I don´t know you anymore

Capítulo 10

Por Lu de Andrew

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OoOoOoOoOoO

-No puedes estar hablando en serio, Albert. – Candy y Albert habían llegado a la mansión después del interminable camino entre la escuela de Rosemary y la casa.

-Estoy hablando muy en serio, Candice. Así que será mejor que te vayas haciendo a la idea.

-¡Pero no puedes disponer de mi vida, así como así! Además, Rosemary debe comprender que el matrimonio es algo muy serio. Se necesita algo más para que dos personas contraigan matrimonio.

-¿Sí? ¿Y qué es según tú?

-Amor. – No pensaba decirlo en voz alta, Candy sintió que le faltaba el aire cuando Albert solo la vio fijamente.

-Pues al menos de mi parte, por eso lo haré. – Le dijo Albert muy seriamente. Candy pensó que se le detenía el corazón al escuchar las palabras de quien amaba profundamente.

-¿Qué…qué quieres decir? – Preguntó ella cuando las palabras salieron de su garganta.

-Amo a mi hija. Ese amor es el que me motiva y motivará por toda la vida a hacer hasta lo imposible por verla feliz. Eso es suficiente para mí. ¿Y para ti, Candice?

-También, pero…eso haría nuestra vida muy difícil. Tu a penas y me soportas, sería, sería…un sacrificio estar juntos.

-¡Oh, claro! Y eso sería una catástrofe para ti, ¿no es así? Un sacrificio, que no eres ni siquiera capaz de pensarlo. La gran Top Model Candice, ¡no podría hacer algo semejante! Pero, ¿qué sabes tú de sacrificios?

-¿Cómo puedes decirme eso? ¿Acaso piensas que no fue un sacrificio para mi dejar a Rose todos estos años?

-Pues no te vi en algún momento tocando la puerta ansiosa por verla.

-Si de verdad piensas eso de mí es que no me conoces.

-Tienes razón. No te conozco y nunca le he hecho. – El silencio reinó en la habitación. Ambos se miraron unos segundos a los ojos y casi al mismo tiempo desviaron la mirada.

A ella le dolió que se lo dijera de forma tan despectiva, quería explotar y decirle el porqué de su desaparición y todo lo que guardaba, pero sabía que no le creería. ¿Cómo casarse con él y no decirle que lo había abandonado por su bien?

Albert sentía un gran disgusto. Y lo peor era que no sabía por qué. Debería estar agradecido porque ella no quisiera casarse, eso, hasta le ayudaría a librarse de ella al decirle a Rose que su madre no quería casarse. Se desharía del problema llamado Candice White para siempre.

Entonces, ¿por qué insistía en que se casara con él?

-Lo único que me une a ti, es Rosemary. Pero ese simple hecho, insignificante para muchos, significa todo para mí. Si mi hija me pide que caiga nieve en agosto, se lo cumplo. Si me pide que llene una piscina de espagueti, lo hago. Si me pide que me case con su madre, una petición muy simple, lo hago. No hay nada que no haga para hacerla feliz. ¿Me comprendes?

Candy sintió que las lágrimas la traicionaban, por un momento pensó que Albert le diría que la amaba. Pero en algo tenía razón, ella amaba a su hija, y ahora que tenía la oportunidad de estar a su lado, no la desaprovecharía. Y si para hacer feliz a Rose tenía que casarse con su Albert, lo haría. Aunque no sabía como sobreviviría a él.

-¿Estás seguro de ello? – dijo en un hilo de voz.

-Completamente.

-Entonces...estoy de acuerdo - aceptó muy poco convencida.

-Muy bien. Nos casaremos en dos días, será algo sencillo, ¿quieres hacerte cargo de los preparativos? –Hasta él se sorprendió por la premura de su boda, pero en el fondo no quería que ella se arrepintiera. Y eso sonaba muy patético.

-¿Dos días? ¿Y ya te pusiste a pensar que entraran en mi mundo? Periodistas y paparazzi, me persiguen por doquier. Una vez enterados de nuestro matrimonio, querrán entrevistarte y a Rosemary por igual.

-Ya lo sé. Y no te preocupes que también he aprendido a lidiar con la prensa.

-Si estás tan seguro, entonces no te preocupes. Organizaré todo para el registro civil.

-De eso yo me ocuparé. Será una ceremonia sencilla aquí en la casa y después ofreceremos una pequeña recepción a algunos amigos.

-Pero creí que…

-Delante de todo el mundo seremos la linda pareja enamorada que ha unido sus vidas para por fin, formar una hermosa familia feliz. Solo tú y yo, sabremos la verdad y el por qué de nuestro matrimonio. No tiene caso que también en eso le hagamos daño a nuestra hija exponiéndola a la vergüenza de que sus padres se casen solo por compromiso. Así que ya sabes qué tipo de boda será. En cuanto a mi tía Elroy…

-Respecto a eso, te suplico que no menciones nada de lo que te dije.

-¿Por qué no?

-Porque no, Albert. Esto sencillamente no te incumbe para nada, no tiene nada qué ver contigo, solo conmigo y por lo tanto, te pido que lo pases por alto.

-¿¡Qué no me incumbe!? ¿¡Qué no tiene nada qué ver conmigo!? ¡Claro, no tiene nada qué ver el pobre idiota que regresando de Escocia buscó a la mujer que prometió esperarlo! ¡No tiene nada qué ver conmigo, el haber desperdiciado tres miserables años de mi vida solo por buscar a alguien que no quería ser encontrada! ¡Tienes razón, Candice, eso, es problema tuyo! –

Albert salió hecho una furia de su estudio, pero antes de cerrar la puerta, se quedó de pie, dándole la espalda a Candy, con el pomo de la puerta en la mano.

-Y como es tu problema, espero que lo resuelvas por la noche. Tendremos invitados y aprovecharemos para anunciar la estúpida boda…vendrán mi tía y Annie. – Y salió dando un fuerte portazo que hizo saltar a Candy de su asiento.

"Genial, Candice, lo has arruinado de nuevo", pensó Candy angustiada.

Minutos después, salió buscando a Albert. Quería decirle que saldría unas horas, iría a visitar a Dorothy, necesitaba decirle a alguien todo lo que estaba pasando. Su amiga le daría un consejo sensato. Pero no lo encontró, en su camino se encontró con la niñera, quien con cara de pocos le dijo que se ponía a sus órdenes.

Al no encontrar a Albert, le informó a Mary que saldría, pero que regresaría para recoger a Rose en su escuela.

Desde su habitación, Albert, vio como Candy salía de la mansión. Se sintió mal, por hablarle de esa forma, pero no había podido contenerse. Ella se había ido por quien sabe qué cosa, y él había estado sufriendo por ella. Todo ese tiempo anhelando su presencia, añorando su amor, y al parecer, para ella no había significado nada.

Unos golpes a la puerta, interrumpieron sus pensamientos.

-Adelante – Respondió.

-Señor, disculpe, la señora Candice, dejo dicho que saldría un momento pero que regresaría para recoger a la niña en el colegio.

-Está bien, Mary.

-El doctor Johnson, acaba de llegar.

-Gracias Mary, ya bajo.

George se encontraba en el estudio de Albert, cuando este llegó.

-Por Dios, William, tienes una cara que tal parece que acabas de recibir una buena purga – Le dijo con humor saludándolo.

-Muy gracioso, George. Pero lo siento amigo, no estoy de humor este día.

-¿Qué pasa?

-Candy. Nos vamos a casar.

-¡Vaya! No te andas por las ramas, ¿eh?

Albert le platicó todo lo que había pasado en la corta mañana, desde el desayuno hasta la pequeña pelea que acababan de tener.

-¿Y estás seguro que solo es por Rose, por el que te vas casar con ella?

-Sí. No. No sé, George. Estoy muy confundido.

-Yo creo que quieres estar confundido. La sigues amando, muy en el fondo lo sigues haciendo.

-No es en el fondo – Aceptó resignado. – No la he olvidado, la amo más que antes. Pero no puedo olvidar su desaparición, hasta la fecha no me ha dicho nada, cuando quiero averiguar lo que le pasó, me da una y mil excusas.

-¿Y por qué simplemente no lo olvidas? Trata de comenzar de cero, sé que suena loco, pero es lo más saludable, podrías reconquistarla.

-¿Reconquistarla? Ni siquiera sé si me amó alguna vez.

-Pues pregúntaselo. – Albert lo miró dudoso. – Puedes decirle que quieres hacer una tregua, y cuando todo esté tranquilo, pregúntaselo como si nada. Si la agarras con las defensas abajo, es probable que averigües más de lo que crees y que te responda con la verdad. Vamos, William, ¿donde está el hombre implacable en los negocios? Tú podrás hacer que Candice se enamore de ti nuevamente. La conoces bien, y podrás aprovechar esa ventaja que tienes.

-¿Y si no lo logro?

-No habrás perdido nada. El, no, ya lo tienes, ¿qué más puedes perder?

-Nada, de todas formas, ya estará casada conmigo. – Dijo el rubio con una sonrisa pícara en su rostro.

-Ya sé de donde aprendió Rosemary a conseguir lo que quiere. – Contestó George divertido. – Y al menos ya no tendré que soportar tu cara de borrego a medio morir, el resto de la tarde.

Los dos estallaron a carcajadas. Con la esperanza renovada, Albert disfrutó de la visita de su amigo y comenzó a planear su estrategia para llegar al corazón de Candy. Era una locura, lo sabía. Pero era eso, o luchar contra su corazón.

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CONTINUARÁ...

Hola, hola. Gracias por la espera y por todo su apoyo. Espero que sigan disfrutando del fic, como yo lo hago por compartirlo con ustedes. Me despido pronto pues llevo mucha prisa, en realidad es la primera oportunidad que tengo de actualizar y quise aprovecharla.

Gracias por sus reviews y por sus lecturas. No olviden dejarme saber qué es lo que piensan del capi.

¡Las quiero y, hasta la próxima!