La rubia se encontraba sentada frente al espejo. Tenía unas profundas ojeras bajo sus bellos ojos verdes. No había podido dormir en toda la noche.
No sabía cómo se dejó convencer para volver a Chicago. Simplemente no se sentía bien en esa ciudad, una opresión en el pecho no la había abandonado desde que bajó del avión una semana antes. Era por eso que para mantener noticias de Rosemary había contratado a un investigador que trabajaba para ella desde que había tenido la soltura económica para pagarlo. De eso ya hacía tres años, y solo de esa manera tenia fotografías de su hija, y sabía lo que sucedía a su alrededor. Le mataba no poder estar cerca de ella, abrazarla y darle el amor que solo una madre es capaz de dar, pero sentía que debía mantener la promesa que le había hecho a Albert el último día que los vio en era la boda de sus mejores amigos. Los que la habían ayudado cuando más lo había necesitado.
A su mente volvió esa triste noche en que los había conocido...
*** Después de dejar a Rosemary con Albert, Candy deambuló durante horas por las calles, había perdido toda sensibilidad, su cuerpo no le respondía, caminaba como un autómata. No fue sino hasta que sintió la brisa helada congelándole los huesos, que cayó en cuenta que había estado caminando bajo la lluvia, que había lágrimas en sus ojos, y que se sentía muerta en vida.
"No puedo abandonar a mi niña".
Fue el primer razonamiento lógico que tuvo. Ya tenía suficiente con la pérdida de su único y gran amor, Albert. No podía perder a su Rose. Regresaría y le diría a Albert que todo era una mentira y le diría solo la verdad. Él comprendería, le había pedido una explicación y ella por sus sentimientos mal heridos, se portó de forma orgullosa. Pero si le explicaba todo, él comprendería, lo conocía muy bien, y por su forma de comportarse esa noche, sabía que no había cambiado...aunque estuviera felizmente casado.
Ese pensamiento le estrujó el corazón, pero era algo que no podía cambiar, cuando averiguó el paradero de Albert, también se enteró que tenía unos meses de casado, y ella no podía hacer nada contra eso. Él la había olvidado y ahora era feliz con su elegante y fina esposa. Recordó que cuando la vio junto a Rosemary, quiso arrebatársela de los brazos, pero la idea de que su hija sería bien atendida, empujó hasta el fondo sus sentimientos. Pero no había perdido detalle de la clase de mujer que era la esposa de Albert. Y de pronto, Candy se sintió pequeña e insignificante, ella iba echa una piltrafa consecuencia de su tiempo en la calle, vagando de aquí para allá, luchando porque no la encontraran, por eso había huido cuando tuvo la oportunidad. Pero no contaba con que Albert la alcanzaría, y ella simplemente hizo un esfuerzo sobrehumano para no lanzársele a los brazos y pedirle que la cobijara en ellos como antaño.
Pero ya no era ni el momento ni el tiempo de eso. Candy hizo a un lado sus sentimientos quiso ponerse de pie, pues estaba sentada en las escaleras de una lujosa mansión, pero lo único que logró, fue tambalearse hasta quedar en el piso.
Una gran nube se cernió sobre ella, tal vez eran las consecuencias de llevar dos días sin comer, el último dinero que tenía lo había comprado para comprar alimento para Rose. O tal vez simplemente, su cuerpo estaba obedeciendo a su cerebro... ya no quería luchar. De nada servía seguir viviendo pues ya había perdido la razón de su existencia.
Sin embargo, escuchó una voz muy a lo lejos:
-¡Rápido, ayúdenme a llevarla a casa!
Cuando despertó, lo hizo en una lujosa habitación de hospital, habían pasado dos semanas. Ella había caído inconsciente debido a una fuerte neumonía, además estaba anémica y tenía deshidratación. Así que de pronto, todas las posibilidades de regresar a casa de los Andrew, se esfumaron por completo.
Pero se dio cuenta que había sido ayudada por una familia extraña, los O'Brien, quien a pesar de no conocerla le abrieron la puerta de su hogar para que se recuperara. ***
Patricia O'Brien, la hija única de la familia se convirtió en su mejor amiga y le ayudó junto a un amigo, el cual ahora era su prometido, a salir adelante en su carrera. Así que no podía fallarles a sus amigos, especialmente cuando Paty le había suplicado que fuera su dama de honor.
Unos golpes en la puerta le hicieron desviar su atención.
-Candy, tu auto ya está listo.
-Gracias Dorothy - Candy tomó su bolso y se puso las gafas de sol. No podía permitir que alguien la viera en ese estado.
-Dorothy, si llama Terry, le dices que fui al Spa. Que nos vemos por la tarde.
-¿A qué hora le digo que venga por ti?
-A las dos estará bien- Candy revisó la hora, 7:30 a.m. tenía suficiente tiempo para volver a ser Candice y dejar atrás la imagen de fracasada y el sentimiento de vulnerabilidad que se habían apoderado de ella.
Era mediodía cuando Candy abandonaba el Spa. Se sentía renovada y mucho mejor con ella misma. Increíblemente había recuperado su seguridad y salió con el aire de autosuficiencia que la caracterizaba. Pero se detuvo en seco cuando escuchó la voz que había tenido mucho poder sobre ella, llamándola. Ella, por supuesto, la ignoró y rogó al cielo que su turbación no saliera a flote. Decidió seguir caminando.
-¿Candice? - la llamó nuevamente y la tomó del brazo para detenerla. Con lentitud, se viró para quedar de frente a ella, se quitó las gafas oscuras y le dio una mirada que la mujer no supo cómo interpretar.
-¿Qué quieres? - preguntó despectiva.
-No me hables así, después de todo sigo siendo tu madre. Y conmigo no es tan fácil deshacerte como lo hiciste con tu hija.
-¡No metas a Rose en esto! - espetó Candy con gran molestia. ¿Cómo se atrevía a nombrar a Rose a quien siempre despreció? - Además, ¿a ti qué más te da? ¿No te avergonzabas por el hecho de que tuviera una hija fuera del matrimonio? ¿No querías que me deshiciera de ella? Afortunadamente ella está lejos de ti y de tu marido, lejos de la maldad que los caracteriza. Y a mí ya no puedes controlarme. ¡Dime qué quieres y déjame en paz!
-Hija, por favor. Sé que hice mal las cosas en el pasado, pero piensa que solo quería tu bienestar...yo...yo estoy muy arrepentida y te quiero de vuelta - se acercó, y trató de tocarle el brazo. Candy instintivamente lo retiró con brusquedad - está bien, lo comprendo - respondió su madre - solo te pido una oportunidad para hablarte.
-Ya es demasiado tarde para eso, madre. Cuando más te necesitaba preferiste ponerte del lado de tu esposo, ahora no esperarás que te acoja con los brazos abiertos para jugar a ser la familia feliz - su madre la observó con incredulidad. ¿Dónde había quedado su pequeña hija que ni siquiera se atrevía a llevarle la contraria?
-¿Clarisse? ¿Quieres darte prisa? - preguntó un hombre a sus espaldas. Candy se volvió para verlo y la reconoció -. Vaya, vaya, pero, ¿qué tenemos aquí? A la hija desagradecida. ¿Qué quieres? ¿Rogarnos para que te aceptemos de vuelta?
-Yo de ustedes no quiero nada. Y menos de ti, Charles, suficientes malos recuerdos me trae tu odiosa presencia
-Charles, por favor, espérame en el auto -. suplicó la mamá de Candy.
-No me digas que le piensas rogar - dijo el hombre -. ¿Acaso no ves que es una malagradecida e irrespetuosa?
-¡Que me esperes en el auto! - contestó exasperada -. Estoy hablando con mi hija -. El hombre desapareció como por arte de magia. Candy se sorprendió ante eso, pues en el pasado era su mamá quien obedecía ciegamente a su esposo, no al revés -. Solo dame una oportunidad por favor - pidió con ojos suplicantes.
-Solo vine para la boda de unos amigos, en una semana regreso a Francia, y no tengo tiempo para ponerme en contacto contigo.
-Dame tu dirección y allá te veo.
-¿En Francia? No lo creo - preguntó incrédula Candy. Pero después de pensarlo mejor, decidió solo darle su número telefónico -. Solo puedo darte mi número de celular, llámame en dos días y veremos qué pasa.
-Gracias, hija -. Un silencio incómodo se instaló entre ellas. Al parecer no sabían cómo reaccionar.
-Bueno...será mejor me retire, se me hace tarde. Cuídate -. Candy siguió su camino, su mente estaba ofuscada, miles de pensamientos y recuerdos se apoderaron de ella, con tan solo ver a su mamá y con esa actitud diferente. Pero ese no era el mejor momento de pensar en ello, miró su reloj y marcaba las 12:45. Debía apresurarse para llegar a tiempo a la cita que tenía con Terry, al menos tenía la esperanza que con él, pudiera olvidarse de todo...
OoOoOoOoOoO
-¡Qué no es cierto! ¡Eres una mentirosa!
-Sí es cierto, pregúntale a Mary.
-Yo no tengo nada qué preguntarle a tu sirvienta. Además, si fuera cierto, ¿por qué no la hemos visto en todos estos años? ¡Eres una mentirosa!
Mary, el ama de llaves de la familia Andrew, salió al jardín al oír las voces alteradas de los niños. No sabía por qué la señora Elroy se empeñaba en traer a esos niños odiosos que solo molestaban a Rosemary. ¡Ni siquiera eran de su edad! Al menos la niña que estaba gritando a Rose tenía 10 años, y los demás por muy chicos tenían nueve. Y siempre era lo mismo, la trataban mal, porque no tenía a su mamá con ella. La señora Elisa, que bien podía haber sido la madre ideal, había muerto junto a su bebé, justo el día de su nacimiento. Ahora para el señor, Rosemary Andrew, era la niña de sus ojos, aunque dudaba mucho que eso hubiera cambiado aún si su hijo hubiera continuado con vida.
Desde que la niña llegó a la casa, había sido consentida en todas las maneras. Tal vez se debía al parecido con su madre, Philip, el mayordomo le había comentado en una ocasión que, a no ser por el color de sus ojos, que eran igual a los de su padre y sin pecas en la cara, Rose era la viva imagen de su mamá.
Mary se acercó al grupo de pequeños que estaban discutiendo como siempre lo hacían. A esos pequeños monstruos, les fascinaba hacer sufrir a Rose.
- ¿Qué es lo que pasa aquí? ¿No les da vergüenza tratar así a alguien menor que ustedes?
-Rosemary es una mentirosa - repitió la niña, que peleaba Rose -. Dice que su mamá, es ella.
Mary desvió su vista a una revista de modas que tenía Rose en su regazo, en la portada, estaba una modelo famosa que al igual que Rose era rubia, pero lo que le sorprendió fue la aseveración de la otra niña.
- ¿Su mamá? - Mary miró fijamente a Rosemary, esperando una explicación. La niña tenía siete años, pero era demasiado inteligente y sabía lo que hacía. Con lo que no contaba Mary, era que cuando Rose volteara a verla, le daría la mirada que derretía a medio mundo. Con sus ojitos azules, llenos de lágrimas, le suplicó en silencio.
- ¿Verdad que ella es mi mamá, Mary? -. Mary, era la adulta, tenía que poner fin a esa situación sin permitir que Rose saliera lastimada o que se burlaran de ella. Y justo eso es lo que haría...
-Sí - dijo sin dudar -. Ella es su mamá...
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-Le prohíbo rotundamente que vuelva a traer a esa pandilla de niños que solo hacen llorar a mi hija, tía. Serán muy hijos de sus conocidos, pero no son amigos de Rose, ella no se siente a gusto con ellos y si es así, yo no obligaré a mi hija a estar con ellos.
-¡Por Dios William! ¿Pandilla? Hablas de ellos como si fueran de la calle, y te recuerdo que son hijos de las mejores familias de Chicago.
-Sí, pandilla. Porque así es como se comportan.
¿Y prefieres que las amistades de ti hija se reduzcan a los hijos del ama de llaves? ¿Esa es tu idea de ayudar a tu hija?
-Lo único que quiero, es ver a mi hija feliz. Y si la amistad con Eddie y Lily, la hacen feliz, que así sea. Por lo tanto...
- ¿Me estás corriendo?
-No. Solo le invito a que se lleve a sus invitados y que piense mejor la próxima vez que quiera imponerle la presencia de alguien a mi hija.
- ¡Es una locura! Lo que esa niña necesita es una madre. Alguien que no la consienta tanto como tú lo haces.
-Mi hija ya tiene una madre, no necesita a una extraña que venga a querer mandarla o regañarla. Me tiene a mí, que es suficiente-
-Una madre que solo Dios y tu saben quién es, y que en todo este tiempo ni siquiera a preguntado por ella.
-Ese es mi problema tía. Ahora por favor...
-Está bien. Pero no creas que te desharás de mi tan fácilmente. Dentro de dos semanas, tenemos lo de la fiesta de aniversario de Lakewood y pienso asistir. Además, te recuerdo que irán tus socios con sus familias, y ahí no podrás correr a sus hijos.
-De eso estoy consciente, y Rose ya lo sabe, así que usted no se preocupe.
-Está bien, me voy. Con todo y mi pandilla.
Elroy salió del estudio de Albert. Este observó por el amplio ventanal, como se iba con todos esos niños. Así como también había estado observando cómo hacían llorar a su pequeña. En cuanto su tía abandonó su casa, él se dispuso a trabajar en unos contratos pendientes, pero fue interrumpido de nuevo.
-Señor, disculpe la intromisión, pero hay algo urgente que necesita saber - dijo Mary, entrando al lugar.
- ¿Qué pasa Mary? - Albert se levantó e invitó a esta a sentarse frente al escritorio. Él se quedó recargado sobre el, frente a su empleada.
-Es Rosemary señor-
- ¿Qué pasa con ella? Esos niños volvieron a hacerla llorar, ¿verdad? No te preocupes, Mary, ya le prohibí a mi tía que regresara con ellos.
-Hay algo más señor -. Albert ahora prestó más atención a Mary, tenía sobre su regazo una revista que estaba estrujando con todas sus fuerzas.
-Me estás asustando Mary. Así que será mejor que me digas de una vez de qué se trata, sabes que no me gustan los rodeos.
-Rose le dijo esos niños que esta señorita era su madre -. Ella extendió la revista y Albert se quedó petrificado -. Y lo peor de todo es que yo dije que era cierto. Ahora los niños esperan a ver a la mamá de Rose en Lakewood. Ella les dijo que su mamá iría allá y se quedaría para siempre con ustedes. Créame señor que no sabía que les diría eso, sino yo la hubiera desmentido, pero no me resistí a esa mirada que tiene su hija.
A Albert no se le cayó la mandíbula porque era algo imposible, pero sintió por un momento que la sangre no le subía a la cabeza y tuvo que sujetarse fuertemente del escritorio para no caer como señorita al suelo. Y no dejaba de preguntarse, ¿cómo rayos de entre todas las mujeres en el planeta, su hija había escogido a esa mujer para ser su madre?
-Llama a Rose por favor, Mary.
-Sí señor.
Cuando llegó la niña, Albert la observó unos minutos, y se preguntó, qué haría. Estaba pensando en un sinfín de castigos, regaños y demás para enseñar a su hija que las mentiras no eran buenas, ahora sí, Rose tendría que sufrir las consecuencias, aunque eso significara desmentirla delante de todos. Pero la pequeña, se lanzó a sus brazos y él no pudo evitar cargarla. Ella aprovechó y llenó de besos su rostro.
- ¿Estás enojado papi? - preguntó con los ojitos llorosos. A Albert le recordó la noche en que ella llegó a su casa y lloró por la ausencia de su madre. Y con eso tuvo para desarmarlo. Tenerla en sus brazos y oír su vocecita, fue todo lo que pudo soportar.
-Así que sí sabes lo que hiciste. Eso no estuvo bien Rosemary, decir mentiras no es correcto, y luego también involucraste a la pobre de Mary. ¿Por qué lo hiciste? - La niña hizo un puchero y empezó a llorar, eso le partió el corazón a su padre.
Ellos me dijeron que yo no tenía mamá - comenzó a decir entre sollozos -. Y me dio tristeza, entonces la vi a ella, y...y...yo creo que así era mi mami. Lo que quiero es tener una mamá, esos chamacos feos siempre me dicen que soy huérfana porque mi mamá me abandonó -. Albert la abrazó con todas sus fuerzas, quería en ese abrazo; transmitirle todo el amor que sentía por ella y darle a entender que no necesitaba a nadie más. Pero por un momento le dio la razón a su tía, Rose necesitaba una madre, y no por las razones que le había dicho Elroy, sino por el bien de su hija.
-¿Y ahora qué vamos a hacer? Ellos esperan ver a tu mamá en Lakewood, y no a cualquier mamá, sino a ella, ¿por qué la escogiste a ella, Rose?
- Hay veces que cuando cierro los ojos veo a alguien que se parece a ella... - fue todo lo que dijo la niña, mientras se sorbía la nariz.
-¿No quieres ver una película con Eddie y Lily?
- ¡Sí papi! ¿Puedo?
-Mary, por favor. Límpiale la nariz, y llévala al cuarto de televisión. Invita a tus hijos, y prepárales lo que quieran, después vuelves.
Puso a la niña en el suelo, y ella le dio un abrazo y un beso, para salir corriendo de allí. Albert deseo poder ser niño y olvidarse tan fácilmente de las cosas. Pero no lo era, y no podía olvidarse de las cosas, y mucho menos de esa. Sabía lo que tenía qué hacer, pero no creía tener el coraje de hacerlo.
Sabía de muy buena fuente que Candy había arribado al país y a Chicago una semana atrás. Sabía que estaba invitada como dama de honor a la boda del hijo de uno de socios, pues él mismo había sido invitado al evento. Sabía prácticamente todo de la vida de Candy, además de su vida pública, pero lo que no sabía era que un día tendría que ser él quien tuviera que buscarla. Sabía que tenía qué hacerlo, pero su orgullo se lo impedía.
Negó con vehemencia en su interior, y se dijo que ya vería la manera en traerle una madre a su hija. Quien fuera, hasta una actriz podría ser. Después de todo Rosemary no recordaba del todo a su madre y solo pedía a una chica de revista. Así la mentira de Rosemary no saldría a la luz, ella tendría a su mamá, y no sería necesario tener que verle la cara a esa mujer...
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CONTINUARÁ...
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Hola chicas, me siento con un poco de ánimos, aunque el último par de meses han sido un sube y baja de emociones. Pero quiero hacer otra cosa aparte de pensar y recordar...
Si puedo subo más capítulos en lo que resta del día o la semana. Gracias por leerme y por aceptar esta pausa obligada debido a la pérdida de mi mami, mi gran amiga.
Las quiero y hasta la próxima...
