Karakura.
10:06 AM.
Ichigo observó a la joven chica frente a él, quien no había soltado la taza de té con leche que Ururu le había preparado desde que había llegado. Poco y nada de información había recibido por parte de Urahara sobre de que se trataba aquello, pero saber que el nombre "Orihime Inoue" era uno de los titulares últimamente provocaba que su paciencia fuera escasa. La había tenido por al menos ocho años. Creía que era justo que luego de todo ese tiempo la estuviera perdiendo.
Aclaró su garganta, provocando que un par de ojos azules elevaran su mirada hacia él.
— ¿Crees que estés lista para hablar ahora, o quieres esperar otra media hora más? —Cuestionó el pelinaranja con obvio mal humor. Había dejado a Emma con Urahara, y a pesar de que confiaba en él con su vida, dudaba que confiarle la vida de la pequeña fuera lo mismo. Sintió el pánico surgir en su pecho ante el mero pensamiento del peligro en el que su protegida podía estar pasando en aquel momento teniendo en cuenta la cantidad de experimentos que al sombrerero le gustaba hacer... Sí, debía hacer aquello rápido. —Me dijeron que estabas buscándome.
Aratani asintió confirmando lo dicho, dejando con manos temblorosas la taza con el té ya frío sobre la mesa frente a ella.
—Es difícil saber por dónde comenzar.
—Quien eres es un buen inicio para hacerlo.
La pelinegra observó sus manos por unos segundos antes de suspirar intentando que su corazón se calmara. Se suponía que no había tiempo que perder y allí estaba, siendo una cobarde frente al único hombre que sabía sería capaz de salvar a su familia.
—Mi nombre es Aratani Kira.
El ceño del Sustituto se frunció aún más al escuchar ese nombre, de repente sintiendo el papel que reposaba sobre el bolsillo de sus pantalones mucho más notorio que antes. La chica continuó a pesar de lo intimidante que se veía.
—Mi padre es Kenji Kira, el hermano del padre de Emma…
—Espera. —Ari se calló de golpe al escuchar al ajeno, notando como sacaba una hoja de papel de sus prendas y la dejaba frente a ella. —Eres ella, ¿No es así? —Cuestionó, señalando con torpeza las palabras prolijamente escritas con lo que lucía como tinta roja. —Aratani Kira, híbrida, la piedra preciosa… ¿Eres tú?
Fue el turno de Aratani para fruncir su ceño. Aquel árbol familiar se había creado décadas antes de ella nacer, y se había actualizado con la llegada de Orihime a la familia. El hecho de que un Shinigami como Ichigo lo tuviera tan casualmente guardado en su bolsillo haría que su padre y sus tíos perdieran la cabeza. Tomó el documento entre sus manos, alejándolo de su agarre.
— ¿Siquiera sabes lo que es esto? Mi padre te mataría si…
— ¿Conoces a Orihime?
Nuevamente el pelinaranja mandó a callar a la menor con su brutalidad al hablar, pero la ojiazul no pudo evitar sorprenderse cuando al encontrarse con los ojos avellana, no vio más que desesperación.
— ¿Sabes dónde está?
Aratani permaneció en silencio. Sentía como un nudo se formaba en su garganta mientras negaba notando como el contrario volvía a comenzar a perder su paciencia nuevamente, esta vez, con mayor molestia que antes. No quería desquitarse con una niña, pero de verdad no tenía tiempo para perder.
—Tengo que volver con Emma…
— ¡Espera!
Esta vez fue el turno de Ichigo de quedarse callado, no solo por su voz elevada, si no por la fuerza con la que lo había tomado de su mano evitando que se moviera. Abrió los ojos con sorpresa. No era normal que el agarre de una chica de quince años le doliera…
—Tú puedes ayudarme. —La voz femenina hizo que el pelinaranja volviera su mirada del agarre a los ojos contrarios, los cuales notó estaban ahora cubiertos de lágrimas. —Ella me ha criado desde que tenía la edad de Emma y ahora toda mi familia está en problemas por mi culpa. —Esta vez, su voz bajó hasta convertirse en un simple ruego. —Por favor.
Ichigo no pudo evitar sorprenderse ante la nueva noticia, aunque no dejó que aquello se dejara ver demasiado. Últimamente no sabía en qué creer. Estaba a nada de comprarse un detector de mentiras solo por lo que había estado pasando esos últimos días.
—¿Inoue te crió?
Aratani asintió varias veces con desesperación.
—¿Tienes una identificación o algo?
La castaña guardó silencio por unos largos segundos antes de replicar con confusión.
—¿Qué?
—Una identificación. O algo que indique que si eres Aratini.
—Aratani.
—Eso.
La adolescente no pudo evitar observar con clara molestia al hombre frente a ella. Ahora comenzaba a pensar que su familia tenía razón al decir que todos los Shinigamis eran estúpidos.
—No sabía que tenía que venir con mi certificado de nacimiento para así poder tramitar que salven a mi madre. —A pesar de su mal humor, Ichigo no pareció doblegarse ante su pedido. Aratani rodó sus ojos. —¿Por qué no traes a Emma aquí y no lo confirmas rápido, genio?
—¿Y arriesgar que le hagas algo? No. —Estaba claro que esa opción estaba fuera de cuestionamiento. Soltó un suspiro. En momentos desesperados… —¿Cuál es su comida favorita?
Aratani fue rápida en contestar.
—Queso-
—¡MAL!
—CON JUDÍAS ROJAS, PATATAS DULCES Y CREMA DE MANÍ.
Ichigo sintió su estómago revolverse al igual que el de Aratani ante la respuesta. Bien, tal vez la niña si estaba diciendo la verdad. Soltó un pesado suspiro antes de volver a sentarse frente a ella, tomándose unos momentos antes de hablar.
—¿Tienes alguna idea de que fue lo que pasó?
Esta vez, ni siquiera el distraído Shinigami pudo pasar por alto el miedo que cruzó por los ojos de la menor por apenas un segundo antes de responder.
—Creo tenerla.
Localización: Desconocida.
10:15 AM.
Orihime sentía su respiración acelerarse con cada paso que daba, los cuales resonaban en aquel oscuro y húmedo pasillo mientras que su cuerpo intentaba aumentar la velocidad, pero con una de sus piernas en ese estado, le era difícil.
Soltó un gemido de dolor cuando por fin notó un estrecho pasillo a su derecha, doblando con rapidez y apoyando su espalda con fuerza contra la pared. Bajó su mirada hacia su pantorrilla derecha, obligándose a apretar sus labios cuando lo hizo. No solo estaba sangrando, sino que también podía observar su carne al rojo vivo y algunos pedazos de piel desgarrada colgando de ella.
Intentó concentrarse en los sonidos a su alrededor, pero por más que lo intentara, el dolor aún provocaba que su cabeza palpitara y que sus sentidos se entumecieran por completo, por lo que con curiosidad, intentó sacar su cabeza por el borde de la pared, ahogando un grito cuando una fuerte y masculina mano se posó sobre sus labios empujándola de nuevo hacia su escondite.
No fue hasta que sus ojos se toparon con los verdes intensos que pudo calmar su corazón finalmente.
Notó como Kane quitaba poco a poco su mano de su rostro, llevando uno de sus dedos hacia sus labios indicándole que guardara silencio, y justo cuando asintió, la mujer pudo escuchar los pasos y jadeos de Kenji Kira, quien ni siquiera volteó hacia donde se encontraban, tan solo continuó por aquel pasillo como si estuviese buscando a su presa sin pensar.
Orihime bien sabía quién era su presa. Ella.
Cuando los jadeos se alejaron lo suficiente, ambos soltaron un tembloroso suspiro antes de lanzarse a los brazos del otro.
—Me alegra verte.
Kane fue el primero en hablar con sinceridad en apenas un murmullo, aferrando su agarre a la joven cuando sintió algunas lágrimas mojando su hombro descubierto. Sus ropas se encontraban desgarradas.
—Creí que te habían matado… —Admitió Orihime calmando sus lágrimas antes de que alguno de sus sollozos delataran su presencia.
Ya no solía llorar tanto como en su adolescencia. Había pasado demasiado en su adultez como para impactarse tanto como en el pasado, más aquello no evitó que el pánico, el miedo y la angustia la llenaran en un momento como aquel.
Finalmente se separó del cuerpo del padre de su hija, manteniendo una de sus manos sobre su hombro para así mantener el equilibro.
—¿Qué está sucediendo, Kane? —Real miedo cruzó por su tono de voz. —Ayer Kairi, hoy Kenji… Era como si no me conocieran en lo absoluto. Como si fuera una amenaza.
El Genkai sintió su corazón apretarse contra su pecho ante las palabras de la sanadora. Él lo sabía. El día anterior casi asesinaba a su hermana también. Había llegado al punto donde era ella o él; había tenido suerte de que algo la distrajo antes de que Kane lo hiciera. Y ahora que lo pensaba, seguramente Orihime fue aquella distracción.
Estaba más que consciente que la amable mujer era capaz de matar a alguien si se trataba de proteger a su familia. Más sabía lo mucho que le costaba protegerse a ella misma, y si algo como eso volvía a suceder, dudaba que eligiera su propia vida por encima de la de alguno de sus hermanos.
—Alguien ha encontrado la forma para llegar a nuestra cabeza. Saben que no pueden matarnos…
—Quieren que nos matemos entre nosotros.
Otra voz masculina interrumpió la íntima conversación causando que ambos se tensaran en posición de defensa.
Keitaro Kira intentó soltar una carcajada, pero en vez de eso, fue obligado a escupir sangre de su boca. Allí fue cuando Orihime notó el desgarre sobre su estómago.
—Al parecer mi hermano fue hacia mí luego de entretenerse contigo, Wolfy.
La pelinaranja ignoró el apodo que se le había otorgado desde que descubrió sus poderes Genkai, y en vez de molestarse, se acercó con dificultad hasta estar frente a él. No había dicho palabra cuando la luz dorada iluminó el abdomen masculino.
Kei empujó la mano que le estaba otorgando ayuda.
—¿Eres estúpida? Tu puta luz está revelando nuestra posición.
Esta vez fue tiempo de Orihime de golpear su mano.
—Podemos detener a Kairi y a Kenji los tres juntos, pero no serás de mucha ayuda si te estás muriendo en un rincón.
Los ojos grises como los verdes azulados se mantuvieron firmes en la mirada del otro por unos cuantos segundos, mientras que Kane observaba todo desde una distancia prudente por si tenía que detener a alguno. Especialmente a su hermano.
Desde el momento en que Orihime y Kei habían cruzado palabra, era claro el desagrado de uno hacia el otro. Por un lado, Kei creía que la humana era demasiado inútil para su gusto y ni hablar para formar parte de la familia, y por otro, Orihime veía demasiado de la actitud que habían tenido la mayoría de los Espada hacia ella en su estadía en Hueco Mundo. A pesar de los años, aún recordaba a Loly principalmente. Y Keitaro parecía ser ella en versión masculina.
Pero eran familia lo quisieran o no. Y se protegían cuando era necesario a pesar de sus diferencias.
—Tsk. —El pelinegro fue el primero en hablar. —Solo hazlo rápido. Y asegúrate de curar tu pierna también. No quiero tener que esperar por ti luego.
El fantasma de una sonrisa cruzó por los ojos de Orihime antes de que sus poderes volvieran a ponerse en marcha, cubriendo cada una de las heridas del hombre al igual que las suyas en apenas segundos. Era impresionante la forma en que había evolucionado incluso para Keitaro.
Kane dio un paso al frente.
—¿Estamos listos ahora?
—Ni un poco.
La mujer respondió con rapidez, sintiendo como los pasos del mayor de los hermanos se acercaban hacia ellos nuevamente, aunque esta vez, parecía estar corriendo. Su mirada se posó en el punto exacto done sabía que aparecería, sin notar que los otros dos hacían lo mismo.
—Me alegra que concordemos en algo.
Susurró Kei, más Orihime no logró escucharlo.
Sus corazones latieron con anticipación cuando por fin pudieron escuchar los jadeos del nuevo enemigo a quien ninguno quería enfrentar. Sus miradas se cruzaron las unas con las otras.
—Siempre y para siempre.
La voz de Kane resonó con seguridad, ya sabiendo que era estúpido guardar silencio.
—Siempre y para siempre.
Repitieron los restantes.
Un par de segundos pasaron hasta que el rugido bestial fue escuchado, y los tres pares de ojos fueron escaneados por los ahora rojos.
Orihime apenas pudo procesar lo que sucedió después.
