Naruto no me pertenece, al igual que Enredados.

Con el paso del tiempo, Kaguya fue haciendo las barreras que ahora impedían encontrar la torre. En ese entonces se las ingenió para que nadie pudiese ver desde fuera lo que el muro de enredaderas tenía escondido, como también una ruta para salir.

Dado que la torre abandonada estaba cerca de un río, nunca les faltaría agua. Gracias al sol matutino que llegaba, el frío no las abrumaba y por los poderes que le brindaba el cabello de Tsuki, tenía energía para mantener un pequeño huerto cerca y abastecerse tanto a ellas como a su economía. Así, podía realizar trueques en pueblos aledaños y no preocuparse por ropa u otros implementos.

El tiempo pasó, y con él, la vida de Tsuki dentro de esos muros. Ella creció conociendo solo ese espacio y la pequeña ruta que tomaba su madre cada cierto tiempo, ruta que la única ventana que daba hacía allí le permitía observar.

Su única compañía era un pequeño zorro a quien llamaba Kurama.

Cuando era pequeña, él se escabulló por la puerta que daba entrada a la torre. En esos días, ella recordaba, su madre bajaba por una larga escalera donde la esperaba a la mitad sentada, mientras la veía salir por esa puerta, dejando un destello de luz con ella. Esperándola como niña obediente mientras iba recoger los frutos de su cosecha se le apareció el animalito. Se apiadaron del pequeño pues venía mal herido y Kaguya aprovechó la oportunidad de demostrarle a su curiosa hija los peligros del exterior.

De ese modo, creció conociendo las historias de su madre sobre aquel mundo inaccesible, aterrada por las cosas que podrían llegar a ocurrir.

Sin embargo, todos los años, ocurría algo maravilloso, que le hacia tener esperanzas.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Ese día, el sol brillaba fuertemente, despertando a Tsuki temprano. Su madre había viajado el día anterior y aún no era hora para que volviera, así que luego de cambiarse a una de sus yukatas violetas, decidió jugar un rato con Kurama. A pesar de los años, el animal no había crecido mucho, pudiendo así ser bastante escurridizo. En uno de los turnos se escondió detrás de las cortinas que daban a la ventana y Tsuki demoró en encontrarlo. Hasta que vio un ligero movimiento en una de las cortinas.

-Mmm…Tal parece que Kurama se escondió en otro lado…-Dijo de forma divertida, mientras se acercaba lentamente a la cortina. Su cabello blanco la seguía mientras se ponía detrás del animal. Cuando el zorro quiso aprovechar para asomar su cabeza fuera de la cortina, Tsuki lo tomó por detrás, riendo triunfante.

-¡Te tengo!- Kurama se dio por vencido y se dejó acariciar por la joven.-Muy bien, con este juego son…veintidós a mi favor.- Dijo soltando al animal.- ¿Qué te parece intentar veintitrés de cuarenta y cinco?

Kurama simplemente la ignoró y se acercó a la ventana.

-Creo que ya sé que quieres hacer.- Comentó Tsuki mientras se acercaba a él y miraba hacia fuera. El zorro resoplo, sabiendo que respuesta le daría la joven.- Yo creo que hoy no podré acompañarte… Si quieres salir un momento puedo bajarte cuando madre llegue pero…ya sabes. Además, es lindo estar adentro y a ti también te gusta.- Tsuki supo, al mirar al animal, que estaba totalmente en desacuerdo con ella. Si, le agradaba dormir en un lugar cálido y recibir comida.

Pero no había como el exterior y al parecer Tsuki nunca lo sabría.

Ignorando la añoranza del pequeño, se dedicó a hacer el aseo de la torre. Tiro de su cabello para alcanzar la palanca que abría un tragaluz en el techo, usando su propio cuerpo para que el peso moviera la palanca.

A veces se preguntaba qué tan largo podría llegar a ser su cabello, el cual parecía no dejar el primer piso, quedando atrás una buena cantidad cuando subía las escaleras o abría el tragaluz.

Barría, sacudía, acomodaba los muebles y luego les sacaba brillo, ingeniándoselas con su cabello para mover las cosas y que el mismo no interfiriera en su trabajo.

Una vez acabado el aseo, vio orgullosa como ocupo su mañana en esas tareas, pero al ver el reloj resoplo.

-¿Solo ha pasado media hora?...mm…me he vuelto bastante rápida para hacer esto.

Miró a su alrededor para ver en qué ocuparse y vio los platos sucios del día anterior. Se dedicó a lavarlos, secarlos y guardarlos. Terminado eso se hizo cargo de lavar la ropa, colgando con unas poleas fuera de la pequeña ventana que daba al lavadero. Luego tomó los tres libros de su estantería y los leyó, como todos los días.

Cuando sus ojos se cansaron de leer, miró el mural que tenía frente a ella en su habitación. Adoraba pintar, era lo que le permitía estar lejos de la torre sin abandonarla. Notando como una parte del mural se había desgastado, tomó sus pinceles y colgándose con su cabello empezó a retocarlo. Era ella danzando con aves en el aire y entre los árboles, con el sol brillando detrás.

Práctico con su shamisen, tejió una bufanda en la que estaba trabajando para el siguiente invierno y aprovecho de preparar unos cuantos Uiro, para comer junto a su madre cuando llegase.

Al salir de la cocina, noto un espacio desocupado en la casa, la parte del muro sobre la chimenea, que era cubierto solo por una decoración de madera. Decidió pintarlo, lo cual la animaba pues al ser algo nuevo demoraría en secar y sería una tarea que ocuparía su día.

Mientras esperaba que se secara, se puso a jugar con un rompecabezas, almorzó arroz y sopa miso y cocino senbei, por si su madre prefería algo salado.

Aprovecho de practicar más con su shamisen y luego bailar un poco, para no olvidar las lecciones que le dio su madre. Pero siempre era difícil, pues su cabello interfería.

Ya cambiando los colores de la tarde, aprovecho para hacer los primeros dibujos de su nueva pintura; un prado verde, la base de los árboles y luces en el cielo. Viendo que no podría avanzar más que esto, se encontró con pocas cosas que hacer. Batió su propio récord en escalar su cabello, cosa que nunca hacía en presencia de su madre. Después lo empezó a cepillar, lo que ocupaba bastante tiempo, pero era muy monótono.

En un momento dado, se quedó quieta pensando…¿Así sería su vida siempre? O sea, así había sido hasta ahora, sin excepción. Todo era dentro de ahí y nada parecía cambiar más que su edad y el largo de su cabello. Incluso si su madre le traía algo nuevo, dentro de poco aquello se vería inmerso en su monotonía.

Miró hacía su nueva pintura. Las luces que pintó era lo único que salía de su rutina, si eso era posible.

Después de cada época de lluvia, en el décimo día del verano, las veía aparecer. No entendía por qué ni cómo. Pero era lo único diferente que ocurría en su vida. Se preguntaba de dónde eran, por qué salían ese día, cuántas serían.

Se acercó a la pintura para agregarse en ella, como en la mayoría, proyectándose en otro lugar. En aquel lugar, donde ocurrìa la maravilla que le brindaba esperanzas y curiosidad sobre el mundo exterior.

Han pasado 18 lluvias en su vida, lo que la hacía preguntarse si sería tiempo suficiente para averiguar las respuestas a sus preguntas, saliendo de la torre.

-Bueno...no pierdo nada preguntando ¿No, Kurama?- El zorro solo la miro mientras estaba acostado. La chiquilla había estado hablando durante todo el día con el sobre lo mismo.-...Q-quizás hoy s-se lo diga.

Se acercó a acariciar el animal cuando escucho una voz familiar.

-Tsuki...deja caer tu cabello.- Era su madre, desde la base de la torre. Acercándose a la ventana, dejó caer una parte de su cabello, para que su madre se sostuviera y pudiera subir.

Luego de la entrada abrupta en sus vidas de Kurama, la mujer prefirió bloquear con mayor seguridad la puerta de la torre. Viendo que de niña manipulaba como una herramienta a su cabello, espero que fuera lo suficientemente largo para usarlo como forma de entrada a la torre, cerrando permanentemente la entrada original.

-Bienvenida madre.- Saludo Tsuki, recibiendo la capa que ocupaba su madre al salir. Se sacó las sandalias, dejándolas en un costado de la ventana, acomodó su yukata y saludo de vuelta.

-Hola florecilla.-Dijo, dejando una cesta con hierbas en una mesa cercana.- Dime ¿Te cuesta mucho realizar esto cada día que necesito salir de la casa? ¿Es muy agotador?

-N-no. No te preocupes. No es n-nada.

-Entonces ¿Por qué demoras tanto?

Tsuki se sonrojo de la vergüenza mientras la mujer se adentraba a la habitación. Aunque su madre se preocupaba por ella, no perdía la oportunidad de tomarle el pelo cada cuánto. Intentó acercarse a ella mientras se miraba en un espejo y, sin esperarlo, ella le tomó la mano.

-Tsuki, ¿Que ves ahí?- Miró su reflejo, junto a su madre. No pudo evitar prestarle atención a la mujer. A pesar del tiempo, no dejaba de sorprenderse de lo hermosa que era. Su cabello plateado oscuro, su figura estilizada y su piel blanca tan bien cuidados le causaban admiración. - Yo veo una joven fuerte, hermosa y segura de sí misma.- No pudo evitar sonrojarse al pensar que hablaba de ella. Le costaba ver en sí misma las características que su madre mencionaba, pero oírla le daba una sensación de calidez.-...Y bueno estás tú, que con suerte heredarás mis cualidades, querida.

Debió imaginarlo. No había forma que aquellas palabras fueran para ella.

-Madre...Quería conversar contigo s-sobre algo…

-Tsuki, tu madre está cansada. ¿Cantarías para ella un momento? Luego escucharé lo que tengas que preguntar.

-Oh...está bien.

Coloco un cojín para que su madre se acomodara y tomo un cepillo, acercándose a su madre.

Se sentó frente de ella, pasando el cepillo y cantó la canción que desde niña conocía, activando los poderes de su cabello mientras su madre lo cepillaba.

Una vez terminado el ritual, ella se dio vuelta lentamente, viendo como su madre acariciaba su cara y sus manos, verificando líneas de edad.

-Madre...Q-quería saber s-si tú…Bueno, ya han pasado 18 lluvias en mi vida...y c-creo que es bastante tiempo.

-No tanto como podrías imaginar, Tsuki.-Respondió enigmática su madre.

-Es que...b-bueno, en unos días va a ocurrir algo. Uhm...cada verano aparecen y la verdad deseo bastante...tu sabes...s-será en 5 días...-No pudo evitar bajar su voz ante la mirada de su madre. Acarició su cabello nerviosa.

-Tsuki. No puedo entender nada si no hablas con claridad.

Se puso aún más nerviosa, no quería molestar a su madre, menos aun cuando le pediría un favor.

-Y-yo quiero…

-Ay Tsuki, mientras demoras en encontrar tus palabras, desocupare la cesta.- Su madre se levantó y se acercó a la mesa, sacando las cosas que debió comprar en el mercado.

-Y-yo quiero ver…

-¿mm?

-¡Q-quiero ver las luces flotantes!.- Cerró los ojos fuertemente, tomando asustada su cabello y esperando lo peor.

Su madre se quedó estática con una manzana en la mano, para luego dejarla en la mesa y darse vuelta a mirarla lentamente.

-¿Qué?

-E-esperaba que me... llevarás a ver las luces flotantes.- Continuo mientras se acercaba al muro donde las había pintado.

-Aah...ya veo querida. Hablas de las estrellas.

-No, no es a-así.

-Creo saber de qué hablo, Tsuki.

-S-sí, no lo dudo, p-pero…-Respondió mientras con su cabello volvía a abrir el tragaluz para mostrarle una pintura en particular.-He estudiado las estrellas por años. Siempre son...c-constantes. Pero estas luces solo aparecen en un día en particular todos los años. Y...y no puedo e-evitar pensar…

Miro hacía el suelo, con la vergüenza en sus mejillas.

-P-pensar que...son para mí.

Kaguya la miró un buen rato, para luego alejarse de ella, ignorando sus palabras. Se dedicó a terminar de desocupar sus cosas.

-P-por eso, necesito ir allá madre. Y verlas. N-no desde mi ventana, en persona. Debo saber qué es lo que son.

Se acercó a su madre, esperando una respuesta. Ella solo la miro desde su hombro.

-Así que… ¿Quieres ir afuera?

No recibió respuesta, Tsuki estaba muy nerviosa como para contestar.

-Pequeña...Eres frágil como el brote de una flor. Tú sabes porque estamos aquí, en la torre.-Decía mientras miraba a su alrededor, a lo que había sido su hogar con esa joven por años.

-Lo s-se, pero...

-Bien. Entonces, sabes que es por tu bien.

Si, ella lo sabía bien. Su madre se lo repetía constantemente.

-¿Sabes? Esto siempre ocurre eventualmente. Como los pájaros, quieres dejar el nido. Eso pasara…

-P-pero eso no es lo qu-.

-Algún dìa.-Continuo, interrumpiéndola.- Pero aún no. El mundo es peligroso afuera. Sé que si sales de aquí, algo saldrá mal. Simplemente lo sé.

Empezó a rodear a Tsuki mientras tocaba su cabello, acorralándola con sus argumentos.

-Te lo he dicho, allá afuera hay de todo: rufianes, caníbales, gente que come niños u hombres con colmillos. Incluso la naturaleza es peligrosa, con hiedra venenosa, arenas movedizas, plagas que acaban con poblados enteros. Todos los horrores que ni se te podrían ocurrir.

-Pero madre...Tu e-estarías conmigo.

-Pues sí. Sin embargo…-Dijo mientras se acercaba al espejo para enfocarlo hacia su hija.- Mírate pequeña. Siempre sin calzar, inmadura, torpe, ingenua, crédula...- Continúo dejando el espejo y acercándose a tocar su cara.- Y tengo que decir, algo regordeta. Tendría que estar arrastrando contigo por todos lados, nos atrasaríamos y no llegaríamos a tiempo.

Sonrío, al ver mellada las ganas de su hija por continuar. Se acercó a la ventana que daba entrada a la torre y miro hacia afuera, cruzándose de brazos.

-Conozco este mundo cruel. Lo enfrento todos los días para que estemos bien y a cambio…-Volteo a mirarla.-Solo pido algo a cambio.

Tsuki sabía a que se refería.

Era lo justo, su madre hacía todo para que ellas vivieran seguras y tranquilas. Estar ahí en la torre era lo más sensato.

Camino hacia ella, con la cabeza gacha, arrepentida de su petición y pidiéndole disculpas.

-Tsuki.

-¿S-sí, madre?

Kaguya la tomó por los hombros, invitando a mirarla directamente a su rostro.

-No vuelvas a pedirme salir de esta torre otra vez.

La joven suspiró, resignada.

-Sí, madre.-

Su madre soltó su agarre y abrió sus brazos para abrazarla.

-Sabes que te atesoro, querida.

-Gracias madre. Te quiero mucho.

Le dio un beso en su frente, donde tocaba su cabello y se dirigió a la cocina, tocando en su ruta el cabello de su hija. Era una costumbre muy de ella, evitando soltarla, temiendo de alguna forma perderla de un momento a otro.

Comieron los aperitivos que preparo Tsuki y su madre tomo una pequeña siesta después de eso.

Luego conversaron en lo que quedaba de la tarde sobre las cosas que vio su madre, información que Tsuki absorbía con mucho entusiasmo.

Cenaron y esa noche Tsuki no pudo evitar tener dificultades para conciliar el sueño. Suspiraba cada cuanto, imaginando que podría haber dicho distinto para cambiar la opinión de su madre. Mas la respuesta siempre era la misma. Nada parecía suficiente como para convencer a su madre que podrían ir al exterior al menos por esos días.

Se quedó dormida con el pensamiento que a la mañana siguiente ya quedarían solo 4 días para ver de dónde aparecían las luces, entristecida ante la idea que pasaría otro año sin saber el origen de aquellas luces lejanas.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Lo lamento tanto, en serio. Había guardado los capítulos en Drive por mejor, pero en todos esos días estuve en un proceso de selección para un trabajo y no pude sentarme a continuar el fanfic.

Al igual que mi adaptación anterior, este fanfic empieza lento, centrándome principalmente en el conflicto de los personajes y luego emparejándolos.

Para aclarar algunas cosas, quise adaptar esto a un estilo más japonés, salvaguardando un poco el origen de los personajes. Por ello, por ejemplo, Tsuki hizo Uiro y Senbei, como comida rápida en el transcurso del dia, a diferencia de Rapunzel, que según la canción de inicio hace galletas y hornea un bizcocho.

El Uiro es un confite japonés cocido al vapor, está hecho de arroz, harina de trigo y azúcar. Se le agregan diversos sabores tales como azuki, matcha, fresa y castaña. Dicen que su consistencia es similar al mochi, pero nunca lo he probado.

El senbei son galletas crujientes japonesas hechos de arroz. Vienen en diversas formas, tamaños y sabores y suelen ser salados. Los senbei se toman a menudo con té verde como aperitivo informal y se ofrecen a las visitas como cortesía.

Además, cambie el detalle de que Rapunzel supiera que el día en que aparecen las luces fuera el día de su cumpleaños. Encontré bastante ingenuo por parte de Madre Gothel que le diera esa clase de información. Por lo tanto aquí Tsuki sabe aun menos del mundo, contando los años por lluvias (inviernos) y los meses por lunas. Sumándole a eso, no sabe lo que es un cumpleaños y no los celebran, en un afán de Kaguya de olvidar su verdadera edad.

Espero que el segundo capi les satisfaga. Seguramente mañana ya habré terminado de editar el tercero para tenerlo en la semana.

Hasta luego!