I don´t Know you anymore
Capítulo 4
Por Lu de Andrew
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-Así que, ¿tu nombre es Eloise? - Albert observó atentamente a la rubia frente a él. No era la primera a la que entrevistaba en los últimos días, y solo buscando un reemplazo para la madre de su hija, se escuchaba algo estúpido, pero desde que tomó la decisión de no buscar a Candy para cumplir lo que la pequeña Rose tanto deseaba; su estudio en casa se convirtió en un hervidero de rubias de ojos verdes.
De haber sido por él, a la primera mujer que se presentó la hubiese contratado. Pero Rose podía ser tan terca como él cuando se lo proponía y cada que llegaba alguien nueva se colaba a la habitación y se sentaba a su lado con esa pose de señora chiquita que estaba al mando de la casa, y por desgracia, también de su padre.
Como ahora, mantenía los bracitos cruzados sobre su pecho y el ceño levemente fruncido. Expresión que iba dirigida exclusivamente a él, por desgracia. Aunque tampoco la culpaba, esa chica frente a ellos parecía más apropiada para "la casa de las conejitas" que para una madre abnegada. ¡Y menos para ser la madre de su hija!
La voluptuosa chica se revolvió inquieta en cuanto su hija puso su mirada sobre ella.
-Sí señor -. Su mirada, que a su llegada había sido de leona depredadora, ahora era de gatita asustada.
-¡No la quiero! - Interrumpió Rose sin dar tiempo a nada más. El volumen de su voz, así como su expresión facial dejaba muy claro que no dejaría, por enésima vez, que su padre contratara a alguien que no fuera la chica de la revista.
-Rose... - habló Albert conciliadoramente -. Por favor hija, te tienes que decidir por alguna joven, no podemos seguir así...
-Tú ya sabes a quien quiero, papi.
Tenía los ojos llorosos y por primera vez en todo ese tiempo de boicot, demostró la niña de siete años que era y en ese momento supo porque estaba cumpliendo sus caprichos y aceptaba su voluntad para todo.
Estaba sola, sin su madre, y eso la hacía vulnerable. La amaba y su instinto protector deseaba evitarle todo el dolor posible, y si eso equivalía a tener que arrastrarse a los pies de esa mujer sin corazón que, para empezar, la había abandonado sin consideración alguna; lo haría. Valía más la felicidad de su pequeña, que su orgullo de hombre. Además, solo serían unos días, y le dejaría muy claro que, si de alguna manera su pequeña salía dañada, o si se negaba a acompañarlos y seguir con la farsa, la destruiría. Arruinaría su carrera y se aseguraría de que terminara como pordiosera en las calles.
No se tentaría el corazón al tratarse de su hija. Así que, con determinación, miró a la joven frente a él y la despidió.
-Lo siento señorita, y lamento hacerle perder su tiempo, pero ya no necesito sus servicios. Mi secretaria -, a la que tenía trabajando en su casa por esas entrevistas -, la acompañará y le dará una compensación por su pérdida de tiempo.
La chica retomó su postura y salió meneando exageradamente las caderas, tal vez queriendo mostrarle al rubio de lo que se perdía. Él sonrío, moviendo la cabeza en negación, conocía a muchas como ella y no tenía que pagarles. Olvidando sus desviados pensamientos, se centró en la única mujercita que lo hacía bailar al son que ella deseaba, y así sería por siempre.
-No te preocupes, corazón, me encargaré de que la mujer que has escogido, sea tu madre el tiempo que la necesites.
-¿De verdad, papi? ¿Me lo prometes? - La ilusión con la que lo observó, desvaneciendo por completo su mala cara, le dio la seguridad a Albert de que lo que pensaba hacer era lo correcto. Aunque muy dentro de él sabía que no quería verla ni en pintura. Aun así, sonrió a su pequeña hijita, y le dio un fuerte abrazo.
-Te aseguro que así será, corazón. Haré lo necesario para que seas feliz.
La niña dándole un sonoro beso, se removió de entre sus brazos y salió corriendo de la habitación. Albert la detuvo unos instantes para preguntarle a dónde se dirigía.
-Y bien señorita, ¿A dónde vas? - Su hija le dio la más resplandeciente sonrisa.
-A hacer la tarea, y a decirle a la odiosa de Camile que mi mamá irá a Laywod -. Como no podía pronunciar bien Lakewood, su padre ya se había acostumbrado a escucharla decirlo así. Y sin esperar respuesta de su padre, Rosemary desapareció de su vista, mientras él negaba con la cabeza sintiéndose bien por primera vez en días.
Pero algo en su corazón se oprimía de tal manera que sentía como le faltaba el aire. Sumido en sus pensamientos, se acercó al ventanal que daba hacia el enorme jardín trasero de su casa. El viento mecía los árboles, otorgando cierta apacibilidad a cualquier otro espectador, pero a él, solo le traía lejanos recuerdos de tardes veraniegas junto a una persona, una mujer rubia que se suponía era el amor de su vida.
¿Por qué lo había engañado de ese modo? O, por el contrario, ¿nunca lo engañó? Y si es así, ¿por qué desapareció de su vida como si nada, para después volver a aparecer solo para abandonar a su hija? Esas dudas eran las que, cuando pensaba y recordaba demasiado tiempo, no lo dejaban vivir tranquilo. Y supo que esa noche no podría dormir, como de costumbre.
El insistente timbre del teléfono lo sacó de sus cavilaciones, y aunque sabía que se trataba de trabajo, agradeció la interrupción. Ahora solo era cuestión de encontrar el momento adecuado para enfrentarse a su pasado. Solo esperaba que ella accediera sin que ella aceptara hacer el teatro, no se imaginaba suplicándole hacer algo por su hija.
Fue así como abriendo un cajón de su escritorio, mientras contestaba su llamada, que su atención recayó en un sobre color crema con letras doradas hechas a mano. La invitación del enlace matrimonial entre Alistear Cornwell y Patricia O'Brien.
-¡Bingo! - exclamó para sí mismo. El enlace tendría lugar ese mismo fin de semana. Y no desaprovecharía esa oportunidad.
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El sábado por la mañana se levantó más temprano de lo habitual, fue al gimnasio y trató de flirtear con la recepcionista del mismo, pero sus pensamientos estaban en la fiesta a la que asistiría por la noche, y no precisamente por la emoción de la celebración.
-¿Desea algo más para desayunar, señor? - preguntó Mary cuando se sentó a la mesa.
-No Mary, gracias. ¿Rosemary sigue dormida?
-Sí señor, ya sabe que sus días de descanso los aprovecha para dormir todo lo que ella desea.
-Tienes razón. ¿Sí podrá quedarse a dormir contigo esta noche? - Por lo regular, los fines de semana los pasaba con su hija, por lo que la niñera no trabajaba esos días. Y esa noche, al no saber cómo saldrían las cosas entre Candy y él, prefirió que pasara la noche con alguien conocido.
-Ya sabe que sí, señor. Mis hijos ya tienen todo preparado para hacer pijamada. No le molesta, ¿verdad, señor?
-Ya sabes que no, lo importante es que se divierta -. Mary le dio una sonrisa y se despidió de él.
-Por favor, Mary. Prepárame mi traje italiano, el negro - le dijo por último.
-¿Reunión de trabajo, señor?
-Tengo una invitación a una boda, a la que no pensaba asistir. No quería toparme con ciertas personas, pero en este caso, es lo único que puedo hacer -. Había tratado de ser lo más discreto posible en cuanto a su salida de esa noche, de modo que nadie supiera dónde encontrarlo y fastidiara su reunión con Candy.
-Está bien señor.
OoOoOoOoO
La boda estuvo estupenda, todo había salido tal y como Paty y la planeadora de bodas habían arreglado, todavía era temprano, y siendo la mejor amiga de la novia, no podía escaparse como Stear y Paty habían hecho hacía media hora. Pero se sentía cansada. Anímicamente hablando, pues podía soportar horas completas de sesiones fotográficas con tacón alto y todo lo que implicaba y no mostraba signos de cansancio. Pero todo lo acontecido durante la fiesta la tenían con los nervios de punta. Al menos estaba segura que no había nada peor que le pudiera pasar.
Pero de pronto, vio a lo lejos, lo "nada peor" que le estaba pasando. Ahí estaba él. Su corazón latió al mismo ritmo que cuando lo había conocido, durante esos años, se había convencido que lo que había sentido por él solo había sido causa de su inexperiencia e inmadurez, no podía enamorarse a los 16 años. Sin embargo, ahora que lo volvía a ver se dio cuenta que, no solo se había enamorado a los 16 años, sino que peor aún, seguía enamorada de él. De Albert Andrew, William como todo mundo lo conocía. Y se veía terriblemente guapo y atractivo, la madurez le había sentado de maravilla.
Y ella observándolo como una mirona adolescente. Se preguntaba, ¿la habría visto ya? ¿Hace cuánto que llegó? ¿Qué hacía ahí? Bueno, la última pregunta era demasiado boba, sabía que la familia de Stear mantenía negocios con lo Andrew, era lógico que, siendo su socio, lo hubieran invitado.
No quiso seguir ahí, no quería ser captaba en medio de su turbamiento. Se disculpó y caminó rumbo a la biblioteca que sabía estaba vacía.
Y él la observó de lejos. Había llegado demasiado tarde a la fiesta a propósito, no tenía ánimos de festejo alguno. Pero en cuanto la vio, notó que estaba más hermosa que de costumbre, el vestido color zanahoria que llevaba, no podría ponerse entre sus favoritos, pero sabía que siendo la dama de honor, la novia tenía la manía de escoger colores absurdos para que las damas no resaltaran. Pero con Candy era diferente, podía ponerse un costal de papas y seguiría igual de hermosa. Vio cómo se adentraba en la biblioteca, conocía bien la casa, pues había asistido muchas veces a cenas de negocios, y fue tras ella. Pero antes de entrar, tuvo que recordarse a qué había ido, y por qué estaba ahí para verla. Tendría que hacer sus sentimientos a un lado, y recordar que estaba por Rosemary. Nada más.
Cuando entró, ella estaba de espaldas a él. Tenía una copa de vino en la mano y su mirada fija hacía el jardín.
-Necesitamos hablar -. La solemne voz de Albert detrás de ella, hizo que pegara un brinco y tirara la copa de vino. Se volvió hacia él, y el tiempo se volvió infinito. Dos miradas se reconocieron, azul y verde, tantos años separados y parecía como si hubiera sido ayer. Ahora eran adultos y maduros, pero sus corazones latían como un par de adolescentes.
-¿Qué...qué haces aquí?-Preguntó por fin ella.
-No te preocupes, no soy un acosador o algo parecido. Además, mi interés en ti, es el mismo que tengo por las novelas románticas, así que no pienses de más -. Fue su fría respuesta. Ella sintió como si le hubieran robado el aire.
-Entiendo, entonces será mejor que me aclares a qué viniste, o de lo contrario será mejor que me vaya -. Candy hizo el intento de irse, pasó a su lado y justo cuando iba a abrir la puerta, escuchó de nuevo su voz.
-Vine para hablar de Rosemary. Mi hija quiere que seas su madre...
CONTINUARÁ...
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Hola, chicas. Muchas gracias por sus reviews. Y como lo prometido es deuda aquí está otro capítulo más, reeditado. Al igual que el de ayer.
Gracias mil por su palabras de consuelo y por hacerme saber que les gusta este fic. Gracias a:CANDY GATA, Silvia, ALY, Pame, JUJO, Adoradandrew, mi querida Reeka 21, mi querida Carolina Macias, y Alesita77. Y como es costumbre por acá, al menos mi costumbre, un saludo y agradecimientos a mis queridas calladitas que aunque no dejan comentario aquí están leyendo mis locuras. De verdad se los agradezco de corazón,
Si Dios quiere, mañana subo otro.
Hasta la próxima!
