Bueno, bueno, aquí les dejo un capítulo más de esta historia que, como lo dije en el anterior, y muchas ya saben, este fic YA lo había publicado.
No dije que era una nueva historia, y si decidí volver a publicarla en esta plataforma, fue porque muchas amigas y seguidoras así me lo pidieron. Asimismo, cuando estuvo aquí, SÍ la terminé, no la dejé inconclusa. Por otro lado, como muchas ya saben porque lo comenté mediante FB, mi cuenta anterior la administración de FF la eliminó, por lo tanto, todas mis historias desaparecieron, fue ahí donde tomé la decisión de mudarme a Wattpad e instalarme ahí, esa es mi plataforma principal. Así que no volví a empezar la historia por mero capricho, como ya lo he dicho, lo hice porque así me lo pidieron.
Aclarado el asuntacho, este capítulo SÍ es nuevo, por eso está pequeñito. Espero lo disfruten.
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I don´t know you anymore.
Capítulo 2
Por Lu de Andrew.
OoOoOoOoOo
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-¿Quieres subir a verla? Ahora está dormida, y creo que ya le bajó un poco la temperatura.
La voz de Elisa lo trajo de nuevo a la realidad. Habían pasado tres horas desde que Candy abandonara su casa y ya sentía que vagaba al borde del precipicio. Su estabilidad mental y emocional volvían a pender de un hilo demasiado frágil y vulnerable. Y saber que tenía una hija, simplemente no ayudaba a su situación.
Elisa se había hecho cargo de estar presente cuando el doctor había auscultado a la pequeña, mientras él se encontraba como idiota en una esquina de la habitación. Es que en realidad aún no salía del shock que le produjeron los acontecimientos.
-Gracias - dijo él mirándola con atención -. No sé qué hubiera hecho si no te haces cargo de la situación.
-Afortunadamente solo es una fuerte amigdalitis. Verás que dentro de unas horas ella estará mejor. Por cierto, ¿Cómo se llama?
-Rosemary.
-Bonito nombre.
-Lo sé.
Elisa se dio cuenta que la mente de Albert estaba muy lejos de ese lugar.
-¿Quieres hablar del asunto? - Albert la observó con tanta tristeza en la mirada, que a ella le dolió el corazón. Él sonrió sin ganas, más bien fue una absurda mueca que reflejaba su estado de ánimo.
-No hay tanto qué decir. Ella vino a dejarme a la niña y se marchó. Dijo que era un estorbo para sus planes futuros y...listo. Se deshizo de la niña como si nada.
-¿Y le crees? - contestó ella después de unos minutos -. Es decir, por lo que me contaste, ella no es así.
-Eso pensaba yo. Tal vez ni siquiera la conocía bien y solo me mostró lo suficiente para que me enamorará de ella.
-¿Y qué ganaría? Es decir, ¿te pedía dinero? ¿Trató de chantajearte alguna vez, o algo por el estilo?
-Sabes bien que no. Pero no puedo martirizarme con la idea de que tiene problemas y por eso abandonó a la niña... mi hija. No puedo volver a pasar por lo mismo, Elisa - la observó casi con desesperación -. Prefiero odiarla y pensar que es la peor mujer del mundo, porque de lo contrario saldré corriendo detrás de ella como el imbécil de siempre...y creo que ya no soportaría hacerlo de nuevo. Además, me dejó muy claro que no quiere nada de mí.
-Yo solo quería...
-Olvídalo, ¿quieres? - La observó durante un instante e inmediatamente se dio cuenta que se veía muy cansada. Había sido demasiado para ella -. Vamos, te acompaño a la alcoba para que descanses, y aprovecho para pasar a ver a Rosemary.
Elisa asintió porque en verdad se sentía muy agotada y agobiada, quería ayudar a Albert así como él lo había hecho con ella, pero en su estado y su salud tan delicada supo que lo único que podría hacer era cuidar bien de su hija... si es que Dios le permitía seguir con vida.
Albert observaba a su pequeña hija recostada en la amplia cama. Elisa tenía razón, la temperatura corporal estaba bajando y hasta su respiración se normalizaba conforme pasaba el tiempo. Él se hallaba sentado en la orilla de la cama, con la incredulidad pintando sus facciones, aun no podía creer que tuviera una hija, y menos que su madre fuese Candy.
Con delicadeza tomó un mechón de su pelo ensortijado, se quedó mirándola embelesado. ¡Era su hija! Y era preciosa, sin duda se parecía a su madre. Con la punta de sus dedos recorrió su pequeña carita, y finalmente tomó su manita, era increíble, y se sorprendió de que hubiera aceptado tan fácilmente que ella era su hija. No fue necesaria ninguna explicación, sólo sintió que era lo más natural del mundo ser padre. Sonrió con alegría al pensar en ese hecho.
Pero la sonrisa se borró inmediatamente al recordar a Candy. No sabía por lo que estaba pasando pero, agradecía que hubiera pensado en él para dejar a Rose. Él la protegería de todo y contra todo. Haría hasta lo imposible porque su hija fuera feliz.
De pronto, Rose comenzó a removerse en la cama, abrió sus ojos y Albert se sorprendió al ver que eran idénticos a los suyos, azul cielo.
-¿Mami? - preguntó la niña con voz rasposa por la infección en la garganta y restregándose los ojos -. ¿Mami?
La niña comenzó a llorar de tal manera que Albert sintió que se estrujaba su corazón. No sabía cómo actuar, nunca imaginó que alguna vez tuviese que consolar a algún niño, pero siendo su propia hija lo descontrolaba aún más.
-¿Dónde está mi mami? - la pregunta de la niña lo sacó de sus innecesarios divagues.
-Tranquila, corazón - la abrazó mientras acariciaba su pelo, murmurando palabras de consuelo. Poco a poco los sollozos cesaron y la niña relajó su pequeño cuerpecito entre los brazos de su padre.
-Tú mami no está aquí, Rose ella, bueno, ella... - Albert se quedó callado no sabía cómo explicarle a su hija que su madre se había ido.
-¿Ya se fue? - él la miró confundido. ¿La niña sabía que Candy se iría? Así que se limitó a asentir -. Entonces, ¿tu eres mi papi? - por un instante Albert la observó confuso, el lenguaje de una pequeña de tres años, y sin estar acostumbrado a escucharlo, le dificultaba su entendimiento. Así que haciendo un esfuerzo logró descifrar sus palabras en cada frase que decía.
-¿Y tu cómo sabes que soy tu papá, corazón?
-Mi mami me dijo que tú me cuidarías, porque ella se tenía que ir.
-Y...¿quieres que te cuide?
-Mi mami me dijo que yo estaría bien contigo. Que eras mi papi y que tú me ibas a querer mucho... ¿me quieres mucho?
Albert sonrío como no lo había hecho en tantos años, era increíble la manera de reaccionar de una criatura tan pequeña, estaba tranquila a pesar de que ya no volvería a ver a su madre. ¡Y todavía preguntaba si la quería!
-Por supuesto que te quiero, mi niña.. Con todo mi corazón.
Al parecer, esa respuesta satisfizo a Rosemary, pues se había dormido con placidez. Albert sintió que una gran calidez inundaba su corazón. Se sentía pleno, dichoso y sumamente feliz, a pesar de todos los problemas que lo rodeaban. Amaba a su hija con todo su corazón y haría todo lo que hiciera falta para hacérselo saber, pero sobre todo, para hacerla feliz.
Acomodó con sumo cuidado el pequeño cuerpecito sobre la cama y la arropó con el suave edredón. Pero no se separó de ella, se recostó a su lado y su mente divagó en lo que haría en el futuro con todos los cambios que acontecían en su vida últimamente.
El cansancio se hizo presente en su cuerpo y mente, y poco a poco acompañó a Rose al mundo de los sueños. Pero su último pensamiento antes de caer en la inconsciencia fue para una mujer de pelo rubio que al parecer hizo lo posible para que su hija no la extrañara, preparándola para su abandono.
¿Qué había orillado a Candy a abandonar a Rosemary? Tal vez nunca lo averiguaría, pero de algo de estaba seguro: ya no perdería el tiempo tratando de investigar y mucho menos de averiguar el paradero de Candy. Si ella había decidido alejarse sin decir nada o pedir ayuda, a él ya no le importaba. Ahora tenía por quien salir adelante...
Continuará...
En la otra versión del fic, esta parte ni siquiera aparecía. Esto fue debido a que quise hacer un minific y por lo mismo no incluí muchos detalles. Y como ya les había comentado, estoy reeditando por lo que en algunos capítulos me tardaré un poco más. Gracias a todas.
En fin, espero les guste y nos seguimos leyendo.
Un abrazo del tamaño de Texas!
Hasta la próxima...
