme. La verdad es que me había sentido muy triste al saber que no formaría grupo con él, ya que quería tener la oportunidad de pasar más tiempo a su lado, pero no había podido ser.
Más aun así siempre lo intenté apoyar desde las sombras, en todo lo que podía, creyendo que así en algún momento él me notaría, y me correspondería.
Y aunque con el paso de los años mi amor por él no hacía mas que aumentar parte de él se estaba cansado de esperar, aunque ni yo me había dado cuenta. Ya que me lastimaba la indiferencia del chico por mis sentimientos y solo tenía en cuenta a la pelirosa, ignorando por completo los míos. Por ello, cunado no había respondido a mi confesión en la batalla contra Pain objeté contra mi propia mente que la razón por la cual él no lo había hecho era que no la recordaba a causa de que se había transformado en el Kyubi.
Pero al ver sus constantes acercamientos por la pelirosa de sus sueños no cesaban, creí saber mí respuesta y aquello me mataba lentamente.
Vi como Tenten se acercaba a mi con el velo de novia, ella era mi dama de honor, por alguna razón mi memoria me llevó al día que entreví como Naruto le confesaba a Gaara sobre lo mucho que quisiera que Sakura lo tomara en serio. Tal vez aquel momento había sido mi punto de no retorno, en donde me di cuenta de que mi querido blondo jamás me vería como otra cosa que una amiga, una buena compañera, aunque ahora lo agradecía, porque talvez, de esa manera jamás me habría podido dar la oportunidad de conocer a Sasuke.
Aquel recuerdo me hizo sonreír, ya que el día que entendía que Naruto jamás me amaría, también fue el día que lo conocí.
Tras escuchar las palabras que Naruto le decía al Kazekage mis ojos se llenaron de lágrimas, me sentía tan agotada, por lo que, sin saber muy bien que más hacer con todo ese remolino de emociones que crecían en mi pecho me dirigí al campo de entrenamiento del equipo ocho, ya que allí podría dejar libre toda mi tensión y frustración por aquel amor no correspondido.
Golpeé varios troncos de árbol con los puños desnudos, solo utilizando el mínimo de chakra. Ya que no estaba allí para entrenar sino para liberar un poco de todo aquel dolor y rabia que tenía acumulados. Quería que por un momento el dolor de mi pecho se viera remplazado por otra cosa, y al menos el dolor de mis manos lo aligeraba un poco.
Cuando sentí que ya no podía más y me estaba dispuesta a ir me topé con dos oscuros ojos que estaban observándome, quedándome paralizada por ellos, eran como dos pozos sin fondos que me absorbían por completo.
—¿Quieres entrenar? —me preguntó con aquello fríos ojos, pero que por un extraño momento los sentí muy cálidos.
Aquello había sido el inicio de nuestra relación. A partir de ese momento él se había encargado de rescribir mis sentimientos, todos a su dirección. Hasta que cada célula de mi cuerpo solo pensaba en él.
Mi corazón latía con desenfreno, como nunca lo había hecho cuando esas puertas se abrieron y caminé de la mano de mi padre hacia el altar, donde estaba el amor de mi vida, Sasuke Uchiha. A pesar de que había miles de invitados mi vista solo se centraba en él, en su imperceptible sonrisa que se le formaba en su pálido rostro, pero que le hacía ver magnífico.
Cuando tomó mi mano sentí una corriente eléctrica por todo mi cuerpo, me sentía tan a gusto a su lado, como si la infelicidad solo fuera un sueño.
La verdad es que me había sorprendido mucho el acabar enamorada del último Uchiha, y no por él, sino por mí misma. Había creído que el amor que tenía por Naruto era inquebrantable, que lo más probable era que viera como el rubio de mis sueños acababa consiguiendo el amor de Sakura y yo sencillamente quedaba relegada a una fan más, después de todo se había vuelto el héroe de Konoha. Desde aquel rechazo había pensado que sencillamente era imposible para mi volver a amar a otra persona como lo había hecho con el blondo. Pero luego de haber conocido a Sasuke, y que me hiciera sentir tantas cosas que jamás pensé volver a sentir, me hizo entender que no podría vivir sin él, que era el único para mí.
Llegué a confiar tanto en él que incluso le revelé sobre mis sentimientos por el ojiazul, y aunque al principio se molesto un poco luego sus intentos porque me acercaran a él fueron en aumento. No dudaba en ningún momento a acercarse, consiguiendo sonrojarme y que casi mi corazón saltara de mi pecho, incluso hasta el punto de que me desmayara. Aunque tal vez la primera vez que pasó aquello lo conseguía asustar, porque me llevó en brazos al hospital a toda prisa. Aun cuando voy, las enfermeras se ríen por el espectáculo que había hecho Sasuke cuando me desmayé.
Miré de nuevo al que dentro de unos segundos se convertiría en mi esposo, las mariposas de mi estomago no dejaban de revolotear, y mis ojos estaban a punto de estallar en lágrimas de felicidad. Kakashi nos miró y sonrió a través su máscara, como el Hokage se encargaba de hacer oficial nuestra unión.
—Hinata Hyuga, ¿aceptabas a Sasuke Uchiha como marido? —preguntó.
—Si quiero—dije totalmente decidida, para luego volver a mirar a Sasuke, que me devolvió la mirada.
Después Kakashi-sensei le preguntó si me aceptaba como esposa, para que luego él respondiera con un firme "Sí, quiero", haciendo que luego nos diésemos un apasionado beso que, aunque me avergonzaba un poco hacerlo delante de los demás, al sentir los cálidos labios de mi azabache mi vergüenza desapareció y solo me centré en degustar aquellos carnosos labios.
Luego de la ceremonia de la boda nos fuimos al salón, para bailar. Pronto los invitados se fueron sentando en sus respectivas mesas, le estaba demasiada agradecida a Ino, ya que se había ofrecido voluntaria para ayudarme con toda la organización de la boda. Durante esas tardes llegué a conocerla mucho mejor, encontrado una amiga a la que poder pedir consejos y hablar cuando lo necesitara.
Ella se acercó a mi nos felicitó por la hermosa pareja que hacíamos, haciendo que me sonrojara. De repente mi ahora marido tomó mi mano gentilmente y me llevó hacia la pista de baile. Podía sentir la firmeza de su agarre, no había necesidad de que me dijera nada, aquello claramente significaba que no me pesaba soltar, haciendo que de nuevo mis mejillas se sonrojaran.
Mientras bailábamos me perdía en aquellos hermosos orbes negros, que me tenían hechizada. Él tal vez no lo sabía, pero me había salvado de aquel pozo de dolor, ya que no solo me daba fuerzas a seguir, sino que tomaba mi mano y me empujaba a avanzar.
Otra cosa que me había asombrado mucho era el hecho de que era mucho más celoso de lo que me imaginaba, siempre molestándose por mis amigos o Naruto, pero yo siempre le decía que ahora él era el único para mí, que cada fibra de mi ser le pertenecía, que mi corazón era suyo por completo. A su lado me sentía en paz, tan completa y relajada.
Entonces vi como mi castaño compañero de equipo se acercaba, se veía muy bien con aquel esmoquin, igual que Akamaru con su listón.
—¿Puedo? —dijo Kiba de repente, haciendo que yo sonriera, por bailar con Sasuke no había bailado en ningún momento con él o Shino.
Noté como mi ahora marido se tensaba un poco, pero de todas formas me dejó bailar con él, ya que sabía lo importantes que eran ellos para mí. Rápidamente Kiba me empezó a mover por toda la pista, haciendo que riera divertida, de verdad que me lo pasaba muy bien con él.
—¿Feliz? —preguntó mientras yo solo asentía y le daba otra sonrisa.
Delicadamente tomó mi frente en sus manos y depositó un casto beso en ella, haciendo que lo abrazara, para mi él era como un hermano. Pero entonces apareció Sasuke, con una seria mirada que claramente le decía que ya le había dejado bailar suficiente. Me reí por lo bajo, de verdad adoraba verlo así de celoso, además parecía que a mi amigo no le había sentado nada bien aquello que se iba refunfuñando algo que no logré entender.
—No deberías ser así con Kiba-kun—le regañé, pero el solo soltó uno de sus habituales "Hmp", por lo que no insistí, era todo un cabezota.
Estuvimos un rato más bailando, mientras hablábamos sobre todos los planes que teníamos además de discutir sobre el nombre de nuestro primogénito.
La verdad es que la sorpresa había venido un día antes de la boda. Me había levantado de la cama, y fui directo al lavabo a vomitar, estaba con unas horrendas nauseas, Sasuke me dijo que tal vez deberíamos llamar a Sakura, pero yo negó hacía unos momentos en el espejo me había percatado del otro chakra que crecía en mis entrañas.
—Vamos a ser padres Sasuke-kun, seremos padres—le dije con mis ojos apunto de cristalizarse de la emoción, entonces él activó su sharingan para luego abalanzarse hacia mí, aprisionándome entre sus fuertes brazos, era tan feliz, pronto íbamos a ser una familia por completo, los tres.
Sonreí de nuevo al recordar aquello, pero un seco golpe me distrajo. Fue entonces cuando me percaté de como el maestro y Hokage de nuestra aldea estaba recibiendo una dura paliza por parte de Anko-sensei.
—Sasuke-kun—le llame, tratando de obtener su atención.
—Hmp—me respondió como siempre, mientras yo solo esbozaba una sonrisa. Tal vez los demás no eran capaces de entender aquellos sonidos, pero yo podía entenderlo sin la necesidad de utilizar palabras.
—Creo que Kakashi-sensei está un poco borracho, tal vez deberías acompañarlo para que le dé un poco de aire, temo que Anko-sensei lo mande al hospital, ya ha recibido varios golpes de ella—le explique preocupada por la salud del peliblanco.
—Ya regreso—me dijo, para que luego sencillamente le diera otra sonrisa.
Miré a los invitados, me alegraba tanto que todos se estuvieran divirtiendo, incluso Sakura estaba bailando muy pegada a Lee, cosa que me sorprendió, pero me alegraba. Pero luego noté como Naruto estaba sentado en aquella mesa junto a varias botellas de sake vacías. Así que preocupada me acerqué.
—¿Quieres bailar? —pregunté amablemente, para que luego él me diera una de sus habituales sonrisas zorrunas y tomó mi mano.
Justo cuando nos dirigíamos a la pista tocó una canción lenta. En un rápido movimiento me pegó hacia él, sobresaltándome, pero no lo aparté, temía que por todo el alcohol que había consumido se cayera. Ambos nos movíamos al compás de la música, cerca, muy cerca, casi escuchando los latidos de la otra persona, haciendo que de alguna manera me sintiera un tanto nerviosa, ya que nunca había estado tan cerca de él.
—Me gustaría que hubiese sido así—dijo de repente, empleando un tono serio, confundiéndome totalmente, ya que no entendía a que se refería. —Tú y yo, nuestra boda—confesó dejándome perpleja, sencillamente no podía creer lo que acababa de oír.
Mi cuerpo se comenzó a tensar, evitando que pudiera hacer algún movimiento, mientras mis mejillas se habían vuelto a sonrojar como cuando éramos adolescentes.
—Te quiero—habló sorprendiéndome aún más, creando un montón de sensaciones. Rápidamente me quise apartar, pero él no me lo permitía, por lo que sin darme cuenta lo miré mal.
—C-creo que Naruto-kun ha bebido de más—dije nerviosa pero seria, aunque él solo se limitó a sonreír. —N-o piensa en lo que dice—le dije.
—Tienes razón—dijo ya con su habitual actuar dejando esa sombría actitud y tono serio. —Espero que tú y el teme sean muy felices—me dijo, para luego darme un beso en su mejilla que me tranquilizó, ya que después de todo aquello había sido por el alcohol. —Te mereces toda la felicidad Hinata-chan—habló. —Bueno, parece que el teme ya volvió. Seguro que Kakashi-sensei debe estar haciendo de las suyas, será mejor que vaya a ver cómo le va. Adiós Hina—dijo para luego irse, dejándome un poco confundida, ya que no entendía ni un poco su comportamiento.
—¿Ocurre algo? —preguntó Sasuke abrazándome por detrás, pero yo me limité a negar, convencida que aquello se debía al alcohol.
—Te quiero—le confesé, para que luego me diera otro fogoso beso, logrando que me volviera a sonrojar.
Me sentía tan afortunada de tenerla a mi vida, jamás iba a dejar que le pasara algo, protegería a nuestra familia, porque yo siempre estaría allí para él.
Notas de la autora: Muy bien, esta si que será la última parte de la historia, lo quería cerrar con el punto de vista de la peliazul, espero que les gustase.
No sé en que momento o lugar estés leyendo esto, pero muchas gracias por pasarte y leer mi historia, dejen unos reviews que siempre me inspiran y motivan a seguir escribiendo.
Gracias, ya nos leemos :D
