Ichigo cerró sus ojos con aún más fuerza al escuchar el grito de su hermana Yuzu desde la cocina indicándole que debía desayunar antes que se le hiciera tarde para el trabajo. De mala gana salió de su cama luego de removerse sobre ella por unos pocos minutos más, cambiándose su piyama por un pantalón de vestir negro y una camisa blanca, tomando el papel que había dejado sobre su escritorio la noche anterior guardándolo con cuidado sobre su bolsillo.

Bajó hacia la cocina, dando los buenos días en voz alta y tomando el café ya servido para él sobre la mesa de forma automática, recibiendo una respuesta igual por parte de las tres muchachas en la cocina y el comedor. Tomó su bebida de forma lenta, dejando que su mente divagara por completo.

No había podido dormir en toda la noche por culpa de lo que había leído ayer en la noche. Sentía que cada vez que lo leía, nuevas preguntas volvían a surgir en su cabeza, cada una de ellas teniendo algo que ver con las palabras "La Princesa Renacida" o "Híbrida", palabras que no tenía ningún sentido para él. Tan cansado y absorto en sus pensamientos estaba que no se molestó en prestar atención a sus alrededores.

—¿Estás segura que no necesitas que te ayude a lavar todo antes de que te vayas al colegio? —Preguntó una vez más Emi observando a la chica con preocupación. Se suponía que era la intrusa, no debería de cocinarle y limpiarle.

—¡No te preocupes! Lo hago todos los días de igual manera, un vaso y plato más no harán la diferencia. —Yuzu respondió, retirando el vaso que hacía unos minutos estaba lleno de jugo y su plato hondo con apenas unos restos de leche y algunos cereales de enfrente de la niña sin darle tiempo para contestar.

Aún sin estar convencida y sintiéndose culpable por hacerla limpiar lo que ella había usado, volvió a su lectura apoyando sus mejillas sobre sus manos y sus codos a los lados del libro. Una vez Ichigo terminó su café volvió a la realidad, finalmente notando la presencia de Emma.

—¿Esos son mis libros de estudio de medicina? —Preguntó confundido con una de sus cejas alzadas, observando como en una de las hojas había un esquema del cerebro humano, a lo que la niña simplemente hizo un sonido de aprobación. —¿Sabes que mis hermanas podrían prestarte una de sus novelas juveniles si quieres, verdad? La biología no es algo tan fácil de entender con solo lectura para alguien de tu edad y...

—Soy menor, no estúpida. —Contestó sin levantar su vista del párrafo que estaba leyendo con su tono de voz completamente neutral.

Karin tuvo que evitar escupir su jugo al escuchar la respuesta y ver la reacción de sorpresa de Ichigo al ser interrumpido. Por su parte, el pelinaranja le dedicó una única mirada de amenaza a su hermana.

—Bien, es hora de irnos.

Yuzu asintió al escuchar a su hermana, comprobando que tuviese todo en su bolso mientras corría hacia la puerta de entrada junto a ella.

—¿Huh? —Pestañeó un par de veces al notar la ausencia de la túnica blanca sobre el atuendo del mayor. —¿No trabajarás hoy, Ichii-Nii?

—Ah, no. Me tomaré la mañana libre.

Las mellizas Kurosaki se dedicaron una rápida mirada. Era extraño que Ichigo se tomara un día libre a menos que estuviese enfermo o ayudando a la Sociedad de Almas con algo, pero prefirieron no preguntar nada al respecto.

—Ah, pues... ¡Nos vemos luego entonces!

—Sí, adiós.

La puerta cerrándose fue lo único que resonó por la habitación entre tanto silencio entre los dos pelinaranjas. Uno sumido en sus propios pensamientos, y la otra en el libro de texto de Neurología.

Al menos, hasta que el sonido del celular de Ichigo sonó.

—¿Urahara?

Nevada, Estados Unidos.

1:39 AM.

Una semana antes.

Aratani observó la espalda de quien veía como su madre mientras intentaba seguirle el paso, notando como a diferencia de su caminar tranquilo, ahora los pasos eran firmes y rápidos, como si quisiera llegar a su hogar lo más pronto posible.

Dios sabía que eso no era lo que ella quería sabiendo lo que le esperaba.

—Agh, ¿Ya puedes terminar con la ley del hielo? —La pobre adolescente dudó en continuar hablando cuando la contraria se dio media vuelta para así enfrentarla con aquel ceño fruncido lleno de enojo y decepción que hacía sentir pequeño a cualquiera. —Ocho horas de viaje con incómodo silencio es castigo suficiente.

Orihime tomó aire antes de dar unos cuantos pasos al frente cortando la amplia distancia que había entre ambas, aunque aún manteniendo unos dos metros entre ellas.

—El punto de llamarte Aratani Inoue y enviarte con una familia provisoria fue para que no llamaras la atención, para mantenerte segura. —Se mantuvo en silencio por un momento, aunque no lo suficiente como para que la menor fuese capaz de interrumpirla. —Le mostraste tus poderes a alguien, Aratani, ¿Como, por amor a Kami, se te ocurrió hacerlo?

Un ligero sonrojo se posó sobre las mejillas pálidas de la castaña.

—Ese... Es mi asunto.

—Y revelar tus poderes es el mío, no tenías ningún derecho.

—Estás siendo una hipócrita. Tú eres la que me enseñó mi cuerpo mi decisión, ¡Pues mis poderes, mi decisión!

El ceño de Orihime se frunció aún más ante sus palabras palabra. Genial. Ahora Aratani se sentía como si hubiese golpeado a un bebé.

no eres cualquier persona, Aratani. —Esta vez la distancia se acortó por la pelinaranja hasta que sus cuerpos estuvieron separados por apenas unos pasos. —¿Siquiera entiendes lo que has hecho?

—Liam es diferente, no le diría a nadie.

—¡Tú no sabes eso! —Orihime cerró sus ojos al notar que su voz se estaba elevando, tomándose unos segundos para respirar antes de volver a hablar. —No solo te pusiste a ti en peligro, nos pusiste a todos nosotros incluyendo a Liam. —Los ojos grises volvieron a abrirse para así encontrarse con los azules. —Ari, Liam ya era de por sí un chico sensible y ahora si llega a decir algo será visto como una pieza para llegar hasta nosotros... Podría salir muy lastimado o peor. Ni siquiera tienes conciencia de lo que has hecho.

La sanadora observó como la adolescente que había criado como a su propia hija rodaba sus ojos, provocando que el enojo volviera a acumularse sobre su pecho.

—No puedes hacer algo sin tomar responsabilidad.

—¿Y que se supone que me harás? ¿Castigarme? Soy una bruja, podré salir de aquí sin problema-

—Y yo soy tu madre. —La menor de las dos se calló de golpe cuando pudo notar el cambio en el Reiatsu de la mujer, por fin comprendiendo lo muy molesta que estaba con ella. —Lo que significa que mañana tendré que volver allí y arreglar el desastre que tú creaste antes que empeore.

Con una última mirada, Orihime le dio la espalda a la contraria, dedicándose a dirigirse a su habitación mientras que Aratani se mantuvo parada en el mismo lugar por unos cuantos segundos más.

Ciudad de Karakura, Japón.

9:20 AM.

Actualidad.

—¡Oh, ho, ho! ¡No olvides que si continúas así tendrás un dulce gratis a la hora del almuerzo, Jinta!

El chico de cabellos rojos sintió como una de las venas de su frente saltaba al escuchar las palabras del sombrerero loco que tenía por jefe, dejando caer la quinta y penúltima caja de mercancía en la entrada de la tienda.

—¡No me interesan tus dulces de mala calidad! ¡Esto es tonto!

Los gritos de queja pronto fueron cesados al notar la sombra gigante que apareció de repente para cubrir su cuerpo y gran parte del piso.

—Es tu castigo por golpear a Ururu.

Jinta se sintió a el mismo temblar ante la voz de Tessai, enderezándose enseguida como si de un militar se tratara, observando como Urahara abría su abanico frente a su rostro para así tapar la gran sonrisa burlesca sobre él.

—¡Ve, ve! ¡Deberías terminar antes de que llegue el nuevo cargamento! —Exclamó nuevamente antes de volver a encerrarse en su oficina, dejando a un ahora tenso Jinta a solas con el enorme hombre.

Soltando un fuerte bufido, el chico volvió a salir de la supuestamente humilde tienda para así tomar la última caja entre sus manos acomodándola sobre su espalda con dificultad. ¿Como era posible que llegaran tantas porquerías con la poca clientela que tenían? Era simplemente ridículo.

—Ahm, ¿Hola?

Jinta abrió uno de sus ojos los cuales se encontraban cerrados debido al esfuerzo cuando escuchó la delicada voz femenina, dándose cuenta de la chica de casi su edad parada frente a él. Cabellera larga y castaña oscura, ojos azules, complexión delgada, acento extraño.

Preciosa...

Se sonrojó al instante ante su pensamiento, luchando un poco contra la caja que casi se cae sobre él por culpa de su distracción.

—H-Hola.

La chica entrecerró un poco sus ojos.

—¿Tú eres Urahara Kisuke? Te ves mucho más joven de lo que había imaginado.

La decepción y molestia cruzó por los ojos del adolescente al escuchar esas palabras.

—Agh, no, no soy yo. Espera un momento.

Con la carga aún sobre él, hizo el mismo camino por sexta y esperaba que última vez en la tarde, dejándola caer junto a las demás antes de golpear con fuerza la puerta de la habitación donde sabía estaría el hombre.

—¡Eh, Urahara! ¡Te busca una chica!

La puerta se abrió tan pronto Jinta terminó de decir aquello, dando un pequeño salto ante la imagen tan de repente del hombre a pocos centímetros suyos.

—¡N-No vuelvas a hacer eso!

—¿Una chica buscándome? ¿A mi? ¿Al simple propietario de esta humilde tienda? —Cuestionó con su típica sonrisa ignorando el casi paro cardíaco que había causado en su empleado. —¿De quien se trata?

La castaña ingresó a la tienda al ver al hombre que había estado buscando por toda la ciudad, sintiendo las miradas de ambas personas sobre ella.

—Mi nombre es Aratani Kira, y estoy en busca de Ichigo Kurosaki. —Sintió calma en su pecho cuando notó conocimiento en los ojos ajenos. Por fin estaba en el lugar exacto. —Se trata sobre Orihime Inoue... Necesito su ayuda.

La expresión infantil de Urahara rápidamente se transformó en una llena de seriedad al escuchar aquel nombre. Hacía años que no tenían noticias de ella... ¿Que tan seguro era confiar en una adolescente al respecto?

—Ah, bien. —Su voz se mostró aún así serena al hablar, manteniendo apenas una sonrisa amable sobre sus labios. —Jinta, ¿Porque no le dices a Ururu que prepare un té para nuestra invitada mientras que yo me comunico con Kurosaki-san?

Asintiendo, el susodicho le indicó a la tal Aratani que le siguiera con un movimiento de cabeza, quien aunque algo dudosa cooperó, escuchando la puerta de lo que creyó era la oficina de aquel extraño hombre cerrarse detrás suyo.

Ya solo, Urahara se permitió suspirar mientras discaba el número ya bien conocido.

Al parecer los días tranquilos ya estaban contados.