I don´t know you anymore

Capítulo 9

Por Lu de Andrew

OoOoOoOoOoO

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Amor.

Era increíble lo que el amor podía hacer en una persona, ella lo estaba experimentando con Rosemary. Y supo que, si no podía tener el amor de Albert, sería feliz porque su hija la quería.

La mañana llegó con rapidez asombrosa. Eran las cinco treinta y Candy ya estaba despierta, era un hábito que no podía dejar atrás. Como si fuera un ritual, se duchó con agua fría y observó gustosa su reflejo en el espejo, ya tenía un aspecto decente. Decidió que llamaría a Dorothy y juntas irían a "su nave nodriza", le hacía falta un masaje y tal vez algún tratamiento en todo su cuerpo. Era algo irónico, ella que siempre pensó en todo eso como una tonta frivolidad, ahora parecía que no sabía hacer otra cosa.

No llevaba ropa sencilla, la única había sido la que utilizó la noche que llegó a la mansión, pero no se la pondría nuevamente, el aroma de la loción de Albert se había quedado impregnada en las prendas, después del beso que se dieron. Y sabía que era algo infantil y ridículo, pero no quería que desapareciera su aroma. Así que buscó en su guardarropa algo casual, pero no encontró nada. De por sí no llevaba demasiada ropa, se suponía que ese día tendría que estar de regreso a Francia. Solo había llevado lo esencial para sus pocos días en la ciudad. Así que tendría que ir de compras, como si eso le disgustara.

Tomó un vestido hecho a la medida junto con sus zapatillas, regalo de un diseñador. Era su modelo favorita, porque siempre cumplía sus caprichos, así que esa era un diseño único, exclusivo para ella. Debía admitir que con él se sentía bien, segura de sí misma, casi normal, pero las esmeraldas incrustadas en los finos tirantes que parecían abrazarle hasta su estrecha cintura, le recordaban que no era normal. Ante la soberbia que imagen que le daba el vestido, recogió su cabello en una coleta alta, para dar el toque sencillo que quería. No usó maquillaje, le gustaba darle un respiro a su piel.

Antes de salir, mandó un mail a Neal que a esas horas ya debía estar sufriendo un aneurisma o algo parecido, al ver que no llegaría.

Salió con paso decidido a la habitación de su hija. Estaba cerrada, así que tocó levemente, pensando que tal vez aún no se despertaría. Pero la sorprendió una atractiva mujer castaña, de ojos grises, abriendo la puerta. La mujer la miró inquisitivamente, levantó una ceja y preguntó malhumorada:

-¿Dígame? – Candy no se ofendió, debía ser la niñera de su hija y no sabría nada de ella, el día anterior, Mary le había comentado que la mujer estaba de vacaciones, pero llegaría en esos días.

-Soy la mamá de Rosemary – dijo Candy con una sonrisa en el rostro. La misma que se desvaneció, cuando la mujer la miró como si fuera una idiota, esperando que esas palabras cambiaran algo en ella.

-¿Y? – "¿Y"? ¿Cómo que "Y"? La paciencia de Candy se agotó, esa mujer era una empleada y se tomaba atribuciones que no le correspondían. Si bien tal vez no sabía que la madre de la niña estaba en casa, ya se lo había dicho y su actitud era más bien como si estuviera protegiendo su terreno, como si fuera la dueña de la casa. Un pensamiento cruzó por su mente, tal vez se sentía así porque Albert le había dado el control de la misma. Pero, ¿hasta qué punto llegaba ese control? ¿Y cómo se lo había ganado?

Decidida a no adentrarse en pensamientos destructivos para ella misma, al menos tomaría el lugar que como madre de Rose tenía en esa casa, además, Albert le había dicho que se sintiera como en casa.

-Pues que deseo ver a mi hija, hágase a un lado. – Pero no esperó a que la "mujer guardiana" se alejara de la puerta, pues al parecer no lo haría. La hizo a un lado y entró. Cuando Rosemary la vio, corrió a abrazarla y darle besitos en la cara. Su hija se veía feliz.

-¡Buenos días mami! – exclamó con alegría.

-Buenos días, amor. ¿Sabes? Me estaba preguntando si quisieras desayunar conmigo, ¿qué te parece?

-Imposible, señora. – Respondió la mujer antes que la niña – La niña tiene que asistir al colegio y no puede permitirse perder el tiempo. Ella ya sabe sus responsabilidades y sabe que tiene los minutos contados. – Candy la miró con humor. ¿Quién se creía esa mujer?

-Son apenas las seis treinta de la mañana, no creo que afecte eso su rutina diaria. ¿Qué te falta? – Preguntó a Rose, obviando la presencia de la niñera.

-Cepillarme el pelo, Marjorie dice que ya estoy en edad de hacerlo por mí misma.

-Yo lo haré – Tomó el cepillo y comenzó la tarea.

-Señora, no está bien que consienta de esa manera a la niña, tiene que aprender que las responsabilidades…

-Tiene siete años – contestó tajante Candy –. Es mi hija y ninguna empleada cualquiera va a venir a decirme qué hacer o cómo educarla. Si en algo aprecia su empleo, le sugiero que me deje a solas con ella.

-El señor me dio carta libre para educar a su hija – respondió altanera.

-Eso fue antes de que yo viniera, y estoy segura que el señor no se ha dado cuenta como tratas a Rose. Si deseas salir corriendo a informarle al señor lo que estoy haciendo, quedas en libertad de hacerlo, no me interesa.

Y sin decir una sola palabra, tomó fuertemente del brazo a la mujer y la sacó de la habitación. Al menos no había olvidado como se hacía.

Terminó su labor y salió pensando encontrar a la niñera, pero no había señales de ella. Llegaron al comedor y cuando Albert bajó se unió a ellas en el desayuno. Platicaban amenamente como una familia de verdad.

Candy y Rose estaban tan absortas platicando, que Albert se dio el lujo de observar a "sus dos mujeres", como su orgullo masculino las había nombrado.

Rosemary, gesticulaba exageradamente contándole a su madre sus proezas y travesuras escolares. Sonrió dichoso al ver que su hija estaba radiante de alegría.

Y posó su vista en Candy. Ella escuchaba a su hija con un hermoso brillo en sus ojos, ni siquiera era la sombra de la noche anterior, una luz emanaba de ella. Agradeció al cielo que ellas estuvieran tan divertidas platicando, porque al llegar al comedor, literalmente Candy lo había dejado boquiabierto con el atuendo que vestía. Se veía realmente hermosa. "Así debía haber sido", pensó el rubio. Se dio la oportunidad de recordar su pasado vivido con ella, y con pesar descubrió que su corazón nunca había sentido lo mismo con ninguna otra.

-Señor, disculpe la intromisión, pero ya se va haciendo tarde para llevar a la niña a la escuela. – La niñera interrumpió el idílico momento vivido por la familia. Después de su enfrentamiento con Candy, la mujer se había escondido en la cocina, esperando que Albert mandara a buscarla como antes lo hacía. Secretamente guardaba la esperanza que las atenciones que su joven patrón tenía hacia ella, era por algo más que simplemente ser noble con sus empleados.

Albert revisó el reloj y asintió hacia su empleada.

-Albert, me gustaría llevar a Rose al colegio, ¿te parece bien? – preguntó Candy poniéndose de pie.

-Me parece buena idea. ¿Qué les parece si las llevo? Así te enseño el camino – contestó Albert con una hermosa sonrisa que hizo sentir a Candy perder la cordura. ¿Acaso podría existir hombre más atractivo y maravilloso?

Madre e hija salieron al auto, y Albert quiso salir tras ellas, pero lo detuvo la empleada.

-Señor, ¿me permitiría un momento? Es algo importante, es sobre…esa mujer– mencionó sin ocultar su antipatía hacia la rubia.

-¿Te refieres a Candy?

-Sí señor.

-Qué bueno que sacas el tema – prosiguió él, mirando su reloj, viendo que todavía tenía tiempo para llevar a su hija al colegio. – Candy es la madre de Rose, pasará algunos días aquí y nos acompañará a Lakewood. Dado que es la madre de mi hija, lo que ella haga o diga acerca de Rose está bien para mí. Así que espero total cooperación con la señora, en todo lo que ella disponga. Ya hablé con los demás empleados, y estuvieron de acuerdo, la decisión es tuya.

Marjorie Cooper, sintió que le abrían el suelo. Su antipatía por la rubia le decía que no se doblegase ante ella, pero no podía dejar la oportunidad que, según ella, tenía de conquistar a Albert.

-Está bien señor. – Fue la escueta respuesta.

Albert asintió y salió apresurado. La mujer se quedó rabiosa.

-Te dije que ni siquiera pensaras en tener alguna posibilidad son el señor –dijo Mary que ya estaba a su lado.

-¡Tú qué sabes! La señora Elroy me trajo a esta casa por algo. Estoy segura que a ella le gustaría una mujer como yo para su sobrino. No alguien como esa mujer.

-No hay peor ciego que el que no quiere ver. Marjorie, ¿acaso no te has dado cuenta que a la única que quiere la señora Elroy para su sobrino, es a la señorita Annie? No seas tonta y deja eso por la paz.

-¡Cállate! Eso…eso no es…

-Allá tú. Yo solo te doy un consejo, pero en realidad me importa muy poco que pierdas el empleo y que además hagas el ridículo.

Diciendo eso, Mary se volvió a sus ocupaciones, mientras Marjorie maldecía su existencia.

Albert llegó al colegio y Rose seguía hablando y hablando, su padre se preguntó de dónde sacaba tantas cosas para platicar.

-Será mejor que bajes, o se te hará tarde – advirtió su padre.

-Sí, papi.

Pero la niña no hizo ademán de bajarse del auto. Se quedó quieta observando a sus padres fijamente.

-Se van a casar, ¿verdad? – La pregunta descontroló tanto a a sus padres, que hasta terminaron ahogándose y comenzaron a toser nerviosamente.

-¿De dónde has sacado eso, Rose? – inquirió Candy.

-Pues es lógico, tú – señalando a su papá – y tú – señalando a su mamá – son mis papás. Viven en la misma casa, papá no tiene novia y… ¿tienes novio, mami?

-No Rose, pero para casarse, se necesita algo más – dijo tratando de hacer entrar en razón a su hija.

-Entonces, ¿no se casarán? – La niña comenzó a llorar, Candy veía con desesperación como Albert estaba callado, y serio. Quería que le ayudara a convencer a su hija que no podían casarse así. Mucho menos cuando había tanto resentimiento de parte de los dos.

A la rubia le partió el corazón al ver a Rose llorar repitiendo: "No me quieren". Quería calmarla, pero no podía asegurarle nada.

-¡Basta, Rosemary! – habló por fin Albert, alzando un poco la voz.

El llanto de la niña, no cesó, pero se hizo menos audible.

-¿Se casarán? – preguntó nuevamente esperanzada. Un silencio demasiado incómodo reinó en el lugar, mientras Candy veía que el rostro de Albert cambiaba de gesto en gesto. Ni siquiera podía imaginar qué estaba pensando.

-¿De verdad quieres que nos casemos? – preguntó Albert.

-Sí. Así tendría un papá y una mamá. – contestó su hija, comenzando a llorar nuevamente.

-Rose – le habló Candy – ya tienes un papá y una…

-Si eso es lo que quieres, entonces nos casaremos. Pero por favor mi amor, ya no llores. – Albert tomó a su hija en sus brazos y la abrazó, para calmarla.

-¡Qué bien! – Gritó felizmente Rose, cesó su llanto de inmediato, se secó las lágrimas y dándole un beso a sus padres salió corriendo del auto. - ¡Los quiero! – Les gritó a lo lejos, dejando perplejos a sus padres. Acababan de ser chantajeados por una niña de siete años.

Albert meneó la cabeza y observó la cara pálida que tenía su acompañante.

-¿Sabes lo que acabas de hacer? ¡Acabas de prometerle a nuestra hija que nos casaríamos! – le reprochó Candy.

-Sé lo que hice. – Albert se encogió de hombros, y encendió la marcha del auto.

-¿Y? ¿Qué piensas hacer? ¿Fingir la boda? ¿Mentirle a tu hija?

-No estoy pensando hacer nada de eso. No soy tan vil, ni rastrero.

-¿Entonces? – Se detuvieron en un alto, y Candy reconoció la mirada de Albert cuando la vio. Esa mirada que tantas veces le había hablado sin palabras, que ya había solucionado el problema y tomado una decisión. Candy abrió enormemente sus ojos al comprender la decisión que había tomado Albert. – No es cierto. No estarás pensando en que, de verdad, tú y yo… no Albert. No estarás hablando en serio.

-Sí, Candy. Tú y yo nos casaremos.

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CONTINUARÁ...

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O.k, muchísimas gracias por sus hermosos reviews:

Elo Andrew: Gracias a ti, Elo, por leer. En estos momentos me encuentro tranquila; aunque hay días en los que me encuentro súper down. Pero aprovecho días como estos para actualizar esta historia. ¡Saludos!

Adoradandrew: Creo que Albert quiere darle su espacio para que confíe en él. No quiere presionarla demasiado para que así no se aleje de él. Por otro lado, Candy tenía un contrato que cumplir antes de que Rose regresara a su vida, creo que, lo hará; tal como tu dices si Albert la acoge en su corazón. Veremos qué pasa más adelante.

Wendy: Gracias, nena, y me da gusto que te esté gustando la historia. Te mando un abrazo.

Silvia: Me encanta que te encante, jajaja. Y pues, yo también lloré. Un abracito.

ALY: Sí, esta vez la reconciliación la hice más creíble y hasta yo la sentí.

Sandy Sanchez: Muchas gracias, Sandy. Los recuerdos más hermosos son los que llenan la ausencia de alguien amado, y en mi caso, gracias a Dios, son demasiados. Besos.

Pame: Es bonito leer que puedo transmitir los sentimientos a través de la escritura, porque eso justo es lo que quise que sintieran. El dolor de la pérdida, y la tranquilidad de la redención. ¡Muchas Gracias!

Reeka21: My dear Reeka! Thanks friend! I really feel very lucky to have had a mother, like mine. On the other hand, yes, the scene of the reconciliation between Candy and Rose I re-edited it. remember that the other version of this fic, was mini, or six chapters nothing more, so I needed to improve this scene in particular. Thanks for the support and a huge hug !

CANDY GATA: Hay nena, muchas gracias, es para mi un placer leer que pude transmitir las emociones de los personajes. Claro, no lo hago para que lloren, pero es bueno saber que hago algo bien. Saludos.

JUJO: Esperemos a ver cómo se desarrolla todo ahora que Albert ya dijo que se casarían. Y entonces veremos qué tan importante es para Candy su hija.

Noangy: Hola nena, te informo: mi historia nunca estuvo incompleta. Cuando la subí hace años a esta plataforma y antes de que la administración eliminara mi cuenta, al ser minific, solo tuvo seis capítulos, y traté de escribirlos rápido por lo que la pudieron leer completa durante un buen rato. Ahora la estoy publicando también en Wattpad, ahí sí está incompleta, pero, en primera, porque estoy re-editando y escribiendo nuevos capítulos, y en segunda, porque mi mamá falleció. Un saludo.

Gabriela Infante: ¡Gracias! Yo también creo lo mismo.

Enamorada: Las mamás son el mejor regalo de parte de Dios, y de una u otra manera nos demuestran cuánto nos quieren, solo es cuestión de saber apreciar esos momentos.

Flormn: Muchas gracias por todas tus palabras. Verás que poco a poco se irá desentrañando todo el trama y espero que te siga gustando la historia. Abrazos.

Kecs: Hola, hola, no te preocupes con el último rw supe quién eras. Y pues, muchas gracias por tus palabras, y pues ya estoy escribiendo nuevo capítulo de Wattpad solo que la inspiración solo dura unos minutos, jejeje, la vdd es que estoy muy lenta. Pero dicen por ahí, lenta pero segura.

¡Besos a todas, e infinitas gracias!

Hasta la próxima!