Era nuevo día en Luna Nova, Academia de brujitas. Cerca de las tres de la tarde, la Directora Holbrooke reunió a todo su personal en la sala de dirección y con su sonrisa anciana y su gesto de mirada apacible, comenzó la reunión con todo el profesorado. Había varios temas a tratar dentro de la reunión. Y uno de los más importantes recayó en los nombre de Paul Hanbriege y Mr. Blackwell, ambos importantes participantes en las actividades gubernamentales del país. Ambos, miembros reconocidos de la nobleza, que poseían grandes influencias en el mundo. Y todavía más trascendental, quienes estaban dispuestos a darle una oportunidad a la magia para hacerla resurgir.
Dada esta situación, se convertía en menesteroso reforzar sus relaciones con nada más y nada menos que la brillante idea de realizar un espectáculo para ellos y sólo ellos.
Ya lo tenían vislumbrado. Estudiantes de Luna Nova demostrando sus mejores aptitudes, trucos de magia elaborados y presentación de las ventajas que poseía la magia por sobre la tecnología mundana. Rituales, hechizos y muchas variedades, varitas, ilusiones y santidades. Leyendas, mitos y curiosidades, que ilusionen mentes adultas y vendan sueños con tal de maravillarles. Holbrooke lo tenía todo planeado, pero necesitaban del tiempo y presencia de la única alumna que podría hacer todo esto posible.
- Así que Diana ¿Crees poder hacerte cargo de esta presentación? – Finnelan, estando sentada detrás de su escritorio con ambas manos entrelazadas y sobre ellas su quijada, la miró expectante a su respuesta. Mientras, la joven Cavendish se tomaba su debido tiempo para analizar la propuesta.
Hacerse cargo de un evento así, significaba tener que invertir casi la mayor parte de su tiempo en él. Y suponiendo que le restaran tareas escolares, aun así creía que se le haría pesado hacerlo sola. Pero como una Cavendish, era imposible llegar a pensar que su respuesta sería negativa. Por lo que no le tomó tanto tiempo condescender a la solicitud de su maestra. Una de las mejores que tenía, de hecho.
Al asentir sólo con la cabeza, Finnelan se permitió sonreír y suspirar con alivio, viendo su responsabilidad compartida con la de Diana.
- Excelente, Diana. Nos reuniremos mañana para discutir los detalles – Habló la maestra, reposando su espalda contra su silla, sin quitar su sonrisa del rostro. Diana asintió de nueva cuenta, y antes de retirarse, hizo una leve reverencia ante la figura de la maestra Finnelan.
- No será problema, profesora. Déjelo en mis manos.
- Siempre se puede contar contigo.
Saliendo de la oficina de su maestra, Diana comenzó a caminar por los pasillos de Luna Nova hasta detenerse en medio de éste, cuando el sonido estruendoso de los gritos de Lotte en su cuarto llamaron por completo su atención, haciéndola encaminarse hasta allá.
A medida que avanzaba, mejor se entendía a qué eran debido los alaridos. Y para cuando terminó frente a la puerta, Diana acabó de enterarse por completo de la situación. Definitivamente tenía que ver con Akko. Y al parecer, también tenía que ver con una ducha, aunque Diana prefería dejar esto en suspensión.
Tomando el pomo de la puerta, intentó girarlo para poder abrirla. Pero mucho antes de que esto sucediera, la misma se abrió de sopetón y, junto con ello, un saco de peso muerto le cayó encima, trayéndola a tierra. Se quejó, por supuesto, una vez estuvo su espalda contra el suelo. Pero cualquier crítica que pudiera hacerle al extraño bulto sobre ella, fue reprimida totalmente cuando notó que se trataba únicamente de Akko con su singular apariencia.
Diana no se había percatado antes, pero ahora que las podía ver de cerca, descubrió que las pupilas de Akko se encontraban alargadas y no redondeadas, como comúnmente se presentaban en las personas. Síntoma claro de que sus cambios seguían ocurriendo.
- ¿Uh? ¿Diana? – Al levantar la vista después del golpe, Akko se quedó mirándola curiosa, sin hacer ni un mísero amago de levantarse. Diana supuso que esto era parte de sus cambios animalescos, que le impedían pensar con oportunidad. Así que ella misma se decidió a tomar asiento, quitándose a Akko de encima y arreglando su uniforme.
- ¿Puedes explicarme que es esta manera tan abrupta de salir de tu habitación? – Le exigió, viendo a la pobre brujita japonesa con una mirada fría y seria, que congelaba hasta el alma más cálida. Akko se encogió en su lugar, agachando su cola y orejas, como si la estuvieran regañando. Y entonces habló.
- Sucy y Lotte están intentando mojarme…
Al mencionarlo, Diana rápidamente desvió su mirada a las dos chicas que ahora estaban paradas debajo del marco de la puerta. Siendo observadas, sólo Lotte se sintió intimidada por la mirada de Diana, así que empezó a cantar sin que nadie se lo pidiera realmente.
- Es que Akko necesita tomar una ducha y no ha querido hacerlo en más de tres días.
- Ya te dije que me lavé ayer – Gruñó Akko apretando sus dientes, mientras sus ojos rojos se enfurecían. Mas Lotte no se quedó callada y le respondió de vuelta, apretando los puños.
- Lavarte con tu lengua no es realmente lavarte.
- Y de hecho, es desagradable – Acotó Sucy a la pequeña discusión. Y luego de ello, un silencio sepulcral se extendió por todo el pasillo.
Akko se volteó a ver a Diana cuando ésta se levantaba y sacudía sus ropas. Sintió algo de pena porque la joven Cavendish se enterara de esta forma que su higiene este último tiempo estaba siendo deficiente. Pero ella tenía una buena excusa, una excelente razón. Odiaba el agua como cualquier otro gato. Mas, obviamente, ninguna de sus amigas lo entendía y no esperaba que Diana lo hiciera tampoco.
Pero contrario a todas las demás, la joven Cavendish no la miró con asco, ni ninguna emoción parecida a ella. Más bien, parecía no importarle demasiado. Pero Akko no estaba completamente segura de que esto fuera así. Al menos, esperaría escucharla hablar y luego saber lo que piensa.
- Bueno, es obvio que no intente tomar un baño. Es como un gato después de todo – Había dicho pasados algunos segundos. Akko sonrió y asintió efusiva.
- Así es. Díselos, Diana.
- Pero de todas formas, no eres un gato, Akko. Y debes tomar un baño.
- ¿Qué?
Diana no quiso hacerse cargo de la cacería. Los juegos violentos no eran lo suyo y prefirió dar un paso al lado y dejar que sus demás compañeras se hicieran cargo de contener a Akko y forzarla a ir a los baños, todo bajo su atenta supervisión de que por ningún extremo se fueran a hacer daño. Incluso Hannah y Bárbara llegaron a participar, pues ellas ya habían tenido sus encontrones con la castaña y las agallas para enfrentarla no les eran escasas. Pero el problema se presentaba cuando Akko mostraba las garras. Y no de forma metafórica, sino que literalmente sus uñas se alargaban un par de centímetros y podía lanzar feroces manotazos, con tal de herir a una de sus amigas. Era en este punto donde Diana debía intervenir y ocupar un hechizo mágico para detenerla, pero nunca trató nada más aparte de ello.
De hecho, toda la situación se le estaba haciendo agotadora y no entendía porque seguía estando allí, cuando muchas cosas más dependían de ella en esos momentos. Deberes, exámenes, la invitación de los señores Hanbriege y Blackwell, y ahora, a todo esto se le sumaba la ridícula problemática de Atsuko Kagari, una chica que por su naturaleza felina, ahora no toleraba el agua.
Todo se le estaba volviendo un calvario. Y de los peores.
Así que, fastidiada ya de ver la misma escena desde hace una hora, Amanda, Constanze, Lotte, Hannah y Bárbara contra Akko, soltó un suspiro lleno de desazón y se aproximó al grupo de chicas, dando un solo grito para llamar la atención de todas.
- ¡Ya basta! – Les había dicho, colocando sus manos a los costados de su cintura y mirándolas a todas como si fueran crías a su cargo – Esto se está alargando demasiado y no puedo seguir perdiendo mi tiempo ¡Akko! – Luego la llamó, haciendo que la brujita japonesa se parara de un sobresalto en su dirección. Diana se cruzó de brazos – Vete al baño ahora mismo. Y Hannah, Bárbara y Amanda también… Y Jasminka, creo que te necesitaremos.
- Mmj – Las susodichas no tardaron nada en asentir y caminar en dirección a los baños de la Academia, todas, excepto por Akko, quien seguía reacia a seguir las ordenes de la menor de los Cavendish. Pero bastó sólo una última llamada de atención para que ella cediera de forma voluntaria.
- Si no vas al baño en menos de tres segundos, no volverás a dormir conmigo ¿Escuchaste? – Akko abrió sus ojos como platos y antes de siquiera pensarlo, ya estaba corriendo en dirección al baño.
- ¡Espérenme chicas, yo también voy!
Al verla alejarse, Diana se permitió suspirar otra vez, pero ahora con alivio y descanso. Al fin había encontrado una manera de extorsionarla y había funcionado de maravilla. Fue cuando Sucy, junto a Lotte y Constanze se acercaron a ella, siendo la joven Manbavaran la primera en hablar.
- Por ahí debiste haber comenzado – Le dijo con una sonrisa burlona. Diana la ignoró completamente – Sólo pienso que es un buen método…
- Es lo único en lo que pude pensar al final. Es muy difícil entender la mente de Akko ahora, si hace tan sólo unas semanas ella era capaz de hacerse cargo de su aseo personal.
- Pero ahora es un gato.
- ¿Y de quién crees que es la culpa? – Respondió Diana y Sucy se alzó de hombros, como si nada tuviera que ver.
- Lo hice con las mejores intenciones. Ya vemos que mis acciones o los resultados de éstas terminan siendo todos iguales. No puedes culparme por eso.
- Lo dejaré pasar. Pero desde ahora, por favor, háganse cargo de Akko. Yo simplemente no puedo hacerlo más… Tengo que darle prioridad también a mis demás quehaceres. He sacrificado cosas por Akko… pero siento que ya no debo hacerlo más.
- ¿Eso significa que la dejarás? – Sucy observó a Diana, pero ésta en ningún momento le dio la cara. Sólo dio media vuelta y comenzó a caminar, alejándose del pasillo donde estaban.
- Eso significa que me tomaré un tiempo…
El fin de semana por la noche, Diana se encontraba a solas en su habitación, puesto que Hannah y Bárbara habían decidido salir a la ciudad y volverían, probablemente, por la tarde del día siguiente. Creía haber oído a ambas chicas decir que irían de compras, ya que necesitaban ropas nuevas y alguno que otro material de estudio. Como fuese, Diana decidió no acompañarlas, porque prefería continuar con sus estudios. Así que, siendo las diez de la noche, ella todavía se encontraba sentada en su escritorio, terminando de repasar las clases de Finnelan.
Con pereza, dio vuelta una página más del libro, hasta detener su mirada en una imagen cualquiera, que ejemplificaba la manera correcta en que debía realizarse un hechizo de los miles que existían. Realmente, no es que necesitara ponerle atención al dibujo, pero le pareció que su mente necesitaba un pequeño descanso, aunque sólo fuera para admirar un pedazo de papel viejo y corroído.
Y se quedó así por largos minutos, hasta que el sordo sonido de sus libros cayéndose detrás de su estante, la sacó de su ensimismamiento y le permitió girarse para mirar qué es lo que había a su espalda. Y si bien, esto ya había pasado antes, se sorprendió seriamente de ver a Akko montada sobre el librero, intentando sujetarse con sus dos manos para no caer. Diana se puso de pie de inmediato y se acercó, preguntándose a sí misma que qué era lo que ahora le había picado a Akko.
- ¿Qué haces ahí? – Le dijo, colocándose de pie justo en el lugar donde Akko posiblemente pudiese derrumbarse.
Al por fin acomodarse, ya con todo su cuerpo sobre la biblioteca, la joven brujita japonesa se sentó y sonrió a Diana, nerviosa, en tanto se rascaba la cabeza y agachaba las orejas. Pues estaba, además de nerviosa, muy avergonzada.
- Es que… como me enteré de que Hannah y Bárbara no volverían… yo… este… pensé en que necesitarías un poco de compañía.
- ¿Y esa es tu excusa para escalar mi estantería y romperte la cabeza luego? Baja de ahí, Akko.
A ella sólo le bastó un pequeño salto para caer frente a Diana. Y al estarse viendo cara a cara, Akko no fue capaz de sostenerle la mirada y bajó sus ojos, prefiriendo ver otras cosas dentro de la habitación, como la mesita de té a lo lejos o el enorme ventanal que permitía ver la noche estrellada afuera, oscura, como el cuarto del equipo azul, que sólo era iluminado por la lámpara de escritorio de la joven Cavendish. Diana, sin embargo, no le quitó los ojos de encima y su gesto serio tampoco se apaciguó.
Hace ya un día que no cruzaba palabra con Akko y no se explicaba cómo se suponía que se había enterado de que Hannah y Bárbara iban a salir, llegando a su propia habitación para interrumpirla. Pero ante todo esto y para su propia sorpresa, no era eso lo que le molestaba, ni siquiera el hecho de que se haya subido a su estantería y que haya desordenado sus libros. Era otra cosa, algo más la hacía mantenerse seria con ella, fría, insultante y distante. Pero ¿Qué?
- Se está muy silencioso aquí ¿No? ¿Estabas estudiando? – Akko intentó romper el hielo del momento. Pero por más fuerte que pareciera el pico que utilizara, el grueso era implacable. Diana no le respondió, se le quedó viendo imperturbable. Y sólo le contestó, para hacerle otra pregunta, que no se asimilaba a la poca emoción de su rostro.
- ¿Estás bien? – Preguntó. Y Akko alzó una ceja, confundida.
¿Qué si se estaba bien? Pues claro, pensó ella ¿Por qué no estarlo? Pero la mirada de Diana la hizo dudar hasta de sus propias creencias, así que se decidió a echarse un vistazo de cuerpo completo, para asegurase de que no le faltara nada y no hubiera nada en lugares que no debería haberlo. Sin novedades, se giró de nuevo a la joven Cavendish y sacudió sus hombros, ignorante todavía respecto a lo que Diana se refería.
- Pues, sí ¿Por qué? – Akko sonrió, luego de entenderlo – ¡Oh! Te referías al salto. Pff, claro que estoy bien… Ya sabes que los gatos siempre caemos de pie.
- Me imagino…
Nuevamente el silencio las rodeó y Akko sintió que el cuarto del equipo azul se hacía más grande, como a la vez, más pequeño. Entonces su mente empezó a maquinar sobre-exigiéndose así misma.
¿Diana siempre estuvo tan cerca de ella? ¿Por qué es que ahora la podía percibir tan próxima?
Su rostro estaba demasiado cerca, sus ojos muy al pendiente de sus movimientos. Es como si nadie pudiese quitarle esa fría mirada de encima y eso a Akko la estaba incomodando, aunque para su mala suerte, no acababa de entender el por qué. O no quería pensar en el por qué.
Pasado los segundos, comenzó a jugar con sus dedos, chocándoles entre sí, como también sus ojos rojos vagaban desde el rostro de Diana a cualquier otro punto dentro de la habitación. Mala hora la que había decido meterse allí dentro y pensar que iba a ser todo como la primera vez que la fue a visitar. Mala hora. Diana suspiró.
- Akko, no es necesario que te quedes si estás así. Puedes irte a descansar. Yo… ahora mismo haré igual.
- ¿Y te molesta si me quedo contigo? Traje puesta mi pijama ¿Ves? – La castaña señaló su camiseta blanca e hizo sonreír a Diana, al verse tan adorable, según Cavendish. Notando la sonrisa de la joven, Akko sonrió todavía más grande y la abrazó por la alegría – ¿Entonces puedo? – Diana la abrazó de vuelta.
- Claro.
Sosteniendo sus brazos por sobre los hombros de Diana, Akko se le quedó viendo expectante a los ojos, queriendo averiguar qué era lo que pasaba por su cabeza. Si hace tan sólo unos segundos la miraba como si quisiera matarla por interrumpir sus estudios y ahora estaba allí, tan tranquila como si nada, como si incluso le alegrara que llegara en el momento más inoportuno. ¿Esto qué significa? ¿Cómo podría interpretarlo Akko?
Valiéndose de su maravillosa intuición, sexto sentido que le otorgaba su parte felina, la brujita japonesa se decidió a dar un paso más adelante, ante una nueva proeza. Un beso a Diana Cavendish, que si bien, no era primera vez que lo hacía, se sentía mucho peor que la primera vez. Más nerviosa, más excitada.
Sus labios al aproximarse le temblaron, dejándose entre ver en sus bigotes. Y cerró sus ojos, pensando que esto le arrebataría la ansiedad, pero fue mucho peor, pues ahora ni siquiera podía ver la expresión de la joven británica. Aunque no había mucho que ver, puesto que Diana se mantenía impávida ante su acercamiento. Sólo con un poco de suerte, también cerró sus ojos y dejó que la sensación de los labios de Akko sobre los de ella la embargara, pero no hizo más que eso, sólo sentir, experimentar y analizar.
Finalmente Akko recuperó su distancia y se separó del cuerpo de Diana, sosteniendo su mirada fija al suelo. Algo dentro de su pecho la hizo sentir tonta y supo que esto era debido a la frialdad de Diana, que ni para apartarla tuvo la fuerza. Esto la dejó pensando: ¿Qué es lo que esperaba la joven Cavendish?
- Ahm… Yo…
- ¿Ya tienes sueño, Akko? – Diana la interrumpió, hablándole con mucha dulzura e incluso posó una de sus manos sobre la mejilla de la japonesa, haciéndola sonrojar.
- Creo que… s-sí, je.
Diana se encaminó a levantar las cubiertas de su cama y esperó a que Akko se recostara para después ella sentarse al borde del colchón y comenzar a desabrochar su chaleco. Al verla, Akko de inmediato se sobresaltó y cubriéndose la cara con las cobijas, exclamó a viva voz que qué era lo que estaba haciendo Diana. Ésta se giró para verla, la castaña toda roja y nerviosa, haciendo a Diana sonreír para luego seguir con sus cosas.
- Sólo me estoy quitando la ropa – Le respondió, apacible, comenzando a quitarse los zapatos junto a su falta, que deslizó hasta que cayera parsimoniosa sobre el piso. Mientras tanto, Akko no podía destaparse los ojos y el sonrojo le había llegado hasta las orejas.
- ¡¿Pa-para qué?! – Semi gritó luego.
- Pues para dormir – Diana le contestó y la observó, ahora de pie al lado de la cama, restándole sólo su camisa escolar. Después de un rato viendo a Akko, pensó que lo mejor era dejarlo hasta ahí y recostarse de una vez – No es para tanto, no es como si estuviera haciendo algo malo.
- Te-te estabas desvistiendo frente a mí – Chilló Akko. Diana rodó los ojos, tapándose con las sábanas y susurrando para sí misma.
- Como si besarme sin mi permiso no fuera lo mismo.
- No es lo mismo… ¡Y te escuché!
- No voy a discutir esto, Akko. Y será mejor que intentes dormir ya.
- Es que pensé que ibas a hacer otra cosa – La brujita japonesa se acercó al cuerpo de Diana y reposó su cabeza sobre su pecho, llamando la atención de la joven bajo ella. Por supuesto que tal acto incomodó un poco a Diana, en especial después de la insinuación que había hecho su reciente compañera de cama. Pero no se atrevió a contradecirla tampoco, sólo lo dejó pasar – Perdón…
- No te preocupes, da igual. Además yo no haría nada de eso – La joven británica empezó a acariciarle la cabeza, resguardando el cuidado de no pasar a llevar las orejitas de gato. Al tiempo después, Akko se puso a ronronear, bajito.
- Eres tan calidad – Diana rió con su mirada sostenida en el techo.
- Creo… que debí quedarme dormida leyendo mi libro ¿No es cierto? – La castaña levantó la cabeza para verla a los ojos. Diana al tenerla de frente, llevó una de sus manos detrás de una de las orejitas de Akko y le rascó, haciendo que la japonesa encogiera la cabeza en su cuello, sintiendo cosquillas y una sensación agradable a la vez. Ronroneó con más intensidad – Esto no es más que un sueño…
- Diana…
