Hola a todos, por fin con la actualización. Lamento la tardanza en actualizar y espero hacerlo seguido de ahora en adelante. Igualmente para comentarles que hice un One-shot anexado a este que se llama "Lazos de Sangre", por si les interesa :3
Introduzco nuevos personajes relevantes para la trama y espero les agrade el capítulo.
Disfrútenlo :3
Diario de Erik Kostka
(Fragmentos)
20 de junio. Praga. Desde que regresé de aquel nefasto viaje no había tenido oportunidad de escribir ni una sola frase en este diario sino hasta ahora. Han pasado casi dos semanas desde el incendio y una semana desde que llegamos; si debo ser sincero jamás me he sentido tan feliz de regresar a casa.
Volviendo al trabajo, a mi antigua rutina intentando creer que todo volvía a la normalidad. Aunque es más que obvio que mi tranquilidad ya estaba más que perdida, el recordar lo que sucedió en Rumanía aún me carcome; no estoy para nada orgulloso de lo que hice.
Me vi obligado a abandonar aquel castillo, no pude llevar a Darina conmigo. Los sirvientes de Lupei me habían casi arrastrado hasta el pueblo más cercano.
Tenía el dinero suficiente como para pagar mi pasaje de regreso a Praga, pero decidí esperar. Casi me convencí de que Darina igual pelearía por escapar de aquel sitio. En mi interior, en verdad me culpaba por todo lo que había pasado, si nunca hubiera traído a Darina conmigo ahora no estaríamos en esta situación, y no quiero llegar a imaginarme que le haría ese sujeto, bueno, ese monstruo a ella durante mi ausencia.
Con lo que me quedaba de dinero decidí pagar por quedarme en una posada y enviar cartas pidiendo apoyo: a mi jefe, a mis padres, a los padres de Darina y algunos amigos… pero las respuestas tardaban en llegar y yo lo que menos tenía era tiempo. Cuando la primera carta llegó entre en pánico, porque al leer quien era el remitente auguré que el problema se pondría peor, la carta era de Iván Braginsky, quien se había enterado días antes del viaje que había emprendido junto a Darina.
Tardó unos cuantos días en llegar, y lo primero que hizo fue interrogarme sobre lo que había pasado. En un principio no me creyó la historia del conde ni de que era un monstruo, pero eso no lo detuvo para formular un plan para acabar con él.
Me pregunté porque estaba tan interesado de pronto por salvar a Darina, sabía que era su prometido, pero nunca se había presentado formalmente o mostrado interés. Era más que obvio que aquel hombre tenía intenciones escondidas.
Acordamos enfrentar al monstruo al día siguiente, y nuestro encuentro con él no fue el esperado. Creímos que se negaría a entregarnos a Darina y nos confundió un poco el hecho que quisiera organizar una fiesta en su honor; la extravagancia de aquel sujeto simplemente me irritaba. Yo había visto a Vladimir manipular a sus sirvientes y alimentarse de la sangre de estos; en su casa en medio de mi curiosidad di con una sala llena de cuerpos sin vida.
Recuerdo que aún me helaba la sangre y no abandonó mis pesadillas por varios días. Cuando el sol se escondía solía mirar hacía el castillo y sentía que el mal me acechaba, me miraba desde una de las ventanas de aquel recinto.
Pero sin duda alguna, mi recuerdo más vivido y atroz debe ser el de aquel 4 de junio, cuando la fiesta se llevó a cabo. Darina lucía hermosa, sonreía como si algo maravilloso hubiese ocurrido en su vida, y de haber sido así seguro su felicidad no se debía al verme de nuevo o al encontrarse con Iván. No, su felicidad era causada por algo más.
Noté las sonrisas que solía dirigirle a Lupei, lo animada que estaba al bailar por la pista y los roces "accidentales" que llegaron a darse en medio del baile.
Fue a mitad de la noche me alejé del salón junto a varios otros hombres que había traído Iván. Cargaban con pequeños estuches de pólvora, los cuales fueron vaciando alrededor de una habitación superior al salón de fiestas. Salimos rápido antes de que alguien lanzara una cerilla encendida hacía el lugar… sólo nos quedaba esperar ver como las llamas se propagaban por todo el lugar.
Cuando las llamas eran más que visibles todos fuimos obligados a evacuar el lugar. Todos salimos rápidamente, pero de igual forma me di cuenta de que el único que no se movía de su sitio era el propio Lupei, veía todo arder desde el centro el salón. Estaba en silencio admirando como su castillo era consumido por las llamas. Habían sacado a Darina antes, y podían escucharse sus gritos pidiendo que sacaran a Vlad de allí, pero nadie acudía a su suplica.
El niño, el pequeño Andrei, luego se unió a su hermano buscando sacarlo de allí… y no vi lo que pasó después. Darina cree que ellos no habían logrado salir, pero a mi parecer eso lucía más a que él no quería abandonar ese castillo, y si este caía él caería también. Cuando el fuego cesó nadie fue capaz de encontrarlos.
No nos quedamos a indagar más, todos regresamos a casa. Cada uno con su propio peso. Darina con el compromiso a cuestas y yo, con una fuerte culpa que estoy seguro nunca me abandonará.
21 de junio. Praga. Apenas llegamos a Praga Daria cayó enferma y llevaba ahora días sin dejar su cama. La fuerza había abandonado su cuerpo, pero cada que la veía notaba cierta vida en sus ojos, una vida que poco a poco iba apagándose. Iván se había instalado en la casa de los Ivanovik, así que siempre tenía que toparme con él cada que visitaba a Darina.
Era más que obvio que lo que había ocurrido en Rumania no cambió la imagen que él tenía de mí. Para Braginsky sólo era el rival insignificante, el joven que sólo presentó una aventura con su prometida, y me culpaba de lo sucedido con Lupei.
En la tarde visité a Darina, tuve que esperar fuera de su habitación un buen rato hasta que el doctor saliera. La esposa del doctor Edelstein era una vieja amiga de Darina, Elizabetha, una mujer hermosa y que transmitía cierta fortaleza y seguridad. Esperaba con ella hasta que el doctor nos dejó pasar –¿Cómo se encuentra Darina?—
—Su estado es bastante raro no parece como si fuera una fiebre o algún mal muscular, sus signos vitales bajan, pero no parece que esté muriendo— Roderich se limpió las gafas, para luego guardar su instrumental –No se parece a nada que haya visto antes—
Creía que no era consciente o no le importaba que Darina pudiera escucharlo. Mientras que yo temía que ese mal fuera incurable.
—Iré a informarle a sus padres y al señor Braginsky, Elizabetha ¿me acompañas?— decía el doctor austriaco, extendiendo su mano hacía su esposa.
—Si, pero quisiera volver después a hablar con ella— respondió, ambos salieron de la habitación y eso fue un alivio para mí.
Llegué a la cama de Darina y me senté en la orilla; alcancé su mano e intenté sonreírle.
—En verdad lo lamento…
—¿De qué te disculpas? Yo no guardo ningún rencor hacia ti—logró decir y apretar un poco mi mano –Sé por que lo hiciste, y é que no eres el único aquí con cargas de consciencia—me miraba como si pudiera ver a través de mi alma.
Un escalofrió recorrió mi espalda e hizo que la soltara y evadiera aquella mirada.
—Me asignaron un nuevo trabajo—cambie de tema a algo más banal.
—¿De qué se trata?
—¿Recuerdas aquella propiedad vieja que mis padres siempre batallaron por vender?— ella asintió –Pues, como sabes hace poco terminaron de remodelarla y creo que conseguí una clienta dispuesta a comprarla de hecho creo que ya está preparando todo para mudarse—
—Me alegro mucho por ti…— la pequeña sonrisa que había en su rostro se borró, como si algo estuviera atormentándola.
—¿Te sientes bien?
—Aquella propiedad ¿no era la misma que él quería comprar?
Palidecí. Había ignorado aquel detalle.
—Olvídalo.
—Como si fuera algo fácil— otra vez su animo decayó. No hablamos más y cuando tuve que retirarme, Elizabetha ocupó mi lugar.
Diario de Darina
(Nuevas páginas)
21 de junio. Casa Ivanovik, Praga. Son contadas las páginas que se salvaron de mi anterior diario, muchas que sobrevivieron a medias y el resto sólo eran cenizas. Las tenía todas en mi mesa de noche y se las había dado a leer a Elizabetha. En mi habitación, esta privacidad casi incorruptible, era el único espacio donde podía hablar abiertamente de lo que viví.
Para Iván y mis padres sólo era una loca, alguien traumada por lo que vivió en cautiverio, cuyo captor había sido un hombre que la llevó casi a la locura. A ellos les alegraba la idea de que ahora estuviera muerte. Nadie quiso hacer pública esa noticia, nadie quiso escuchar mi versión. Y ahora Elizabetha era la primer que se interesó y que empezaba a leer los restos de mi diario.
Me preguntaba si Roderich le hablaría en privado por mi estado de salud, no sobre lo que le decía a Iván y al resto, sino sobre lo que quedaba en la confidencialidad entre doctor y paciente. Yo no sabría qué estaba pasando conmigo ni tampoco Roderich logró descifrarlo. Sentía mi respiración a veces apagarse, mis pulmones dejaban de funcionar como si ya no necesitara oxígeno para vivir.
Vivir.
¿Era eso lo que estaba haciendo ahora? Cada día que pasaba era un día más cerca del fino de mi propia vida. Cuando me permitieran salir de mi habitación sería para aceptar que estaba por casarme con aquel hombre que se había ganado todo mi odio.
Yo no estoy enferma, ni mucho menos loca. Estoy esperando a que mi vida se acabe; no sentía que dejaba de ser humana, pero sí que me estaba extinguiendo, y la idea de morir me emocionaba más, porque quizá en la muerte fuera el lugar donde podría reencontrarme con Vlad.
Elizabetha terminó de leer, clavando su vista en mi como si esperaba por mi permiso para hablar. Palpé su mano un par de veces para darle aquel permiso.
—Lo que escribiste es algo difícil de creer… ese hombre en verdad era un monstruo.
—Él no es…
—Sabes a lo que me refiero— me interrumpió —No era un humano, al menos no completamente. Lo que en verdad me preocupa es que te hayas enamorado de él—
—Fue porque llegué a conocer, sé que es imperdonable el que me tuviese encerrada, pero logré comprenderlo y sentir la misma pasión que él— suspiré –Debes creer que enloquecí ¿cierto?—
—Si—Elizabetha me tomó de las manos y me obligó a recostarme –No te digo que lo olvides, pero creo que lo mejor para ti sería dejarlo en el pasado y centrarte en tu salud ahora—
Sabía que tenía buenas intenciones, pero también que no me comprendía del todo. A pesar de haber nacido en circunstancias parecidas no tuvimos la misma suerte al crecer, su estatus no cambió cuando decidió casarse con Roderich, vivía cómodamente con él y sobre todo lo amaba. Parte de mí siempre había envidiado eso. Quería tener algo parecido, por ello llevaba mi relación con Erik, con la esperanza que en algún punto dejara de ser clandestina.
El reloj sonó en el cambio de hora, pronto me traerían la cena y le pedirían a Elizabetha que se marchara. Otro día termina, un día para que mi vida se termine. Otra noche recordando lo que se quedó en el castillo.
Diario de Erik Kostka
(Continuación)
22 de junio. Centro de Praga. Acudí a la propiedad en la calle R., al mediodía. Había acordado recorrer los papeles que faltaban para completar la venta de la propiedad al igual que tuve la oportunidad de ver como empezaban a llegar cargamentos con el inmobiliario de la próxima dueña.
Vi llegar también al abogado con quien tenía que sellar el caso legal, se llamaba Damon Kohler, un joven abogado danes con quien ya había tenido la oportunidad de trabajar con él.
—Señor Kostka, un gusto verlo—saludó con una amplia sonrisa. Señaló a su alrededor –Veo que ya tienen todo listo—
—Sólo faltarían los papeles que trae mi compañero—intenté excusarme y viendo mi reloj –Se supone que su tren llegó hace una hora—
—Bueno, debió haber algún retraso, no se preocupe puedo esperar—el rubio se recargó en una de las columnas de la mansión –Me había contado que tuvo que visitar al comprador ¿adónde exactamente?—
—A Serbia, mi compañero Eduard Von Bock fue el encargado de ir a cerrar el trato con la compradora—le fui explicando y noté que él no guardaba su sorpresa.
—Serbia, tuvo un recorrido en verdad largo.
Fue entonces que vimos llegar a Eduard a toda prisa.
—Lamento la demora—se disculpó apenas teniendo aliento suficiente para hablar.
—Tranquilo aun tenemos tiempo ¿tienes los papeles, Eduard?—preguntó el danés.
Eduard asintió sacando un sobre alargado de su maletín, Damon abrió dicho sobre y comenzó a leer su contenido cuidadosamente.
—Por cierto, ¿Cómo es Serbia? ¿Y como te fue con la condesa?—pregunté.
—Es muy hermosa, quiero decir, Serbia lo es, la casa de la condesa estaba cerca del campo, era muy acogedor y…—parecía haberse quedado en blanco –Y creo que no recuerdo más—
Fue después que el abogado me resaltó lo pálido que había estado Eduard en ese momento. Kohler había sellado los papeles –Todo está en orden, así que pueden hacer oficial que este lugar tiene nueva dueña—
Yo sonreí con satisfacción mientras que la sonrisa de Eduard era más extraña, se aflojó un poco la corbata y abrió su camisa a la altura del cuello –Que alegría, al maestro le agradará saberlo—nos dio la espalda –Yo…tengo hambre— salió del lugar.
Había estado tan ensimismado por el logro de haber vendido esa propiedad, que no fui capaz de darme cuenta de que algo extraño pasaba con Eduard. Pasaron minutos antes de que nos percatáramos que el joven estonio había atacado a alguien en la calle. Escuchamos los gritos, los gemidos de espanto y vimos a la gente corriendo a inmovilizarlo. Damon igual ayudó, se necesitaron de seis personas para contener la bestia en la que se había convertido.
Eduard Von Buck seguía siendo humano, pero la expresión en su rostro era la de un animal sangriento, no puedo olvidar sus ojos llenos de locura y como gritaba que estaba hambriento, quería sangre. Su victima era un simple transeúnte. Escuché a unas mujeres murmurar que seguro lo encerrarían en el manicomio y a otras en la cárcel.
Yo sólo pensaba en ¿qué lo había orillado a alcanzar ese nivel de demencia?
Entonces lo vi en su cuello, esa marca, esa mordida, la misma que había visto en las sirvientes y cadáveres del castillo Lupei. Me alarmé, mas no dije nada al respecto. El carro del manicomio llegaría en cualquier momento, y no quería ser el compañero de celda de Eduard.
Diario de Darina Ivanovik
(Continuación)
22 de junio. Casa Ivanovik, Praga. Desperté a mitad de la noche, un viento gélido se colaba por la ventaba que siempre dejaba abierta.
Niebla. La niebla comenzaba a entrar.
Pude levantarme de la cama, con una fuerza que no había sentido en días. Era algo más, algo que me atraía. La puerta del balcón se abrió de golpe y yo, guiada por aquella fuerza, caminé hacia el exterior. La niebla cubría mis pies y me daba la sensación de volar y una cala que agradecía tener ahora.
Los leves rayos de la luna me abrazaban como si fuera un viejo conocido. Una voz, buscaba alguna voz que me llamase con cariño y casi pude ver como él aparecía al otro lado del balcón. Intentaba alcanzarlo, pero en lugar de eso me parecía cada vez más lejano. Volteaba a verme apenas y su voz, distante, repetía –Ya viene—
Estaba en la orilla y su imagen se había desvanecido como la niebla nocturna.
Me encontraba afuera de mi habitación, había sido devuelta a la realidad.
—Señorita Darina ¿qué hace fuera de la cama?—mi enfermera llegó por mi y me llevó de regreso a acostarme –Le avisaré a sus padres—
La detuve del brazo –Felka, tú lo viste ¿verdad?—
—¿Ver qué? Señorita, está pálida, parece como si hubiera visto un fantasma—respondió la polaca.
Un fantasma, no era eso, estaba segura de que no se trataba de un fantasma, era algo más. "Ya viene" su voz seguía haciendo eco en mi mente.
Algo viene.
Notas de Dimitri Petrov
(Escritas a mano)
10 de junio. Frontera de Targoviste. Los bosques siguen casi igual que la última vez que estuve aquí ¿Hace cuánto? Quisiera llevar la cuenta, el tiempo transcurre diferente para mi desde que conocí a la condesa.
Llevábamos casi tres días en el carruaje y podía contar con mis dedos las veces que ella me ha dirigido la palabra y la mitad de ellas habían sido para pedirme algo de sangre. Miraba la ventana como si en sus adentros quisiese disfrutar de este corto viaje. Sus ojos estaban verdes y brillaban un poco, no dejaba que la luz que se filtraba por la ventana le tocara la pálida piel, sus largos cabellos castaños caían en rizos sobre sus hombros; tenía que notar esos detalles para mantenerme entretenido.
La carta nos había llegado un día después de que aquel "incidente" ocurriera. Llevaba un recorte del único periódico que había tocado el tema.
(recorte de publicación guardada en su cuaderno)
EL PÉNDULO
6 de junio de 1897
El infierno en Targoviste
Castillo Lupei se quema misteriosamente durante una fiesta
Recopilación de los testimonios
Más tarde. Mara llevaba la carta en manos, la releía cada que se aburría y podía escucharla reír. Le causaba gracia que él tuviera que recurrir a su ayuda.
Un animal desamparado, así lo describió. Yo en mis adentros tenía cierta curiosidad por volver a verle.
Nuestro recorrido terminaba en estas fronteras, tenía que admitir que el nuevo cochero era en verdad rápido.
—Dijo que nos vería por aquí—dijo Mara. Golpeó el techo del carruaje para indicarle al conductor que se detuviera.
Miré por la ventana, estábamos a mitad de un cruce, los señalamientos se veían gastados y los postes astillados. Al pie de estos se levantó una figura que se cubría con una vieja y sucia capa descolorida.
Golpeó la puerta del carruaje –Deschide ușa, Mara— (Abre la puerta, Mara)
Ella reconoció la voz al igual que yo, abrió la puerta y aquella figura entró en nuestro vehículo.
De su vieja capa salió primero el joven inmortal, Andrei, me hubiera gustado que crecieras un poco más.
—Quítate eso, apestaras mi carruaje— espetó Mara. Él se sentó junto a ella, quitándose la capa y dejándola en sus pies; clavó sus ojos en mí.
—Dimitri…—pronunció mi nombre tan secamente que parecía haberlo dicho sólo por compromiso –Es bueno verte, viejo amigo… luces bien—
—Vladimir… quisiera poder decirte lo mismo.
Acomodaba a Andrei en el asiento junto a mí. Tanto sus ropas como las de Vlad estaban con rastros de escombro y algunas partes quemadas.
El carruaje comenzó a moverse después. Vlad no parecía querer hablar.
Mara no iba a dejarlo así –¿Cómo quedó?... el castillo—
—Hecho trizas, no querrán verlo, les haría llorar— noté como apretaba los puños. Andrei jalaba mi ropa diciéndome "Tengo hambre"
—Tú también pareces hecho trizas, Lupei… luces miserable— agregó Mara
—Así me siento, pero ese no es el punto ahora… lo expliqué todo en mi carta y espero que el haber venido hasta aquí es una señal de que cuento con su apoyo.
—Lo tienes ¿Verdad, Dimitri?
Me limite a asentir, estaba ocupado dejando que Andrei me mordiera la muñeca.
—Volveremos a Raska unos días, de ahí nos moveremos a Praga—le pasó una carta, era la carta que había redactado para enviar a Praga y mostrar su interés por la propiedad que Vlad quería –Te conseguiré un nuevo castillo—
Él sonrió más que conforme –¿Qué querrás a cambio?—
—Lo sabes bien, es muy triste que quedemos muy pocos de nosotros… sería divertido que la familia se expandiera—Mara mostró sus colmillos –Dimitri, ¿podrías abrirte la camisa por favor?—
Obedecí. Me quité la corbata y uno a uno iba desabrochando mi camisa. Andrei se hizo a un lado cuando estuvo satisfecho de mi sangre.
—Estaba dispuesto a olvidar mi plan principal cuando la conocía ella, pero dadas las circunstancias… creo que estas son las medidas que se deben tomar— él igual sacó sus colmillos –Sólo debo encontrarla, darle un escarmiento junto a los malditos que profanaron mi hermoso castillo y hacer de su ciudad nuestro nuevo hogar, déjame a ellos, el resto de sus patéticas almas será nuestro alimento—
—Me gusta cuando hablamos el mismo idioma—Mara junto a Vlad se aproximaron a mí, quedándose cada uno a un lado mío, se acercaban a mi cuello y mi él tomaba mi brazo sano –Por el momento es una pena sobrevivir de esa forma—
Los dos clavaron sus colmillos en mi piel, succionaban mi sangre y robaban mi fuerza. Mi vista se había distorsionado mientras ellos me usaban como su alimento, a los pocos minutos había quedado inconsciente.
No sentí el viaje de regreso a Serbia, era mejor que estuviera dormido. Sabía que la carga extra significaba más que dos bocas que tendría que alimentar. Llevábamos un peso más, el peso de la venganza que ahora Mara y yo tendríamos que completar para él.
Una parte de mi quería ver la expresión del resto cuando descubrieran que el conde Vladimir Lupei había burlado la muerte y ahora la llevaría hasta ellos.
